Continuando con nuestros comentarios acerca de la obra de Antonio Damasio “Y el cerebro creó al hombre”, como ya apuntábamos en el artículo “Sí mismo y conciencia”, lo maravilloso de la vida es que “la partitura y el director sólo se hacen realidad a medida que la vida se despliega”.
Nos dice Damasio que no hay un único mecanismo que explique la conciencia en el cerebro, ni un único dispositivo, sino que se precisa una multitud, donde la aportación individual es importante, pero “sólo el conjunto produce el resultado que tratamos de explicar”.
Pero dos de los rasgos reconocibles de la conciencia, como la gestión y el cuidado eficientes de la vida ya se presentan en las mismas células individuales y sus mecanismos están codificados en su genoma. Este valor biológico es un rasgo primordial.
Así que “la conciencia surge dentro de la historia de la regulación biológica, que es un proceso dinámico conocido con el nombre de homeostasis”, y que se inicia ya, desde luego, en los seres vivos unicelulares como las bacterias o las simples amebas, que aunque no tienen cerebro, muestran un comportamiento adaptativo. Tal proceso evoluciona en seres dotados de cerebros sencillos, como los gusanos, etc., y prosigue con otros como los peces y los insectos “capaces de generar tanto comportamientos como una mente”.
En opinión de Damasio, “siempre que los cerebros empiezan a generar sentimientos primordiales los organismos adquieren una primitiva forma de senciencia”. Y es a partir de aquí, cuando pudieron desarrollar un sí mismo y añadirlo a la mente, con lo que se inició el proceso que condujo a mentes complejas capaces de ser conscientes.
Con los mamíferos y los primates la mente se hizo cada vez más compleja, expandiéndose de forma particular la memoria y el razonamiento. Y así llegamos al hombre.
Algunos objetos de su mente se acompañan de un sentimiento que inequívocamente los conecta con su cuerpo y mente. Por introspección sabemos que la sensación nos dice (sin mediar palabra) que los objeto son míos, y “que puedo actuar sobre ellos si así lo deseo”. Esta es, literalmente, “la sensación de lo que ocurre”, que se acompaña, además, posteriormente, de la sensación de que “existe mi propio cuerpo y que está presente”, sentimiento fundamental para el proceso del sí mismo.
Nos comenta Damasio que “cuando las imágenes del agregado que es el sí mismo se pliegan junto con las imágenes de los objetos que no son ese sí mismo, el resultado es una mente consciente”.
Hay unas señales que tienen lugar en un circuito en bucle, por medio de las cuales el cuerpo se comunica con el sistema nervioso central, a la vez que este último “reacciona a los mensajes que le envía el cuerpo”. Pero, según Damasio, “las señales no son separables de los estados del organismo en los que se originan”. Tal conjunto es una “unidad dinámica enlazada”. Antonio Damasio propone la hipótesis de que “estas unidades representan una fusión funcional de los estados corporales y los estados perceptivos, tal que la línea divisoria entre los dos ya no se puede trazar”. En sus palabras: “Las neuronas imitarían la vida de una manera tan completa que serían uno y lo mismo que ella”.
Una célula viva como la ameba responde, por ejemplo a un pinchazo, porque algo ha cambiado en su interior. Trasladando esta situación a la neurona, es fácil suponer que “en ese nivel podría residir el estado físico cuya modulación y amplificación, a través de circuitos de células cada vez mayores, produciría un “protosentir”, el honorable equivalente de la protocognición que surge en el mismo nivel”.
Nos recuerda Damasio que Rodolfo Llinás utiliza tales ideas para “proponer que los sentimientos surgen de las funciones sensoriales especializadas de las neuronas, aunque aumentadas proporcionalmente a escala del gran número de neuronas que forman parte de un circuito”.
Y es que para Damasio, tal tema es igualmente fundamental, al considerar la formación de una “voluntad colectiva de vivir”, “tal como se expresa en el proceso del ser sí mismo, a partir de las actitudes de un nutrido número de células individuales unidas cooperativamente en un organismo”.