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Hacia una simbiosis entre Ciencia y Filosofía.

Archivos de la categoría ‘Ciencia, Filosofía, Religión.Visión armónica’

Ensayo filosófico-científico

Información y naturaleza (y V).

Publicado por simbiotica en mayo 17, 2011

(De la obra del autor “Ciencia, Filosofía, Religión. Una visión armónica”. Copyright 1995)

“Sí somos al nacer de una manera determinada (naturaleza), pero esta “manera” o naturaleza la tenemos que ir creando “sólo y exclusivamente nosotros mismos” a lo largo de toda nuestra vida.

Es algo raro de entender porque no estamos acostumbrados a ello en la vida ordinaria; la libertad humana nos aparece incomprensible a nuestros ojos, pues nos es habitual que “algo” actúa de una forma porque “es” de esa forma; su naturaleza le hace actuar de una forma determinada… Pero ésto significa que este ser no necesita naturaleza “en sí mismo”, puesto que su elección está determinada por la naturaleza que lo define.

Si la elección no está determinada de antemano (algo que no comprendemos) necesitamos de esa naturaleza “en sí mismo”, naturaleza (algo extraño) que permite que elección y naturaleza sean o signifiquen lo mismo (algo así como la equivalencia entre existencia y esencia de Sartre), es decir, que ninguna de las dos sea anterior a la otra, o si queremos, si una crea a la otra, la otra crea a la primera, especie de feedback o “pescadilla que se muerde la cola”. La única posibilidad es que una “camine” en el tiempo y otra fuera del mimo.

En cada “acto” de la vida influye toda la naturaleza; pero todos los actos de la vida en conjunto definen y construyen la naturaleza del ser.

Esta construcción (ontológica) sigue manteniendo la ley básica del universo físico de que toda causa (naturaleza) produce un efecto (acto)… Pero de una forma “no física” (fuera del mundo material del espacio-tiempo), los actos a su vez configuran la naturaleza. De esta forma se cierra el ciclo, es decir, fuera del tiempo (¿terreno del inconsciente, tal vez?)… Así que, ahondando más en los razonamientos, realmente la conciencia de uno mismo (verdadera naturaleza de los seres) está fuera del tiempo; la envolvente o modulación de las ondas energéticas del presente, lo que llamamos el “yo” presente, pierde las características de dicho presente, haciéndose intemporal en la introspección, es decir, cuando se dirige a sí mismo, y ésto crea la conciencia de uno mismo, que es la verdadera naturaleza propia del ser. La plena objetividad, como perfecta definición en el espacio y el tiempo físico, requiere la extroversión (salir a buscar fuera de uno mismo -caso de los observadores clásicos tan utilizados en la obtención de las leyes físicas); sin embargo, como ya hemos comentado, los observadores reales no son completamente objetivos, pues siempre poseen una componente de subjetividad, de introspección, que les conduce en parte hacia su propio mundo, su naturaleza, que no es dominio de la ciencia física, sino algo fuera del tiempo. El “yo” propio se escapa de una definición en el mundo físico, precisamente porque está definido en un campo opuesto al mismo: hay que buscarlo justamente donde acaba dicho mundo físico.

El camino para el estudio de todos estos temas es, pues, la introspección; lamentablemente, el estudio de la conciencia, de la naturaleza de los seres y del misterio de la vida no podrá ser estudiado por métodos estrictamente científicos (objetividad espacio-temporal conocida).”

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Información y naturaleza (IV).

Publicado por simbiotica en mayo 9, 2011

(De la obra de Alejandro Álvarez Silva “Ciencia, Filosofía, Religión. Una visión armónica. Copyright 1995)

“El porqué cada ser elige un camino u otro (“una actitud ante la vida”) es un misterio… ¿Quizás esa elección sea precisamente la que define su naturaleza o su propia individualidad?… ; porque se supone que cada ser adopta una solución o un camino entre todos los dilemas, qu se acomoda mejor a su propia “esencia”… ¿Será así? La naturaleza  de los seres es compleja, ¿por ello la vida tiene que ser tan larga, para que nos definamos ante los dilemas que nos presenten a lo largo de ella, con el fin de que la resolución de los mismos configure nuestra propia naturaleza?

¿Quizá cada ser al nacer ya guarda en sí su propia naturaleza (una naturaleza que está fuera del tiempo), pero tiene que asumirse a sí mismo, sintiéndose a sí mismo a través de su confrontación con todos los dilemas que le presenta la vida?… Podría argüirse que entonces nuestra capacidad de cambio de nuestra naturaleza en el transcurso de dicha vida sería nulo, al “asumir” tan sólo nuestra propia realidad, siendo testigos de algo que nosotros no hemos creado…

Este pesimista argumento en ningún modo compartimos, puesto que, verdaderamente, creemos en la existencia dentro de la naturaleza de todos los infinitos proyectos posibles de seres ya creados de antemano, pero que no son “nada” en el sentido de que para que lleguen a “ser” alguien o algo que posea un “yo” (se sienta a sí mismo), se necesita que ese alguien o algo se “introduzca” en uno de esos proyectos, como si de un traje “a su medida” se tratase.

A lo largo de la vida, en cada momento, se nos presentan infinitud de “trajes”; nuestra elección nos va introduciendo (al ir desechando otros), continuamente, en uno de esos “trajes”. Al final de la vida, el “traje” del último acto será el definitivo.

En cada elección descubrimos algo de nosotros mismos, pero las posibilidades son tan enormes que nuestra constitución hasta el presente no es definitoria de nuestra realidad futura.”

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Información y naturaleza (III).

Publicado por simbiotica en mayo 4, 2011

(De la obra de Alejandro Álvarez Silva “Ciencia, Filosofía, Religión. Una visión armónica”. Copyright 1995)

“El sentimiento parece “momentáneo”, resultado de una determinada configuración de las neuronas. Pero, ¿hay un sentimiento, también, de tener conciencia de sí mismo?… Si existiera, ¿sería como el poso-resum,en de todos los sentimientos históricos que hemos tenido?… ¿O sería otra cosa?

El caso de los esquizofrénicos, con dos o más personalidades, que se desconocen entre sí, en el mismo cuerpo, parece significar que hay una serie de “sentimientos” o de “configuraciones neuronales” que se relacionan entre sí como un conjunto, de forma que dicho conjunto pasa a ser una “unidad”, un ser al que llamamos “yo”. No sabemos cómo esos sentimientos, pensamientos, etc. llegan relacionarse de forma que llegan a adquirir personalidad propia, haciendo entonces que cada uno de ellos pase a tener existencia para algo, o alguien que es ese yo. Diríase que no existen hasta que son capaces de crear un “yo”. (Ver la obra del autor \”Superego\”). Su existencia lo es en tanto que dan existencia a ese yo. Si muere el yo mueren también los “sentimientos”, y es que los “sentimientos” (o configuraciones neuronales), dejan de tener sentido (son nada, simplemente materia) si no hay “algo” o “alguien” que se haga cargo de ellos (el yo). O sea, hemos dicho que cuando hay conexión o relación entre los sentimientos, pensamientos (estructuras neuronales), bajo no sabemos qué “premisas”, aparece el “yo”. Estas conexiones se producen en el tiempo (una determinada secuencia), y entre ciertas estructuras (suelen ser configuraciones de un mismo cerebro), es decir, son conexiones espacio-temporales. El “yo”, pues, necesita de la materia (configuración espacio-temporal) para existir, o lo que es lo mismo, está sometido a ciertas reglas físicas.

La Teoría Cuántica, por sus características, es la más firme candidata para que en su seno pueda ser posible dicha conexión. El “yo” (externamente) debería parecerse a una cierta modulación de ondas energéticas que actúan conjuntamente; el “yo” sería como la envolvente de las mismas. “El “yo”, sabemos, es como lo “presente”, la conciencia de la naturaleza propia; el ser sería otra cosa). El “yo” está en el tiempo (es presente); la naturaleza, el ser propio, ¿estaría fuera del tiempo?… ¿Serían los sentimientos la conexión entre la naturaleza del ser (¿fuera del tiempo?) y el “yo” (presente del tiempo)?… Si fuera así, cabría pensar en la posibilidad de que el futuro pudiera “mandar” señales al presente, por ejemplo, mediante “satisfacciones agradables, al “yo” (sentimiento positivo), cuando éste “actuase” en favor de la propia naturaleza. (¿La implementación, en el universo de los sentimientos podría adoptar esta vía?).”

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Información y naturaleza (II).

Publicado por simbiotica en mayo 1, 2011

(De la obra “Ciencia, Filosofía, Religión. Una visión armónica”. Alejandro Álvarez Silva. Copyright 1995)

“Sí hay, pues, un principio teleológico en la naturaleza, y es el que marca lo que “sienten” internamente los seres vivos, la materia viva. El sentimiento mueve al ser en las direcciones positivas (de aumento de sensación gratificante) que marcan los sentimientos que están “implementados” en el universo (a nivel personal, individual, por supuesto, al referirnos a una introspección).

Conviene que sepamos que nos conocemos a nosotros mismos a través de los demás; nadie puede observarse hacia su interior; para ver su interior debe ver fuera, para que los “reflejos” de nosotros mismos en lo exterior podamos captarlos, haciéndonos así una idea de nosotros mismos. Consecuencia: somos como “ojos” que miran a través de una ventana; nosotros y todos los seres irradiamos al exterior, fuera de nosotros mismos, nunca hacia sí mismos; el reflejo de nuestros “rayos” fuera de la ventana, en su retroceso, nos hace ser conscientes de nosotros mismos, por ello “sin lo otro” (lo externo) nunca seríamos conscientes de nuestro “ser”, lo que equivaldría a que seríamos la nada.

En un mismo grupo de partículas materiales (véase un cuerpo humano) coexisten multitud de seres: unos, cada una de las células individuales que lo conforman; otro, el grupo de partículas en sí considerado como un organismo, cual es el cuerpo, y otro más, la parte correspondiente a ese cuerpo de la totalidad de la especie humana considerada en su conjunto. El “sentimiento” (sus sentimientos específicos), es fácil concluir, lo tienen cada uno de estos seres, no la materia de la que están formados. Digamos, pues, que la materia física de que está compuesta la célula es como la conexión objetiva entre todos los seres que la habitan; la localización de dichos seres no es la que corresponde a la materia física de dicha célula, pues dichos seres no tienen localización, puesto que dicha “propiedad”, en último extremo, no puede definirse para los mismos. El alma (o lo que entendamos por la misma), entonces, no tiene localización, aunque, verdaderamente, sí “la hace posible” un conjunto de partículas (o células) cuya “materia física” sí posee localización.

Sólo podemos afirmar que la materia de la que están constituidas las células, constituye la “ventana” a través de la que “miran” los citados seres hacia el exterior de sí mismos. Ocurre que al desaparecer dichas células, la ventana desaparece, con lo que dichos seres no pueden ver ya hacia afuera, consecuentemente, no pueden verse así mismos, lo que equivale a la nada para el “mundo externo”. Sin embargo, todo aquello que se “observó” a través de la citada ventana a lo largo de la vida, ha ido construyendo la naturaleza del ser, por lo que, dichos seres, en cierto modo, son autocontenidos, es decir, tienen una cierta conciencia del propio ser.” 

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Información y naturaleza (I).

Publicado por simbiotica en abril 28, 2011

(De la obra de Alejandro Álvarez Silva “Ciencia, Filosofía, Religión. Una visión armónica”. Copyright 1995)

“La información cambia el “yo” o la naturaleza del ser. Cada ser distinto tiene diferente sensibilidad, distinto bagaje de sentimientos; el cambio de naturaleza, pues, cambia dicho bagaje. Puesto que puede cambiarse la propia naturaleza a lo largo de la vida, los sentimientos, la sensibilidad, van siendo distintos sobre un “yo” que recuerda “aún” los sentimientos antiguos, pero que, ahora, ante una misma situación como la pasada ya no sentiría lo mismo. Hay un recuerdo “interno” de lo que se sintió en un tiempo pasado (el receptor de ese sentimiento está en el pasado, no en el presente). El presente (el yo actual) no puede captar ya ese sentimiento; éste ya sólo puede ser percibido a través del pasado, y el presente lo conoce pero a través de un recuerdo. El sentimiento referido es conocido por el presente, por el presente que significa la memoria actual. Se conocen, pues, muchas cosas ahora (en el presente) que nuestra naturaleza actual (receptora) sería incapaz de asimilar en este preciso momento. Nuestro mundo “presente”, por consiguiente, no es real, sino nuestro propio mundo, que no es la realidad objetiva exterior. Cada criatura, entonces, tiene su mundo, construido a lo largo del tiempo sobre la realidad, que no coincide en un momento determinado con su realidad exterior.

Para que un observador sea objetivo (al estilo de la Física, en donde todos los observadores deben percibir lo mismo) no debe cambiar la “naturaleza” de dicho observador, y esto es imposible porque toda información cambia su naturaleza. Lo que ocurre es que esta influencia ha sido hasta ahora tan pequeña, en los fenómenos que habitualmente estudia la Física, que se ha tomado prácticamente despreciable, gracias fundamentalmente a la adopción de unidades de medida fácilmente reproducibles y contrastables. Los nuevos fenómenos de la introspección invalidan totalmente estos axiomas de la Física. “Los observadores no son ya iguales”; esto es un prolongación del principio cuántico de que la observación cambia el fenómeno, o de que la medida perturba la observación.”

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Alma y conciencia (y II)

Publicado por simbiotica en abril 18, 2011

(De la obra del autor “Ciencia, Filosofía, Religión. Una visión armónica”)

“El progreso de la Psicología  trae consigo el advenimiento de la seudociencia llamada frenología, entre cuyos propósitos figuraba la demostración de la materialidad del alma.

Recientemente, sigue concibiéndose el alma fundamentalmente como conciencia, como yo o como síntesis de las manifestaciones o funciones intelectivas o volitivas, o, tal vez, el conjunto de estas acciones (actualismo de Wundt, Bergson y Paulsen).

Ya hemos dicho que el hilozismo de los antiguos filósofos jónicos estaba inspirado en la idea del principio vital del mundo considerado como un organismo vivo.

