La organización tridimensional de los cromosomas permite que los elementos distales que se reúnen, puedan interactuar funcionalmente entre sí. En ciertos puntos durante el desarrollo, es posible orquestar la actividad de los genes que están lejos uno del otro en el hilo lineal de los cromosomas, pero que en realidad están en contacto físico. Entonces, una sola mutación que altera la organización en un hilo de cromosoma puede afectar a un grupo de genes.
El ADN de los genes individuales se envuelve alrededor de los nucleosomas para formar su clásica estructura de “cuentas-en-una-serie”. El nuevo estudio muestra que tales cuentas posteriormente se pliegan en forma de “hilos-de-una-cadena”, donde cada hilo es un grupo de genes (un nivel de plegado hasta ahora desconocido al que se considera un principio fundamental de organización de los genomas).
El 90% del cuerpo humano no son células “humanas”, sino un auténtico ecosistema de unos cien billones de bacterias que habitan en el mismo.
Una total ausencia de bacterias tiene como consecuencia “un desarrollo corporal deficiente, un cerebro distinto e inmaduro” y un sistema inmunitario incompleto. Si a animales con esa ausencia total de bacterias “se les trasplanta la flora de individuos normales, recuperan la normalidad”.
Estos recientes descubrimientos sugiere la importante implicación de este microbioma en “las patologías gastrointestinales, las dolencias cardiovasculares e incluso trastornos como el autismo”.
A continuación, en base a la magnífica obra de Natalia López Moratalla titulada “La dinámica de la evolución humana”, estudiaremos ese proceso “evolutivo” que va desde la materia inerte hasta la autoorganización que supone lo que llamamos “vida”.
Nos dice López Moratalla que “el conocimiento más importante de las ciencias biológicas de los últimos años es el descubrimiento de que los dos grandes procesos temporales de los seres vivos -la evolución y el desarrollo embrionario-, presentan idéntico dinamismo. Ambos procesos tienen una flecha del tiempo: transcurren de lo simple a lo complejo a través de los mismos mecanismos de cambio de la información genética, y de la regulación y retroalimentación del mensaje genético.”
Hace hincapié en que el 2% de las diferencias genéticas entre el hombre (Homo sapiens sapiens) y el chimpancé (Pan troglodytes) son mayoritariamente responsables de la construcción y maduración del cerebro.
Y entrando de lleno en la materia del artículo, nos comenta la autora que “la principal diferencia que distingue la realidad inerte y la viva es la manera en que se corresponden los materiales y la forma que los configura”. La materia inerte, sea natural o artificial, no posee información propia para constituirse como ser. En palabras de López Moratalla: “No tienen un sí mismo intrínseco, sino un según“.
Y es que “las leyes de la química que rigen el cambio hacia la complejidad no son propiamente evolutivas. No pautan en sí mismas una tendencia al progreso. De su más con más no emerge algo que se acumula como parte de un pasado y que, por tanto, le pertenezca. La actualización de potencialidades es extrínseca al sistema de partida. Depende del pasado, pero no posee futuro dependiente de qué es un momento determinado.”
La vida transcurre de lo más simple a lo más complejo, y es evolutiva hacia una mayor intensidad, “hacia más interior y sí mismo propio de los seres vivos, y menos según lo externo, que es lo propio de la realidad inerte”.
Y es que hay una ganancia de autonomía en un ciclo temporal cerrado en sí mismo que es el ciclo propio de cada ser vivo con su nacimiento, vivencia, reproducción y muerte, y que encierra en sí la posibilidad de evolucionar. Y aquí sí hay historia: “la historia de cada una de las especies son los capítulos de la historia de la vida que se inició hace unos tres mil millones de años”.
