EL CUERPO MATERIAL

Después de lo comentado en el apartado anterior de la obra, no deberíamos llegar a la conclusión de la “maldad” del cuerpo (material) de los seres, algo secularmente conocido de la ideología cristiana. ¡Nada más lejos de nuestro pensamiento!

El cuerpo es un instrumento “precioso” que nos ha donado, nada más y nada menos, más bien ha permitido, la autocreación de la “naturaleza del Ser”: ¡el Ser, pues, le debe todo! Mas, aquello que fue tan válido ya no lo es tanto y hasta, incluso, contrapoducente, una vez que el espíritru del Ser alcanza cierto nivel: ¡la maduración de la conciencia!

El cuerpo es un bien precioso: ¡compañero de fatigas durante tantos años!… Pero estos compañeros deben separarse en cierto momento… Cada uno debe seguir su camino… y el del Ser es su “reencuentro consigo mismo!. Esa autorreflexión es el inicio de un salto cualitativo: ¡la metamorfosis de una sublimación fuera de la materia!

El cuerpo debe ser cuidado, debe ser amado, pero es el espíritu su señor… No puede el cuerpo señorear sobre el espíritu… Esa sería su nihilidad, la alienación, la destrucción de este último… Y si esto es claro y diáfano, no obstante, el cuerpo puede ser un “aliado” eficaz… Mas, debemos educar al cuerpo a “dejar libres las alas del espíritu”… El cuerpo tiene que estar acostumbrado a abandonar al espíritu en “su mundo”, con tan solo un “movimiento” de la voluntad… Una vez que el Ser ha fortalecido así su espíritu, con el manejo “a voluntad” del cuerpo, ese Ser se “ha preparado para la muerte”, entonces, los “viajes místicos”, que se irán haciendo más y más frecuentes, habrán alentado y alimentado crecientemente aquel “instinto de muerte” que a la postre sólo significa la “plena” liberación…

Para un Ser que se ha enseñoreado así de su cuerpo, éste es un gran aliado, un inestimable amigo, una vía para contemplar, para adivinar a su través otros pequeños espíritus, dones del Espíritu Universal, del Ser Supremo… ¡Y todo eso alimenta un creciente amor a la divinidad!… ¡Pequeños espíritus que forman parte del espíritu global dibujado en todos ellos! ¡Y nuestro cuerpo es la ventana que conduce a ello! Como ventana, no es el marco lo importante, sino la claridad de la luz que rebosa en sus adentros!… No es el marco (el cuerpo), ¡sino la luz resplandeciente del Espíritu, hijo, Padre del que todos llevamos dentro!

Y al final el Ser absorto no ve marco ¡Ya no hay cuerpo!… ¡Sólo hay luz indescifrable de nuestros seres disueltos!

(De la obra del autor “El cierre del círculo”. Copyright 2002) 

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