En el Renacimiento se consideraba el “alma del mundo” como la segunda emanación del Uno (realidad Suprema), noción adoptada por filósofos como Giordano Bruno, Agripa, Campanella y Paracelso.

Todos ellos creían que las partes del mundo estaban unidas entre sí por la llamada fuerza de la “simpatía”, fundamento, en su opinión, del ejercicio de la magia. Concepto que apareció de nuevo en Schelling, quien intentó explicar con él la conexión del Absoluto con cada una de sus partes. También, el mismo concepto sigue vivo en toda la corriente vitalista (Driesch y Bergson). El “élan vital” bergsoniano es una nueva forma de interpretar esta noción.

Para el pensamiento chino e indio, el alma es una manifestación del gran todo, al cual vuelve después de la muerte. El pensamiento oriental es mayoritariamente monista, identificando, en cierto modo, el alma particular con el Principio Universal. Todas las filosofías de la China y el Shinto, en el Japón, concuerdan en afirmar que el alma del hombre después de la muerte se reintegra al Principio Celestial, al Todo, al camino-Tao, al Principio Universal. No obstante, conceden al alma cierta permanencia en su existencia individual después de la muerte, que depende, en cuanto a lapso, de los méritos adquiridos en la vida terrenal.

Para el hinduismo, las “purushas” o almas individuales han salido de Brahma, Dios, al cual tienden y con el cual se identifican, después de la muerte, en una unidad pura si el hombre muere completamente puro; en caso contrario, irá reencarnándose sucesivamente hasta adquirir la pureza necesaria para poder unirse con Brahma.

El “Atma”, principio de actividad, de energía (tanto espiritual como material), de creatividad, se identifica, en cierto modo, con Brahma, vivificando todas las purushas. Las almas o purushas se individualizan cuando entran en contacto con la materia al habitar en un cuerpo.

Para el budismo, en cambio, no existe ningún yo permanente, sino una sucesión de yos específicos. Vida y alma son puro acontecer, por lo que no existe la inmortalidad al no existir un alma sustancial y permanente que pueda ser sustrato de esta cualidad inmortal. Como máximo, puede asemejarse a la inmortalidad el renacer creador y continuo de las almas en el reencarnación y de toda la realidad en la gran totalidad.

Podríamos decir que todas las filosofías orientales afirman que el alma individual se reduce a un continuo indiferenciado donde la realidad particular se identifica con la realidad única.”

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Alma y conciencia (I).

Publicado por simbiotica en abril 13, 2011

(De la obra de Alejandro Álvarez Silva “Ciencia, Filosofía, Religión. Una visión armónica”. Copyright 1995)

“La Conciencia es una especial forma de la sensibilidad por la que el hombre se reconoce a sí mismo como un yo frente  a los otros yo. También con este t´rmino nos referimos a la percepción de las propias sensaciones, tanto internas como externas, y de los estados o procesos psíquicos interiores. La Conciencia permite que todo lo que se conoce, se quiere, se piensa, o se hace sea reconocido por uno mismo, como algo que nos pertenece.

Como la consciencia es la percepción de los propios estados psíquicos y actos en el momento que acontecen, lo que presupone un estado de vigilancia y atención en el sujeto, lo que se llama también sentido interno, la Conciencia sería capacidad de reflexión, creencia en un yo subyacente que cambia a través de sus diferentes estados, pero que no llega a disolverse.

Tanto la Psicología como la Epistemología o teoría del conocimiento evitan una interpretación de la Conciencia como cosa -sustancia espiritual-, decantándose hacia una interpretación de la misma como fenómeno, resultado de una serie de procesos fisiológicos o psicofisiológicos.

Desde Descartes la evidencia existencial del yo se convierte en un punto de partida de la Filosofía: racionalismo, empirismo, etc.

Kant distingue entre una conciencia pura o trascendental y una conciencia empírica.

La conciencia pura o trascendental se caracteriza por ser un principio activo del conocer. (La Conciencia interviene en el acto de conocer, ordenando y clasificando los datos procedentes de la sensibilidad). D e ahí la oposición entre las cosas en sí -lo incognoscible para Kant- y las cosas como aparecen a nuestra mente (fenómenos). El conocimiento de la existencia de la conciencia pura se obtiene de la abstracción de los contenidos (representaciones y vivencias) de la conciencia individual; de este modo pueden sustraerse las funciones lógicas con las que opera la mente.

De Kant surgen: el idealismo lógico (autoconciencia) y el objetivismo trascendental. El último (Brentano, Bergson, Husserl) se interesa por la relación de una conciencia finita frente a un mundo objetivo externo que la determina (intencionalidad, referencia necesaria de la Conciencia a un objeto externo a ella misma). Husserl se interesa por el mundo objetivo en general, Scheler en la esfera de los valores. Esta última teoría, junto con la que considera a la Conciencia como resultante de procesos orgánicos o epifenómenos, son las que predominan en el pensamiento contemporáneo.

Ahora nos introduciremos en el concepto de alma, que es junto con el cuerpo, lo que constituye el ser viviente.

Hay varias definiciones de la misma. Por ejemplo: “Conjunto de funciones psíquicas y estados de conciencia”, o “principio sensitivo que da vida e instinto a los animales, y vegetativo que nutre a acrecienta a las plantas”.

Los griegos designaron como PSYCHÉ al soplo, hálito, aliento o fuerza vital, el espíritu, la inteligencia, la mente.

Para la tradición homérica, el alma era el doble del yo; ligada intrínsecamente al cuerpo, y que al desintegrarse este último en el muerto, vagaba como una sombra por el Hades privada de la auténtica vida. En el siglo VI el orfismo proclamaba la naturaleza espiritual del alma, su preexistencia en el mundo celestial, su inmortalidad y la necesidad de una ascensión para que ésta se vea libre de las reencarnaciones.

Para los filósofos presocráticos el problema del alma está ligado sustancialmente con sus concepciones cosmológicas, pues el alma se identificaba con el principio común que anima toda la realidad. Los seres participan de este alma común (hilozismo) y ésta no es más que el principio origen de todas las cosas.

Platón recoge las dos corrientes anteriores. Para Platón la primera característica del alma es ser semoviente (aquello que se mueve por sí mismo). La inmortalidad del alma viene demostrada, según Platón, por su condición de principio de todo movimiento, principio de vida (que excluye la muerte) y por su naturaleza simple (sólo se corrompe lo compuesto).

Para Aristóteles el alma es una sustancia incorpórea que hace pasar la virtualidad de lo orgánico a su actualidad o realización total.

Tomás de Aquino considera el alma a la vez forma pura separada del cuerpo y principio organizador de éste; de ahí su distinción entre ánima y animus.

Es con Descartes con su identificación del alma con el yo pensante cuando el alma se verá reducida cada vez más a la idea de conciencia. Para Descartes el alma es la res cogitans y el cuerpo la res extensa.

Leibniz concebirá el alma como una  mónada espiritual, simple en sí misma, como todas las otras mónadas, pero con la propiedad de ser consciente, es decir, de poder reflexionar sobre sí misma.

Hume la interpreta como la unidad de las representaciones, negando abiertamente su existencia como sustancia separada.

Para Kant el alma no es más que una idea o principio regulativo que tiene por objeto todos los fenómenos de la Conciencia. Frente a esta idea del alma como noúmeno, reconoce la idea de un yo fenoménico como conjunto de todas las experiencias.”

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El verdadero sentido de la Religión.

Publicado por simbiotica en marzo 21, 2011

(De la obra de Alejandro Álvarez Silva “Ciencia, filosofía, religión. Una visión armónica”. Copyright 1995)

“El mundo actual nos tiene tan acostumbrados a la aparición de mitos que, de igual forma, nos dejan impasibles sus continuos fallecimientos. Consciente, ya, de esta precariedad mitológica, el hombre llega a asimilarlos e incluirlos en la misma inconsistente y fatua moda.

En el Capítulo III estudiamos la influencia de la mitología en la Religión, que en un principio equivalía, casi, a la Religión misma. Dicho lugar fue posteriormente compartido por la Metafísica, y la Filosofía inmediatamente posterior a su creación.

La precariedad de la vigencia de los mitos ha supuesto su desvalorización, en un proceso complejo, con unas causas que pasan por el dominio transitorio de una serie de corrientes filosóficas sucesivas. La consecuencia es que el lecho ocupado por la Metafísica o la Religión ha llegado a quedar tan vacío, que del sentimiento de desagrado o malestar inconsciente de años anteriores, hemos pasado al de la consciencia de dicho vacío, al de la consciencia de la falta de ideales, metas, de lo que denominamos “religión objetiva”. Pero, ¿a qué llamamos religión objetiva?

La Religión nunca fue objetiva, pues cada comunidad social poseía religiones distintas, con lo que la Religión, dentro del conjunto de la Humanidad, no era objetiva. No obstante, en cada comunidad social, la objetividad de su implantación no era en general discutible. Eran tiempos en los que había poca información y comunicación sobre el tema entre las diversas comunidades.

El grado de interrelación de la sociedad actual ha hecho que cada grupo humano conozca mucho mejor la existencia de otras religiones distintas a la suya propia. Ello ha supuesto una paralela y creciente percepción de la subjetividad de cada una de ellas, algo que va minando la fe depositada en la otrora “objetiva” y por ende, absoluta, religión propia. A esta “religión objetiva” nos referíamos (desde tal punto de vista).

Esta percepción de la pérdida del carácter absoluto que tenían las religiones existentes propiamente para cada persona, nos hace adivinar la necesidad de depositar el sentimiento religioso innato del hombre en “otra cosa”, si queremos, en otra “religión”, pero de características distintas (por necesidad), no sujeta a las ideas en boga, ni a la precariedad de las modas.

El hombre es un animal que precisa una fe en “algo”; las condiciones de ese “algo” son las que requieren revisión. Es necesario eliminar de ese “algo” la transitoriedad. La idea religiosa ha ido unida siempre al concepto de absoluto, de inmutabilidad, de intemporalidad, condiciones barridas casi en su totalidad de las creencias del hombre moderno. Es preciso, es fundamental buscar esa objetividad en torno a alguna idea, a salvo de modas o de espejos desde donde se mire.

Así como el progreso procede de los distintos planteamientos continuamente variables de las condiciones, ensayando estas últimas para encontrar el procedimiento más válido para cada circunstancia, la nave del hombre no debe seguir el camino de ese progreso; ha de poseer una luz fija como faro que le alumbre en su andadura. ¿Y dónde encontraremos esa idea segura intemporal? La relatividad del universo entero, del tiempo y del espacio, parece ofrecernos pocas posibilidades de encontrar ese punto de referencia absoluto, completamente objetivo para el hombre de todos los tiempos. Es necesario buscar más allá, en lo inmutable, en lo eterno, en lo indefinido. Ese más allá nos lleva a nuestro origen, al origen del universo, a la esencia de las cosas, a ese algo inmutable que digan lo que digan las modas, anida en lo más profundo de nuestro interior. Ese algo es la fuerza original, es Eso a lo que hemos denominado Dios desde siempre. (Bien entendido que adoptamos tal nombre por ser el más utilizado históricamente, mas no por ello presuponemos ninguno de los atributos o connotaciones que secularmente acompañaban al concepto).

Mi obra quiere hablar de ese Absoluto… ¡No escribo para el hombre actual, sino para el de siempre, desde el primero del que tenemos conciencia, hasta el último al que alcanza nuestra imaginación…! Mi deseo: escribir de forma objetiva, aún cuando ponga mi impronta en lo que hago. La objetividad la entiendo y practico sonsacando de la historia humana los puntos comunes acerca del Absoluto.

La religión que busco no es la de una época, clase o tiempo humanos, sino la de toda la humanidad desde el principio al fin. La adaptación de la misma a cada uno de nosotros la hará propia, nuestra, como somos nosotros mismos, con nuestra subjetividad personal. Macrocosmos y microcosmos en conexión. Desde el Todo, el Absoluto (suprema objetividad), hasta el “yo” propio (máxima subjetividad).”

 

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UNA FE PERSONAL.

Publicado por simbiotica en marzo 17, 2011

(De la obra del autor “Ciencia, filosofía, religión Una visión armónica”. Copyright 1995)

Una vez realizado el somero repaso a las religiones más conocidas y características, así como a la visión más amplia del mito como raíz de ese sentimiento religioso, es hora de aplicar estas herramientas a nuestra visión armónica del fenómeno de la Religión.

La visión de Frederic Schiller, expuesta al principio del capítulo, sobre el concepto estético en el hombre nos da la clave del fenómeno religioso en relación al culto, como decíamos al hablar de los mitos. El aspecto dual del mito, al añadir al enfoque anterior el “cuarto fin” de la metamorfosis psicológica del chamán, de su espiritualidad profunda, junto con la otra clave existencialista de Jaspers, en sus cavilaciones profundas acerca del sujeto y el objeto, y su interpretación de la mística tan cercana al mundo oriental del hinduismo posterior, nos va esbozando el camino para intuir la religiosidad que acaecerá en el seno de la Humanidad en el próximo milenio.

Los aspectos del mito como contribución a los fines de Kâma, artha y dharma, actuando como aglutinador, como “religio” o fuerza “vinculatoria”, dejan de ser sustanciales en el futuro, sencillamente, no son precisos. El reino de la informática, la supercomunicación, la intercultura, no necesita ya de la potenciación de culturas de lo particular, sino que el rumbo es el contrario. La Técnica actual no necesita ya de estas vías (otra cosa es que los diversos poderes intenten, aún, asirse a la efectividad de lo ya conocido y experimentado en pos de sus fines).

La Técnica es muy capaz, hoy, de sustituir esa “religio” por sistemas  mucho más eficaces, que además tienen la enorme ventaja demandada cada día más por la Sociedad, de respetar, si se quiere, al individuo, a la persona. Por fin el hombre podrá vivir para sí; la Sociedad no será la absoluta beneficiaria de todas sus energías, con lo que el hombre podrá dedicarse en mucho mayor grado al crecimiento de su vida interior.

