El segundo capítulo inicia la apertura de horizontes en la búsqueda de técnicas y hechos incontrovertibles que nos ayuden a percibir en toda su profunda magnitud vida y mente, en sus concepciones más amplias que abarcan toda clase de vida y su “conexión mental”.
Por todo ello he tenido que introducirme en terrenos tales com el llamado “entrelazamiento cuántico”, el estudio del caos, la teoría de la “percolación”, el azar, la difusión, la fractilidad, la invariancia de escala, etc.
El tercero de los capítulos se refiere al ámbito de la neurociencia y la biología. Así, se aborda el “reconocimiento de patrones”, las redes neuronales, el subconsciente, la memoria, el aprendizaje, los llamados “atractores” y “estados atractores”, el hipocampo, la amígdala, los lóbulos temporal y frontal, haciendo especial hincapié en la importancia de la emoción; también, la asimetría de los hemisferios cerebrales humanos, y el básico papel de neurotransmisores, hormonas, péptidos y proteínas.
Importancia singular representa el descubrimiento de la aparición de nuevas neuronas a lo largo de toda la vida (Eriksson).
Se da especial prioridad al papel de la “membrana celular” (sería como el “cerebro” de las células procariotas), con sus proteínas integrales lllamadas PIM (“transducción de la señal”).
Entre los eucariotas más primitivos, el flujo de moléculas señal entre los componentes de la comunidad proporciona una “mente” elemental, constituida por la información coordinadora.
En la mente consciente, tales “señales” se “sienten” como “emociones”. La capacidad de la mente consciente de poder obviar la programación del subconsciente es la base del “libre albedrío”.
El cuarto capítulo cambia completamente de enfoque. Así como el segundo y el tercero están básicamente nutridos de ciencia, física y biología, respectivamente, el cuarto contiene un enjundioso aparato filosófico. Desde Bergson a Heidegger, pasando por Ortega, Fichte, Schelling, etc. van reflejando someramente sus visiones acerca del tema que nos ocupa, pero es Hegel quien ha llamado más mi atención.
No falta, y no podría ser de otro modo, una pincelada de filosofía propia ya expuesta en otras de mis obras, pero, seguidamente, en pequeños apartados aparecen retazos filosóficos sugeridos por las realidades científicas abordadas en los capítulos segundo y tercero, así como por la filosofía básica aportada por los maestros anteriores. La Totalidad, la Unidad Múltiple, la información “consciente, la “libertad del ser vivo, la interpretación del sujeto como “sistema cuántico”, o la encendida defensa de la “conciencia” animal”, son temas abordados en los mismos.
Finalmente, el quinto y último se adentra en las profundidades cosmológicas (y cosmogónicas), necesariamente de forma somera, pues no es su objetivo principal, que no es otro que la introducción en el verdadero misterio que subyace en temas tan esenciales como éstos que abarcan el significado profundo de la vida, del campo mental, del inescrutable origen de la propia realidad, materia y tiempo, el mismo universo.
Ese misterio tiene que ver con su nacimiento, esa aparición desde la nada (el vacío cuántico, ontológico, etc.), ese supuesto caos original, incomprensible para nuestro pensamiento, ese Tao oriental hacia el que parece conducirnos la visión global u holística del universo como sistema cuántico.”
(Alejandro Álvarez en la obra “Vida y mente: ciencia y misterio”)