Los niveles de marcadores bioquímicos -proteínas llamadas peroxirredoxinas- que se producen en altos niveles de la sangre, se someten a un ciclo (circadiano) de 24 horas. Estas peroxirredoxinas se encuentran prácticamente en todos los organismos conocidos.
Se ha comprobado que hay un ciclo similar de 24 horas en algunas algas marinas.
Para Andrew Millar (director del estudio realizado) de la Universidad de la Escuela de Edimburgo de Ciencias Biológicas: “Esta investigación muestra que los relojes del cuerpo son mecanismos antiguos que se han quedado en nosotros a través de mil millones de años de evolución”.
Y lleganos ya al momento de establecer qué tiene que decir nuestra hipótesis del “tempo e irracionalidad” en cuanto al futuro de la humanidad. Pues bien, el “tempo” requerido para la colonización galáctica es extenso en relación a la vida individual humana. Ese “tempo galáctico” se mide en miles de años y la sociedad humana debe evolucionar para que pueda incluir el mismo dentro de su propia historia. El “tempo galáctico” futuro de la humanidad transformará en ese futuro a la sociedad humana en el sentido de que en su seno se adivine una organización basada en aquellos principios inmutables citados, íntimamente ligados a un formidable desarrollo espiritual.
Como colofón de la obra, acudamos a las proféticas palabras del maestro AVLIS (de mediados del siglo XXI) expresadas en la obra del autor “Melodía en las estrellas”. Dicen así:
“Y no se entendió verdaderamenta la vida (el Ser) hasta que, como siempre por “casualidad”, primero se sospechó y luego se comprobó la existencia de otros “seres” en el espacio que nos circundaba. Las naves que el planeta una y otra vez envió hacia el espacio exterior encontraron señales cuya improbabilidad suma hicieron sospechar la existencia de otras inteligencias en el universo, que no provenían de aquí. La revolución fue enorme, pero en ningún modo se sucedieron los acontecimientos catastróficos que algunos auguraban. Civilizaciones tan separadas, encontraron un gran aliciente para todas ellas en lograr comunicarse siquiera en aquellas inmensidades que lo hacían prácticamente inviable.
Y las señales indicaron que no era una vida “como la nuestra” (al menos en cuanto a la “materialidad”), la que anidaba en el otro lado de las estrellas. Mas el Ser es Ser aquí y allá; es tan básica la vida en cuanto a oposición de opuestos complementarios y su sentimiento de complacencia y autoconservación, que eso mismo era una base sustancial para que todas las civilizaciones, las inteligencias, pudieran comprenderse entre sí. No se necesitaba más. Aparte, el tirón del “Ser Supremo” era común. También ellos contribuían en el nacimiento y construcción de la Guía Suprema, del mayor Hacedor del Cosmos. La Divina Criatura era parte de nosotros, de ellos, Padre de todos nosotros, así que al fin y al cabo éramos hermanos, bastante diferentes en ocasiones, por el diferente baremo (distinto sistema planetario) en que estaban “construidos”. Mas, mirando en el fondo, en la “intencionalidad”, allí sí eran bastante semejantes, sin ropajes externos espaciotemporales ni instintos que no fueran nuestra profunda naturaleza”.
¡Una vez más, maestro AVLIS, que el tiempo te dé la razón!
(De la obra del autor “Tempo e irracionalidad”. Copyright 2007)
Así que existirían varios factores que podrían incidir en la resolución de la Paradoja de Fermi. En primer lugar, yo apuntaría a lo anteriormente sugerido de la necesidad de que cualquier civilización tecnificada, capaz de la comunicación interestelar, debería dotarse de una organización social con unos principios casi inmutables, algo que dada la aceleración tecnológica presente en la misma Tierra, requeriría de sociedades mucho más desligadas en su organización interna de esa Técnica (materialista) tan variable, afianzándose sobre principios inmutables espirituales, grabados en el interior de todo ser superior.
También el Principio Antrópico tendría un importante papel para la resolución de la incógnita “¿Dónde están?” (las civilizaciones ET). En nuestro entorno cósmico todo conduce a pensar que sólo la civilización humana estaría llamada a embarcarse en la exploración y en la colonización galáctica.
Y al llegar a esta posibilidad de que realmente estamos solos (al menos en nuestro planeta), es conveniente nuevamente acudir a las consideraciones expuestas por Stephen Webb en su citada obra “Where is Everybody?”.
Una posibilidad es que estaríamos solos porque los extraterrestres no existen, ya que quizás no sea tan fácil que aparezcan formas de vida que puedan lograr una inteligencia técnica como la nuestra. Muchas cosas huberan podido ser un poco diferentes, y entonces no hubieramos estado aquí para plantearnos estas cuestiones.
La probabilidad de nuestra existencia depende de muchos factores, por ejemplo, la inteligencia en primer lugar necesita de un planeta apto para florecer, que por lo que parece debería ser rocoso como la Tierra.
La vida (laque conocemos) precisa de algunos elementos químicos muy concretos, y algunos de ellos son producto de las reacciones nucleares de viejas estrellas, y si hay que esperar todo ese tiempo, tal vez podríamos ser los primeros en poseer el suficiente nivel de evolución.
Una vez exista tal planeta que presentara las credenciales para poder albergar vida, hay que considerar que la “zona habitable” es relativamente estrecha, dependiendo del tipo de estrella sobre la que orbita y la distancia a su superficie, por ejemplo, en el Sistema Solar la zona habitable se reduce a una franja que iría desde la órbita venusiana a la marciana. También hay que considerar la varibilidad o variación del brillo de la estrella, que periódicamente podría desplazar la zona habitable a muchos millones de Kilómetros de distancia, arrasando a cualquier ser vivo que quedara atrás.
Otra cuestión que nos favorece en nuestro Sistema Solar es la inmensa atracción gravitatoria del planeta gigante Júpiter que cumple la importante función de atraer hacia sí mucho escombro sideral, como asteroides y cometas que de otra forma caerían con muchísima mayor frecuencia sobre la Tierra provocando la extinción de numerosas especies como ocurrió en la Era de los dinosaurios. Bien es verdad que la vida, parece ser, necesitó en su origen terrícola de este este bombardeo que trajo los impulsos evolutivos que supusieron un salto hacia adelante.
Existen además otros peligros espaciales para la vida, como la cercanía de una supernova cuyos estallidos cósmicos de rayos gamma hubieran arrasado todo vestigio de vida.