El poder del chamán, el camino del chamán, el de los místicos, el de la liberación del Kâma, artha y dharma de esas obsesiones unidas al ego, no será algo reservado para unos pocos. Será una característica del hombre normal del próximo milenio, y la potencia de esa comunidad de hombres “espirituales” supondrá la aparición de una Humanidad con cualidades diferentes a la actual, mucho más cercana a la del pensamiento teilhardiano.

El cuarto camino, la metamorfosis psicológica, el cultivo de nuestra vida interior, será el que ocupe en el próximo milenio el lugar actualmente relegado a la religión, con el consiguiente aumento del subjetivismo. El sujeto (lo interno) tendrá preponderancia sobre el objeto (lo externo), camino opuesto al más reciente de nuestra historia. O mejor, esa “religión” se hará más particular. Iremos hacia una reducción considerable del culto, es decir, de la expresión externa de la religión.

La primera fase, como hemos dicho, será la del crecimiento continuo de la vida interior. La segunda, posterior, la de la interconexión (a otros niveles y seguramente no por medio del culto) de estos hombres, mucho más “espirituales”, en una especie de “noosfera”, para utilizar términos de Teilhard.

La reducción del clero, tras el retraimiento del culto, será manifiesta. La subjetividad emergente, transformará las creencias religiosas en algo propio, individual, en una fe personal, en la que cada individuo poseerá sus propias e íntimas convicciones, su propia fe, “su propia religión”.

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Religiones históricas II.

Publicado por simbiotica en marzo 14, 2011

 (De la obra del autor “Ciencia, filosofía, religión. Una visión armónica”)

“No hay más Dios que Alá y Mahoma es su profeta”. La expresión más conocida y repetida de la historia de las religiones y conocida como la “Shada”, forma parte sustancial del fenómeno conocido como el Islam. (Entrega o sumisión a la voluntad de Dios).

Mahoma, nacido en el 570 después de Cristo, fue su fundador, y su doctrina aparece en el libro sagrado del Corán que, según sus afirmaciones, le fue revelado por Dios mismo.

El Islam está basado en el monoteísmo, alrededor de su único dios Alá. La salvación consiste en el sumisión a Dios. Al final de los tiempos, en el día de advenimiento, resucitarán los muertos. El paraíso de los piadosos se describe en relación a placeres sensuales. El infierno se simboliza por una inextinguible hoguera. Se supone la existencia de ángeles, y el diablo o Shaitin (Satán). De los 28 profetas que se mencionan en el Corán, 22 son personajes del Antiguo Testamento como Adán, Noé, Abraham, Isaac, Moisés, David, Salomón, etc. También incluye tres personajes del Nuevo Testamento: Zacarías, Juan Bautista y Jesús y otros líderes como Alejandro Magno. Mahoma, por supuesto, es el principal y último de los profetas. Dios revela su voluntad en los libros como la Tora de los judíos (Taurat), los Salmos de David (Zabur), los Evangelios de Jesús (Ingid) y sobre todo, el Corán de Mahoma.

Los cinco deberes básicos del Islamismo son: la repetición del Credo, las plegarias (en dirección a la Meca), las limosnas, el ayuno (durante el mes del “Ramadán”) y la peregrinación a la Meca (una vez en la vida).

La Biblia es el libro sagrado tanto de judíos como de cristianos. Los judíos aceptan el Antiguo Testamento, pero los cristianos añaden, además, el Nuevo Testamento.

La Biblia cuenta la llamada de Dios a Abraham, en la Ur de los caldeos, para que desde allí levantase un nuevo pueblo.

El Judaísmo es una religión que surgió de la primitiva vida de los semitas. Según los estudiosos, el primitivo politeísmo de este pueblo evolucionó al monoteísmo propugnado por Abraham, Moisés y los profetas de Israel.

El dios único de los judíos es Jehová o Yahvé.

La Biblia dice que el mundo fue creado por Dios y que los hombres se rebelaron contra su creador, influenciados por el demonio Satanás. El Génesis cuenta el posterior “pacto” entre Dios y su pueblo en el desierto de Sinaí, por mediación de Moisés.

Muchos eruditos señalan que ciertos principios o creencias del Zoroastrismo penetraron en el Judaísmo, pero también otros del Helenismo griego.

La obediencia a la Tora (los cinco primeros libros de la Biblia  -Ley de Moisés) es de importancia capital. En el Judaísmo no se hace tanto hincapié en el pecado original como en la religión cristiana. El mundo es bueno y fue creado por Dios y, por lo tanto, debe ser disfrutado. aunque la inmortalidad del alma y la resurrección de los muertos fueron aceptados posteriormente por el Judaísmo, no siempre los judíos así lo habían creído.

Los judíos deben casarse con otros judíos para mantener raza, identidad y religión.

Sólo la secta de los esenios ha practicado el celibato, pues el matrimonio es el estado natural del judío.

Las diversas formas del misticismo judío se denominan “la cábala”. Esta filosofía mística, adornada de cierta tendencia panteísta, surgió en Babilonia, aunque, quizás, su mayor relevancia la constituya el Zohar, aparecido en España a fines del siglo XII y atribuido a Simeón ben Yohaí.

Dentro de las diversas tendencias que se han presentado en el enorme abanico que supone los seguidores del Cristianismo, aparece como una de las primeras sectas disidentes la de los gnósticos, que enseñaron un dualismo que dividía el espíritu y la materia, la cual aparecía como vil y degradante. Gnosis significa “conocimiento”, y el conocimiento verdadero está reservado para los iniciados en los misterios sagrados.

Del Ser Supremo emanan eones (manifestaciones de los atributos divinos). El creador del mundo es hijo de un eón caído. Jehová, pues, es presentado de forma negativa, mientras que Jesús es uno de los eones preexistentes, que mostró a los hombres cómo podían alcanzar gran sabiduría para la mente, liberándose así de la esclavitud del mundo material. Para ésto es necesario someter al cuerpo a una disciplina de tipo ascético.

La herejía arriana tuvo por protagonista a Arrio de Alejandría, que murió en el año 336 d. C.

Según Arrio, el logos o Verbo divino, era una criatura y no la segunda persona de la Trinidad (Dios en forma humana), así que había tenido un principio.

El Concilio de Nicea estableció que Jesucristo es Uno con el Padre y Dios desde toda la eternidad.

Los concilios tuvieron enorme importancia en el desarrollo doctrinal de la Iglesia (católica), pero también son importantes por su valor histórico. Los protestantes aceptan (en general) cuatro y los ortodoxos orientales, los primeros siete. Después se producirían diversos incidentes que marcaron las diferencias entre las principales Iglesias. La Iglesia de Oriente desde la Edad Media no continuaría en comunión con la de Occidente, y por último se produjo la gran ruptura de la Reforma religiosa del siglo XVI.

El católico basa su relación con Dios en su fe en Jesucristo y en sus obras. Los Sacramentos (siete) canalizan la gracia de Dios hacia los mismos a través de su fe.

El centro del ritual y de la devoción católica es la “Santa Misa”, en la que el sacerdote actúa como si fuera Cristo, pues la misa es un representación de su sacrificio, sacrificio que se ofrece para expiar (pagar) los pecados de los hombres.

Punto importante del catolicismo romano (también de la Iglesia ortodoxa oriental) que lo distingue de las Iglesias protestantes o evangélicas, es el culto a María (madre de Jesús) y a los Santos.

Los llamados cátaros o “puros” (albigenses), considerados heréticos por la Iglesia Católica en la Edad Media, predicaban contra la impureza, e incluso contra el matrimonio. Tenían una concepción dualista de la lucha del Dios de la luz con el de las tinieblas, del Dios del Nuevo testamento y del Antiguo.

La Iglesia Ortodoxa (Iglesia de los Siete Concilios) , en comunión con el Patriarcado ecuménico, de Constantinopla, se consideraba a sí misma la continuación ininterrumpida de la Iglesia Cristiana establecida por CRisto y sus Apóstoles.

En la Iglesia Ortodoxa se popularizó el culto a los iconos (imágenes), que designa en la práctica una pintura, mosaico o bajo relieve representando a Cristo, la Virgen o a los Santos, ya que las escrituras estaban prohibidas.

Las Iglesias Orientales se diferencian de la romana no sólo por los iconos y distintos matices doctrinales, sino, sobre todo, por la controversia sobre la autoridad del Papa, y las formas diferentes de monaquismo (no se aceptaba la imposición del celibato sacerdotal).

El Protestantismo afirma tener sus raíces en los movimientos de protesta de diferentes disidentes de la Edad Media.

La rama protestante o evangélica del Cristianismo se compone de infinidad de grupos, sectas o confesiones.

El Protestantismo se caracteriza sobre todo por la afirmación de que todo hombre que se arrepienta de sus pecados y crea en Cristo obtendrá la Salvación.

En cuanto a la Salvación, existe la vertiente calvinista, que hace énfasis en la soberanía de Dios y la predestinación y la vertiente arminiana, que corrige el calvinismo en el sentido de que un cristiano salvado por su fe, puede perder su salvación y estado de gracia, al cabo de una vida ininterrumpida de pecados.

Es preciso aclarar que la palabra “protestante” no es usada por muchos que así se les considera, al preferir utilizar la palabra “evangélico”. (Otras veces se usa el término “fundamentalista” para los protestantes más conservadores de las distintas Iglesias).

Dentro del protestantismo histórico hay que considerar a los anabaptistas, los menonitas, los baptistas, los congregacionales, los cuáqueros, los metodistas, etc.

En el último siglo del movimiento evangélico está conformado por: El Ejército de Salvación, los Grupos de Santidad, la Iglesia del Nazareno, la Alianza Cristiana y misionera, el Adventismo (regreso de Cristo a la Tierra), el Pentecostalismo, etc.

Dentro del movimiento neo-ortodoxo más reciente, aparece la figura del eminente teólogo reformado Karl Barth figura clave de la teología protestante del siglo XX y también uno de los principales teólogos cristianos de todos los tiempos.

Según sus ideas, el conocimiento de Dios tiene lugar en la revelación del Padre a través de Jesucristo y el Espíritu Santo. para él, la Biblia no es un objeto, sino el mismo Dios que habla. Su obra fundamental es “Dogmática de la Iglesia”.

Por último hay que citar a la denominada “Teología de la Liberación”, que plantea un cambio de estructuras sociales y políticas basado en temas bíblicos, y que afecta mayoritariamente al llamado Tercer Mundo.

Entre otras Iglesias o creencias consideradas cristianas y que no pueden considerarse incluidas dentro de las clasificaciones anteriores, figuran: los unitarios (rechazan la Trinidad), la Iglesia de la Nueva Jerusalén (rechaza la Trinidad, la redención y predica un mundo invisible), los mormones (esperan un reino milenario sobre la Tierra bajo el reinado de Cristo, según su libro el “Libro de Mormón”) y los Testigos de Jehová (consideran que Cristo no es Dios, sino el arcángel Miguel y que el alma es inmortal por gracia y no por naturaleza, pues la que persista en el pecado será destruida).”

REFERENCIAS

“Diccionario de Sectas, creencias y religiones”. J. Felipe Alonso. Edimaster.

“Historia de las religiones”. Marcos Antonio Ramos. Editorial Playor.

 

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Religiones históricas I.

Publicado por simbiotica en marzo 10, 2011

 (De la obra del autor “Ciencia, filosofía, religión. Una visión armónica”)

“A continuación exponemos unas breves pinceladas de las grandes religiones, o religiones más conocidas e influyentes.

El Zoroastrismo se remonta, en sus orígenes al 300 a. C. y a la religión de los antiguos indoeuropeos.

Zoroastro (Zaratustra) fue un reformador de la religión antigua de los iraníes y probablemente nació entre los años 660 al 618 a. C.

Lo más importante de su doctrina es la fe en Dios, Ahura Mazda, Señor de la Creación, único dios al que hay que adorar sobre todas las cosas por su poder de luz, vida, verdad y bondad. Desde el principio hubo en el mundo dos espíritus incompatibles antagónicos: el del Bien, Ahura Mazda u Ormuz, y el del Mal, Ahrimán, el destructor. Estamos, pues, ante un dualismo cosmológico en el que a un dios bueno se le opone un diablo. Ambos poderes son poderosos e iguales desde el principio de los tiempos, y seguirán enfrentándose y equilibrándose, uno a otro hasta el fin. En esta religión también se enseña la existencia de ángeles o yazatas, y de demonios o seres malignos, llamados Daeva, que en un idioma persa se convirtió en Din, del cual proviene el término inglés devil o “diablo”.

El cielo es la recompensa de los buenos pensamientos y el infierno es un eterno castigo para los condenados.

El Zoroastrismo ha influido en otras religiones. Hay muchos eruditos que piensan que gran parte de las creencias judías están basadas en principios zoroastrianos (vida después de la muerte, malas obras de Satanás como rival de Dios, doctrina de los ángeles y demonios, el Juicio Final, etc.). La realidad es que las conexiones históricas con la época del destierro de los judíos a Babilonia, en los días del rey zoroastriano Ciro, ensalzado en la Biblia, alientan dicha hipótesis.

Ya comentamos el origen del Hinduismo, a partir de una religión “aria” indoeuropea, después de producirse una separación entre la religión primitiva iraní (prezoroastriana) y la religión védica del noroeste de la India, tras la asimilación de elementos prearios nacidos en el valle del Indo.

Los conceptos principales de esta religión son los de transmigración y el Karma-samsara, que enseñan que las almas individuales existen desde un tiempo sin principio y pasan de una existencia a otra en un proceso continuo de renacimiento y muerte. Las circunstancias de cada existencia son determinadas por los méritos o su falta, en las acciones que han tenido lugar en formas anteriores de vida. Y estos nacimientos y muertes son la consecuencia inevitable del karma o acciones de los hombres. Todos los seres participan en este flujo del Karma, formando parte de un proceso, samsara, que se repite.

A partir del siglo VIII a. C., el tema principal es el intento de comprender y adaptarse a la situación cósmica resultante de la existencia. Por ello aumenta de forma significativa el interés por la meditación, la filosofía y la teología.

