No somos conscientes de la mayor parte de nuestros senti-pensamientos, y paradójicamente son estos senti-pensamientos inconscientes los que más parecen influir en nuestra conducta, ya que representan más de las tres cuartas partes de nuestra mente. Se piensa demasiado, y apenas se percibe un poco de nosotros mismos. Diríamos que la utilidad del no pensar tanto, está vinculada al acceso de la consciencia no verbal de totalidad de la “etapa cósmica”, sumamente valorada en el misticismo.
Bien es sabido que lo consciente tiene más que ver con el hemisferio cerebral izquierdo, analítico y verbal, y lo inconsciente con el hemisferio derecho, globalizador y mudo. La información conscientemente procesada en el hemisferio izquierdo, es sintetizada y percibida “directamente” (no de forma verbal) por el hemisferio derecho, en lo que podemos llamar intuición.
Por eso la intuición es muda: habla desde el silencio. No necesita de palabras pues las trasciende. Pero podemos “escucharla” gracias a la meditación contemplativa.
Así, análisis y síntesis funcionando en círculo complementándose, pues el uno alimenta al otro.
El escucharse a sí mismo, también supone un “diálogo” con nuestro súper yo. Este súper yo es una especie de maestro o guía interno, cuyo poder sobre nuestro yo es bastante evidente, de ahí la necesidad de tal diálogo para poder “educar” a su vez, a este súper yo. La técnica consiste en desactivar las grabaciones obsoletas o “no convenientes” que ya funcionan en él, programándolo con información actualizada proveniente de la propia experiencia existencial; ésto hará de él nuestro aliado, no un apretado corsé. La forma de controlar el súper yo es el objeto de la obra del autor “Superego”, expuesta en los enlaces de este Blog.
(Entresacado del trabajo titulado “Ciencia y meditación”)
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