Nos dice Natalia López Moratalla que “en la historia de la vida, a la actividad vital básica, vegetativa en cuanto a mantener las funciones necesarias para desarrollarse, crecer, alimentarse, etc., ha seguido el sentir, reconocer lo que conviene o no,…”
Pero esa evolución biológica “no es una sucesión lineal de etapas; tiene un diseño arborescente, con ramas enormemente irregulares”. Y ese progreso evolutivo de lo simple a lo complejo es irreversible. “En esa dinámica, azar y determinación cooperan como dos parámetros termodinámicos que son”. “La vida no tiene marcha atrás; es un permanente alejamiento del equilibrio termodinámico”. (El equilibrio significa la muerte).
La capacidad de cambio, el automovimiento de los vivientes está motivado por las inestabilidades y fluctuaciones, fuente de orden en los procesos irreversibles, lo que Illia Prigogine denominó procesos disipativos de entropía. En ellos, “los parámetros azar y determinación cooperan en la aparición de un orden, arquitectónico o funcional, al que se denomina orden fluctuación“. El azar (las fluctuaciones que permiten a un sistema alejarse de los estados de equilibrio termodinámico) y la necesidad (la inestabilidad propia del medio), en vez de oponerse, cooperan.
Todo sistema biológico, pues requiere que el sistema sea abierto (para el intercambio de materia y energía con su entorno, disipando entropía), y que el sistema se mantenga alejado del equilibrio.
Remata Natalia López Moratalla: “En un ser vivo este orden por fluctuación es intrínseco, es decir, el cambio es automovimiento. Existir viviendo, transmitir vida y poder evolucionar, supone poseer por sí y en sí mismo mecanismos generadores de inestabilidad, que le permiten mantenerse alejados del equilibrio. Esos mecanismos son propios, le pertenecen, y por ello el proceso de ordenación de los seres vivos es más que la mera relación entre la estructuración de los componentes: es autoorganización.”
Las células de la glía sostienen las neuronas del cerebro entre sí (el cerebro está constituido básicamente por esos dos tipos de células), pero, además, parece que son fundamentales para las actividades del cerebro dedicadas al aprendizaje y la memoria.
“Un número creciente de científicos está empezando a reconocer el hecho de que se necesita la glía para realizar las tareas que las neuronas por sí solas no pueden lograr de manera eficiente”.
Las células de la glía son los guardianes de nuestros procesos de aprendizaje y memoria, orquestando la transmisión de información para que el cerebro funcione de forma óptima.
Bajo este supuesto, un equipo de investigación ha desarrollado un “modelo de primer equipo que incorpora la influencia de las células de la glía en la transferencia de la información sináptica. (Los detalles aparecen en PLoS Computacional Biology).
El artículo completo con la noticia puede leerse aquí.
Aunque no sea LUCA (Antepasado Común Universal), investigadores chinos creen que un microfósil es el lejano abuelo común de todos los seres vivos de la Tierra. Dicho microfósil se encontró en 1998 en la formación rocosa Doushantuo, en el sur de China, aunque en un primer momento se creyó que se trataba de embriones animales. Y es que los microfósiles de Doushantuo fusionan rasgos de animales y protozoos, por lo que son antecesores a ambos.
“Los virus depredan sobre células vivas, a las que engañan para que acepten los ácidos nucleicos virales y expresen su genes”, secuestrando el metabolismo del hospedador para hacer copias de sí mismos.
Aunque la mayoría de los biólogos no creen que los virus sean seres vivos, el debate continúa. A favor de considerarlos como seres vivos está: los virus experimentan evolución y cambio; utilizan recursos y pueden “sobrevivir” independientemente. Y en contra: los virus no tienen células, necesitando un hospedador para reproducirse. Así “que se ajustan a las definiciones termodinámica, evolutiva y bioquímica de la vida, pero no a la definición estructural y la basada en el comportamiento”.
Otros tres cuasi-organismos se asemejan a los virus en cuanto a su estructura general y forma de vida: los viroides (ARN sin su envoltura proteica); los virusoides o virus satélites (hebras cortas de ARN que se aprovechan tanto de la célula hospedadora como de un virus para replicarse) y los agentes de transferencia de genes o GTA (virus domesticados en proteobacterias).