Los “Upanisads” representan un nuevo tipo de religiosidad centrada en el concepto de Brahma (“Plegaria”, “Sagrado Conocimiento”, “sagrada expresión” en los Vedas y Brahmanas), ya que, aquí, es empleado para designar al Ser Supremo, Ser absoluto, eterno, infinito, indescriptible, omnipresente y neutro. También, puede designarse como espíritu o âtman, alma del mundo, en cuyo seno debe sumergirse igualmente el espíritu humano.

La salvación se obtiene con más facilidad mediante la especulación filosófica personal sobre un Ser Supremo de características panteístas, que mediante los sacrificios que indican los Brahmanas.

Mahavira fue el fundador del Jainismo, secta ascética que nació como protesta contra las cargas impuestas por el hinduismo.

Todo jainista debe aniquilar su cuerpo para liberar su alma, para así llegar a la meta de la salvación, el nirvana o la moksa, estado de beatitud en el que el alma se aligera de lazos corporales, y de los actos anteriores o Karma.

Las tres joyas del Jainismo son: la sabiduría, la fe y la conducta recta, causa de la liberación final.

Lao-Tse es el creador del Taoísmo, una de las tres grandes religiones de China. Tuvo contactos con Confucio, a quien instó a buscar el “Tao”, principio místico del universo, clave de la religión y la vida.

El Tao es el origen de todas las cosas, siendo el Tao supremo permanente e inmutable, y la primera de una serie de causas.

El Tao está constantemente creando el fenómeno de la existencia, aunque no es idéntico a los principios activo y pasivo que engendran el mundo.

En la esfera de lo no manifestado el Tao es una armonía creativa perfecta, sin embargo en el mundo manifestado no existe el equilibrio.

Según el Taoísmo, el cosmos está habitado por fuerzas organizadas jerárquicamente. La más alta de las fuerzas es el Tao que no se ha manifestado. Después viene el caos primordial y lo que se denomina “tres oficiales”: armonía, creatividad y el orden del Tao no manifestado.

Más abajo hay numerosos dioses habitando nueve cielos, a continuación demonios, seres humanos, animales, espíritus, etc.

En todos estos niveles funciona el principio activo (Yang) y el pasivo (Yin), así como otros cinco agentes.

Hacia el cuerpo humano pueden ser atraídos los “tres oficiales” mediante la meditación, los ritos, y el control de los deseos, lo que hace restaurar la armonía dentro de las fuerzas de dicho cuerpo, capacitando al individuo para encontrarse y encarnar al Supremo (simplicidad primordial del caos, e, incluso, el mismo Tao que no se ha manifestado). Ese proceso hace que un nuevo ser inmortal surja dentro del cuerpo humano.

Confucio es el creador de una escuela filosófica que incluye elementos sociales, políticos, religiosos y éticos, y que es conocida en la tradición china como “la escuela de los literatos”.

Confucio vivió en China entre el 551 y el 479 a. C. El sistema de Confucio era una especie de humanismo parecido al imperante en épocas recientes. Lo importante era que el hombre viviera de acuerdo con su naturaleza virtuosa y en relación directa con un poder eterno e invisible, el Cielo.

Para Confucio, el origen del universo fue una energía cósmica impersonal y un principio que produjo el Yin y el Yang, que, a su vez, crearon el cielo, la tierra y los seres vivos.

El Confucionismo es una mezcla del culto a la naturaleza y a los antepasados.

El nepalí Siddhartha Gautama es el creador del Budismo (años 567 al 483 a. C.).

Las cuatro verdades “noble o excelentes” predicada por Buda son: toda existencia implica sufrimiento; el sufrimiento es hijo del deseo; dicho sufrimiento puede ser destruido eliminando el control que ejercen los deseos; hay un óctuple camino para lograr la meta anterior, que afectan a tres categorías: conducta moral, disciplina mental y sabiduría intuitiva.

Según Buda, el conocimiento puede eliminar el dolor. El Budismo aceptó las creencias en el nirvana y la reencarnación; un nirvana o estado libre de placer y dolor, que significa la salvación.

La “meditación” o “contemplación” siempre ha formado parte del Budismo.

El Zen (arte de una escuela de la tradición Mahayana del Budismo) utiliza como método la meditación metafísica, apoyada en técnicas que eliminan los conceptos que frenan la liberación del espíritu.

La iluminación aparece como un súbito relámpago llamado “satorí” y revela al “sunyata” omnicomprensivo.”

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El mito en la Historia (y VIII).

Publicado por simbiotica en marzo 7, 2011

(De la obra del autor “Ciencia, filosofía, religión. Una visión armónica”)

“Pero, ¿cuál es el significado del mito?

Toda tradición ritual, según el pensamiento hindú, tiene dos aspectos que corresponden a las “ideas elementales” y a las “ideas étnicas”.

Según Bastian, las ideas elementales nunca se experimentan en estado puro de forma directa, sino que sólo se conocen a través de la rica variedad de sus inflexiones de la Humanidad. Y es que cualquier mito o rito puede considerarse como una pista de lo que puede ser permanente y/o universal en la naturaleza del hombre (énfasis psicológico, incluso metafísico), o como una función de la escena local, historia o sociología de cada pueblo.

También en la filosofía hindú se hace una distinción entre los fines por los cuales se esfuerza el hombre en el mundo y el propósito de la liberación de estos fines.

Los fines son: amor y placer (Kâma) poder y éxito (artha) y el orden legítimo y la virtud moral (dharma).

El primero, Kâma, según Joseph Campdell corresponde al propósito o interés concedido por Freud, como básico a toda vida y pensamiento. El simbolismo de la mitología para esa psique significa tan sólo sexo y nada más. Toda mitología y culto sería sencillamente un medio para la consecución de este sistema de intereses.

El segundo, artha, corresponde a la concebida por la filosofía de Nietzsche y de Adler, como impulso fundamental de toda vida y pensamiento. Entonces, todos los mitos, dioses y rituales de la religión son medios sobrenaturales para el engrandecimiento propio y tribal.

Así, los dos sistemas anteriores, el erótico y el agresivo, representarían juntos la suma de necesidades primarias del hombre, que están implícitos en el nacimiento y proporcionan las bases de toda experiencia y reacción. Es más, existe un sistema sustancial transcultural de constantes, aunque pueden percibirse en las mismas, grandes diferenciaciones históricas o sociológicas.

Pero muchas veces, los dos sistemas elementales de interés, Kâma y artha, o placer y poder, están en conflicto, formando parte de un fenómeno básico de adaptabilidad, pues el conflicto es resuelto por los seres vivos de forma que llegan a un acuerdo entre las diferentes demandas (Tinbergen). Y en el hombre también debe producirse este acuerdo, incluso antes de que se introduzcan las normas sociales y la moralidad (el dharma).

El dharma, sentido del deber, conocimiento del mismo, y deseo de mantenerse en él no es innato, sino que se inculca por la educación. Y es que en realidad, el propósito de la educación en las sociedades primitivas arcaicas y orientales siempre ha sido no enriquecer la mente sobre la naturaleza del universo (como así ha creído Occidente desde el Renacimiento), sino “crear comunidades de experiencia compartida para comprometer los sentimientos del individuo en crecimiento con los asuntos de mayor interés para el grupo local” (Joseph Campdell en su Mitología Primitiva).

Para Campdell, “la función principal de todo mito y ritual siempre ha sido y continuará siendo, el comprometer al individuo tanto emocional como intelectualmente, en la organización local”. Kâma, artha y dharma, placer, poder y las leyes de la virtud, serían los campos de fuerza que se encuentran en todo sistema efectivo de mitología. Y para que el dharma tenga peso y autoridad sobre los otros dos (Kâma y artha), se presenta como el deseo y la naturaleza de algún poder superior que, según el nivel de desarrollo, puede estar representado por el deseo y la magia de “los antepasados”, de un padre todopoderoso, el orden natural, imperativos de la naturaleza del hombre, etc.

Las demandas del dharma en el paleolítico eran escasas, sin embargo, con el cambio a la agricultura hubo la necesidad de racionalizar el mismo, y ya que desigualdad y coordinación eran esenciales, a la Humanidad se la llevó a la escuela de las estrellas. (El orden cósmico).

Por último, Kâma, artha y dharma fueron debilitándose, haciéndose a su vez más significativa la actuación de un cuarto principio, el del temor de la mente ante el misterio cognoscitivo del mundo, que le produce a la vez, asombro y reverencia.

En el período de los recolectores, cazadores y plantadores del mesolítico, un temor reverencial ante las maravillas del mundo animal y vegetal produjo las pantomimas de la danza del búfalo y la semilla sacrificada. A través de estos juegos y representaciones se formaron las sociedades basadas en un principio superior, místico o religioso, que ahora llamamos estético (Schiller). Placer y dominio, como necesidades biológicas y evaluación, como necesidad social, se anulan, sobreviniendo un “rapto” de pura experiencia en el que autodisolución y elevación son lo mismo.

Sentimiento inefable, en el que la mente liberada, disuelto el ego, no encuentra nada en le red de nervios que la constituye, sino vida, que está en todas partes y para siempre.

Los maestros zen chinos y japoneses, llaman a este estado el de “no mente”. Los términos hindúes equivalentes son: moksa, “liberación”; bodhi, “iluminación” y “nirvana”, “trascendencia de los vientos de la pasión”.

El impulso de repetir, de forma armoniosa, un orden de belleza aprendido, subyace en la formación de las sociedades arcaicas. No todos los que participaron en la pantomima experimentaron este sentimiento “estético”. Para la mayoría, su valor era sólo mágico: poder para producir frutos de los tres órdenes elementales de deseo.

Sin embargo, los chamanes esquimales nos han hecho saber que el hombre primitivo podía llegar a obtener un conocimiento o sabiduría, iluminación, sentido y experiencia del misterio y poder del universo, de valor no temporal sino eterno.

Y es que, indudablemente, existía una profunda brecha psicológica entre los “honestos cazadores” y sus chamanes, tan temidos como indispensables. Para estos dos tipos, a lo largo de la historia, mitología y culto, han tenido valores y significados opuestos. Los beneficios de la religión para la mayoría han sido de los órdenes de Kâma, artha y dharma, a través de un mecanismo mágico que aseguraba abundancia de alimentos, poder sobre los enemigos y cohexión social, proporcionándoles esta última, como compensación, una continuación de estos bienes “más allá de la tumba”. Para el chamán, su camino de sufrimiento es ejemplo de vida dedicada al cuarto fin, la utilización del mito herméticamente, como mârga, como camino para la metamorfosis psicológica. Y las pruebas señalan el logro de una ampliación perceptible del horizonte individual de experiencia y profundidad de comprensión a través de la muerte y resurrección espiritual, con lo que el chamán realiza la función necesaria en la sociedad de llevarla de la estabilidad y esterilidad de lo viejo hacia nuevos horizontes y profundidades de comprensión.

El servicio dual del mito como contribuidor a los fines del Kâma, artha y dharma, por una parte, y por otra, como forma de liberación de estos fines, de esas obsesiones unidas al ego, se hace patente.

El culto posterior funciona como arte; las cavernas-templo paleolíticas lo demuestran. Y es que la mitología, toda la civilización es una imagen poética, supernormal, susceptible de interpretación a diversos niveles. Las metas superficiales ven a su través sólo el escenario local, las más profundas, el primer plano del vacío: en medio todos los estadios del camino desde lo étnico a las ideas elementales, desde lo local al ser universal. La mente humana, en fin, es la zona mitogenética última, creadora y destructora, esclava y, sin embargo, dueña de todos sus dioses.

La palabra “religión” proviene del latín “religio” que significa “fuerza vinculatoria”.

Acabamos de ver como el mito ha cumplido un papel básico en la formación de cualquier tipo de religión, debido principalmente a esa función de vórtice o fuerza aglutinadora que vinculaba a los individuos en una empresa común, históricamente necesaria para la cohexión social.”

REFERENCIAS

Mitología oriental. Joseph Campdell. Alianza Editorial.

La decadencia de Occidente. Oswald Spengler. Espasa-Calpe.

Las máscaras de Dios. Mitología primitiva. Joseph Campdell. Alianza Editorial.

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El mito en la Historia (VII).

Publicado por simbiotica en marzo 4, 2011

(De la obra del autor “Ciencia, filosofía, religión. Una visión armónica”) 

“En el fabuloso período prehistórico de Huang Ti (el legendario emperador amarillo chino altamente preocupado por la astronomía exacta, herencia básica del Celeste Imperio), la gente podía controlar sus pasiones y había una armonía entre cielo y tierra de modo que el reino chino se convirtió en un paraíso terrestre. Sus habitantes no tenían que comer, sólo beber el rocío les era suficiente. Los cuatro animales benevolentes, el unicornio (señor de los cuadrúpedos de sangre caliente), el dragón (señor de los animales escamosos), la tortuga (señor de los moluscos) y el fénix (señor de los pájaros), aparecieron y fijaron sus moradas en los propios jardines del palacio. Los favores procedían de la sabiduría del emperador, que enseñó las artes de la adivinación, las matemáticas, compuso el calendario, inventó los instrumentos musicales hechos con bambú, el arte de trabajar el barro, el metal y la madera, estableció los rituales para dirigirse a Shang Ti (“Señor”), enseñó las propiedades de las hierbas medicinales, etc. De forma que cuando murió dejó una nación en una armonía que sobrevivió a lo largo de cuatro mil años.

La llegada del concepto de la ciudad estado hierática a China se fecha en el período de la loza negra de la cultura Lungshan (1.900-1.523 a. C.) que parece haber surgido de los mismos centros del norte de Irán y el Turkestán que influenciaron la India para la formación del estilo Harappa. La ciudad fortaleza china tiene forma cuadrangular, limitada por una poderosa muralla de tierra pisoteada. Al ganado existente anteriormente se le añaden las ovejas y los caballos y ya se conocía la escritura.

Los restos del estrato siguiente son mucho más abundantes y corresponden al nivel de la cerámica blanca de la dinastía Shang. Aquí ya existe la estructura básica sociopolítica del imperio chino clásico: herramientas y armas de bronce, carros de guerra tirados por caballos, un sistema de escritura muy desarrollado, sacrificios humanos, arquitectura impresionante, talla de la piedra, gran pasión por la caza, etc., que perseguía en lo sustancial las líneas marcadas 1.500 años antes por Ur, Lagash o Nippur en Mesopotamia.