En la Tierra otros factores debieron ir a favor del progreso de la incipiente vida: se apunta la tectónica de placas que transforma los continentes y renueva su superficie; el núcleo mismo del planeta que está “vivo” y provoca el campo magnético que nos ha protegido de las radiaciones y partículas letales procedentes del astro rey; el sistema Tierra-Luna que inclina el eje terrestre y es responsable de las mareas y las estaciones, etc.
Se apunta, también, el hecho casual no sólo de la aparición de vida en forma procariota como las bacterias, sino la enorme improbabilidad de su evolución hacia las eucariotas, multicelulares y que componen plantas y animales.
Podríamos decir que, de igual forma, que los mismos homínidos ya inteligentes como los neandertales, llegaron a extinguirse sin que pudieran alcanzar la civilización científica y técnica que nosotros poseemos. Por consiguiente, alcanzar nuestro nivel de inteligencia no ha sido sencillo, pues han debido sucederse muchas generaciones de pensadores e inventores, y antes, haberse podido desarrollar nuestra habilidad principal: el lenguaje.
Como conclusión: Un proyecto que dirigiese señales hacia un gran número de estrellas exige sistemas que parecen sobrepasar la disponibilidad actual de la humanidad. Aparte, si se estableciese de algún modo contacto con alguna de estas civilizaciones ET, el retraso en recibir respuesta a un mensaje podría abarcar al menos siglos, lo que requeriría el concurso de varias generaciones. Tal obra, con toda probabilidad, exigiría una organización social humana duradera que estuviese cimentada en principios casi inmutables, más aún que los de cualquiera de las religiones tradicionales más importantes del mundo.
Como vemos, la dificultad en la emisión de señales válidas para la comunicación interestelar es de tal envergadura que casi queda explicada, al menos en relación a este aspecto, la dificultad que están encontrando los diversos proyectos SETI; con ello en cierto modo se diluye la anteriormente apuntada “paradoja de Fermi”.
En la obra de Stephen Webb “Where is Everybody?” se expone la opinión de varios científicos que achacan la no detección de las ET a nuestra culpa, puesto que aunque dichas civilizaciones hubieran estado intentando comunicarse con nosotros, somos nosotros quienes no tenemos las herramientas precisas para escucharles, ya que la comunicación podría establecerse no sólo por las ondas de radio (proyectos SETI) sino también mediante ondas gravitatorias, partículas exóticas u otros sitemas que aún no hemos descubierto.
De igual forma en la obra se apunta la intrigante posibilidad de que las ET no quisieran comunicarse con nosotros (la misma opinión expresada por el científico Stephen Hawking recientemente), puesto que desconocemos totalmente la “psicología extraterrestre”, es decir, sus códigos de conducta, sus posibles temores a ser invadidos y colonizados por otras “razas” técnicamente más avanzadas, etc. ¿Y si nadie transmite y todos escuchan?..
También, a lo mejor su descripción de la naturaleza, su concepto de ciencia, las propias matemáticas son distintas de las nuestras y no seamos capaces de entendernos.
Otra posibilidad más es que, quizás, las ET tan avanzadas o más que la nuestra se verían abocadas irremisiblemente a la autodestrucción (posibilidad ya comentada anteriormente) durante el proceso. Tal vez, ¿el resultado del mismo sería el predominio de la máquina sobre el hombre?… Pero si fuese así, ¿dónde están esas inteligencias mecánicas?
En el libro de Webb se apunta la propuesta de Michael Hart que nos dice que existirían muchas ET, pero ninguna en nuestro horizonte visible: el universo estaría lleno de vida, pero siempre fuera de nuestro alcance.
A continuación vamos a cambiar el enfoque. Hasta ahora nos hemos concentrado en tratar de recibir señales externas procedentes de otros mundos, mas, en mi opinión, sería sumamente ilustrativo, para valorar con justicia el problema ante el que nos encontramos, el ser nosotros quienes tratásemos de emitir tales señales. Al menos ello nos serviría para dilucidar el comportamiento e intenciones de los posibles autores de las emisiones que buscamos, lo que nos ayudaría a encontrarlas con mayor facilidad.
Para ello me ha sido de inestimable validez el trabajo firmado por George W. Swenson “Comunicación intragaláctica” (R. Investigación y Ciencia).
La cuestión sería: ¿Qué se necesitaría para construir un equipo radiotransmisor que tuviera la mínima probabilidad de ser detectado por un receptor situado a cientos de años luz de distancia?
El primer paso importante en el citado proyecto es elegir la parte del espectro electromagnético a utilizar. Pues bien, fácilmente se eligieron las ondas radioeléctricas, pues se propagan bastante bien por el espacio en comparación con otras ondas electromagnéticas como la luz, que están sujetas entre otras cuestiones a la dispersión y absorción debidas al polvo interestelar.
Y dentro del espectro radioeléctrico, los especialistas que trabajan en SETI han escogido las frecuencias comprendidas entre 1 y 3 gigahertz, por la razón de que tienen técnicas muy avanzadas en este intervalo del espectro, y además, si exceptuamos las emisiones del hidrógeno neutro que como dije emite en 1, 42 gigahertz, la absorción y el oscurecimiento de las ondas por el polvo interestelar es mínimo.
La velocxidad de las ondas de radio en el espacio es la misma que la de todas las ondas electromagnéticas, la velocidad de la luz, o sea, unos 300.000 Km. por segundo. La distancia a la que pueden detectarse las ondas de radio depende fundamentalmente de los siguientes factores: el entorno de ruido electromagnético del receptor, la sensibilidad de ese receptor, la potencia de la señal transmitida y el tamaño de ambas antenas, transmisora y receptora.
En los mejores receptores terrestres (hace unos años), los ruidos externo e interno no superan los 15 Kelvin. Con este dato, podemos preguntarnos sobre la potencia a entregar a la antena receptora distante para superar tal temperatura de ruido (que depende de la anchura de banda o gama de frecuencias que cubra).
Si fijamos como velocidad de información sólo cinco bit por segundo, la anchura de banda requerida andaría por los 2,5 hertz, que dependería de las proporciones de señal y ruido presentes; con ello, un mensaje como “hola” podría enviarse en cuatro segundos aproximadamente.
Una vez que hemos fijado la anchura de banda y temperatura de ruido, podemos abordar el cálculo de la potencia de señal que se necesita en la antena receptora para superar la potencia de ese ruido.
Se calcula que si la superficie equivalente de la antena receptora es de un metro cuadrado, la intensidad requerida en la antena receptora será de 5,2 por 10 elevado a menos 22 watt por metro cuadrado.