“Algunas bacterias contienen pequeñas hebras de ADN que actúan como cromosomas extra”. Son los plásmidos.
Algunas cadenas de polipéptidos también causan enfermedades. Son los llamados priones que surgen de una conformación irregular de una proteína normal. Al entrar un prion en el entorno de la célula, modifica la forma de las proteínas de membrana comunes. Esa modificación produce su unión en largos filamentos en el cerebro de los mamíferos (encelopatías espongiformes).
Tanto priones, como plásmidos o los citados virus, viroides, virusoides y GTA llegan a desdibujar “la frontera entre especies, entre individuos y entorno, y entre lo vivo y lo no vivo”.
“Los catalizadores ribosómicos, como los que se encuentran en los ribosomas y los viroides, han dado a los astrobiólogos la esperanza de que algún día lleguemos a entender los orígenes de la vida”: los ácidos nucleicos son necesarios para almacenar la información y las proteínas para realizar trabajo. Los catalizadores ribosómicos (ribozimas), pueden hacer las dos cosas.
Las hipótesis más plausibles para explicar el origen de la vida son: la del mundo de ARN (ribozimas); la del mundo de proteínas (priones) y la del mundo de lípidos (las membranas se desarrollaron antes que otros productos bioquímicos).
Ahora bien, “el salto de la no vida a la vida parece extraordinariamente difícil, lo definamos como lo definamos”.
Para terminar, decir que “nuestra definición de la vida tendrá que ser algo más que “no muerto”. Los virus, los priones y los elementos genéticos egoístas existen en la frontera borrosa entre la vida y la no vida. Tienen algunas propiedades que queremos, pero no todas.”
(De la magnífica obra de Lucas John Mix “La vida en el espacio”)
Sería una forma de vida “global” que luchó por sobrevivir en los océanos primigenios, que eran una sopa de intercambios genéticos a escala global durante cientos de millones de años. “Las células luchaban por sobrevivir por ellas mismas intercambiando partes útiles con las demás sin competir entre ellas, creando una especie de mega-organismo”.
Según la hipótesis de Gustavo Caetano-Anollés (Universidad de Illinois), “LUCA tenía enzimas para degradar azúcares y para extraer energía de nutrientes. Pero a la vez carecía de las enzimas necesarias para construir y leer ADN”. LUCA estaría basado en el ARN.
Cuando las células de la sopa que conformaba LUCA “empezaron a ser cada vez más independientes el mega-organismo desapareció para dar lugar a células independientes que competían bajo las reglas darvinistas de la evolución y la vida ya nunca volvió a ser la misma”. “Ese evento se daría hace 2900 millones de años, justo cuando apareció por primera vez el oxígeno libre de la atmósfera”.
(Del artículo “La hipótesis de LUCA el mega-organismo” en Neofronteras.com)
Nos dice Lucas John Mix en su obra “La vida en el espacio” ( “La nueva ciencia de la astrobiología”) que el reduccionismo es, cuanto menos, un deseo de explicar sucesos al nivel más bajo posible, sin menoscabo de otras explicaciones que puedan darse a un nivel superior. Y en el otro lado de la moneda estaría la teoría de la emergencia que, en pocas palabras, nos dice que el todo es más que la suma de las partes.
La emergencia está sometida últimamente a un gran debate cuyas posturas van desde la “emergencia débil”, llamada así por nuestro autor (el reconocer que “algunas cosas son irreducibles en la actualidad” por lo que habría que abordarlas, por el momento, ”a un nivel superior”), hasta la “emergencia fuerte” (“algunas cosas no pueden construirse desde la base”).
Continúa diciéndonos John Mix que la emergencia ocupa un lugar preeminente en la teoría del “diseño inteligente” (la vida y la capacidad de percibir, por su complejidad, “sólo pueden haber sido generadas a partir de una vida e inteligencia preexistentes”). Puede que por ello, en algunos ambientes científicos la emergencia carezca de todo crédito. A parte de esto, en opinión de John Mix, la emergencia completamente débil tiene una limitada utilidad, si vamos posponiendo la reducción a algún momento del futuro, con lo que “seguimos teniendo el reduccionismo como objetivo último y mejor”.