Sin embargo, un rasgo importante es el nuevo estilo artístico que aparece, que contiene lo que supone la primera aparición de ciertas huellas básicas características en el Viejo y el Nuevo Mundo en el área del Pacífico. Nos estamos refiriendo al poste totémico, acumulación de formas similares en series verticales, en el que el cuerpo que se representa está partido por el frente o por la espalda; a una forma particular de organizaciones decorativas de espirales angulares y meandros,  y a ciertas caras y posturas corporales shang que serán inconfundibles, ya, en cualquier contexto cultural en el que vuelvan a aparecer.

El profesor Heine-Geldern, siguiendo los cursos transpacíficos de las influencias culturales de Extremo Oriente hacia América, cree que dichos contactos se iniciaron por los chinos en el siglo VII a. C. (cultura Chavín de los Andes Centrales, cultura Salinar de los Andes Norcentrales, etc.), continuándolos los pueblos Dong-son de Vietnam, y nuevamente los chinos de la dinastía Han (202 a. C.-220 d.C.). Por último el liderazgo pasó al Sureste Asiático desde Camboya (hasta el año 1.219 d. C. con la muerte de Jayavarman VII de Angkor).

No es sorprendente, por tanto, que el gran sumo sacerdote y rey de la Edad de Oro de la tolteca Tula, la ciudad del Sol, Quetzalcoalt, cuyo nombre se ha leído como la “Serpiente Emplumada” o el “Gemelo Admirable”, tuviera rostro y barba blanca, y enseñara las artes a los indígenas precolombinos, inventara el calendario y les donase el maíz. Su madre virgen Chimalman había sido una de las tres hermanas a las que Dios, Padre de Todo, se les había aparecido bajo su forma Citlallatonac, “la mañana”.

El miedo se apoderó de las otras dos, pero el soplo del Padre sobre Chimalman hizo que concibiera. Pero esta murió al parir y ahora en el cielo es reverenciada con el nombre de Chalchihuitzli, “Preciosa Piedra del Sacrificio”.

Quetzalcoalt, su hijo, conocido también como el Hijo del Señor de los Altos Cielos y de las Siete Cavernas, al nacer se le concedió el habla, el conocimiento y la sabiduría de todo. Su vida como rey-sacerdote fue de una gran pureza y su reino floreció a lo largo de todo su reinado.

Debido a las malas artes de su hermano oscuro Tezcatlipoca, Quetzalcoalt yació con su hermana Quezalpetlatl. El pecado hizo que Quetzalcoalt abandonase el trono, para dirigirse a la tierra Roja, la tierra Oscura, la tierra de Fuego.

Quemó sus aposentos, enterró sus tesoros y partió con gran pena. En un lugar encontró a su oscuro antagonista, Tezcatlipoca, al que derrotó en un juego de pelota. Tras dejar tras de sí muchas señales y nombres de lugares, llegó, por fin, a donde se unen el cielo, la tierra y el agua.

Una versión nos dice que se hizo a la mar sobre una balsa de serpientes, pero otra que los ayudantes que quedaban construyeron una pira funeraria a la cual se arrojó, quemándose su cuerpo, pero su corazón al cabo de cuatro días, se transformó en el planeta Venus. Pero hay un acuerdo unánime en que volverá, con un séquito de rostro blanco desde el este para continuar gobernando, porque aunque Tezcatlipoca había sido el ganador, las mismas leyes de la destrucción de Tula, también habían determinado su restauración.

Quetzalcoalt que no había muerto, mora en la tierra de oro (situada bajo tierra), donde el sol permanece durante la noche, tierra a la que los hombres a través de sus lóbregos corredores pueden alcanzar, la tierra feliz, la habitación del sol gobernada por Quetzalcoalt.

Todo esto es, en muchos sentidos, parecido a las metáforas de los mitos de los héroes culturales del Viejo Mundo (por ejemplo, el mito de Osiris), con la sorprendente variante de Quetzalcoalt, que sacerdotes y astrólogos no podían identificar con nitidez. El año dentro del ciclo en el que volvería fue predicho por el mismo Quetzalcoalt y su signo era “un junco”. Los ciclos tenían lugar cada 52 años y se desconocía en qué ciclo debía volver.

Se da la circunstancia, que tanto influyó en los acontecimientos, de que el año en que Hernán Cortés llegó a México con su ejército de piel blanca fue precisamente el año “un Junco”.

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El mito en la Historia (VI).

Publicado por simbiotica en marzo 2, 2011

(De la obra del autor “Ciencia, filosofía, religión. Una visión armónica”)

“3. En este período se produce un hecho trascendental en la historia de la India: la entrada de los arios védicos (primos de los griegos homéricos, que en ese momento entraban en Grecia a través de los Balcanes), muy posiblemente descendientes de los Kurganes.

Con la llegada de estos arios se destruyó la civilización anterior, y durante un tiempo triunfaron los dioses masculinos de los nómadas sobre las diosas de las ciudades-estado. Esta edad heroica védica va desde el 1.500 al 500 a. C. y no existe apenas arqueología de la misma, ya que estos primeros indoarios, como los primitivos griegos , no construían en piedra ni tenían tradición alguna de la escritura. Sus libros: los sagrados Vedas, Brahmanas y Upanishads; y los épicos Mahabharata y Ramayana, se comunicaron oralmente hasta el siglo III a. C. cuando se escribieron.

4. Del 500 a. C. al 500 d. C. hubo una combinación gradual de la tradición védica y las anteriores drávida y harappa, hasta formar las grandes estructuras del hinduísmo moderno y el budismo medieval indio. Así, la India se convirtió, desde entonces, en la primera zona mitogenética del Oriente. Sus filosofías mitológicamente ilustradas y sus mitologías filosóficamente iluminadas se dirigieron hacia el norte y hacia el este hasta el Tibet, Mongolia, China y Japón y hacia el sur y este a Ceilán, Birmania, Camboya, Tailandia e Indonesia.

Las figuras principales fueron Gautama Buda (503-483 a. C.), el emperador budista Ashota (274-237 a. C.), el autor anónimo del hindú Bhagavad Gita, el emperador budista Kanishka (78-123 d.C.) -en su época se llevó la ley budista a China-, el filósofo budista Nagarjuna (200 d. C.) -creador de las enseñanzas paradójicas del “vacío total”, culminación de la historia de la especulación metafísica-, los artesanos anónimos del arte glorioso de los períodos hindúes maurya, andhara y gupta y los también anónimos sacerdotes y poetas de las tradiciones medievales hindúes purana y tántrica.

En conjunto, todo ello ha representado la más radiante visión de la humanidad de la armonía del ser.

Analicemos a continuación la siguiente y última difusión, la del nordeste, hasta los límites del Extremo Oriente.

1. El neolítico basal. El neolítico basal alcanza dicho Extremo Oriente cuando la Edad de Bronce estaba y en pleno florecimiento en Creta, Egipto y Mesopotamia. Existe una cerámica tosca, modelada a mano. Las viviendas se construyen a veces sobre pilares a lo largo de los ríos. El cereal básico era una especie de mijo, pero aún no aparecen señales de ganado, ovejas o cabras; perro y cerdo son los únicos animales domesticados. El cerdo en China y el Sudeste asiático continuó siendo importante incluso después de introducirse el ganado, así como en Oceanía.

El complejo neolítico basal alcanzó el Pacífico a través de China y Japón, y después se extendió al sur atravesando Formosa, Filipinas, las Célebes y las Molucas hasta Nueva Guinea y Melanesia, incluso hasta los primitivos australianos, y los citados andamaneses (Heine-Geldern).

Por toda la zona existen muchas señales de una temprana organización social matriarcal con sus chamanes y jefes femeninos, mientras que los motivos y rituales son la doncella inmolada y la diosa del fuego.

Nos encontramos, en general, con una escasez de material arqueológico que dificulta el conocimiento de la época, cuando repentinamente salió a la luz en el occidente de China un poderoso centro del neolítico superior, influido en gran medida por el impacto cultural de la zona europea del Danubio-Dniester.

2. El neolítico superior. El yacimiento más importante de todo el Extremo Oriente está en Anyang, en el extremo  nororiental del Honan. Se han descubierto tres estratos superpuestos de cerámica correspondientes al neolítico superior: la cerámica pintada del nivel Yangshao (2.200-1.900 a. c.), la cerámica negra del nivel Lungshang (1.900-1.523 a. C.) y la blanca y las vasijas de bronce para los sacrificios del nivel Shang (1.523-1.027 a. C.).

En la cerámica hay muchos elementos llevados desde la cuenca del Danubio-Dniester, como la doble hacha, la espiral y la esvástica, el meandro, los círculos concéntricos, etc.

Cerdos, ganado y perros y el mijo o trigo primitivo se encontraban en el complejo Yangshao.

La caza de cabezas también era una componente de la cultura bárbara de las estepas, y llegó, junto con el cerdo, las viviendas sobre pilares y los megalitos, desde occidente con la ola cultural llamada del Yangshao-Austronesia. En el Sudeste asiático encontró y absorbió un complejo secundario que implicaba la cultura del arroz y el carabao, y en las grandes rutas fluviales del Mekong, etc. se desarrolló una embarcación característica, la canoa con batanga, que llevó todo esto a Madagascar, y hacia el este hasta Islandia oriental e incluso más allá, pues los ritos básicos de los caníbales de Ceram, así como las flautas de Pan de Brasil y las islas Salomón, seguramente, fueron transportadas por esta ola cultural. La huella del centro específico de la isla de Java puede distinguirse con facilidad desde Madagascar a la isla de Pascua (quizás, el mismo Perú) y desde Japón a Nueva Zelanda.

3. La ciudad estado hierática. El Sol, como fuente de luz, el calor, y la sequedad representan en China a la fuerza positiva, masculina, el universo, el Yang, mientras que la Luna es el principio rector de lo húmedo, la sombra y lo frío, lo negativo, lo femenino, el Yin. Ambos, influyéndose  recíprocamente, origen del orden, el sentido, el camino, tao de todas las cosas que se presentan como un círculo girando siempre, mezcla de blanco y negro, de yin y Yang.

Bajo  el Sol y la Luna están los cinco planetas, asociados cada uno de ellos a un elemento: Mercurio es el planeta del elemento agua, y del norte; Venus del metal, y del oeste; Marte del fuego y del sur; Júpiter de la madera y del este y por último, Saturno, el del elemento tierra y del centro. En la India también hay una doctrina de los cinco elementos, que aquí están asociados a los cinco sentidos: el primero es el éter, elemento del oído; el segundo, el aire, elemento del tacto; el tercero, el fuego, de la vista; el cuarto, el agua, del gusto, y el quinto, la tierra, del olfato. Sin embargo, en Occidente solo se hablaba de cuatro elementos: el fuego, el aire, el agua y la tierra. No obstante, los tres sistemas provienen de la misma raíz.”

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El mito en la Historia (V).

Publicado por simbiotica en febrero 28, 2011

(De la obra del autor “Ciencia, filosofía, religión. Una visión armónica”)

“La difusión hacia el noroeste nos lleva hacia la isla de Creta.

La tradición cretense atestigua un regicidio periódico, o modificado, aproximadamente cada ocho años. La leyenda ateniense de la victoria de Teseo sobre el Minotauro al principio de la época de la tradición occidental humanística es un prototipo de la victoria nubia de Far-li-mas y la princesa Salí sobre los sacerdotes que tenían como función la de obligar al hombre a observar la revelación de Dios. Se aprecia una difusión desde Siria a Creta de los motivos de la cerámica de Halaf del toro y la diosa desnuda, la cruz de malta, la doble hacha y la tumba colmena. Y desde Creta, hacia el oeste, a través de Gibraltar a Irlanda de los motivos cretenses del laberinto y los enterramientos megalíticos.

Un segundo camino de difusión va por tierra, por los valles del Danubio y el Dniester, el primero llega al corazón de Europa (Alemania, Suiza y Francia) y el último al Báltico. Ya en el cuarto milenio a. C. la influencia del Creciente Fértil está cruzando el Cáucaso hacia el norte del Mar Negro, y penetrando en los Balcanes desde el Egeo.

Desde este momento empieza a desarrollarse una zona mitogenética secundaria de mucha importancia en el futuro, al noroeste del Creciente Fértil. Una vigorosa población de cazadores mesolíticos estaba incorporando ideas y nuevas técnicas desde los grandes centros del sur. Su estilo era el pastoreo no sedentario, acentuando la crianza de ganado y no la agricultura. El arco encima del Mar Negro (Bulgaria, Rumanía y Ucrania), y las tierras del Bajo Danubio, Dniester, Dnieper y Don eran su matriz, pero su influencia se ha seguido desde el ártico a los trópicos, y desde Irlanda hasta China.

La fecha de la difusión, 2.500-1.550 a. C., es casi la misma que la de las rutas marítimas desde Creta hacia el oeste y las tumbas megalíticas gigantes de Francia, España, Portugal, Escandinavia, Alemania e Islas Británicas.

En el mar Egeo, fue el gran florecimiento de las civilizaciones se la edad de Bronce, con Troya (Hissarlick II) como uno de los principales centros de comercio, con las flotas de las Cíclades y Creta como transportistas dominadoras del mar. Las rutas comerciales iban en busca del estaño de Transilvania (Rumanía) y Cornwall (suroeste de Inglaterra), el oro de Irlanda y el ámbar del Báltico.

El túmulo irlandés de New Grange es un monumento típico del período y señal dela difusión hacia el noroeste. Esta tumba es la mayor de varias existentes en la zona del río Boyne, asociada tradicionalmente con un personaje llamado Oengus. Originalmente toda su superficie hemisférica estaba cubierta de trozos de cuarzo que al brillar el sol podía ser visto desde una distancia de varias millas. Al final de un pasadizo vasto y estrecho hay una cámara con forma de cruz donde eran colocados los restos de los reyes, seguramente en urnas.

Las reliquias se perdieron en el año 861 a. C. cuando la tumba fue saqueada por piratas escandinavos. Se da la particularidad de que a la salida del Sol, una vez cada ocho años (leyenda local), puede verse la salida de la estrella de la mañana, arrojando su luz precisamente en el lugar de una piedra significativa que posee dos cavidades gastadas. (¿Huellas de un hombre arrodillado?).

