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Entradas de Julio 2009

FILOSOFÍA DEL PARADIGMA (HEGEL I)

Julio 27, 2009 · Dejar un comentario

GEORG WILHELM FRIEDRICH HEGEL (1770-1831)

 

La obra de Hegel se ha utilizado para legitimar las doctrinas más contrarias, porque la ambigüedad de su pensamiento permite convertirlo en teórico del Estado absoluto, precursor del fascismo e inspirador de la dialéctica marxista. Por ejemplo, Hitler y Mussolini le reclamaban como modelo, al mismo tiempo que Marx y Engels “bebieron” de sus fuentes. Para Feuerbach, Hegel es una contradicción total. En la “Fenomenología del Espíritu”, Hegel persigue el objetivo de liberar al conocimiento de toda limitación o condicionamiento, confiriendo a la razón humana una dimensión genético-creadora. Su tesis central es que entre el “sujeto” y el “mundo” no existe ninguna barrera infranqueable: la “verdad absoluta” no sólo es accesible al sujeto, sino que es creada por él. El sujeto crea a la vez la racionalidad del mundo objetivo. La verdad objetiva no es más que el resultado de la actividad reflexiva del hombre. El pensamiento no es una modalidad del ser, sino el mismo ser. Como para Leibniz, la historia universal constituye para Hegel una teodicea o justificación de Dios.

En sus “Lecciones sobre filosofía de la historia universal”, Hegel propone la idea de que la “voluntad divina” se revelaba en el tiempo a medida que el universo lo hacía, lo que le lleva a concluir que la historia es una descripción de la voluntad divina, lo que implica que la historia debería sustituir a la teología como modo de conocer las verdades últimas. Desde esta perspectiva, el hombre no es una criatura pasiva, mero observador de la naturaleza, sino un sujeto patícipe que crea o co-crea la historia junto a la divinidad. La historia avanza mediante tesis, antítesis y síntesis.

Hegel piensa que el progreso es básicamente una cuestión de libertad, lo que le lleva a identificar en la historia cuatro fases principales de progreso durante las cuales aumentó la libertad.

En primer lugar está el sistema oriental, en el que sólo una persona es libre: el déspota. Luego surgen los sistemas de griegos y romanos, en los que algunas personas eran libres. Y finalmente está el sistema prusiano, “en el que todas las personas eran libres”.

La concepción histórica de Hegel es claramente eurocéntrica, sobre todo germanocéntrica. La historia avanza de Oriente a Occidente. El Este representa la infancia del “Espíritu universal”, el Oeste su madurez y culminación.

Pero sin más dilaciones desgranemos las ideas básicas de Hegel.

El complejo sistema de Hegel tiene una estructura bien sencilla: lo absoluto como eje de la racionalidad del mundo está al comienzo  y al final como punto de partida y llegada, y en medio se sitúa la oposición universal a través de la cual lo absoluto y la racionalidad se desenvuelve y se resuelve desde sí mismo y hacia sí mismo, enlazando fin y principio. Así que nos encontramos ante un círculo.

El complejo sistema de Hegel es “la unión de la unión y de la no-unión” (die Verbindung y der Verbindung und der Nichtuerbindung). Con ella se superan todos los contrastes, alcanzándose una unidad dialéctica que posee dentro de sí la diferencia de lo diferente. A tal unidad de lo múltiple se llama Dios y es el espíritu. (De la obra del autor “Paradigma”).

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FILOSOFÍA DEL PARADIGMA (KANT)

Julio 17, 2009 · Dejar un comentario

INMANUEL KANT (1724-1804)

Es el pilar desde el que se construye el pensamiento alemán. En la “Crítica de la razón pura”, el filósofo de Königsberg remueve los cimientos de la Metafísica y la Teología de entonces, cuando afirma que la “cosa en sí” es inaccesible al entendimiento. Así Kant pone límites a la razón, aunque no la niega en absoluto, pero sí lo suficiente para que rechace el empirismo como el fundamento de la verdad. En sus palabras: “Aún cuando nuestro conocimiento parte de la experiencia, no surge toda de ella”. Los datos y fenómenos empíricos sin la síntesis que realiza el yo trascendental, no pasaría de ser sólo una “rapsodia de percepciones” falta de la necesaria unidad. Descartado el conocimiento de la “esencia” de las cosas, no es ello óbice para la edificación de un mundo racional basado en la libertad, la voluntad y la conciencia ética, según expone en su “Crítica de la razón práctica”.