Sin embargo, John Mix sí considera la emergencia mientras se desconozca el proceso de generar vida desde lo inerte, o lo no vivo. No obstante, ”la emergencia nunca será un buen argumento para desechar la evolución”. En sus palabras: “La teoría de la emergencia proporciona una oportunidad para explorar nuevos caminos de investigación”. También la teoría de la información nos proporciona ideas interesantes acerca del comportamiento de los sistemas al alcanzar cierto nivel de complejidad.
Y es que, tanto el reduccionismo como la emergencia nos pueden ser útiles en el campo de la astrobiología. Pero, seguimos sin saber con certeza ¿qué es la vida?, por lo que, entre otras opciones, algunos hombres de ciencia situados en esa frontera que delimita el campo entre biología y filosofía “han decidido volver a explorar el concepto de la vida como fenómeno emergente”.
La divisoria entre lo vivo y lo no vivo está íntimamente ligada “al modo como definimos la vida”. Para Lucas John Mix, “nuestro dilema es que insistimos en ver la vida como un operador binario: vivo o no vivo, sin ambigüedad”. Al mismo tiempo, intentamos concebir una forma de entender lo vivo a partir de lo no vivo. Los dos no pueden ser. O bien la vida surge de manera parcial y gradual, o surge de algún modo cuando se franquea un determinado umbral.”
Nuestro autor se confiesa “muy escéptico de las visiones emergente y reduccionista en la definición de la vida”. En el primer caso, “parece que exista el deseo de que la unicidad de la vida sea intrínseca e irreducible”, en el segundo, “de que el problema desaparezca”. Termina diciéndonos Lucas John Mix que, “aunque ninguna de las dos ideas proporciona una respuesta plenamente satisfactoria, ambas nos permiten escudriñar más a fondo el problema y los datos con la esperanza de alcanzar una mejor comprensión”.
(De la obra de Lucas John Mix “La vida en el espacio”)
“La vida multicelular ha surgido varias veces en la historia de la Tierra y han sido necesarias transiciones de unos tipos de organizaciones intercelulares a otros. El paso de la vida unicelular a multicelular presenta la cuestión de la coordinación de las etapas que conducen a un fenotipo complejo; las células diferenciadas, con sus propios intereses deben cooperar al interés general de la nueva unidad individual.”
Un “ensayo” natural anterior a la multicelularidad es la diferenciación de protistas (seres vivos que no presentan tejidos u órganos diferenciados).
Son diecisiete los tipos de protistas que han logrado la multicelularidad, de los cuales hongos, plantas y animales tienen la capacidad de constituir una unidad individual de un agregado multicelular organizado (embrión) cuyas células son diferentes a los otros tipos de células del organismo.
Para que una asociación multicelular pase a ser individuo (multicelular) y no una mera colonia, se precisa de la emergencia de tal embrión, que es capaz de darle esa unidad desde el mismo inicio del desarrollo. O sea, en el logro de la multicelularidad en un solo individuo se precisa algo más que la simple cooperación. Son precisos cambios en la estructura del conjunto, en la diferenciación celular y en las diferencias de velocidad de la multiplicación de las células que participan en la reproducción del individuo. Tales cambios se refieren a la información a dos niveles: en el genoma y en la regulación.
“La dinámica de la complejidad de la multicelularidad es crecimiento de la información genética inicial (primer nivel) y retroalimentación de la misma por la información epigenética”.
En todo este proceso “hubo que solucionar la dicotomía entre proliferación y diferenciación”.
“El movimiento y proliferación celular es el origen de la embriogénesis. El embrión surge como la unificación de células autónomas en una federación.”