La potencia con la que tiene que emitir el transmisor para entregar esa intensidad a la antena receptora dependerá del alejamiento entre transmisor y receptor. Además, dependerá de que la transmisión sea omnidireccional o que quede concentrada en un cono estrecho.
Haciendo cálculos, si la antena tiene una superficie dequivalente de un metro cuadrado, la unidad podría ser una antena de bocina o un reflector parabólico con un diámetro de 1,5 metros. Tal antena funciona en una longitud de onda de 20 centímetros y tiene un haz de recepción de unos 11 grados. Evidentemente antenas mayores reducen más las necesidades de potencia del transmisor, pero a costa de un mayor estrechamiento del haz.
Al final se plantea el compromiso clásico. Si se utilizan antenas de superficie mínima omnidireccionales, la potencia de transmisión requeriría sobrepasar la capacidad generadora mundial, mientras que si se usan antenas gigantescas, las potencias serían moderadas pero la estrechez de sus haces de transmisión y recepción haría casi imposible el encuentro entre los hipotéticos futuros interlocutores. Hay situaciones de compromiso entre los extremos anteriores pero ninguna de ellas garantiza la superación del problema básico de la comunicación interestelar, debido alas gigantescas distancias ante las que nos encontramos.
Hay otras posibilidades como la utilización de una antena receptora muy grande, formada por una red de antenas y de receptores individuales, o la utilización al mismo tiempo de muchos canales receptores de frecuencia, pero estas ventajas de la multiplexación no pueden, sin embargo, aplicarse a la transmisión sin una reducción de la potencia disponible por canal de frecuencia o haz, puesto que la potencia total es fija.
Además de lo anterior, el espacio interpuesto entre receptor y transmisor también presenta dificultades, como los llamados efectos de propagación multitrayecto. Y es que en el espacio interestelar hay diversas concentraciones reducidas de gases y partículas materiales, así como campos magnétricos casi estáticos. Tales factores pueden desviar las ondas de radio de su trayectoria directa; también puden cambiar su polarización y producir fluctuaciones esporádicas en la intensidad de la señal. Todo ello desaconseja el empleo de haces muy estrechos para la transmisión y la recepción.
La refracción de las ondas de radio en el gas interpuesto puede provocar desfases entre los componentes de la onda resultante, produciéndose interferencias de diversa índole, así que la propagación multitrayecto pudiera hacer que la señal constante emitida por un transmisor se convirtiese en otra con mucha modulación al ser detectada por un receptor lejano.
Después de todas estas consideraciones se evidencia la complejidad de estos contactos interestelares a través del uso de ondas radioeléctricas. En un caso las potencias de transmisión enormes, en otro las antenas descomunales y haces de una estrechez impracticable, aparecen como medidas del todo irreales.
(Ver el artículo “SETI: 50 años de silencios” aquí)
Ningún programa SETI ha encontrado hasta el presente niguna señal de radio “comprobable” con origen extraterrestre (procedente de civilizaciones técnicas). Tal resultado nos lleva a obtener algunas conclusiones preliminares sobre el número de otras posibles civilizaciones extraterrestres.
El canal rarioeléctrico más examinado se centra en la frecuencia de 1,42 gigahertz, que corresponde a la raya de emisión del elemento más común en el universo: el hidrógeno; se supone que sería ésta la frecuencia que escogerían los extraterrestres (si existieran) para atraer nuestra atención.
Como no se ha detectado jamás señal alguna (exceptuando la WOW), significa que toda civilización extraterrestre posible está fuera del alcance de nuestros instrumentos o no transmite con potencia suficiente. Este resultado nulo descarta ciertos tipos de “civilizaciones”: las muy primitivas cercanas a la Tierra o las que se encuentran a distancias considerables, aunque fuesen avanzadas.
Se denomina PIRE a la potencia isótropa radiada equivalente del transmisor, que es la potencia del transmisor dividida por la fracción de cielo que cubre la antena. La PIRE de un transmisor omnidireccional -que emite en todas las direcciones- es igual a la propia potencia del transmisor. La PIRE del radiotelescopio terrestre de Arecibo en Puerto Rico es de casi 10 elevado a 14 watt. La PIRE nos da una clasificación de las civilizaciones ET.
Las civilizaciones de tipo I serían capaces de transmitir señales de potencia equivalente a toda la energía solar que recibe un planeta como la Tierra, o sea, unos 10 elevado a 16 watt. Las civilizaciones de tipo II tendrían capacidad de manejar potencias de magnitudes similares a la energía total que emite una estrella solar, es decir, entorno a los 10 elevado a 27 watt. Y civilizaciones del tipo III, podrían gobernar la galaxia entera, unos 10 elevado a 38 watt.
Para obtener un tipo de civilización comprendida entre los valores anteriores, se efectúa una interpolación logarítmica. Así, la potencia de salida del radiotelescopio de Arecibo indicaría que la humanidad sería una civilización del tipo 0,7.
Los programas SETI excluyen totalmente las transmisiones de radio del nivel de Arecibio hasta distancias máximas de unos 50 años luz. Pero SETI falla por completo para distancias mucho más lejanas que la Vía Láctea, debido a que los movimientos relativos de las galaxias desplazarían las señales fuera de la banda escogida de detección.
Antes se creía que las civilizaciones de los tipos II y III podrían ser bastante comunes, pero el programa SETI nos ha dicho lo contrario.
Con todos estos datos, existe la posibilidad de que en la Vía Láctea existieran millones de civilizaciones no detectadas hasta ahora que no fueran más que un poco adelantadas que la nuestra. Al menos unas cien civilizaciones del tipo I podrían compartir la galaxia con nosotros. Pero, también, podría muy fácilmente darse el caso de que las ET estuviesen en frecuencias diferentes, o que transmitieran de forma esporádica.
A decir verdad, claro que los programas SETI han detectado numerosos “eventos extraestadísticos” (señales más intensas que el ruido), pero nunca más han vuelto a observarse. ¿Obedecerían a ondas irregulares procedentes de telefonos celulares próximos? ¿A emisiones intermitentes?… Nadia lo sabe aún. Pero, ciertamente, hasta la fecha, los programas SETI sólo han podido explorar una pequeña fracción de las posibilidades existentes.
