Simbiotica’s Blog

FILOSOFÍA DEL PARADIGMA (KANT)

Julio 17, 2009 · Deja un comentario

INMANUEL KANT (1724-1804)

Es el pilar desde el que se construye el pensamiento alemán. En la “Crítica de la razón pura”, el filósofo de Königsberg remueve los cimientos de la Metafísica y la Teología de entonces, cuando afirma que la “cosa en sí” es inaccesible al entendimiento. Así Kant pone límites a la razón, aunque no la niega en absoluto, pero sí lo suficiente para que rechace el empirismo como el fundamento de la verdad. En sus palabras: “Aún cuando nuestro conocimiento parte de la experiencia, no surge toda de ella”. Los datos y fenómenos empíricos sin la síntesis que realiza el yo trascendental, no pasaría de ser sólo una “rapsodia de percepciones” falta de la necesaria unidad. Descartado el conocimiento de la “esencia” de las cosas, no es ello óbice para la edificación de un mundo racional basado en la libertad, la voluntad y la conciencia ética, según expone en su “Crítica de la razón práctica”.

La moral de las acciones del hombre debe medirse por su objetividad y universalidad. Kant dice: “Actúa como si la máxima de tu acción tuviera que convertirse  a través de tu voluntad en ley universal de la Naturaleza”.

La moral para Kant no es un reflejo de un sistema de ideas y valores existentes fuera o exteriores al sujeto, como Dios, etc., sino un acto que surge exclusivamente de la conciencia de cada individuo. Tal autolegislación lleva al hombre a superar las limitaciones de la vida natural, convirtiéndose así en amo y señor de su destino, pergeñando su libertad, valor a crear por medio de la razón, el sentido del deber y el imperativo categórico moral. En sus palabras: “Hazte más perfecto de lo que la Naturaleza te ha hecho”.

No obstante opinaba que la historia tenía un gran “propósito cósmico”, al que se encaminaba la humanidad sin proponérselo, al guiarse por la observación de las leyes de la Naturaleza. En su opinión, la tarea de la filosofía era describir este plan universal, puesto que creía que, en principio, las leyes naturales de la historia y el mismo progreso podrían identificarse igual que las leyes de los planetas descubiertas por Newton. Así resumió la filosofía de la historia en nueve principios que esbozaban el “progreso” de la humanidad.

Su argumento principal era que en el ser humano, de siempre existía un conflicto entre el ser social que procuraba el bienestar de los demás, y el ser egoísta preocupado sólo por sí mismo. Ese constante conflicto iba y venía con el tiempo, y su resultado era un perceptible progreso en ambas áreas, la social y la individual. En los estados fuertes capaces de regular la vida social, la libertad individual era mayor. La meta era que el mayor número de personas alcanzase la libertad suficiente para realizarse como individuos y además, poder cuidar a sus semejantes. (De la obra del autor “Paradigma”).

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FILOSOFÍA DEL PARADIGMA (SCHELER)

Julio 3, 2009 · Deja un comentario

MAX  SCHELER (1874-1928)

Nace en Munich. De madre judía y padre alemán, se convirtió al judaísmo al contraer matrimonio. Estudió en las universidades de Berlín, Heildelberg y Jena.

Se vio influido por el pensamiento de Dilthey (vitalismo historicista), Nietzsche (vitalismo irracional) y Eucken (vitalismo espiritualista), pero fundamentalmente por su maestro Husserl con quien trabajó en Göttingen de 1909 a 1913. Del propio Husserl tomó la pasión por salir al encuentro de “las cosas mismas”, aplicando la descripción fenomenológica. Scheler aplicó el método a áreas que todavía no habían sido exploradas por los fenomenólogos, como la vida ética, la emocional, la religión, etc.

Sus obras más importantes son: “Esencia y formas de la simpatía”. “El formalismo en la Ética y la ética material de los valores”, “De la revolución de los valores”, “De lo eterno en el hombre”, “Escritos sobre Sociología y teoría de la Cosmovisión”, “Las formas del saber y la formación”, “Las formas del saber y la sociedad” y “El lugar del hombre en el Cosmos”.