“La evolución de la pluricelularidad tuvo una primera transición en el paso de animales inferiores didérmicos -compuestos de dos epitelios simples separados de un mesénquima-, a tridérmicos” (aparece en ellos el tercer epitelio llamado “mesodermo”).
La aparición de organismos con diferente diseño corporal es debido a un cambio en los genes reguladores llamados “homeogenes”, que son los que dirigen la expresión diferencial de otros genes durante todo el proceso embrionario. Tal programación en el espacio (el cuerpo) y en el tiempo de desarrollo es denominada “colinearidad espacio-temporal”.
Existe un proceso macroevolutivo de control de la información en función de la unidad, y no de la adaptación al medio. Y es que “es la selección interna, y no sólo la selección natural, la que ejerce el control al segundo nivel de información regulando la expresión espacio-temporal de unas familias de genes reguladores y además incorporando nuevos módulos funcionales.”
“El progreso de organización de lo inerte a lo vivo no parte de unos materiales elementales con información para el proceso mismo y, por tanto, no hay propiamente autoorganización. Esta primera etapa del camino hacia la complejidad es físico-químico y no biológico.”
En la obra se nos dice que la dinámica es la de los sistemas abiertos y alejados del equilibrio (Ilya Prigogine), en la que realmente “existe una flecha del tiempo” en el sentido de ir hacia una mayor complejidad.
Así que el preámbulo hacia el conocimiento de la evolución biológica es la tarea de “dar razón de las posibilidades reales de la constitución del primer tipo de vivientes, la evolución prebiótica”. Tal proceso, en su totalidad ha ocurrido una sola vez, al menos aquí en la Tierra.
Esa etapa evolutiva prebiótica es resultado de una secuencia bastante larga de pasos aislados, pequeñas modificaciones en dirección a un aumento de la complejidad, lo que supone que cada uno de esos pasos debe ser lo suficientemente probable según las leyes de la física y la química, para su ocurrencia “en un tiempo razonable”. Lo que requiere también una cierta estabilidad.
Azar y determinación, en la dinámica irreversible de los sistemas abiertos y alejados del equilibrio, “colaboran como parámetros termodinámicos que son”.
Los cambios al azar (debidos al entorno) son determinados en función de los materiales de que se parte, adquiriendo unas estructuras espaciales que generan ciertas interacciones específicas entre moléculas, y reacciones específicas, constituyendo en conjunto un proceso “emergente donde las fluctuaciones azarosas, debidas a las condiciones cambiantes del medio externo, y el comportamiento del sistema crean continuas inestabilidades que permiten una organización -un aumento local del orden- que va siendo así determinado, en unas condiciones dadas, por la naturaleza de los materiales”.
En el mundo inerte, pues, “el sistema progresa en estricta dependencia de factores externos”.
“Por el contrario, los procesos vitales de constitución, construcción y desarrollo, alimentación, etc., es decir, la vida y el proceso de cambio de las formas de vida y el proceso de cambio de las formas de vida, o evolución, tienen como núcleo central un material informático” (secuencia de los nucleótidos del DNA).
“La lógica de lo vivo supone autoafirmación, y supone autoorganización unitaria.”
Un individuo vivo como mínimo debe poseer: la propiedad de autorreplicación (para pueda transmitir la información genética a la siguiente generación); un metabolismo para el intercambio de materia y energía necesarias para su propia construcción y mantenimiento; la posibilidad de mutación o cambio, necesaria para el progreso hacia la complejidad, por la competencia con otros.
Los polímeros, formados por unión covalente de monómeros han debido “desempeñar un papel esencial en el progreso hacia el precursor de las primeras células”.
“Diversos experimentos de simulación han permitido explicar la síntesis prebiótica de proteinoides con información funcional, a partir de los aminoácidos. Estos sillares son muy abundantes en meteoritos, luego pudieron estar presentes en esta etapa. Las proteínas primitivas podían catalizar, pero no replicarse a sí mismas.”