Otra explicación para la aparente rareza de las civilizaciones tecnificadas sería el necesario enriquecimiento químico de la galaxia. Cualquier forma de vida terrestre y también cualquier proceso bioquímico extraterrestre imaginable depende de elementos más pesados que el omnipresente hidrógeno y el helio, en particular del carbono, el nitrógeno y el oxígeno que, por cierto, son el producto de reacciones nucleares en las estrellas y que se han ido acumulando progresivamente en el medio interestelar en el que se forman nuevas estrellas y galaxias. Por ello sus concentraciones eran más reducidas en el pasado, quizás demasiado bajas para el resurgir de la vida. Como ejemplo, el Sol cuenta por su edad con una abundancia relativa de tales elementos, si la comparamos con otras estrellas de nuestro entorno galáctico. Así que no puede excluirse que, simplemente por casualidad, nuestro sistema solar arrancase en cabeza de la carrera del origen y la evolución de la propia vida. No obstante, este argumento no es del todo válido al desconocerse las proporciones críticas mínimas de los elementos pesados requeridos para el desarrollo de la vida.
En el caso de la estrella 47 de la Osa Mayor, semejante al Sol y que cuenta con un planeta de la masa de Júpiter, contiene elementos en las mismas cantidades que el Sol, pero tiene una edad estimada en sólo siete mil millones de años, así que cualquier tipo de vida que pudiese haber surgido en ese sistema planetario se nos hubiese anticipado en dos mil quinientos millones de años; además, hay muchos millones de estrellas en nuestra galaxia de antigüedad semejante y con abundancia de elementos químicos en su región central, así que la evolución química por sí sola no puede justificar la paradoja de Fermi.
Otra consideración importante igualmente. Como la vida multicelular animal apareció hace unos 700 millones de años, eso quiere decir que durante más de 3000 años en nuestra Tierra sólo existieron microorganismos unicelulares. Tal gran lapso de tiempo podría significar que la evolución hasta organismos más complicados que la célula simple no es un fenómeno muy probable, así que la transición a los animales multicelulares sólo se originaría en una pequeñísima fracción de los millones de planetas habitados por dichos microorganismos unicelulares.
Y otra vuelta de rosca más: aún en el caso de que aparecieran formas multicelulares, no todas de las mismas habrían de conducir a criaturas inteligentes capaces de sostener civilizaciones tecnificadas. Stephen Jay Goul en su obra “Wonderful Life” nos dice que la vida inteligente dependería de una multitud de influencias del ambiente que esencialmente son tremendamente aletorias.
De cualquier forma, toda esta discusión sobre la paradoja de Fermi se mantiene en regiones fronterizas de la ciencia “donde el conocimiento acaba y comienza la ignorancia”. Así que, en este caso, no es nada disparatada la aplicación del Principio Antrópico: “Las conclusiones sobre las civilizaciones ET deben ser compatibles con el hecho evidente e incontrovertible de la existencia de nuestra civilización técnica no abortada por aquellas en su evolución”.
Otra importante fuente de información sobre el tema proviene de la obra “Cosmos” del insigne Carl Sagan, en la que aparece la llamada ecuación de Frank Drake que nos da el valor N, o número de civilizaciones técnicas avanzadas de la galaxia, obteniéndose un valor aproximado de 10.
Evientemente este valor (N=10) está sometido a una gran incertidumbre por la gran inseguridad de las estimaciones tomadas. No obstante, el dato anterior indicaría que en cualquier momento dado sólo habría un puñado de civilizaciones técnicas en la galaxia, manteniéndose su número prácticamente constante. Así que no sería de extrañar que fuésemos nosotros la única civilización técnica presente en la actualidad en nuestro entorno cósmico, aunque no esté de más recordar que estamos ante el supuesto caso de que las civilizaciones típicamente se autodestruyeran, por ejemplo, si nuestra civilización se destruyera mañana mismo y en los cinco mil millones de años que quedan para que el Sol muera, no pudiera emerger ninguna otra civilización técnica en nuestro sistema.
Contrariamente a la opinión de los simpatizantes del fenómeno OVNI, con seguridad la Tierra no ha sido nunca conquistada por una civilización extraterrestre, pues no hubiera finalizado nuestra propia evolución y no lo estaríamos contando ahora.
La conciliación de la opinión un tanto generalizada de que abundarían las civilizaciones “avanzadas” en el universo, con la apreciada ausencia de extraterrestres (ET) nos lleva tan sólo a cuatro alternativas. En primer lugar, que los vuelos interestelares no son factibles. La segunda posibilidad, que las civilizaciones extraterrestres estén explorando de forma activa nuestra galaxia, pero que aún no nos han encontrado. La tercera, que aún siendo factible el viaje interestelar, las ET no se hubiesen decidido a emprenderlo. La cuarta, que aunque las ET anduvieran cerca de la Tierra, no hayan querido interferir en nuestro desarrollo. Si se pudiese eliminar la cuarta posibilidad, ello equivaldría a la afirmación de que seríamos la forma de vida más avanzada de toda la galaxia.
Parece en principio que la primera posibilidad es falsa, pues no encontramos principio físico, ni ingeniería que prohiba la posibilidad de vuelos interestelares (lo que parece confirmar la pequeña historia de nuestras experiencias espaciales).
La segunda alternativa parece también claramente falsa, puesto que cualquier civilización que dominara técnicas avanzadas de propulsión, podría colonizar la galaxia entera en tiempos cósmicos no muy largos. Colonos enviados a sistemas planetarios cercanos, una vez establecidas tales colonias, desde estas últimas establecerían otras secundarias, creciendo exponencialmente el número de las mismas. El “frente de onda colonizadora” se expandiría con una velocidad que dependería fundamentalmente de la velocidad de las naves espaciales y la duración del establecimiento de cada colonia. Se calcula que con una separación típica entre estrellas de 10 años luz, una velocidad de la nave de la décima parte de la velocidad de la luz, y un período de 400 años entre la fundación de una colonia y el envío por ésta de otras colonias, el frente de onda colonizadora avanzaría a una velocidad media de 0,02 años luz por año.; como nuestra galaxia (la Vía Láctea) tiene un tamaño de unos 100.000 años luz, su colonización total se completaría en unos cinco millones de años (un 0,5% de la edad de la galaxia).
Dado que dentro de los datos aportados anteriormente, la mayor incertidumbre reside en el tiempo que necesita una colonia para establecerse y reproducirse a través de nuevas colonizaciones, si ponemos un límite superior medio para este factor de 5.000 años (tiempo que tardó la civilización humana en desarrollarse desde los primeros asentamientos urbanos hasta los vuelos espaciales), la colonización de nuestra galaxia necesitaría sólo cincuenta millones de años.
