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Hacia una simbiosis entre Ciencia y Filosofía.

Archivos de la categoría ‘La alfombra mágica’

Ensayo filosófico

Nuevamente el vacío: ¡La alfombra mágica! (y II)

Publicado por simbiotica en febrero 4, 2008

Nuevamente el vacío: ¡La alfombra mágica! (y II)

Los astrónomos Bernard Carr y Martin Rees descubrieron que la existencia de estructuras complejas depende muy sensiblemente de las constantes fundamentales que determinan la escala de los fenómenos físicos.
Según el astrofísico Brandon Carter una variación de una parte en 10 elevado a 40 entre la gravedad y el electromagnetismo en el interior de las estrellas desencadenaría una catástrofe en las mismas.
Otro ejemplo, un pequeño incremento en la intensidad de la fuerza nuclear fuerte hubiera causado que todos los núcleos del hidrógeno en el universo se hubieran consumido en el Big Bang.
El indudable atractivo del modelo del universo inflacionario parece desacreditar otras posibilidades, que a veces asombran por su extrema sencillez. El problema principal solventado por la inflación se refiere al de la curvatura plana que se presenta en el universo, que equivale a igualar la intensidad energética del universo y la densidad crítica. Pues, este problema dejaría de ser tal si se apunta la posiblidad ya propuesta por Newton de un universo infinito, en el que, por tanto, no existiría centro ni punto privilegiado; la atracción sobre cada masa situada dentro de dicho universo provendría de todas partes con lo que se anularía sus efectos (curvatura plana). En un sistema en el que no pudiera definirse origen de coordenadas (cual ese espacio infinito), la misma ecuación cosmológica einsteniana no podría definirse, es decir, no podría aplicarse la ecuación de Einstein, puesto que ésta solo está definida cuando sí puede establecerse dicho origen de coordenadas; tal es el caso de un astro, galaxia, etc. La relatividad general podría aplicarse, entonces, a cualquier conjunto parcial del universo, pero no con carácter cosmológico.
Si el universo global estuviese constituido por nuestro universo conocido (supuesto infinito) y otro opuesto, para el que a la explosión (o expansión) en el primero correspondiera una implosión, dicho conjunto daría explicación de cuanto acontece, lo mismo que la combinación de la inflación con el Big Bang clásico. En este modelo, la expansión de nuestro universo finalizará cuando la implosión en el otro provoque la máxima densidad energética, transformándose la implosión en explosión por un efecto de “rebote”. En ese momento nuestro universo empezará la fase de implosión, produciéndose el mismo proceso que en el otro universo. De esta forma, los ciclos de explosiones e implosiones (Big Bang y Big Crunch) permanecerían por siempre.
Las condiciones precisas originales del universo a su creación, según las corrientes científicas más difundidas, estarían basadas en las propiedades específicas del vacío, que nunca podría identificarse con la nada clásica. En el modelo propuesto, el universo, sí parte de la nada, y su subsiguiente transformación en los contrarios y el tiempo. A nuestro universo le correspondería ese vacío tan especial, compensado por el otro vacío, también especial, del universo opuesto. Esas condiciones del vacío que postulan las teorías de la gran unificación con sus campos de Higgs, harían posible la aparición de todas las partículas y fuerzas previstas en el modelo estándar de la gran explosión.
La Criatura Suprema sí tiene una intervención decisiva en cuanto a la edificación de las leyes físicas que poseen en su seno la posibilidad de la existencia de ese vacío tan especial, que encierra en sí mismo potencialmente todo el abanico del despliegue de la materia, las galaxias y la misma vida, una maravilla de precisión y posibilidades al que hemos llamado “la alfombra mágica”.

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Nuevamente el vacío: ¡La alfombra mágica! (I)

Publicado por simbiotica en febrero 1, 2008

Nuevamente el vacío: ¡La alfombra mágica! (I)