La trascendencia mayor de su obra se refiere a sus reflexiones sobre los valores (”axiología”). Husserl había puesto el énfasis en la reflexión sobre los objetos intencionales de la razón (las ideas); Scheler lo puso sobre la intencionalidad de las emociones y sus objetos intencionales (los valores). A los valores sólo se puede acceder por la intuición emocional, pues la razón es ciega para el valor.

Para Scheler los valores son siempre los mismos, no cambian, pues hay un “cosmos objetivo de valores”, por eso se opone con firmeza  a la pretensión de Nietzsche de “crear valores”. Scheler opina que lo que cambia es nuestra percepción de los mismos, porque cada época, cada cultura, decubre unos valores e ignora otros.

Scheler nos dice que los valores están ordenados jerárquicamente. Primero están los religiosos (sagrado/profano), luego los espirituales (bello/feo, justo/injusto, verdadero/erróneo), luego los de la afectividad vital (bienestar/malestar, noble/innoble) y en último lugar los valores de la afectividad sensible (agradable/desagradable, útil/dañino).

Lo importante es vivir en armonía, no optando por unos valores y renunciando a otros, pero hay que vivir los valores inferiores de un modo tal que se encuentren ordenados a los superiores.

La intención de Scheler fue superar el dualismo y la ruptura generados por la falsa opción entre vitalismo y racionalismo. (De la obra del autor “Paradigma”).                     

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FILOSOFÍA DEL PARADIGMA (MARX)

Junio 24, 2009 · Deja un comentario

KARL MARX (1818-1883)

Nace en el seno de una familia judía conversa afincada de Tréveris. Estudia en Bonn y Berlín, obteniendo el título de Doctor en Jena. Tras el fracaso de la Revolución Alemana de 1848 se instaló en Londres, donde muere.

La originalidad de Marx consiste en fundir en un todo consistente y sistemático tres elementos que él encontró dispersos: el socialismo francés, la economía inglesa y la filosofía alemana. Su concepción filosófica se apoya en el materialismo, o la convicción de que el fundamento y el motor de la vida no es el Espíritu como afirma Hegel, sino los factores físico-materiales. En sus palabras: “No es la conciencia lo que determina la vida, sino la vida la conciencia”. El desarrollo de las fuerzas de producción es inseparable de la llamada lucha de clases. En su “Manifiesto comunista” dice: “La historia de toda sociedad, hsta nuestros días, es la historia de la lucha de clases”. Pero esta interpretación clasista de la historia, como reconoce el propio Marx, es de origen burgués.

La labor teórica de Marx culmina y tiene su máxima expresión en los tres tomos de su obra principal: “El Capital”. Allí interpreta dialécticamente las leyes y contradicciones que son inmanentes al capitalismo y las causas, que según él, un día conducirán a su declive y al surgimiento de una sociedad sin clases.

La fase de transición del capitalismo al comunismo la concibe Marx como una “dictadura del proletariado”.

En sus panfleto contra Proudhon denominado “Miseria de la filosofía”, expone: “Con el tiempo, la clase trabajadora pondrá en lugar de la vieja sociedad burguesa una asociación que excluya las clases y los antagonismos, y entonces no existirá ya ningún poder político propiamente dicho, porque precisamente el poder político es la expresión oficial del antagonismo de clases dentro de la sociedad burguesa”.

Aunque es cierto que Marx subrayó el papel principal de los factores económicos y objetivos, nunca perdió de vista la influencia que sobre ellos ejercen los factores subjetivos y morales.

En su opinión, la aceleración o la demora de la revolución dependen en gran medida de las “casualidades”, entre las cuales figura también la “casualidad” del carácter de la gente que en un principio estaría a la cabeza del “movimiento”.

Las profecías de Marx sobre el derrumbamiento del capitalismo no se cumplieron (sino lo opuesto: el hundimiento del bloque soviético), pero, por el contrario, sí acertó al prever las posibles deformaciones de su pronosticada revolución. (De la obra del autor “Paradigma”).

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FILOSOFÍA BÁSICA DEL PARADIGMA (FEUERBACH)

Junio 17, 2009 · Deja un comentario

LUDWIG ANDREAS FEUERBACH (1804-1872)

Nace en Baviera. Estudia Teología luterana en Heidelberg, trasladándose posteriormente a Berlín para estudiar Teología con Schleiermacher y Filosofía con Hegel. Se doctoró en Filosofía en la Universidad de Erlangen.