La consecuencia de ello es que la primera civilización técnica con capacidad para colonizar la galaxia y que quisiera realizarla, podría haberlo hecho mucho antes que ninguna competidora hubiera tenido siquiera la oportunidad de evolucionar. Así que sí existe la posibilidad de que la Tierra hubiera podido ser colonizada ya hace millones de años, mas no hay pruebas hasta el presente de tal evento.
Sólo quedarían, pues, las dos últimas alternativas que, fundamentalmente tienen que ver con el comportamiento de tales civilizaciones ET. Una posibilidad es que podrían haberse destruido a sí mismas, y otra que sus estrictas normas éticas les prohiban interferir sobre otras formas de vida más primitivas. Y precisamente a estas consideraciones de orden sociológico se acogen muchos investigadores de SETI para rechazar las implicaciones de la paradoja de Fermi.
No obstante, las consideraciones de tipo sociológico sólo pueden obviar la paradoja de Fermi si el número de tales civilizaciones ET fuese pequeño, pues siendo numerosas parece muy improbable que se destruyeran todas entre sí, o que todas también admitiesen aquellas normas éticas que les prohibieran interferir sobre las formas de vida menos desarrolladas que la suya (pues una sóla de ellas, como hemos visto, bastaría para realizar la colonización).
¿Hay otras civilizaciones en el resto del universo? Dada la confirmación de la existencia de numerosos planetas extrasolares en la actualidad, el tema es más que nunca sugerente.
Se sabe que se encontraron bacterias fosilizadas al oeste de Australia de hace unos 3500 millones de años y como la edad de la Tierra no es mucho mayor de los 4500 millones de años, ello indicaría que la vida apareció en nuestro planeta con una gran rapidez, por lo que es fácil suponer que a la naturaleza no le resultó muy difícil dar este paso. Esto ampara la hipótesis de que nuestra misma galaxia sea un hervidero de vida. Mas, ¿tal hecho significa que también existirían numerosas civilizaciones con un gran desarrollo técnico?
Muchos opinan que una vez aparecida la vida primitiva, la selección natural guiaría su evolución inexorablemente hacia la inteligencia y el progreso técnico. Pero, ¿no nos estaríamos equivocando?… Estos son los términos de la anteriormente citada paradoja de Fermi.
Y ante tal cuestión se dibujan claramente dos facetas. Una, el fracaso hasta el presente de los programas SETI de búsqueda de inteligencia extraterrestre por detección de transmisiones de radio que supuestamente procederían de otras civilizaciones. Otra, la falta de pruebas evidentes de que los extraterrestres hayan visitado alguna vez la Tierra.
En el año 1959, Giuseppe Cocconi y Philip Morrisón publicaron en “Nature” un trabajo analizando la posibilidad de la búsqueda de extraterrestres usando la radioastronomía. Al año siguiente, el proyecto Ozma supuso la primera búsqueda real. Este proyecto liderado por Frank D.Drake y sus colegas del Observatorio Nacional de Radioastronomía en Green Bank (Virginia occidental), se prolongó durante dos años tratando de detectar señales de sos estrellas cercanas. Desde entonces se han sucedido una serie de experimentos SETI, sin que hasta la fecha se haya conseguido la prueba estadísticamente fiable de la detección real de una señal extraterrestre. En verdad sólo ha sido escrutada una fracción tan sólo del “espacio paramétrico” (combinación de estrellas objetivo, frecuencias radioeléctricas, niveles de potencia y cobertura temporal), no obstante, suficiente para establecer límites sobre la abundancia de civilizaciones galácticas capaces de transmitir radioeléctricamente. Para Paul Horowitz como mínimo habría de haber una civilización radiotransmisora a menos de 1000 años luz, y en tal volumen hay alrededor de un millón de estrellas como el Sol. Tal número supone que habrían surgido y desaparecido muchísimas durante toda la historia de la galaxia.
Así que la paradoja de Fermi, con estos razonamientos, se prefigura en toda su magnitud, puesto que ante estos miles de millones de civilizaciones, ¿dónde están los rastros de siquiera una de ellas?
Este apartado trata de extender las conclusiones de la hipótesis de “tempo e irracionalidad”, estableciendo el tempo oportuno para cada civilización extragalactica, que se acerca, por cierto, a la conclusión expuesta por George W.Swenson en su artículo “Comunicación intragaláctica”, viendo la enorme dificultad de las emisiones al espacio que “exigiría una organización social duradera basada en principios inmutables, como si se tratara de alguna de las religiones importantes de este mundo”; con ello, en opinión de este autor, se resolvería la llamada “paradoja de Fermi” (emitida por éste en el año 1950: “Si los extraterrestres son tan corrientes, ¿dónde están? ¿No debería ser obvia su presencia?”). Además, un Principio Antrópico evidente basado en la falta de “contactos extraterrestres” de forma fehaciente e incontestable, indicaría la verdadera improbabilidad de una vida inteligente y técnica como la del ser humano, mucho mayor de la que se supone, con lo que se llega a la conclusión de que seríamos nosotros, los humanos, los “pioneros” en la exploración y en la colonización galáctica, al menos en un círculo o esfera a nuestro alrededor de muchos millones de años luz.
(De la obra del autor “Tempo e irracionalidad”. Copyright 2007)
(De la obra de Ortega y Gasset “La Rebelión de las masas”)
“La especialización comienza, precisamente, en un tiempo que llama hombre civilizado al hombre “enciclopédico”.
“El especialista “sabe” muy bien su mínimo rincón de universo; pero ignora de raíz todo el resto”.
“Porque antes los hombres podían dividirse, sencillamente, en sabios e ignorantes, en más o menos sabios y más o menos ignorantes. Pero el especialista no puede ser subsumido bajo ninguna de esas dos categorías”.
“El especialismo, pues, que ha hecho posible el progreso de la ciencia experimental durante un siglo, se aproxima a una etapa en que no podrá avanzar por sí mismo si no se encarga una generación mejor de construirle un nuevo asador más poderoso”.
“Cuando la masa actúa por sí misma, lo hace sólo de una manera, porque no tiene otra: lincha”.
“Este es el mayor peligro que hoy amenaza a la civilización: la estratificación de la vida, el intervencionismo del Estado, la absorción de toda espontaneidad social por el Estado; es decir, la anulación de la espontaneidad histórica, que en definitiva sostiene, nutre y empuja los destinos humanos”.
“Por eso es preciso que el espíritu -sea lo que sea- tenga poder y lo ejerza, para que la gente que no opina -y es la mayoría- opine”.