El vacío que aparece en el análisis de la teoría cuántica de campos es un hirviente caldo de cultivo de partículas virtuales. O sea, el vacío no es inerte, sino lleno de energía y vitalidad. Por ejemplo, aún cuando un electrón esté en reposo, es asaltado continuamente, de todos los modos posibles, por otras partículas del vacío.
La unificación de las cuatro fuerzas fundamentales de la naturaleza, la fuerte, la electrodébil, la electromagnética y la gravitatoria, requería de una drástica revisión de la naturaleza física del vacío. Según ésto, la energía del vacío podría disponerse de varios modos, es decir, podría excitarse y aportar un cierto número de estados de muy distintas energías. En las grandes teoría unificadas, el abismo entre la energía menor y mayor es extraordinariamente amplio. Además de estas enormes diferencias de energía, los estados del vacío presentan enormes cambios de presión, pero todas las presiones son negativas (equivalentes a la “antigravedad” o “fuerza de repulsión cósmica”, propuesta por Einstein como término opcional que aparecía de forma natural en sus ecuaciones cosmológicas). O sea, el vacío cuántico se comporta exactamente como el medio responsable de la repulsión cósmica, pero con una fuerza repulsiva considerablemente mayor (10 elevado a 120 mayor) que la que requerían las ecuaciones de Einstein para su universo estático.
Así, se supone que el universo se encontraba en un estado excitado de vacío (el “falso” vacío), lo que originó una inmediata expansión de proporciones colosales. (Una hiperexpansión, que crece a un ritmo exponencial). A este tipo de expansión desbocada se ha denominado “inflación” (Guth). A ésto se denominó la fase inflacionista del Big Bang.
Al acabar dicha fase inflacionaria desapareció la fuerza de repulsión (no estamos considerando aún la expansión cósmica debida a la energía oscura descubierta en la última década), quedando el universo bajo el control de la gravedad conocida, aunque sigue expandiéndose gracias al impulso proporcionado por la inflación, claro está, a un ritmo progresivamente decreciente (y fue realmente así en los primeros miles de millones de años).
En resumen, según esta teoría inflacionaria, el propio espacio vacío estalló bajo el poder de repulsión del vacío cuántico. (Posteriormente se creó la materia y la antimateria, al ir enfriándose el universo desde los 10 elevado a 27 grados Kelvin iniciales).
Debido a la naturaleza de la expansión exponencial, la energía explosiva ajusta automáticamente el valor necesario para dar exactamente el valor que corresponde a un universo que escapa de su propia gravedad. (Si la velocidad de escape y la de expansión hubiesen diferido en menos de 10 elevado a menos 18 en el primer segundo de su vida, el cosmos se hubiera hundido ya hacia el centro, o se hubiese dispersado hace mucho tiempo).
En cuanto a la uniformidad en gran escala del universo, cuando las regiones del espacio se expanden por factores de 10 elevado a 50 (inflación), cualquier desorden que hubiese existido antes de la misma se hace insignificante.
Vemos, pues, que para el físico actual el vacío está muy lejos del concepto clásico de la nada, puesto que éste es “una buena parte del mismo universo físico”.
Según esta ideas, todos los rasgos fundamentales del mundo físico surgieron de forma automática como consecuencia de las leyes de la Física. La Ciencia, pues, explicaría el mundo, pero ¿cómo explicaremos la Ciencia?

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La importancia del presente en la autocreación del ser.

Publicado por simbiotica en enero 25, 2008

La importancia del presente en la autocreación del ser.