“Por el contrario, los polímeros de nucleótidos son, por su propia naturaleza, por la propia complementariedad de las bases, moléculas autorreplicantes.”
“El RNA pudo instaurar un mundo que constituyese la etapa crucial del origen de la vida: no sólo se autosintetiza y autorreplica, sino que posee capacidades catalíticas.”
“La selección de las secuencias de los RNA fue un proceso microevolutivo.”
“Por el contrario, la ampliación de la información genética de las moléculas de RNA fue un proceso con dinámica epigenética, macroevolutivo.”
La activación progresiva de los genes Hox determina el orden del desarrollo embrionario con una precisión asombrosa, según han descubierto científicos de la Escuela Federal de Laussanne (EPFL) en Suiza.
¿Qué nos dice el “principio de la exclusión competitiva?: “Los entornos complejos son necesarios para apoyar a las poblaciones complejas y diversas”.
Pues bien, científicos británicos y americanos han puesto a prueba tal principio construyendo en el laboratorio ambientes “muy simples”, observando la evolución biológica bacteriana después de cientos de generaciones (el equivalente a 3000 años en términos humanos). Asombrosamente, los experimentos han generado un montón de inesperada diversidad genética: ¡La tasa de crecimiento y la eficiencia, puede conducir a la diversidad estable en el más simple posible de los ambientes!
Los tejidos vasculares vegetales representan una autopista para la actividad “nerviosa” de las plantas que permite el rápido intercambio de información entre los puntos de crecimiento (brotes) de los órganos aéreos de la misma y las zonas “pseudocerebrales” de los ápices de las raíces.
El desarrollo fundamental que posibilitó la tecnología de DNA recombinante fue el descubrimiento, a finales de la década de los 60, de las “enzimas de restricción” (endonucleasas de restricción) que reconocen y establecen cortes en las cadenas dobles del DNA en secuencias de nucleótidos específicas. Tales enzimas las producen en forma natural las bacterias, que las utilizan para defenderse de los virus.
Ver un vídeo y artículo divulgativo sobre las “enzimas de restricción” aquí.
Los niveles de marcadores bioquímicos -proteínas llamadas peroxirredoxinas- que se producen en altos niveles de la sangre, se someten a un ciclo (circadiano) de 24 horas. Estas peroxirredoxinas se encuentran prácticamente en todos los organismos conocidos.
Se ha comprobado que hay un ciclo similar de 24 horas en algunas algas marinas.
Para Andrew Millar (director del estudio realizado) de la Universidad de la Escuela de Edimburgo de Ciencias Biológicas: “Esta investigación muestra que los relojes del cuerpo son mecanismos antiguos que se han quedado en nosotros a través de mil millones de años de evolución”.
“Para Denis Noble el genoma no vendría a ser una suerte de “plano” o “libro de la vida” sino, en sus palabras, “el libro de la vida es la propia vida”.
Si permitiésemos que en cada función biológica el número de genes implicados fuese el resultado de cualquier combinación posible de interacciones genéticas, el número que obtendríamos sería de más de 10 elevado a 72000, una cifra astronómica, así que no existiría materia suficiente en el universo para que la naturaleza hubiera podido ensayar todas las posibles interacciones, ni siquiera en todo el tiempo geológico de miles de millones de años.
Y para reconstruir de forma exhaustiva en términos moleculares la actividad de una única célula habría que simular las interacciones que tienen lugar entre más de 10 elevado a 12 moléculas, así que habrá que acudir claramente a alguna causa profunda.
Las estructuras y los procesos característicos de los niveles superiores no se ven a nivel molecular. Los genes y proteínas que integran el organismo son incapaces de “poner de manifiesto” su función en relación con los niveles superiores de este.
La estrategia “del medio hacia afuera” (ver la obra de Noble \”La música de la vida\”) refleja de forma bastante fideligna la manera en que se van construyendo los organismos a lo largo de su desarrollo. Cada una de las partes de los mismos desempeña la función para la que está diseñado, sin que el conjunto del sistema tenga consciencia de ello.