“La existencia de una nación es un plebiscito cotidiano”.
“Veo, pues, en el Estado nacional una estructura histórica de carácter plebiscitario”.
“Esta es la cuestión: Europa se ha quedado sin moral. No es que el hombre-masa menosprecie una anticuada en beneficio de otra emergente, sino que el centro de su régimen vital consiste precisamente en la aspiración a vivir sin supeditarse a moral alguna. No creáis una palabra cuando oigáis a los jóvenes hablar de la “nueva moral”.
“Ahora recoge Europa las penosas consecuencias de su conducta espiritual. Se ha embalado sin reservas por la pendiente de una cultura magnífica, pero sin raíces”.
(De la obra de Ortega y Gasset “La Rebelión de las masas”)
“En nuestro tiempo domina el hombre-masa; es él quien decide”.
“(El gobierno) En suma, vive sin programa de vida, sin proyecto”.
“El hombre-masa es el hombre cuya vida carece de proyecto y va a la deriva. Por eso no construye nada, aunque sus posibilidades, sus poderes, sean enormes. Y este tipo de hombre decide en nuestro tiempo”.
“La revolución no es la sublevación contra el orden preexistente, sino la implantación de un nuevo orden que tergiversa el tradicional”.
“Esto nos lleva a apuntar en el diagrama psicológico del hombre-masa actual dos primeros rasgos: la libre expansión de sus deseos vitales, por tanto, de su persona, y la radical ingratitud hacia cuanto ha hecho posible la facilidad de su existencia. Uno y otro rasgo componen la conocida psicología del niño mimado”.
“Así se explica y define el absurdo estado de ánimo que esas masas revelan: no les preocupa más que su bienestar y al mismo tiempo son insolidarias de las causas del bienestar”.
“Por otra parte, es ilusorio pensar que el hombre-medio vigente, por mucho que haya ascendido su nivel vital en comparación con el de otros tiempos, va a poder regir, por sí mismo, el proceso de la civilización. Digo proceso, no ya progreso”.
“Pues bien: yo sostengo que en esa obliteración de las almas medias consiste la rebeldía de las masas en que, a su vez, consiste el gigantesco problema planteado hoy a la humanidad”.
“El hombre-masa se siente perfecto”.
“Yo veo en ello la manifestación más palpable del nuevo modo de ser de las masas, por haberse resuelto a dirigir la sociedad sin capacidad para ello”.
“La rebelión de las masas puede, en efecto, ser tránsito de una nueva y sin par organización de la humanidad, pero también puede ser una catástrofe en el destino humano”.
“Lejos de esto, la posguerra ha convertido al hombre de ciencia en el nuevo paria social. Y conste que me refiero a físicos, químicos, biólogos -no a los filósofos”.
“El europeo que empieza a predominar -ésta es mi hipótesis- sería, relativamente a la compleja civilización en que ha nacido, un hombre primitivo, un bárbaro emergiendo por escotillón, un “invasor vertical”.
“La vida humana ha surgido y ha progresado sólo cuando los medios con que contaba estaban equilibrados por los problemas que sentía”.
(De la obra de Oswald Spengler “La Decadencia de Occidente”)
“La intelección separada de la percepción se llama pensamiento”.
“La planta vive sin saber que vive. El animal vive y lo sabe. El hombre se admira de vivir, y pregunta”.
”Repito: todo ser vive la vida y el sino de los demás seres con referencia a sí mismo“.
“La nación está fundada sobre una idea“.
“Sigue habiendo armonía; pero esta armonía, como conjunto, como hecho, tiene una historia”.
“Todo ello queda compendiado en la palabra Tao. La lucha en el hombre entre el yang y el yin es el tao de su vida. El tejer de los espíritus en el universo es el tao de la naturaleza. El mundo tiene tao, por cuanto tiene compás, ritmo, periodicidad”.
“Los animales son libres y pequeños mundos dentro del mundo mayor; son elementos cósmicos que, cerrados en forma de microcosmo, quedan contrapuestos al macrocosmo”.
(De le obra de Oswald Spengler “La Decadencia de Occidente”)
“Un animal tiene futuro solamente: el hombre conoce también el pasado. Toda nueva cultura despierta con una nueva “intuición del mundo”; esto es, con una súbita visión de la muerte, como el misterio del universo que contemplamos”.
“Todo producto es transitorio. Transitorios son los pueblos, las lenguas, las razas, las culturas”.
“Todo lo transitorio es un símbolo”.
“Cada cultura tiene, pues, su propia manera de extinguirse espiritualmente; y esa manera de extinguirse no puede ser más que una: la que necesariamente se derive de toda su vida anterior. Por eso el budismo, el estoicismo, el socialismo, son manifestaciones finales que se equivalen morfológicamente”.
“El movimiento ofrece siempre perplejidades para el hombre que piensa; en cambio, es evidente para el que intuye“.
“Todo gran mito aparece al despertar un alma colectiva. Es la primera hazaña plástica del alma. Se encuentra, pues, aquí, y no en otra parte, y aquí se encuentra con necesidad”.
“El ritmo cósmico es ese elemento que sólo puede describirse por medio de perífrasis, como dirección, tiempo, compás, sino, anhelo”.
“Ese ritmo de los ciclos cósmicos vive y vibra siempre en todo movimiento -por libre que sea- que los microcosmos verifican en el espacio”.
(De la obra de Oswald Spengler “La Decadencia de Occidente”)
“Todo acontecer es singular y no se repite nunca. Lleva consigo la nota de la dirección -del “tiempo”- de la irreversibilidad. Lo acontecido, que es como el producto, que se opone al producirse, y como el anquilosamiento, que se opone a la vida, pertenece irrevocablemente al pasado”.
“Los principios de forma y ley aparecen, pues, como los dos elementos radicales de toda construcción del universo”.
“… un mundo intuido puramente como eterno devenir posee una faz de incalculable riqueza, irreducible a sistemas numéricos”.
“La forma es movediza, cambiante, transitoria. La morfología o teoría de las formas es teoría de las mutaciones. La doctrina de la metamorfosis es la clave que nos permite descifrar todos los signos de la naturaleza”.
“La fisonomía y la ley, la metáfora y el concepto, el símbolo y la fórmula, tienen muy distintos órganos. Así se manifiesta la relación entre la vida y la muerte, la generación y la destrucción. El intelecto, el sistema, el concepto matan cuando “conocen”.
“Las culturas son organismos. La historia universal es su biografía”.