En Irlanda, los túmulos se asocian con los pueblos duende, los poderosos Tuatha De Danann (pueblo de la diosa Danu), derrotados en una gran batalla a manos de los milesios (antepasados legendarios de los irlandeses, que se supone llegaron de Oriente Próximo desde España 1.000 años a. C.). Los Tuatha de Danann se retiraron de la superficie de la tierra a los “sid”, colinas encantadas, donde moran hoy día (los famosos túmulos).

Danu, también es Anu, diosa de la plenitud, y Brigit, diosa del conocimiento, la poesía y las artes.

Su culto continúa en la devoción irlandesa a Santa Brígida, en cuya capilla de Kildare, diecinueve monjas mantenían por turno el fuego sagrado, hasta que el día veinte “lo hacía la misma Santa”.

Según MacCulloch este viejo culto de la diosa del fuego debe haberse originado en un período en el que los celtas adoraban más a las diosas que a los dioses, con un sacerdocio femenino de cuyo culto los hombres estaban excluidos.

Otras figuras famosas de la tradición fantástica de los Sid son Aine, reina de las hadas; Morrigan, Neman, Macha y Bab, diosa de la batalla; las brujas, las hadas, las lavanderas del vado, los espíritus (que gimen y sollozan alrededor de una casa donde se cierne la muerte); y la Mujer Blanca, que ayuda a hilar. Entre los celtas y los antiguos galos se ofrecía una fiesta y un sacrificio por cada animal que se capturaba en la caza a una diosa asimilada por los romanos a Diana, jefa del “ejército furioso”, que en el futuro, iría a transformarse en la figura principal de las fiestas de las brujas. Su símbolo era un jabalí gigante.

La difusión hacia el sureste tiene su meta en la India.

En los años veinte de este siglo se produjo el descubrimiento espectacular de las ciudades arcaicas del valle del Indo anteriores a la llegada de los arios vedas: Mohenjo-daro, Chanchu-daro y Harappa. Su antigüedad se remonta al 2.500-1200 a. C., pero los niveles anteriores descubiertos en la India sugieren una base neolítica que, quizás, pertenezca al cuarto milenio.

Se distinguen cuatro estadios en las series hindúes.

1. Las culturas de aldea pre-Harappa de alrededor del final del cuarto milenio a. C., derivadas, a través del Irán, de la zona mitogenética de Mesopotamia, con un nivel notablemente más bajo que el de las ciudades estado hieráticas de Mesopotamia. El metal es casi desconocido, la arquitectura poco desarrollada y las industrias son la cerámica, el sílice y la concha. Hay un serie de estatuillas femeninas muy toscas asociadas con figuras de toro y con indicios de sacrificios humanos.

2. El níquel de Harappa de las tres grandes ciudades relatadas, que aparece de pronto, sin preparación, con una evidente inspiración de centros anteriores desarrollados en Occidente, aunque con señales de una tradición nativa hindú.

El profesor W. Norman Brown ha sugerido la existencia de un centro nativo hindú, bien en el sur o en la zona del Ganges-Jumna, donde debieran formarse los rasgos típicamente hindúes, desconocidos en ese tiempo en el oeste (se han encontrado sellos del período con figuras sobre tronos en postura de yoga). La presencia de serpientes en actitud de adoradores o protectores indica que el motivo de la serpiente-demonio (naga) ya ha sido desarrollado, sin duda a partir del tema del monstruo-serpiente del abismo (metáfora del dios Vishnu reclinándose sobre la serpiente cósmica que a su vez flota sobre las Aguas Cósmicas). Y es que la energía, apoyo y sustancia del Universo, es imaginada en la India en la figura de la serpiente, y el yogui es el dueño de tal poder, tanto interiormente, como exteriormente en el mundo.

El yogui, que aparece en los sellos citados sentado entre las bestias, lleva sobre la cabeza un tocado con una gran corona y dos inmensos cuernos, que se parecen, sorprendentemente, al símbolo del arte budista llamado de las “Tres Joyas” (que simboliza Buda, la doctrina, y la orden de los seguidores de Buda), que tiene forma de tridente. Shiva también tiene un tridente, que como sabemos es un atributo de Poseidón (Neptuno), dios griego de las profundidades marinas.

Otra miniatura del período es un torso de piedra de un bailarín en una postura que sugiere la del dios futuro Shiva bailando. La figura es itifálica, lo que concuerda con el carácter de Shiva como dios fálico y meditativo. Como también aparece una bailarina, con un hermoso desnudo, en este segundo milenio a. C., la danza del templo, una de las principales artes litúrgicas recientes de la India, ya se había desarrollado.

Como Innana, la reina del cielo que abandonó el cielo, la tierra y descendió al mundo inferior, convirtiéndose en la bailarina esclava de los dioses, en los sellos de la cultura Harappa hay uno que muestra la aparición de una diosa con un tocado de tres cuernos, y ante ella un adorador, lo que demuestra, junto con otras estatuillas femeninas de cerámica descubiertas en yacimientos de vivienda, una extensión del culto de la diosa desde Oriente Próximo. Sin embargo, también se han encontrado además de dichas imágenes una serie de símbolos sexuales sencillos, lingam y yoni (piedras con forma de cono o fálicas y circulares con centro agujereado), que continúan siendo los objetos de culto más comunes en la India, sobrevivientes de la tradición del Neolítico, y que normalmente se encuentran asociados específicamente con Shiva y la diosa Devi.

Entre los elementos e ideas importadas estarían la agricultura, el arte del sello, la cerámica policromada, la rueda, la metalistería, la agricultura cerealista, la ganadería y la ciudad estado hierática, las posteriores ideas hindúes del deber (dharma) y la rueda del renacimiento (samsâra), la montaña cósmica coronada con la ciudad de los dioses, los mundos subterráneos del sufrimiento y los superiores de bienaventuranza, el regicidio sacro, el toro y la vaca sagrados.”

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El mito en la Historia (IV)

Publicado por simbiotica en febrero 26, 2011

(De la obra del autor ”Ciencia, filosofía, religión. Una visión armónica”)

“4. Fase  de la ciudad estado hierática (3.500-2.500 a. C.). Que supone la aparición de las huellas culturales básicas de todas las civilizaciones desarrolladas que han florecido hasta hoy (escritura, rueda, calendario, matemáticas, etc.). Aquí termina la prehistoria y comienza la historia con la aparición de la escritura.

Toda la ciudad y no sólo el templo, se conciben como una imitación del orden cósmico sobre la Tierra. Una sociedad de especialistas altamente diferenciada, dotada de una gran organización, gobierna en todos los asuntos, según una concepción matemática inspirada en la Astronomía  basada en una especie de consonancia mágica que une en armonía el universo (macrocosmos), la sociedad (mesocosmos) y el individuo (microcosmos). El juego ya no es el de la danza del búfalo, sino el baile de las siete esferas, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter, Saturno, La Luna y el Sol, que son en sus matemáticas los mensajeros angélicos de las leyes del universo. Es decir, hay una ley, un rey, un estado, un universo. Más allá de las paredes de la pequeña ciudad estado estaba la oscuridad, pero dentro el orden deseado, el reflejo de algo proveniente del interior más profundo del hombre.

Además, en el simbolismo, también volvían a aparecer los primeros temas (el monstruo serpiente y el animal maestro) para producir un juego simbólico mucho más sofisticado, multidimensional, para ordenar las multifacéticas energías de la psique.

Hay pruebas claras de que el ritual llamado del “seguimiento a la muerte” (por ejemplo, de todos los miembros de la corte al morir el rey o la reina) era una práctica general social y religiosa, no sólo en las ciudades del Oriente Fértil, donde se produjo el paso trascendental del salvajismo a la civilización, sino también en cualquier parte donde fueron asentándose los primeros portadores de este nuevo “juego” del destino en su amplia y rápida conquista de nuevas tierras. Esta difusión de la influencia puede seguirse en las cuatro direcciones.

La difusión hacia el suroeste se dirigió al Sudán, y más al sur, en la zona de las ruinas del gran templo de piedra de Zimbabwe en Matabeland, el regicidio ritual se practicó hasta el año 1810. Los sacerdotes tras la consulta a las estrellas y al oráculo sagrado cada cuatro años, daban, regularmente, el veredicto de muerte para el rey. La primera esposa del rey debía estrangularle con un cordel hecho de tendón de pata de oro, en una noche de luna nueva. Aquella noche los sacerdotes llevaban el cadáver a una choza situada en la cumbre de una montaña, colocándolo sobre una plataforma bajo la que colgaba un gran saco de cuero. El primer día se extraían las entrañas del rey, arrojándolas al saco. En el segundo, el cuerpo se rellenaba con hierbas y hojas y se cosía. Al tercer día, se le abría el cráneo por la parte posterior, vaciándolo en el saco. Al cuarto día, se colocaba el cadáver en posición fetal, envolviéndosele en un paño de forma que sobresalieran el dedo pulgar y las puntas de las uñas. Más tarde se envolvía en la piel fresca de un toro negro con una marca blanca en la frente. Cada noche, a lo largo de todo un año, un sacerdote repetía el proceso de abrir la piel de toro y masajear la momia de forma que el líquido y los gusanos, así como los pulgares y las uñas de los dedos cayeran en el saco. Al año, otra vez en la luna nueva, la esposa favorita del rey (no la primera), era estrangulada desnuda y su cuerpo era llevado a una cueva sobre el lado oriental de la montaña, mientras el cuerpo del rey se llevaba al lado occidental. El rey y la reina (ya vestida) eran emparedados. Se sacrificaba a tres personas, se dejaba el saco allí y se sellaba la cueva, dejando una caña hueca que iba desde la cámara al mundo exterior. La caña se mantenía en observación por los sacerdotes hasta que un día el alma del rey salía por la misma en forma de gusano, abeja, lagarto, serpiente o algún pequeño dragón, tras lo cual se quitaba la caña, se sellaba el agujero y se hacían ofrendas con una periodicidad anual.

El área de la Gran Eritrea es la primera zona de difusión de la mitología del Creciente Fértil, porque un estrato cultural neolítico basal ha sido identificado con una antigüedad de 4.500 a. C. en el valle del Nilo, y en el Neolítico Superior, alrededor de 4.000 a. C., también el Neolítico había alcanzado Rhodesia del Norte, como revelan pruebas del carbono radiactivo. En Sudán (Napata) las edades del bronce y el hierro corresponden, respectivamente, al 750-744 y 397-362 a. C.

Los yacimientos egipcios más importantes fueron abandonados, pero en Tasa apareció una nueva raza con cultura del Neolítico Superior, los badarian. En la caza éstos usaban el boomerang, y sus huellas raciales sugieren la zona Gran Eritrea. Al ganado y a las ovejas, algunas veces se les daba enterramiento ceremonial, y los restos humanos miraban al oeste (puesta del sol) en vez de al este.

Los dientes de serpiente eran un fetiche para los merimde del Delta, mientras que para los badarian las bestias sagradas eran el toro y el carnero.

Sobre el badarian, aparece un segundo estrato, el amratiano, con cinco tipos de cerámica decorada con figuras y diseños geométricos que parecen proceder del Capsiense de África del norte y del este de España. Se observa un gran desarrollo del comercio.

A continuación aparece en el Delta la escritura jeroglífica, el calendario (en el 2.800 a. C.), la mitología del dios-sol Horus y el resucitado Osiris. Los barcos comerciales navegan a Creta, Siria y Palestina llevando las banderas arpón y pez.

La rueda apareció en Sumeria en el 3.200 a. C. y en Egipto 1.400 años después, porque el Nilo proporcionaba el mejor transporte posible.

El mito principal del Egipto dinástico era el de la muerte y resurrección de Osiris, el buen rey, hijo del dios-tierra Geb y la diosa-cielo Nut. Nació junto con su hermana-esposa, la diosa Isis. Ambos fueron los primeros en plantar trigo y cebada, recoger fruta de los árboles y cultivar vides, y anteriormente a ellos los hombres habían sido caníbales salvajes. pero el hermano de Osiris, Set, cuya hermana-esposa era la diosa Neftis, estaba celoso de su virtud y fama; construyó un bello sarcófago y por medio de engaños introdujo a su hermano Osiris en él y ayudado de setenta y dos conspiradores, clavaron el sarcófago, lo soldaron con plomo fundido, y lo arrojaron al Nilo, donde flotó hasta el mar.

Isis, buscó a su hermano en vano Nilo arriba y abajo, pero el féretro había sido arrastrado por la corriente hasta Biblos, en la costa fenicia. Inmediatamente creció un tamarisco a su alrededor, encerrando el precioso objeto en su tronco, y el aroma de este árbol era tan magnífico que hasta el rey y la reina, Melgart y Astarté -por supuesto, rey y reina divinos, realmente representantes locales de la mitología común de Damuzi e Inanna, Tammuz e Ishtar, Adonis y Afrodita, Osiris e Isis- descubrieron y admiraron su belleza hasta el punto de ordenar cortar el árbol y convertirlo en un pilar de su palacio.

Isis, como Deméter en busca de Perséfone, llegó a Biblos donde supo del maravilloso árbol. Esperó en un pozo la llegada de las doncellas de la reina, trenzó sus cabellos y derramó sobre ellos un magnífico perfume, que al olerlo Astarté, hizo llamar a Isis, tomándola a su servicio y haciéndola niñera de sus hijos. Isis reveló a Astarté su verdadera naturaleza, suplicándole le diera el pilar, y al retirar el sarcófago, cayó sobre él con un grito de dolor tan agudo que el hijo de Astarté murió en el acto. Las dos mujeres destrozadas colocaron el féretro de Osiris en un barco, abriéndolo Isis en el mar,

El barco llega al Delta del Nilo, lo descubre Set una noche de luna llena, en la que cazaba jabalíes, cortando el cuerpo en catorce trozos, que desperdigó, de forma que Isis nuevamente tuvo una ardua tarea de recuperarlo. Pero esta vez fue ayudada por su hijo pequeño Horus, que tenía la cabeza de un halcón, el hijo de su hermana Neftis, el pequeño Anubis, de cabeza de chacal, y la propia Neftis.