El cuerpo humano está compuesto por alrededor de doscientos tipos de células claramente diferenciadas.
El “yo” es el resultado de uno de los procesos integrativos que tienen lugar en el interior del organismo (el “yo” es un proceso). A la vez, el “yo” es una “metáfora” muy útil, aunque lo que podemos decir es que “las cosas suceden como si” existiera un yo que, en tanto que objeto virtual, estuviera haciendo todo lo que “yo hago”.
Para Noble, “en relación con el yo, lo realmente relevante es la coherencia y la racionalidad, y no tanto la posibilidad de que exista un grupo de neuronas con las cuales pueda identificarse. La causa por la que nos resulta tan natural concebir el yo como un objeto es simplemente que desde siempre se ha asociado con una determinada parte del cuerpo”.
Científicos noruegos han descubierto esta comunicación a distancia por el intercambio de señales eléctricas a través de nanotubos. (Lo que haría mucho más fácil la formación de uniones gap caracterizadas porque el potencial de acción se transmite directamente sin necesidad de un mensajero químico en un espacio sináptico).
Esto significa que la comunicación intercelular no requeriría sólo del contacto directo entre células, sino que éstas podrían funcionar de manera coordinada gracias a una comunicación a distancia. En esencia, un nivel más de comunicación intercelular que explicaría el desarrollo embrionario, así como la extraordinaria complejidad de la actividad neuronal del cerebro.
Por último, dada su utilidad práctica, me referiré a la onda P300. Dicha onda es un registro agregado de una gran cantidad de neuronas. En la práctica, la forma de la onda P300 se debe evocar utilizando un estímulo por algunas de las modalidades sensoriales. Un típico procedimiento es el paradigma Old-ball, en el que un estímulo diana se presenta estre estímulos de fondo más frecuentes.
Se ha sugerido que la onda P300 está compuesta por dos ondas secundarias conocidas como “señales P3a y P3b”. La onda P3a se originaría en los mecanismos de atención frontal dirigidos por estímulo durante el procesamiento de tareas. La P3b se originaría en la actividad parietal-temporal asociada con la atención y estaría relacionada con el consiguiente procesamiento en la memoria.
Sabemos que la presencia, magnitud, topografía y duración de la onda P300 se utiliza, a veces, en la medición de la función cognitiva en los procesos de toma de decisiones.
Desde mediados de los años ochenta, uno de los usos más discutidos de los potenciales evocados ha sido la detección de mentiras. En una propuesta de prueba para la detección de “conocimientos inculpatorios” se interroga a un sujeto a través de un paradigma old-ball de un modo similar a como lo sería bajo un típico detector de mentiras. Esta práctica ha recibido recientemente una mayor permisibilidad legal, mientras que la poligrafía ha visto como se reduce su uso.
Como dije, los estudios matemáticos han descubierto que la geometría fractal es el mejor medio para conseguir la máxima superficie (membrana) dentro de un espacio tridimensional (célula). Es por ello que la evolución se “ha convertido” en un asunto fractal. La repetición de patrones en la naturaleza es una necesidad (no una coincidencia) de la evolución “fractal”.
La geometría fractal recalca la relación entre los patrones de una estructura compleja y los patrones de las partes de una estructura. Por ejemplo, el patrón de los vástagos de una rama se asemeja al patrón de las ramas principales que nacen en el tronco. En el caso del pulmón humano, el patrón de la ramificación de los bronquios se repite en los bronquíolos.
Junto a la evolución “dura y lenta” darwiniana existe otra evolución lamarkiana de determinante ambiental puro, más rápida y con más capacidad de adaptación que es la de caracteres adquiridos.
Como vimos, la presión ambiental condujo hacia una nueva y extraordinaria etapa de la evolución, en la que las células individuales se agrupaban en “altruistas” comunidades multicelulares.