“Entre los elementos que constituyen el hábito de un grupo de organismos debemos incluir cierta duración de su vida y cierto compás en su evolución”.
“Toda cultua, toda época primitiva, todo florecimiento, toda decadencia, y cada una de sus fases y períodos necesarios, posee una duración fija, siempre la misma, y que siempre se repite con la insistencia de un símbolo”.
“¿Qué es sino y qué azar? A esta pregunta sólo pueden contestar las experiencias íntimas decisivas del alma individual y del alma de las culturas”.
“Los símbolos son signos sensibles, impresiones últimas, indivisibles y, sobre todo, involuntarias, que poseen una significación determinada. Un símbolo es un rasgo de la realidad que, para un hombre con sus sentidos alerta, designa inmediata e evidentemente algo que no puede comunicarse por medio del intelecto”.
“…la realidad significa el hombre mismo. Un acto tan creador como inconsciente -no soy “yo” el que realiza la posibilidad, sino la posibilidad la que se realiza por medio de mí- echa el puente del símbolo entre el aquí y el allí vivientes”.
“Tal es la idea del macrocosmo, de la realidad como conjunto de todos los símbolos de un alma“.
(De la obra de Oswald Spengler “La Decadencia de Occidente”)
“No hay verdades sino en relación aún determinado tipo de hombres”.
“Pero, sobre todo, logré formular al fin la oposición que nos permite descubrir la esencia de la historia: la oposición entre historia y naturaleza. Repito: el hombre como elemento y sustentáculo del universo, no sólo es miembro de la naturaleza, sino también de la historia, que es un segundo cosmos de distinto orden y distinto porte”.
“De aquí el gravísimo error que consiste en aplicar al cuadro del acontecer los principios de casualidad, ley, sistema; esto es, la estructura de la realidad mecánica”.
“Comprender que todo fenómeno manifiesta un enigma metafísico; que no se presenta nunca indiferentemente en una época cualquiera; que es preciso indagar por cuál sea ese otro nexo viviente que existe en el mundo, además del inorgánico y natural -el mundo es la irradiación del hombre todo, y no, como Kant creía, del hombre en cuanto que conoce-; que un fenómeno no sólo es un hecho para el entendimiento, sino una expresión del alma; no sólo un objeto, sino también un símbolo, desde las más sublimes creaciones religiosas y artísticas hasta las menudencias de la vida ordinaria; comprender todo esto era, filosóficamente una novedad”.
“Pero mi propósito es exponer toda una filosofía, con su método característico -que habrá que hacer aquí sus pruebas- consistente en una morfología comparada de la historia universal. El trabajo se divide naturalmente en dos partes. La primera, “Forma y realidad”, parte del lenguaje de formas que nos hablan las grandes culturas, intenta penetrar hasta las últimas raíces de sus orígenes y establece así los fundamentos de una simbólica. La segunda, “Perspectivas de la historia universal” parte de los hechos de la vida real y, analizando la práctica histórica de la humanidad superior, intenta extraer la quintaesencia de la experiencia histórica, base que nos permite predecir la forma de nuestro futuro”.
“La distinción popular, corriente también en la filosofía, entre ser y devenir, no expresa adecuadamente la esencia de la oposición a que se refiere”.
“En cambio, cabe distinguir, con Goethe, el producirse y el producto como últimos elementos de lo que está absolutamente dado en la conciencia y con la conciencia”.
“De aquí se sigue con necesidad que el producto siempre implica un producirse y no viceversa”.
“Si el alma -tal como la sentimos, no tal como nos la imaginamos o representamos- la llamamos posibilidad, y al mundo, en cambio, realidad, expresiones de cuyo sentido no nos deja duda un sentimiento íntimo, nos aparecerá la vida como la forma en que la posibilidad se realiza“.
“¡Naturaleza e historia! He aquí, una frente a otra, las dos extremas posibilidades que tiene cada hombre de ordenar la realidad circundante como imagen cósmica. Una realidad es naturaleza cuando subordina todo producirse al producto; es historia cuando subordina todo producto al producirse”.
(De la obra de Oswald Spengler “La Decadencia de Ocidente”)
“Es bien sabido que todo organismo tiene su ritmo, su figura, su duración determinada, e igual sucede a todas las manifestaciones de su vida”.
“Que desaparezca este fantasma del círculo de problemas referentes a la forma histórica, y se verán surgir con sorprendente abundancia las verdaderas formas”.
“Cada cultura posee sus propias posibilidades de expresión, que germinan, maduran, se marchitan y no reviven jamás”.
“Esas culturas, seres vivos de orden superior, crecen en una sublime ausencia de todo fin y propósito, como flores en el campo”.
“He aquí lo que falta al pensador occidental y lo que no debiera faltarle precisamente a él: la comprensión de que sus conclusiones tienen un carácter histórico-relativo, de que no son sino la expresiónde un modo de ser singular y sólo de él“.
“Para el pensador -el legítimo pensador- ningún punto de vista es absolutamente verdadero o falso”.
“Recuérdese a Goethe. Lo que Goethe llamó la naturaleza viviente, eso es lo que yo aquí llamo la historia universal, en el más amplio sentido: el universo como historia”.
“Percibía (Goethe) la oposición entre el mundo como mecanismo y el mundo como organismo, entre la naturaleza muerta y la naturaleza viva, entre la ley y la forma”.
“… todo, sea lo que fuere, debe ser también expresión de algo que vive“.
“… la realidad es ante todo un símbolo. La morfología de la historia universal se convierte necesariamente en un símbolo universal”.
(De la obra “Estudio de la Historia”. Arnold J.Toynbee)
“Se examina (en la obra) varios ejemplos de agresiones triunfantes contra las civilizaciones y se hace notar que en cada caso la agresión triunfante se produjo después del colapso”.
“La historia demuestra que el grupo que responde triunfalmente a una incitación rara vez responde con éxito a la siguiente”.
“¿Es la desintegración una consecuencia necesaria, e invariable del colapso? La historia egipcíaca y la del Lejano Oriente muestran que hay otra alternativa, la petrificación, que también estuvo a punto de ser el destino de la civilización helénica, y puede ser el de la nuestra. El rasgo sobresaliente de la desintegración es el cisma del cuerpo social, que se divide en tres fracciones: minoría dominante, proletariado interno y proletariado externo”.
“Cada una de las tres fracciones realiza una obra característica de creación: la minoría dominante, un Estado universal; el proletariado interno, una Iglesia universal; y el proletariado externo, hordas bárbaras”.