La moral de las acciones del hombre debe medirse por su objetividad y universalidad. Kant dice: “Actúa como si la máxima de tu acción tuviera que convertirse  a través de tu voluntad en ley universal de la Naturaleza”.

La moral para Kant no es un reflejo de un sistema de ideas y valores existentes fuera o exteriores al sujeto, como Dios, etc., sino un acto que surge exclusivamente de la conciencia de cada individuo. Tal autolegislación lleva al hombre a superar las limitaciones de la vida natural, convirtiéndose así en amo y señor de su destino, pergeñando su libertad, valor a crear por medio de la razón, el sentido del deber y el imperativo categórico moral. En sus palabras: “Hazte más perfecto de lo que la Naturaleza te ha hecho”.

No obstante opinaba que la historia tenía un gran “propósito cósmico”, al que se encaminaba la humanidad sin proponérselo, al guiarse por la observación de las leyes de la Naturaleza. En su opinión, la tarea de la filosofía era describir este plan universal, puesto que creía que, en principio, las leyes naturales de la historia y el mismo progreso podrían identificarse igual que las leyes de los planetas descubiertas por Newton. Así resumió la filosofía de la historia en nueve principios que esbozaban el “progreso” de la humanidad.

Su argumento principal era que en el ser humano, de siempre existía un conflicto entre el ser social que procuraba el bienestar de los demás, y el ser egoísta preocupado sólo por sí mismo. Ese constante conflicto iba y venía con el tiempo, y su resultado era un perceptible progreso en ambas áreas, la social y la individual. En los estados fuertes capaces de regular la vida social, la libertad individual era mayor. La meta era que el mayor número de personas alcanzase la libertad suficiente para realizarse como individuos y además, poder cuidar a sus semejantes. (De la obra del autor “Paradigma”).

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FILOSOFÍA DEL PARADIGMA (SCHELER)

Julio 3, 2009 · Dejar un comentario

MAX  SCHELER (1874-1928)

Nace en Munich. De madre judía y padre alemán, se convirtió al judaísmo al contraer matrimonio. Estudió en las universidades de Berlín, Heildelberg y Jena.

Se vio influido por el pensamiento de Dilthey (vitalismo historicista), Nietzsche (vitalismo irracional) y Eucken (vitalismo espiritualista), pero fundamentalmente por su maestro Husserl con quien trabajó en Göttingen de 1909 a 1913. Del propio Husserl tomó la pasión por salir al encuentro de “las cosas mismas”, aplicando la descripción fenomenológica. Scheler aplicó el método a áreas que todavía no habían sido exploradas por los fenomenólogos, como la vida ética, la emocional, la religión, etc.

Sus obras más importantes son: “Esencia y formas de la simpatía”. “El formalismo en la Ética y la ética material de los valores”, “De la revolución de los valores”, “De lo eterno en el hombre”, “Escritos sobre Sociología y teoría de la Cosmovisión”, “Las formas del saber y la formación”, “Las formas del saber y la sociedad” y “El lugar del hombre en el Cosmos”.

La trascendencia mayor de su obra se refiere a sus reflexiones sobre los valores (“axiología”). Husserl había puesto el énfasis en la reflexión sobre los objetos intencionales de la razón (las ideas); Scheler lo puso sobre la intencionalidad de las emociones y sus objetos intencionales (los valores). A los valores sólo se puede acceder por la intuición emocional, pues la razón es ciega para el valor.

Para Scheler los valores son siempre los mismos, no cambian, pues hay un “cosmos objetivo de valores”, por eso se opone con firmeza  a la pretensión de Nietzsche de “crear valores”. Scheler opina que lo que cambia es nuestra percepción de los mismos, porque cada época, cada cultura, decubre unos valores e ignora otros.

Scheler nos dice que los valores están ordenados jerárquicamente. Primero están los religiosos (sagrado/profano), luego los espirituales (bello/feo, justo/injusto, verdadero/erróneo), luego los de la afectividad vital (bienestar/malestar, noble/innoble) y en último lugar los valores de la afectividad sensible (agradable/desagradable, útil/dañino).

Lo importante es vivir en armonía, no optando por unos valores y renunciando a otros, pero hay que vivir los valores inferiores de un modo tal que se encuentren ordenados a los superiores.

La intención de Scheler fue superar el dualismo y la ruptura generados por la falsa opción entre vitalismo y racionalismo. (De la obra del autor “Paradigma”).                     

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