Anubis había sido concebido una noche muy oscura, cuando Osiris confundió a Neftis con Isis.

A las cuatro divinidades, las dos madres y sus dos hijos, se les unió una quinta, el dios-luna Thoth (con cabeza de Ibis, o como un babuino) y juntos encontraron a Osiris, excepto sus genitales, que se había tragado un pez. Envolvieron el cuerpo con apretados vendajes de lino y celebraron los ritos que más tarde se realizarían en Egipto en los enterramientos ceremoniales de los faraones. Cuenta el mito que ahora se sienta en la Sala de las Dos Verdades del mundo subterráneo, asistido por 42 ayudantes, uno de cada uno de los principales distritos de Egipto, juzgando a las almas de los muertos. Ellas confiesan ante él, pesándose sus corazones en una balanza que tiene una pluma en el otro platillo, recibiendo, según hayan sido sus vidas, el premio a la virtud o el castigo al pecado.

El mito es el mismo de la familia Damuzi-absu e Inanna (mesopotámico), pero aquí el animal simbólico no era el toro-luna, sino el cerdo, como en los rituales griegos de Perséfone y la melanesa Hainuwele. (Set descuartiza a Osiris en una noche que caza jabalíes).”

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El mito en la Historia (III).

Publicado por simbiotica en febrero 23, 2011

(De la obra del autor “Ciencia, filosofía, religión. Una visión armónica”)

El Magdaleniense es el período de los bisontes, del santuario de Tuc d´Andoubert, el chamán danzante de Trois Fréres, el trance chamánico y el sacrificio del bisonte de Lascaux, así como el sacrificio del oso de Montespan. La mitología de la Gran Caza está en su esplendor.

Pero los nuevos animales de un bosque intruso empiezan a aparecer (ciervo rojo, caballo del bosque, alce, corzo) y los grandes días de las llanuras van llegando a su fin. Los cazadores se están dirigiendo a ríos y mares (aparecen los arpones de hueso para la caza de la ballena y la foca). La estatura de los cazadores (del Cromagnon) disminuye y su capacidad craneana se reduce a la actual, 1500 centímetros cúbicos.

El oso y el león tienen su equivalencia en los ritos norteños del oso y en los africanos de leones-panteras, respectivamente, observándose una posible asociación entre ellos y el sol, el ojo solar, con el ojo que mata, el mal de ojo, así como con el animal maestro y el chamán. Y esta asociación, debe haber sido durante miles de años una de las ecuaciones mitológicas dominantes subyacentes a la magia de la caza durante todo el paleolítico.

Finalizando el paleolítico aparece el estilo capsiense-microlítico hasta aproximadamente los 10.000-40.000 a. C.

Se caracteriza por la aparición en escena de un tumulto de movimientos de pueblos , nuevas tecnologías, el perro de caza y vívidas formas de arte. Han aparecido el arco y la flecha, el perro de caza y vívidas formas de arte: arqueros cazando y luchando, bailarines, escenas de sacrificios, etc. Se aprecia unas atmósfera de la vida sobre la tierra, con los actos rituales de las distintas comunidades.

Las mujeres son importantes en las escenas, con amplias caderas y piernas muy bien plasmadas, con cuerpos esbeltos. Ya no es el chamán el vehículo del poder sagrado sino el propio grupo.

El corazón del nuevo estilo son las estepas de África del norte, que ahora es tan sólo un desierto, y la estación tipo es Capsa (Gafsa). en Túnez. Desde allí hay una difusión hacia el oeste y hacia el norte a través de España. (Los monumentos europeos del período se sitúan en el este de España).

El capsiense se extiende a través de todo el Africa del norte hasta el Nilo, el Jordán, Mesopotamia, India y Ceilán.

El artefacto característico del período es un pequeño pedernal geométrico, normalmente en formas trapezoides, romboides y triangulares, conocido como microlito. Éste se ha encontrado distribuido desde Marruecos, a las montañas de Vindhya, en la India, y desde Sudáfrica al norte de Europa. Sin embargo, con mucho, los más importantes yacimientos conocidos (además de los del Sureste de España) se encuentran en el Sahara, que desde la más remota antigüedad fue un gran parque y tierras de pastos con abundante caza. En los dibujos sobre las rocas se observan manadas de elefantes y jirafas, rinocerontes, avestruces, monos, etc., formas humanas gigantes con las cabezas de chacales o de burros, el león sobre una colina, tocados por el Sol, y después, hombres en posturas de adoración. con los brazos levantados, delante de enormes toros o ante un carnero con el signo del disco solar entre los cuernos.

Los natufienses de las cavernas del monte Carmelo (alrededor del 6.000 a. C.), eran gentes de este estilo capsiense.

La progresiva desecación del Sahara y la partida de allí de numerosa caza, durante el cuarto milenio a. C., hizo que los capsienses y su arte pictórico se trasladara hacia el sur, donde su influencia puede encontrarse en los diferentes estilos del sur de Rhodesia: escenas de caza de los bosquimanos de Basutolandia, la “Dama Blanca” de Damaraland (realmente, un rey-dios), y los curiosos murales de Rusafe, donde se celebra el regicidio sagrado, así como la resurrección del rey-luna.

De esta forma, entramos en el problema del sacrificio ritual, el amanecer del neolítico y los misterios del monstruo serpiente y la doncella.

En las regiones suaves de los trópicos dominadas por las plantas (no en las regiones de la Gran Caza), la parte femenina no estaba subordinada al hombre, sino que incluso podía establecer el modelo dominante de la cultura y mito. Esta es la fuerza que se presenta en el mito de la serpiente y la doncella, cuyos elementos básicos son: 1) la joven lista para el matrimonio (ninfa) asociada con los misterios del nacimiento y la menstruación, identificados con la fuerza lunar; 2) el semen masculino fructífero identificado con las aguas de la tierra y el cielo, e imaginado en la serpiente fálica parecida al agua, al relámpago, por la que la joven o doncella será transformada; 3) una experiencia de la vida como cambio, transformación, muerte y otro nacimiento.

La analogía de la muerte y resurrección con la disminución y el crecimiento de la luna, como el de las generaciones que pasan y surgen, así como ciertas experiencias de melancolía y éxtasis intrínsecas a la psique, han constituido como lo hacen hoy día, tanto una fuente de fascinación como de inspiración, para los miembros más clarividentes de la especie.

Este curiosos mito de la serpiente y la doncella es, casi con seguridad, el que produjo en la esfera mediterránea las leyendas de Perséfone y Eva.

Es extremadamente significativo que el Neolítico naciera casi exactamente en el punto donde se cruzaron el continuum cazador (desde la costa atlántica de África hasta las montañas de Persia) y el arco tropical de difusión primaria (desde Sudáfrica y África oriental, a través de Arabia, Palestina, Mesopotamia e Irán, hasta India y el Sureste asiático); a saber, el área llamada “El creciente Fértil”. Es muy posible que la idea de la domesticación pasara de una de las dos esferas a la otra, de los pastores a los plantadores, o al contrario; es decir, del encuentro de las artes semiprimitivas, protoneolíticas, del cultivo de plantas y el ganado.

El nacimiento de la civilización en el Oriente Próximo, coincidente con la aparición del Neolítico, tiene cuatro fases de desarrollo, que son las siguientes:

1. El Protoneolítico (7.500-5.500 a. c:) corresponde a la fase de los natufienses, que como hemos dicho es un avance del Capsiense. En la misma se produce la incorporación de la siega de cereales o hierbas a las provisiones de la caza. Si tanto animales o plantas estaban domesticados o no, el hecho es que ya se estaban matando cerdos, cabras u ovejas que después iban a constituir los animales básicos de corral de todas las culturas desarrolladas, y del mismo modo ya se estaba segando alguna variedad de cereal salvaje o primitivo.

Los primeros descubrimientos de sus restos aparecieron en las cavernas del monte Carmelo, en Palestina. Pero después han aparecido, también en Helwan (Egipto), Beirud y Yabrud, en las colinas kurdas del Irak.

2. El Neolítico Basal (5.500-4.500 a. C.). En el cual los cimientos de una economía de corral estaba bien establecida, y el nuevo estilo de aldea había empezado a extenderse desde la zona primaria. Los cereales principales eran el trigo y la cebada, y los animales domesticados el cerdo, la cabra, la oveja, el buey y el perro (ya presente en el Capsiense). También ya habían aparecido la cerámica como el tejido, así como las técnicas de carpintería y construcción de casas.

3. El Neolítico Superior (4.500-3.500 a.C.). Que ve a parecer los elegantes diseños geométricos de los estilos de cerámica Halaf, Samarra y Obeid.

En la cerámica de Halaf, de las montañas del Tauro (Toro) de Anatolia (Turquía) aparecen diferentes símbolos: la forma de una cabeza de toro asociada con estatuillas de la diosa y con figuras en barro de paloma, vaca, etc. La existencia de este tipo de estatuillas en el Auriñaciense, más al norte, en Ucrania, sugiere una conexión.

Sin embargo, los símbolos acentuados de la cerámica Samarra, con un área de localización al sur y este (Irán), al ser distintos, parece indicar que una serie de sistemas mitológicos habían sido atrapados en el vórtice de esta nueva zona mitogenética. La impresión es de una considerable mezcolanza de mitologías diferentes que estaban siendo sintetizadas y fusionadas por una nueva clase sacerdotal profesional. Pronto se unirían y fundirían, recompuestos en criaturas quiméricas como serpientes con cornamenta de toro, águilas con cabeza de león, etc., componentes de un nuevo mundo con mitos muy sofisticados.

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El mito en la Historia (II).

Publicado por simbiotica en febrero 19, 2011

(De la obra del autor “Ciencia, filosofía, religión. Una visión armónica”)

“Analicemos ahora la evolución de los mitos desde su primario origen paleolítico.

Alrededor de los 600.000 a.C. está ya presente la llamada crisis psicológica del “rapto”, la alegría en los movimientos de grupo que subyace tanto en el ritual como en la danza. Además existe el detalle del poste central, interpretado como el Árbol Cósmico unificador y sostenedor del mundo, al cual se debe dirigir, tanto el orden social como las propias meditaciones del individuo. Por último, el fuego de la libre acción imitativa, da nacimiento al arte, reflejado principalmente en el arte de la caza que indican los huesos de animales encontrados a su alrededor.

La primera prueba de la utilización de fuego apareció en la cueva pekinesa de Chokoutien, de manos del Hombre de Peking (Sinanthropus Pekinensis), contemporáneo del celebre Pitecantropo erecto de Java (hace unos 400.000 años).

En esta época el centro superior de la cultura humana seguía siendo África (cuna probable de su origen -últimamente se especula sobre el origen asiático-). La sociedad humana era ya una realidad cuando las hachas de mano del mundo habían empezado a convertirse en un producto uniforme.

El doctor Radcliffe-Brown ha estudiado en profundidad la cultura de los negritos pigmeos que viven en el archipiélago de Andaman, en la bahía de Bengala, unas 250 millas al sur de las últimas tierras de Birmania. Estos hombres tenían tal reputación de salvajes que los barcos los evitaban cuidadosamente. En esta islas existen cerdos, gatos de algadía y el lagarto monitor; de forma que había un excelente prototipo teriomórfico (subclase de mamíferos) del mitológico “señor de los tres mundos”. Los habitantes sobrevivieron hasta el siglo XX d.C. en el nivel cultural del 200 a.C. sin ser molestados, por lo que su estudio es sumamente interesante en la búsqueda de los orígenes de los mitos.

La conclusión del estudio indica que nos encontramos con la regla de la difusión y la regresión: neolítico regresivo junto con el gran mito neolítico de Venus y Adonis, Ishtar y Tammuz, ahora transformados por el principio de “land-náma” (“Bautizo de la Tierra” o “Conquista de la Tierra”. Asimilación por el pueblo inmigrante a su herencia importada del mito las características de una tierra a la que se ha llegado recientemente) en la señora Gato de Algalia y el Señor Lagarto Monitor.

Del estudio de esta cultura se obtiene la primera visión de la fuerza y función de los mitos y ritos. En momento de peligro se obtiene la primera visión de la fuerza y función de los mitos y ritos. En momento de peligro psicológico conjuran mágicamente las energías vitales individuales y de grupo para afrontar y sobrellevar los peligros. Según el profesor Radcliffe-Brown, los principales peligros del andamanés son los espíritus, los fantasmas de los muertos y los poderes ocultos que animan la naturaleza. Mientras que las fuentes principales de protección del individuo contra los peligros anteriores son los ritos y forma folclóricas, ceremoniales del grupo.

El cuadro de la cultura de los pigmeos del archipiélago de Andaman pudiera ser una norma posible para la sociedad de las primeras sociedades, seminómadas, recolectoras de alimentos y cazadoras de las zonas tropicales y semitropicales de la primera difusión paleolítica, sin embargo, alrededor del 200.000 a.C. la situación cambió cuando la vigorosa raza de neandertal penetró en las frías regiones del norte de la línea montañosa de Elburtz-Himalaya. Y es que la posesión del fuego y la idea de llevar pieles de animales para protegerse del frío hizo posible que las tribus de hombres pudiesen internarse en las tierras del norte, abundantes en caza mayor. La evolución cerebral había pasado de los 900 a 1200 centímetros cúbicos del tamaño del cerebro del Pitecantropo hasta los 1250 a 1725 cc. de la del Neandertal (la del hombre actual está entre los 1400 a 1500 cc.).

El valor y el vigor del hombre redundaron en gran ventaja para él. Sin embargo, el poder de la magia de las mujeres era reconocido y se consideraba un derecho. (En el rito de los pigmeos africanos citado por Frobenius, los brazos elevados de la mujer y el grito al sol eran fundamentales). Y es que los misterios naturales del nacimiento y la menstruación son tan convincentes como la misma muerte, conservándose hasta la actualidad tal como debieron ser en el principio, fuentes primarias de un temor religioso.