“Todos ellos son proletarios por igual, por cuanto se sienten “en” la sociedad, pero no “de” la sociedad. Sus primeras reacciones son violentas, pero a ellas siguen otras “mansas”, que culminan con el descubrimiento de las “religiones superiores”, como en el cristianismo”.
“Pueden darse abundantes pruebas de la existencia de un proletariado interno en el mundo occidental, entre otras cosas una “clase intelectual” reclutada del proletariado para que obre como agente de la minoría dominante”.
“Con todo, el proletariado interno de la sociedad occidental moderna se manifestó marcadamente estéril en la creación de nuevas “religiones superiores”, y se sugiere que esto se debe a la continua vitalidad de la iglesia cristiana, de la que nació la cristiandad occidental”.
“Mientras una civilización está en crecimiento, su influencia se irradia y penetra a sus vecinos primitivos hasta una distancia indefinida. Esos vecinos se convierten en parte de la “mayoría no creadora” que sigue la guía de la minoría creadora; pero cuando una civilización sufre colapso el hechizo deja de obrar, los bárbaros se hacen hostiles y se establece una frontera militar entre ambos que termina por hacerse estacionaria. Cuando se llega a esta fase, el tiempo obra a favor de los bárbaros”.
“La desintegración no sigue un curso uniforme sino un ritmo alternado de caídas y recuperaciones. Por ejemplo, el establecimiento de un Estado universal es una recuperación lograda después de la caída de un tiempo de angustias; y la disolución de un Estado universal es la caída final”.
(De la obra de Arnold J. Toynbee “Estudio de la Historia”)
“La explicación de la génesis de las civilizaciones descansa en la hipótesis de que son las condiciones difíciles antes que las fáciles las que determinan tales realizaciones”.
“Varios ejemplos muestran que pueblos que ocupan posiciones fronterizas y que por tanto están expuestos a constantes ataques, logran desarrollarse más brillantemente que sus vecinos de posiciones más resguardadas”.
“Se comprueba que el progreso real consiste en un proceso que hemos definido como “eterealización”, una superación de los obstáculos materiales que permite que las energías de la sociedad den respuestas a incitaciones que son internas antes que externas, espirituales antes que materiales”.
“; la concepción verdadera es la que mira a la sociedad como un sistema de relaciones entre individuos. Los seres humanos no pueden ser tales sin una acción recíproca con sus semejantes y una sociedad es un campo de acción común para una multitud de seres humanos. Pero la “fuente de acción” está en los individuos. Todo crecimiento nace con individuos creadores, y su tarea es doble: primero, la realización de sus inspiraciones o descubrimientos, cualesquiera sean éstos; y segunda, la conversión de la sociedad a que pertenecen a este nuevo estilo de vida.
Teóricamente, esta conversión puede llevarse a cabo en uno u otro de estos modos: que las masas sufran la experiencia real que transformó a los individuos creadores, o que las masas imiten los elementos exteriores de esa experiencia; dicho en otras palabras, por mímesis. En la práctica, la última es la única posibilidad que tienen los hombres, salvo una pequeña minoría. La mímesis es “un atajo, pero es un camino por el que el grueso de las filas de la humanidad puede seguir en masse a los conductores”.
“Puede realizarse la acción del individuo creador como un movimiento doble de retiro-y-regreso: retiro con el fin de alcanzar su iluminación personal; regreso para cumplir la tarea de iluminar a sus semejantes”.
“Puede resumirse la naturaleza del colapso (de las civilizaciones) en tres caracteres: fracaso de la facultad creadora en la minoría creadora, que se convierte entonces en una “minoría dominante”; retiro correspondiente de la adhesión y la mímesis, por parte de la mayoría; consiguiente pérdida de la unidad social en la sociedad “general”.
En la segunda obra elegida, “La decadencia de Occidente” de Oswald Spengler, el autor expresa una particular filosofía basada en el hecho histórico: “Lo que importa en la vida es la vida, y no un resultado de la vida” (Goethe).
Para Spengler, “todo organismo tiene su ritmo…”. Según él, “cada cultura posee sus propias posibilidades de expresión, que germinan, maduran, se marchitan y no reviven jamás”. También considera que esas culturas son “seres vivos de orden superior”, y que “la realidad es ante todo un símbolo”.
Además, para Spengler: “la vida es la forma en que la posibilidad se realiza; “los principios de forma y ley aparecen, pues como dos elementos radicales de toda la construcción del universo”; “Las culturas son organismos. La historia universal es su biografía”; “Entre los elementos que constituyen el hábito de un grupo de organismos debemos incluir cierta duración de su vida y cierto compás en su evolución (¿el tempo?); “Todo lo transitoro es símbolo”; “Todo gran mito aparece al despertar un alma colectiva”.
Como vemos, la idea del ritmo y el tiempo necesario (tempo) palpita en toda la filosofía de Spengler.
Y en la tercera de las obras estudiadas, “La rebelión de las masas” de José Ortega y Gasset; el autor aplica su conocida filosofía (“circunstancias y decisión son los dos elementos radicales de que se compone la vida”) al análisis de las circunstancias históricas del mundo de su época, desde la “vieja” Europa. Su conclusión: “El hombre-masa (cuya vida carece de proyecto y va a la deriva) es quien decide”. Para él, la rebelión de las masas es la “invasión vertical de los bárbaros”. Y también: “La rebelión de las masas puede, en efecto, ser tránsito de una nueva y sin par organización de la humanidad, pero también puede ser una catástrofe en el destino humano”.
Y su idea de progreso (“La vida humana ha surgido y ha progresado sólo cuando los medios con que contaba estaban equilibrados por los problemas que sentía”) tiene que ver con el equilibrio, la armonía de los tempos.
En el apartado A del capítulo de la obra “Análisis de la Historia”, se transcriben pasajes de las tres obras antriormente citadas, que en mi opinión expresan de forma somera lo más granado de las mismas, al menos en lo que a este ensayo nos ocupa.
Por su parte, el apartado B y último de la obra, es una extrapolación hacia el futuro de la hipótesis básica, que por los tiempos que corren conecta con otras sociedades de fuera de nuestro planeta, las estraterrestres técnicas, y que como primer punto trata de explicar lo que suponen los diversos proyectos SETI de búsqueda de vida extraterrestre, continuando con los problemas que plantea la comunicación intergaláctica. Se remata con las soluciones que aporta para la vida social futura la hipótesis básica de este ensayo sobre tempo e irracionalidad.
(De la obra del autor “Tempo e irracionalidad”. Copyrigt 2007)