Entre sus obras destacan: “En torno a la crítica de la filosofía hegeliana” (1839), “La esencia del cristianismo” (1841) y “Principios fundamentales de la filosofía del futuro” (1843).

Feuerbach fue el primer pensador alemán que profesó de forma abierta una concepción materialista del nundo. Pretendía corregir a Hegel transformando su idealismo en materialismo: “No es el pensamiento el que genera el ser sino el ser el que genera el pensamiento”.

En su obra central, “La esencia del cristianismo”, analiza la doctrina cristiana desde una perspectiva antropológica, afirmando que los sentimientos religiosos, en vez de ser la expresión de la existencia de Dios, reflejan la necesidad de divinizar al propio ser humano: “La conciencia de Dios es la propia conciencia de Dios”.

Contra la opinión de Hegel sostiene que la fuerza motriz de la historia no son las ideas, sino los factores materiales: las ideas son la sublimación o proyección ideal de las circunstancias materiales.

El materialismo de Feuerbach se completa con su ateísmo. En su opinión, si tomáramos conciencia de que no es el hombre el que ha sido hecho por Dios a su imagen, sino que es Dios quien ha sido hecho por el hombre a su imagen y semejanza, podríamos recuperar la conciencia de nuestra propia dignidad, de nuestras posibilidades.

La teoría marxista del reflejo está ya contenida en Feuerbach. La crítica de Marx a Hegel se nutre en gran medida de las enseñanzas de Feuerbach. Louis Althauser que ha estudiado en profundidad el período juvenil de Marx, ha subrayado la deuda de este último con Feuerbach: “No solamente la terminología marxiana de los años 42-44 es feuerbachiana (alienación, hombre genérico, hombre total, “inversión” del sujeto en predicado, etc.) sino, lo que es sin duda todavía más importante: el fondo de la problemática filosófica es feuerbachiano”.

Feuerbach pensaba que, cuando el hombre tomara conciencia de que aquello a lo que adoraba bajo el nombre de Dios no era sino su esencia, lo propio de la humanidad, podría construirse una nueva religión (la Religión de la Humanidad) que, quizás, pudiera identificarse con la política.

Una “filosofía del futuro” en el sentido de una alternativa a la síntesis genial hegeliana de la filosofía europea, habría de recoger estas tres tesis fundamentales sobre los sentidos humanos (dos de ellas están nítidamente planteadas en Feuerbach): la unidad constitutiva y radical entre sentir e inteligir, la alteridad insuperable del sentir y, finalmente, su carácter activo. (De la obra del autor “Paradigma”).

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FILOSOFÍA BÁSICA DEL PARADIGMA: HERDER.

Junio 7, 2009 · 2 comentarios

JOHANN GOTTFRIED HERDER (1744-1803)

Nace en Mohrungen (Prusia Oriental) y muere en Weimar.

Estudió teología, y bajo la dirección de Kant en Königsberg contactó con las obras del inglés David Hume, y los franceses Charles Montesquieu y Jean Jacques Rousseau.

Bajo tales influencias escribió, entre los años 1784 y 1791, los cuatro volúmenes de “Ideas para una filosofía de la historia de la Humanidad”. En esta obra Heredr amplía las ideas del italiano Giambattista Vico al sostener que el aumento de la conciencia humana evidenciado en la literatura y el arte, era parte de un proceso histórico en general positivo. En sus palabras: “Vivimos en el mundo que nosotros creamos”.

Herder decía que el “poder expresivo” de la naturaleza humana había dado lugar a la existencia de culturas muy diversas por todo el mundo, a lo que había contribuido también las diferencias de geografía, clima e historia, por lo que sólo podría comprenderse la naturaleza humana a partir de la historia comparada de los diferentes pueblos que habitan nuestro mundo. En su acepción, cada Volk tiene su propia historia, y por ende su conciencia característica, con sus formas literarias, artísticas, y propia lengua.

