El hipocampo crea una memoria de sucesos personales asociados a cosas que nos suceden en un lugar y un tiempo determinado.
Gracias a la memoria asociativa podemos utilizar lo que sabemos para entender o comprender lo que no sabemos.
Estudios relacionados con el hipocampo indican que para muchas especies de animales, el “hecho de aprender” nuevas cosas es una recompensa en sí misma.
La amígdala también es la responsable de alertar el cuerpo en situaciones en las que peligra la supervivencia. Además, almacena las cuatro emociones primitivas más importantes: agresividad, alegría, tristeza y miedo.
Los ganglios basales asocian pensamientos y sentimientos en acciones físicas.
Los lóbulos temporales están muy implicados en el almacenamiento de ciertos recuerdos, facilitando la creación de la memoria a largo plazo, siendo los responsables del lenguaje, la audición, el pensamiento conceptual y la memoria asociativa.
Pero el lóbulo frontal es el asiento de nuestra percepción consciente, puesto que cuando nuestra conciencia y nuestra percepción están a su máximo nivel, dicho lóbulo muestra cuotas de actividad muy alta. Tal lóbulo frontal es el punto de origen de la conciencia de uno mismo, y como tal el área más evolucionada del cerebro, el lugar donde puede expresarse el “yo”.
Gracias al lóbulo frontal podemos dar significado a las emociones, y también dar significado al mundo exterior. Sería el asiento del “libre albedrío”.
Por supuesto que la corteza prefrontal contiene los mecanismos cerebrales necesarios para el establecimiento de la relación entre “antes” y “después”. De este modo, por su capacidad para establecer relacione stemporales, se ha hecho imprescindible para el siguiente nivel de abstracción que establece las más complejas relaciones causales.
El cerebro es más simétrico que asimétrico.
A nivel cortical, las vías que conectan los dos hemisferios, derecho e izquierdo, se organizan en una gran estructura denominada “cuerpo calloso” y “comisuras anterior y posterior”.
Entre las pocas partes del cerebro que escapan del imperativo de la dualidad, se cuentan las glándulas endocrinas pineal y pituitaria.
La glándula pineal también es la que produce la melatonina, que ayuda a regular el ciclo sueño-vigilia. La glándula pituitaria regula la secreción y liberación de varias hormonas.
A nivel de la neuroanatomía macroscópica, la lista de diferencias entre los dos hemisferios incluye una mayor profusión (desplazamiento hacia adelante) del hemisferio izquierdo (la llamada “torsión yakovleviana”) y diferencias en el tamaño del plano temporal y del opérculo frontal (ambas mayores en el hemisferio izquierdo).
A la escala más fina de los microcircuitos (“citoarquitectura”) se han revelado diferencias en el número de las “células fusiformes”, mucho más abundantes en el lóbulo frontal izquierdo que en el derecho.
Existen más vías de dopamina en el h.izquierdo y más vías de norepinefrina en el derecho. A nivel molecular se han encontrado asimetrías en la distribución de las subunidades microscópicas de los receptores de NMDA (que desempañan un importante papel en la memoria y el aprendizaje) en los hipocampos izquierdo y derecho.
Se ha confirmado como una metáfora la imagen de considerar al hemisferio izquierdo “analítico” y al derecho “holístico”.
En realidad, el hemisferio derecho es el hemisferio de la novedad, el explorador de lo desconocido, de lo ignoto. El izquierdo es el repositorio del conocimiento sintetizado como reconocimiento de patrones.
En el derecho parece favorecerse la corteza de asociación heteromodal, mientras en el izquierdo se favorece la corteza de asociación de modalidad específica (que desmonta en representaciones separadas el mundo que nos rodea).
Por el contrario, la corteza de asociación heteromodal se encarga de integrar la información que viene a través de los diferentes canales sensoriales, volviendo a construir la imagen sintética del entorno.
También, el hemisferio izquierdo favorece las conexiones locales entre regiones corticales adyacentes, mientras que el h. derecho favorece las conexiones a larga distancia entre regiones corticales alejadas.
Todo proceso de formación de un nuevo patrón, descriptivo o preceptivo, tiene que activar primerio el h. derecho y luego el izquierdo, regla universal inviolada en gran cantidad de tareas cognitivas, desde las verbales a las visioespaciales, y en un gran abanico de escalas temporales.
El hemisferio derecho desempeña un papel particularmente importante durante las primeras fases de la vida, cuando el arsenal de patrones (almacenados en el h. izquierdo) listos para su uso es aún muy limitado.
Se encuentra que el cambio de la derecha a la izquierda del lugar del control cognitivo es un ciclo fundamental de los procesos mentales de alto nivel, de igual manera que el reflejo es una unidad fundamental en un plano más elemental de aprendizaje.
Podríamos decir que el hemiferio derecho contruye una representación del conocimiento acumulado por el organismo en forma de una suerte de media y desviación típica cortical, como “gran promedio” de todas las experiencias anteriores, pero con pérdida de detalles. El hemisferio izquierdo sería como una suerte de diagrama de dispersión cortical.
La experiencia y expresión emocional claramente implica la neocorteza, pero la representación cortical de las emociones está dividida: el h. izquierdo está implicado en las emociones positivas y el h. derecho en las emociones negativas. Y esta división hemisférica en la regulación de nuestro mundo no se limita al neocórtex, sino que también implica la amígdala.
Así que existen dos “circuitos de la emoción” unidos, cada uno de los cuales involucra los lóbulos frontales y las amígdalas de cada uno de los hemisferios. La corteza prefrontal, las amígdalas, la corteza cingulada y quizás otras estructuras, actúan de manera coordinada para mediar en la experiencia y la expresión de las emociones, formando parte de dos sistemas distintos y paralelos de control emocional.
Y es que ciertos neurotransmisores son ligeramente más abundantes en el hemisferio derecho que en el hemisferio izquierdo, como particularmente la neuropinefrina.
Los experimentos con animales indican que un aumento de los niveles de dopamina en el cerebro, desencadenan conductas rutinarias y estereotípicas.
Por otro lado, la dopamina desempeña cierto papel en la experiencia del placer y la adicción, lo que tiene mucho sentido teniendo en cuenta que las rutinas cognitivas codifican las experiencias que han demostrado su éxito en el pasado.
Sin embargo, como he indicado antes, los niveles de norepinefrina en el cerebro desencadenan una concucta de inquietud y exploración, es decir, de búsqueda de novedad. Con estos niveles también se advierten casos de depresión (emociones negativas).
Es interesante la comprobación de que niveles bajos del neurotransmisor serotonina produce inflexibilidad cognitiva, lo que de nuevo apunta a la unidad de cognición y ánimo.
Resumiendo, poseemos estructuras en nuestro cerebro que nos permiten aprender tanto al nivel neuronal de Hebb( microscópico) como a nivel de procesamiento cerebral dual macroscópico.
(De la obra del autor: “Vida y mente: ciencia y misterio”)