Y es que la historia de la evolución es ciertamente la historia del ascenso a un nivel superior de conciencia, y dicha expansión de conciencia físicamente podría definirse como el incremento del área de la “superficie de la membrana”, de aquí que la evolución se haya dirigido hacia la fractalidad.
Los patrones fractales y repetitivos de la evolución parecen indicarnos que los humanos encontraremos una forma de extender nuestra percepción a fin de ascender a otro peldaño más en la escala evolutiva.
(De la obra del autor “Vida y mente: ciencia y misterio”)
En la superficie de nuestras células existe una familia de receptores de “identidad” que diferencian y distinguen a unos individuos de otros.
Un subgrupo de receptores, denominados autoceptores, antiguos leucocitarios humanos (HLA) o antígenos de histocompatibilidad para el reconocimiento tisular, está relacionado con las funciones del sistema inmunológico. Si se eliminaran estos receptores, las células ya no reflejarían nuestra identidad.
Y es que no son las proteínas receptoras lo que proporciona a los individuos su identidad, sino aquello que las activa. Cada grupo de receptores de identidad se localiza en la superficie externa de la membrana celular, donde actúa como “antenas” que se unen a las señales complementarias del ambiente. Así que, en cierto modo, estos receptores de identidad leen una señal del “yo” que no existe en el interior de las células, sino que procede del ambiente. Mi identidad sería un sello complejo dentro de la vasta información que forma en su conjunto el entorno.
Las hormonas del estrés, producidas por el eje “de protección” HPA (hipotalámico-hipofisario-suprarrenal), ante una amenaza del entorno, son tan eficaces a la hora de inhibir la función del sistema inmunológico, que los mismos médicos las recetan a los pacientes de trasplantes para que su sistema inmune no rechace los tejidos extraños trasplantados. O sea, una consecuencia secundaria de la activación del eje HPA es la reducción de nuestra capacidad para luchar contra las enfermedades, así mismo, disminuye la capacidad de pensar con claridad.
El subconsciente, que en realidad lleva a cabo todas nuestras funciones básicas para la vida (respiración, etc.), funciona sólo en el “ahora”, así que los posibles conceptos erróneos del mismo no son controlados, o más bien, “monitorizados”, por lo que suelen llevarnos, en muchas ocasiones, a comportamientos desacertados y coartados.
La capacidad de la mente consciente de poder obviar la programación del subconsciente es la base del “libre albedrío”.
No obstante lo anterior, los yoguis, y hasta la “gente corriente”, pueden aprender a controlar conscientemente esas funciones “innatas” (del subconsciente).
Sabemos que los hipnoterapeutas reducen la actividad cerebral de sus pacientes hasta las ondas delta y theta (las delta están entre 0,5-4 Hertz, y las theta entre 4-8 Hz), porque estas frecuencias tan bajas los dejan en un estado más sugestionable.
Las ondas EEG (electroencefalográficas) son las ”imágenes eléctricas” del cerebro.
La actividad alfa (de 8 a 12 Hz) se corresponde con estados de relajación.
Mientras la mayoría de nuestros órganos sensoriales (como los ojos, etc.) observan el mundo exterior, la “conciencia” es como un órgano sensorial un tanto especial que se comporta como un espejo que refleja el funcionamiento interior de toda la comunidad celular que forma el cuerpo; diríamos que es una percepción del “yo”.
A los doce años, aproximadamente, el espectro encefalográfico del niño comienza a mostrar períodos de frecuencia más alta llamados ondas beta (entre 12-35 Hz). Estos estados cerebrales “beta” se caracterizan por una conciencia “activa o concentrada”, del tipo que se produce cuando leemos un libro. Habría un quinto estado de actividad encefalográfica de aún mayor frecuencia (>35 Hz) denominado ondas “gamma”, que correspondería, por ejemplo, al “rendimiento máximo” que presentan los cerebros de los pilotos al disponerse a aterrizar el avión.
(De la obra del autor “Vida y mente: ciencia y misterio”)