Afirmaba: “¿Tiene una nación algo más preciosos que la lengua de sus padres?” Poesía y religión mantenían unido al Volk, cuyas “verdades” debían entenderse simbólica y espiritualmente, y no en términos puamente utilitaristas.

Para Roger Smith, el estudo de las humanidades se convirtió, tras la aportación de Helder, en un elemento principal de la nueva forma de entender la sociedad. (De la obra del autor “Paradigma”).

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FÍSICA PARA FILÓSOFOS

Mayo 25, 2009 · Deja un comentario

En esta pequeña obra (ver en el margen derecho “Obras del Autor”) aparecen ocho artículos, recientemente publicados en diversas páginas web de prestigio en áreas de la divulgación científica como “Textos Científicos”, “Geothesis”, “Casanchi” o “Biblopia”.

La característica de todos ellos es el abordar la divulgación de la Física sin rehuir para nada la formulación matemática, singularidad que les hace especialmente interesantes a los filósofos u otros pensadores de ámbitos donde la matemática no es parte sustancial, y que sin embargo requieren de conceptos matemáticos necesarios para el entendimiento de los paradigmas actuales.

Todos los temas abordados son de indudable importancia tanto por las áreas en que inciden como su oportunidad, por ello su lectura y estudio están suficientemente justificados.

Esta recopilación de artículos. si su acogida así lo aconseja, vendrá seguida por otras de una serie que pretende presentar, sin omitir el lenguaje matemático, cuantos temas físicos vayan acaparando la atención principal de quienes intentan ensanchar los horizontes de la Filosofía desde la propia Ciencia.

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Aceptar… y dejar ir

Mayo 18, 2009 · 1 comentario

Significa “dejar de pelear con la vida”, aceptando personas, situaciones, circunstancias y hechos tal como se den, incluidas decisiones y acciones del pasado, tanto buenas como malas. También incluiría no culpar a nadie ni a nada, ni siquiera a nosotros mismos de la situación negativa en la que en algún momento dado estemos inmersos.

Todo ello estimula la capacidad de dar una respuesta creativa a la vida. Y también implica el saber renunciar a aquello que la razón nos dice que es casi imposible o muy costoso de lograr (economía de medios).

“Aceptar … y dejar ir” es como liberarse del pasado, para comenzar a experimentar la vida como “presente” (lo que en realidad es), empezando por aceptarnos tal como somos, incluidas nuestras imperfecciones.

Si “dejamos de esperar” que las cosas sean distintas a lo que son se empieza a transitar el sendero de la paz interior. Al vivir plenamente el presente, sin resistirnos a lo inevitable, permanecemos abiertos a todas las opciones sin aferrarnos ciegamente a ninguna de ellas.

Como en la vida muchas de las cosas que nos suceden son consecuencia de nuestros propios actos, busquemos más bien explicaciones que culpas, tratando de aprender de todo aquello  que nos pase. Y es que hay razones que, bien aprovechadas, trabajan a favor de nuestra auto-realización, porque en cada problema hay un principio de oportunidad que permite transformar cualquier circunstancia no favorable, en algo positivo.

(De la obra del autor “Ciencia y meditación”)

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Desapegarse de resultados (II)

Mayo 8, 2009 · Deja un comentario

Una subpráctica recomendada al respecto es “recorrer caminos con corazón”, que está relacionada con el SER, y busca expresar en cada experiencia existencial todas las posibilidades que existen dentro de nosotros mismos. En tal orientación, hacer y tener están supeditados a este Ser. La vida hay que mirarla como un “arte mayor”, como un fin en sí mismo.

Según el escritor peruano Carlos Castaneda, “un camino que tiene corazón” es aquel cuyo recorrido es placentero en sí mismo, aunque no conduzca a ningún sitio.

En cualquier sendero que escojamos aprendemos, pero cuando sus beneficios son inferiores a sus costos, sentimos que no debemos seguirlo.

Habría que probar cada camino con cuidado, y luego preguntarnos: ¿Tiene corazón el camino? Y si la respuesta es no, escojamos otro… Si el camino “tiene corazón”, el camino es bueno y nos hará el viaje gozoso; si no lo tiene, nos hará infelices.