Se han descubierto pruebas de canibalismo ritual en una serie de cráneos de Neandertal encontrados en Kaprina y Ehrigsdorf, pues habían sido abiertos de una forma particular. También, los cráneos observados del contemporáneo javanés del Neandertal, el Hombre de Solo (Hombre de Ngangdong) habían sido abiertos de igual forma. Por último, el estudio de los modernos cráneos abiertos con propósito de sorber los cerebros, ejecutados por los cazadores de cabezas de Borneo demuestran exactamente la misma técnica.

¡Es extraordinaria la capacidad de sobrevivencia de los modelos culturales mucho más allá de los períodos correspondientes a las razas en las que aparecen por primera vez!

Los ritos asociados con los primeros cazadores de cabeza son un misterio, pero pudieron ser similares al de la adoración de la cabeza del oso, a la vista de lo observado en la gruta de cinco cámaras de Guattorí, cerca de San Felipe Circeo, de la costa de Italia, a unas ochenta millas al sureste de Roma sobre el cr´neo de un hombre de Neandertal. (Separación de la cabeza a la que se había practicado un agujero para retirar el cerebro, y el propio cráneo, colocado en el suelo de la caverna, rodeado de un círculo de piedras).

Se reconocen clásicamente cuatro divisiones del Paleolítico Superior -comprendido entre los 30.000 y los 10.000 a.C.: el Auriñaciense, el Solutrense, el Magdaleniense y el Capsiense.

El Auriñaciense es el período culminante de las estatuillas femeninas paleolíticas y el de los primeros grabados en roca y pintura. El arte es lineal y algo rígido.

Se han encontrado marcas de garra de oso cavernícola sobre las paredes de muchas cuevas, con lo que puede decirse que el Oso Maestro fue el “primer profesor” de este arte animal, puesto que donde él tocaba era un lugar adecuado para la magia animal y de los ritos de los hombres.

Las cavernas son el propio mundo subterráneo, el reino de los rebaños de dicho mundo, del cual proceden las manadas del mundo superior y al cual deben volver. Son el reino y sustancia de la noche, de la oscuridad y el cielo nocturno. Las mitologías del animal maestro y el chamanismo, el viaje al otro mundo a través de un enterramiento ceremonial, los ritos del umbral de los hombres, el renacimiento, y el baile enmascarados, son el origen de las liturgias de esta edad.

Las estatuillas femeninas indican que, igualmente, existía una mitología de la diosa, quizás complementaria al rito de cortar los dedos de los hombres (ofrenda de falanges).

La zona clásica de este arte de las cavernas es el suroeste de Francia y el norte de España, mientras que la de las estatuillas va desde los Pirineos al lago Baikal.

El Solutrense apareció en un período frío y seco, cuando las grutas protectoras fueron abandonadas por las praderas verdes que iban apareciendo, reemplazando a la tundra. El escenario se convirtió en un mundo de manadas que pastaban, atacados por bandas de cazadores nómadas. La caza del mamut estaba en su apogeo desde la Dordogne al Mississippi (El hombre ya había llegado a  América por el estrecho de Bering alrededor el 35.000 a.C.).

Ya no hay imágenes de la diosa en Europa Occidental, pero continúan siendo importantes en los amplios loes de Europa Oriental hasta el lago Baikal. Además, las estatuillas de Predmost en Moravia, Mezin en Ucrania y Mal´ta en Siberia guardan un gran parecido entre sí, lo que demuestra que el terreno de caza común tenía una gran extensión y se atravesaba libremente.

Entre los restos de esqueletos se hace presente la aparición de una nueva raza de hombres, provenientes del este, a través de Hungría y la cuenca del Danubio, bajando hasta la Dordogne, aunque el volumen de sus cráneos, 1.350 c.c., sugiere una cierta decadencia del nivel mental.

En la estación tipo del período, en Solutré (centro de Francia), se encontró el yacimiento de un gran campamento al aire libre abrigado al norte y expuesto al sol por la parte sur, con grandes hogares y restos de abundantes fiestas. Abundaban el ganado salvaje y los caballos, el mamut lanudo, el reno, el ciervo, el oso cavernícola y el pardo, el tejón, el conejo, el lobo, la hiena y el zorro, así como el chacal, equivalente exacto del coyote americano. Todos estos animales configurarían los cuentos animales del período, muchos, ya, con los papeles que juegan en la actualidad en los folclores de las tribus cazadoras, y aún en las canciones y sueños de nuestros niños.

A las verdes praderas, otro período frío y húmedo, dio paso en Europa a los bosques de pino. Las grandes manadas de ungulados se dirigieron al norte de Asia y tras ellos fueron muchos cazadores. Sin embargo, en las cavernas-templo de Francia y España se reconoce una firma continuidad, que une un nuevo período llamado Magdaleniense con el Auriñaciense, como si el Solutrense no hubiera sido más que un período pasajero.

Ahora, los animales representados muralmente están ejecutados con maestría, con líneas fluidas y rico colorido. Estamos ante un arte mágico. Sus manadas son manadas de la eternidad, más reales y más vivas que los animales de su tiempo. En Altamira, los grandes toros se encuentran en el techo, cual si fueran estrellas. La propia caza es una aventura celestial, y el ritual de la caverna es como su sacramento transustanciado.”

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El mito en la Historia (I).

Publicado por simbiotica en febrero 17, 2011

(Alejandro Álvarez Silva en “Ciencia, filosofía, religión. Una visión armónica”)

Nos dice Oswald Spengler en “La Decadencia de Occidente”: “En el conocimiento de la muerte, se origina la concepción del mundo que poseemos como seres humanos y no bestias”.

“El niño comprende súbitamente lo que es el cadáver sin vida, algo que se ha convertido en pura materia, puro espacio, y al mismo tiempo se siente a sí mismo como un individuo existente en un mundo ajeno más amplio. “Del niño de cinco años a mí sólo hay un paso. Pero del recién nacido al niño de cinco años hay una distancia inmensa”, dijo Tolstoi una vez. Entonces, en los momentos decisivos de la existencia, cuando el hombre se hace hombre y se da cuenta de su infinita soledad en el mundo, el temor al mundo se revela por primera vez como el temor esencialmente humano en presencia de la muerte, el límite del mundo iluminado, espacio rígido. También entonces se origina el pensamiento superior como meditación sobre la muerte”.

“Todo aquello de lo que somos conscientes, sea cual fuera la forma en que se aprehendan -”espíritu” y “mundo”, vida y realidad, Historia y Naturaleza, ley y sentimiento, Destino o Dios, pasado y futuro o presente y eternidad- tiene para nosotros un significado aún más profundo, un significado definitivo. Y la única forma de expresar de forma comprensible lo incomprensible debe ser una especie de metafísica en la que todo tenga significado como símbolos”.

El estudio comparativo de los mitos del mundo nos hace vislumbrar la historia cultural de la humanidad como una unidad. Temas como el robo del fuego, el diluvio, el nacimiento de la madre virgen, el héroe resucitado, etc., aparecen por doquier, como los elementos de un caleidoscopio, pocos pero siempre los mismos. Y es que parece como si el hombre no pudiera sostenerse en el universo sin creer de alguna forma en la misma herencia general del mito. De hecho, la plenitud de su vida aparece, incluso, estar en relación con la profundidad y amplitud no del pensamiento racional sino de la mitología local. Los mitos se nos presentan, pues, como liberadores de energía, impulsores de vida y acaso rectores de la misma, de una forma inconsciente, por encima de nuestras mentes racionales.

En 1816 Franz Bopp publicó un estudio comparativo del sistema de conjugaciones del sánscrito, griego, latín, persa y germánico. A mediados de siglo quedó claro que en la mayor parte del mundo civilizado se podrían identificar gran cantidad de lenguas estrechamente relacionadas, que debieron surgir de una sola fuente: la llamad lengua indogermánica o indoeuropea. Desde Islandia a la India (Exceptuando las lenguas estona, finlandesa, lapona, magiar y vasca) se ha descubierto una continuidad, no sólo en las lenguas, sino también en las civilizaciones, religiones, mitologías, etc., (por ejemplo, el panteón griego, los eddas de Islandia y el Olimpo de los griegos). Pero pronto se supo que mucho de lo que se había considerado invención de esta cultura indoeuropea, en realidad provenía de las culturas más antiguas del antiguo Egipto, Creta y Mesopotamia.

En 1898 Leo Frobenius anuncia un nuevo enfoque en el estudio de las culturas primitivas a través de su “teoría del área cultural”, donde identificaba un continuum cultural primitivo que iba desde el África Occidental Ecuatorial hacia el este por la India, Indonesia, Melanesia y Polinesia, a lo largo del Pacífico hasta la América Ecuatorial y la costa noroeste. Interpretación totalmente contraria a la del “desarrollo paralelo” o “psicológico” de Brinton, Bastion, Tylor y Frazer.

Las orientaciones e investigaciones del filósofo Wilhelm Wundt (1832-1920) y del profesor de anatomía patológica Jean Martín Charcot (1825-1893) prepararon el camino, que seguirían la ciencia del inconsciente de Freud (Tótem y Tabú) y Jung, hacia los campos de la religión, la prehistoria, la mitología, etc.

Para Thomas Mann, “el mito es el fundamento de la vida, el esquema inmemorial, la fórmula piadosa en que fluye la vida cuando éste reproduce sus rasgos fuera del inconsciente”.

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El concepto estético de Schiller (y II).

Publicado por simbiotica en febrero 13, 2011

(De la obra del autor “Ciencia, filosofía, religión. Una visión armónica”)

“El mismo impulso que, aplicado a su pensamiento y a sus actos, debería conducir al hombre a la verdad y a la moralidad, al estar inmerso en el instante y en lo particular, no da origen, ahora, a otra cosa que a inquietud y temor, ambos efecto de la razón y no de la sensibilidad; pero de una razón que ha equivocado el objeto, imponiéndose directamente a la materia.

Schiller nos dice que la fruta de este árbol son todos los sistemas categóricos que prometen la felicidad, ya sea al día presente o a la vida eterna. Para él, una duración ilimitada de la existencia y bienestar, sólo por dicha existencia y bienestar, es un mero ideal forjado por la apetencia, exigencia que sólo puede ser planteada por un mero animal, aspirante a lo absoluto. Esta actitud no gana nada para su humanidad, sino por el contrario, sale perdiendo además la feliz limitación del puro animal, la pérdida del presente, en aras de su aspiración a lo absoluto, sin buscar en esa lejanía ilimitada otra cosa que el presente.

Para Schiller la contemplación (o reflexión) es la primera relación liberal del hombre con el mundo en el que vive. Mientras que el apetito aprehende directamente a su objeto, la contemplación aleja el suyo de sí, protegiéndolo de la pasión, pasando así dicho objeto a ser su propiedad verdadera. “La necesidad natural que dominaba absolutamente al hombre en el puro estado sensible, lo abandona en la reflexión, una paz momentánea se apodera de los sentidos, el tiempo mismo, lo eternamente cambiante, se detiene, mientras se concentran los dispersos destellos de la conciencia y un reflejo de lo infinito, la forma, proyecta su luz en el efímero fondo. Cuando se hace la luz en el hombre, ya no hay más noche fuera de él, cuando alcanza la serenidad, se aplaca también la tormenta del universo, y las fuerzas naturales en pugna encuentran la calma entre límites permanentes”.

Nos sigue comentando Schiller que no es extraño que los poemas fundacionales hablen de ese gran suceso interno del hombre como si de una revolución se tratara, representando al pensamiento que triunfa sobre las leyes del tiempo. El hombre pasa de ser un esclavo de la naturaleza, cuando sólo siente, a ser su legislador, tan pronto como empieza su pensamiento. El hombre supera cualquier horror de la naturaleza, tan pronto como es capaz de darle forma y hacerle su objeto. Los dioses se desprenden de sus máscaras fantasmales. El dios monstruoso de Oriente, adopta en la fantasía griega el perfil de la humanidad; los titanes caen, y la fuerza infinita aparece dominada por la infinita forma.

Para Schiller, la belleza es obra de la contemplación libre, y con ella se entra en el mundo de las ideas, sin abandonar por ello el mundo sensible, como ocurre con el conocimiento de la verdad. En el deleite que nos proporciona el conocimiento, se distingue el paso de la actividad a la pasividad, y se aprecia claramente que la primera acaba cuando aparece la otra. Con la belleza no puede distinguirse esa sucesión entre la actividad y la pasividad, reflexión y sentimiento están tan fundidos que creemos estar sintiendo directamente la forma. La belleza es un objeto para nosotros, porque la reflexión es la condición por la que tenemos una sensación de belleza. La belleza es forma porque la contemplamos, pero es a la vez vida, porque la sentimos, o sea al mismo tiempo estado y acto. Al ser ambas cosas, la pasividad no excluye la actividad, ni la materia la forma, ni la limitación la infinitud. Schiller nos continúa diciendo que no podemos generalizar nuestros placeres sensibles porque no nos es posible generalizar nuestra individualidad. Los placeres del conocimiento los disfrutamos únicamente en tanto especie, habiéndose apartado de nuestro juicio todo rastro de individualidad. Sólo la belleza la disfrutamos a la vez como individuos y como especie.

El bienestar sensible únicamente puede hacer feliz a una persona, pues está fundado en la apropiación de una sola cosa, lo cual equivale a la exclusión de todas las demás; pero sólo puede hacer a ese individuo parcialmente feliz, porque no interviene su personalidad. El bien absoluto sólo hace feliz bajo unas determinadas condiciones, que pueden suponerse para todos los individuos, pues la verdad es el premio de la abnegación, y tan sólo los corazones puros creen en la voluntad pura.

La belleza es la única capaz de hacer feliz a todas las personas, pues todos los seres olvidan sus limitaciones al experimentar su mágico poder. Pero, ¿existe algún Estado de la belleza? y si existe, ¿dónde está? Para Schiller se encuentra en toda alma armoniosa, o acaso en algunos círculos escogidos, que no se “comportan imitando estúpidamente costumbres ajenas a ellos, sino siguiendo su propia y bella naturaleza; allí donde el hombre camina con valerosa sencillez y serena inocencia por entre las más grandes dificultades y no necesita herir la libertad de los otros para afirmar la suya propia, ni renunciar a la dignidad para dar muestra de su gracia.”

(Obra de referencia: “Kallias. Cartas sobre la educación estética del hombre”)

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