Sería lo contrario a la difundida idea de que “lo meritorio del camino es el esfuerzo”. Para Peter Drucker (”El ejecutivo eficaz”), “lo más conveniente es construir sobre fortalezas, las propias y las de los demás; no sobre debilidades. Para ello debemos usar nuestra ventaja comparativa, es decir, aquello que hacemos bien en forma natural… lo que se nos da”.

Ocurre que cuando recorremos caminos con corazón “fluimos”. Según Mihay Csikszentmihalyi, una persona que fluye está completamente centrada en la acción, no en los resultados de la misma, y en esos momentos pierde la conciencia de sí. Como la sensación de tiempo se distorsiona, cuando en una actividad fluimos, funcionamos plenamente en cuerpo y mente.

Lo ideal es que la vocación guíe nuestra decisión de seguir un camino laboral determinado, es decir, aquel en el que podamos expresar nuestro ser, empleando nuestras fortalezas, o sea, haciendo lo que es natural hacer. Vocación y desafío que nos haga emplearnos a fondo, parecen ser indispensables para transformar la tarea en un fin en sí mismo y, entonces, fluir con ella. Si esto pasa, las sensaciones experimentadas en el trabajo no son muy diferentes de las sentidas cuando nos estamos divirtiendo. Se hacen las cosas no para conseguir un propósito externo, sino porque nos proporcionan una satisfacción intrínseca.

Nuestra naturaleza humana nos induce a hacer que nuestros sueños se hagan realidad; pues esto podemos lograrlo si ponemos el mínimo de obstáculos a las “fuerzas naturales” que fluyen dentro de nosotros.

De igual modo, el “wu wei” del Taoísmo, consiste en “lograr el mejor resultado a través de la comprensión de la naturaleza de aquello que deseamos intervenir, haciéndolo con el mínimo de perturbación de su esencia”. “Que el TAO fluya a través de uno hasta que la vida se convierta en una danza”.

El fluir se da cuando nuestros actos brotan del amor, de ahí el recorrer caminos con corazón.

Según el citado Carlos Castaneda, no es difícil saber si un camino tiene corazón o no. El problema es que no nos hacemos la pregunta y cuando nos damos cuenta es ya tarde, por lo que muy pocos examinamos críticamente lo que nos motivó a recorrerlo. Pocos decidirán, entonces, dejar de transitarlo.

Cuando se comienza a fluir con la propia corriente existencial, el vivir en armonía con la forma en que nos expresamos a través de la vida, hace que ésta parezca dejar de oponérsenos. (De la obra “Ciencia y meditación”. Ver al margen en Obras del Autor).

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Desapegarse de resultados (I)

Mayo 4, 2009 · 1 comentario

Consiste en no hacer depender de los resultados el sentirnos bien o mal. Para ello hay que dar tanto valor al proceso como al resultado, lo que no quiere decir no tenerlos en cuenta o no trabajar por objetivos en el reinado de la empresa, aunque sí no esclavizarnos neuróticamente a los resultados de nuestras acciones al valorarlos en exceso por nuestros logros, menospreciando los esfuerzos realizados por alcanzarlos, sean exitosos o no.

Buena parte de las situaciones que se dan en la vida son multideterminadas e interdependientes, así que somos en general dueños de nuestros esfuerzos pero no de nuestros resultados. Y es que la incertidumbre es característica del universo en que vivimos y los sistemas caóticos son abundantes en él, sobre todo en lo biológico y lo psico-social. La Teoría de la Complejidad nos da la explicación de ello.

Tal planteamiento fortalece la toma de decisiones grupales. Para el humanista y economista Manfred Max Neef “quienes sólo tienen claro el punto de partida y de llegada se pierden lo más interesante que es el viaje en sí mismo”.

Todo este planteamiento correlaciona con lo que los psicólogos denominan “tolerancia a la ambigüedad”, necesaria para los que trabajan por resultados en un mundo de incertidumbre. Saber aceptarla y navegar en ella, concentrándose en los procesos, es vital para la salud psíquica de los mismos.

Es paradójico que cuando soltamos “el apego” por los resultados, concentrándonos en el proceso, nuestro desempeño mejora.

Pero para no viciar la finalidad del desapego, además de comprender la relación entre esfuerzos y acción, en sí misma liberadora, podemos reforzar esta posición mediante la definición de una meta objetivo que englobe las acciones cotidianas, es decir, generar una especie de meta-propósito que coincida con la cosmovisión descrita antes, que convierta los resultados buscados en simples medios a su servicio. Puede servir la auto-relización o proceso de llegar a ser lo que potencialmente se es. En tal sentido el éxito o el fracaso se convierten en maestros. De esta forma, podemos convivir con todo tipo de objetivos e intencionalidades, sin apegarnos a ellos y convirtiendo en aprendizaje todo lo que vivamos.

Para los que creen en Dios y en su intervención en los asuntos humanos, por ejemplo, el aceptar “su voluntad” representaría una idea equivalente.

La posición de Deepak Chopra sobre el tema es importante. Nos dice que cuando formulamos nuestros objetivos nos abrimos a la posibilidad de que no se cumplan, debido a las circunstancias o a la “voluntad de Dios”, podemos luchar por ellos concentrándonos en los esfuerzos, y sin dejar de ver los resultados, pero no haciendo depender de ellos nuestra valoración de los éxitos o los fracasos.

La perspectiva cristiana de San Ignacio de Loyola es similar: “Obremos como si todo dependiera de nosostros, pero dejemos el resultado en manos de Dios”.

El Bhagavad Gita de hindúes y budistas obtiene un notable equilibrio entre proceso y fines:”Mirar el futuro y luchar por construirlo según los sueños, pero sin apetecer los frutos de la acción”. Posteriormente se examina si se dan bien si no, estudiar el por qué, modificando fines y/o medios, enfatizando siempre el aprendizaje. Camino y lo que se aprende en él, es el fin; el medio el destino. Gandhi, que era seguidor del sendero del Karma Yoga, afirmaba: “Esfuerzo completo, victoria completa”.

La prudencia también lo aconseja: Cuando nos sintamos inseguros, enfermemos, perdamos un trabajo o una relación comience a hacerse inestable, detengámonos. Busquemos, entonces, las lecciones que puedan estar presentes en tales hechos, en lugar de lamentarnos por no haber obtenido lo que deseábamos. (De la obra “Ciencia y meditación”. Ver al margen “Obras del autor”). 

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Escucharse a sí mismo

Abril 26, 2009 · Deja un comentario

No somos conscientes de la mayor parte de nuestros senti-pensamientos, y paradójicamente son estos senti-pensamientos inconscientes los que más parecen influir en nuestra conducta, ya que representan más de las tres cuartas partes de nuestra mente. Se piensa demasiado, y apenas se percibe un poco de nosotros mismos. Diríamos que la utilidad del no pensar tanto, está vinculada al acceso de la  consciencia no verbal de totalidad de la “etapa cósmica”, sumamente valorada en el misticismo.

Bien es sabido que lo consciente tiene más que ver con el hemisferio cerebral izquierdo, analítico y verbal, y lo inconsciente con el hemisferio derecho, globalizador y mudo. La información conscientemente procesada en el hemisferio izquierdo, es sintetizada y percibida “directamente” (no de forma verbal) por el hemisferio derecho, en lo que podemos llamar intuición.

Por eso la intuición es muda: habla desde el silencio. No necesita de palabras pues las trasciende. Pero podemos “escucharla” gracias a la meditación contemplativa.

Así, análisis y síntesis funcionando en círculo complementándose, pues el uno alimenta al otro.

El escucharse a sí mismo, también supone un “diálogo” con nuestro súper yo. Este súper yo es una especie de maestro o guía interno, cuyo poder sobre nuestro yo es bastante evidente, de ahí la necesidad de tal diálogo para poder “educar” a su vez, a este súper yo. La técnica consiste en desactivar las grabaciones obsoletas o “no convenientes” que ya funcionan en él, programándolo con información actualizada proveniente de la propia experiencia existencial; ésto hará de él nuestro aliado, no un apretado corsé. La forma de controlar el súper yo es el objeto de la obra del autor “Superego”, expuesta en los enlaces de este Blog.

(Entresacado del trabajo titulado “Ciencia y meditación”)

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