En primer lugar, estrictamente, el presente no parece existir, puesto que su simple definición requiere un tiempo (no es un simple instante de duración cero, como podría suponerse desde un punto de vista físico), ya que, incluso al pronunciar PRESENTE, como tiene tres sílabas, si estamos vocalizando la sílaba SEN, la sílaba PRE ya ha pasado y la TE, aún es futuro. Hay, pues, una incapacidad de origen al precisar qué es ese presente.
Y es que el presente es un concepto algo vago que se intuye en relación con “el actuar”, con la acción (Fichte). Todo ello es consecuenia de la clara relación que existe entre lo que llamamos en jerga televisiva “el directo” y ese presente o “marco” donde “se puede” actuar. La característica propia del presente es “el vivo” (también palabra televisiva), aquello que se está “realizando” en ese momento, o sea, “una acción en un marco determinado”. (Y digo en un “marco”, porque ese marco está configurado tanto por un momento, como por un espacio concreto, por ejemplo, me viene a la cabeza el hecho de que lo que sucede en una estrella inaccesible -lejanía en el espacio, o lugar diferente al del desarrollo de la acción- nos es del todo indiferente, a efectos prácticos, para nuestro presente actual). Luego el presente es ese “tiempo” caracterizado por el “desarrollo” de la acción. Si no existiera acción el presente dejaría de tener una importancia singular, sería, simplemente, una secuencia dentro de una “historia”, de forma que ni siquiera nos hubiera hecho falta elaborar dicha palabra.
Hay una observación relevante al caso, y es lo que acontece cuando el realizador de cualquier programa televisivo, singularmente, “introduce” en nuestro presente lo que estamos llamando “el directo” de lo que está sucediendo en otros lugares. Con ello, nuestra realidad se ve alterada, no sólo por eso que está aconteciendo en esos lugares, y que podemos prejuzgar como la simple realidad, sino por el criterio de ese realizador. El resultado es la alteración de nuestra realidad por la modificación de nuestro presente. Vemos, pues, que los modernos medios de comunicación, en especial la televisión con su fantástica potencia audiovisual, crean nuevos “presentes”, nuevas realidades que no son más que nuevos mundos. (Como resultado, aquello que antes no contaba en nuestro presente por su lejanía, ahora sí cuenta, pero tamizado por la visión del realizador; se configura, pues, una nueva realidad distinta a la que teníamos antes -nuestro propio presente-, y a la que tienen los habitantes de los distintos escenarios donde se ddesarrolla la acción).
Dada la universalidad de todos estos modernos medios de comunicación, la realidad que vislumbramos cada uno de los seres que poblamos este planeta, va siendo más y más uniforme, en cierto modo nos va “uniendo” en una red mundial (parecida a la Noosfera del filósofo Teilhard de Chardin). Se atisba, pues, al final, una especie de criatura “montada” sobre estos medios (dominadora de los mismos) capaz, suficientemente sofisticada, de controlar todo nuestro ámbito, toda nuestra Tierra. Es fácil imaginar, entonces, un Ser, un Superhombre, heredero de todos nosotros, ante el cual, quizás, sólo seamos una pieza del pasado, una célula en su organismo, o en su “Cuerpo”. Dicho Ser guardaría en su memoria hasta los sentimientos más íntimos vividos por nosotros mismos.
La acción, el presente, la realidad… gracias a ellos se crea nuestra naturaleza. La esencia subjetiva de nuestra naturaleza va “llenándose” de esta realidad por intermedio del presente. La universalidad antedicha va transformándose en la “unicidad” posterior del Cuerpo Místico de la Criatura Suprema.

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EL PAPEL DEL INCONSCIENTE EN LA FORMACIÓN DEL SER ( y III)

Publicado por simbiotica en diciembre 3, 2007

EL PAPEL DEL INCONSCIENTE EN LA FORMACIÓN DEL SER (y III)

La complejidad cortical del cerebro humano permite la imbricación entre la consciencia de lo externo y la de su propia interioridad. Las continuas relaciones entre lo exterior a sí y su “mismidad” crecen, hasta llegar a un momento crucial, misterioso y fantástico en que una chispa de su mente le hace comprender, de una manera consciente, su propia realidad. Entonces, en dicha criatura se produce una dualidad entre los sentimientos originales (naturaleza animal) de su principio de conservación y el sentimiento de una libertad que acaba de nacer dentro de sí, una libertad que le hace apetecer y sentir “algo” distinto al simple placer, un nuevo sentimiento que, tal vez, sea el amor en todos sus diferentes matices y formas.
En el texto de referencia (Ciencia, Filosofía, Religión. Una visión armónica), en “La armonía al descubierto”, se dice: “La asunción de la propia naturaleza tiene características de verdadera “creación propia” de dicha naturaleza. Es cierto que la Evolución ha desarrollado el cuerpo que nos sustenta y que supone la potencialidad necesaria para el paso del umbral de la conciencia, pero éste no es la “naturaleza” de que hablamos. La “naturaleza” propia es un “ente inmaterial” construido a caballo del tiempo y fuera de él. Cada acción volitiva en cuanto a la parte de asunción de nosotros mismos, con su componente de dolor, placer y trabajo que conlleva puntualmente, en cada momento presente, “crea” nuestra naturaleza. Y es ella misma, con la unicidad que le proporciona su “mundo” del inconsciente, la que “actúa” en cada uno de nuestros actos”.
Y más adelante, continúa: “El sentido del universo material es el de la transformación de la Nada original en los distintos seres creados a lo largo de los ciclos evolutivos (si se supone el universo como una serie de ciclos de explosiones e implosiones -Big Bang y Big Crunch-). Los diferentes “componentes” de esa Nada son “sacados” del universo a través de la asunción de su propia naturaleza “autocreada”, por medio del “impulso” de Dios.
Los aspectos internos (subjetividad) y externos (objetividad) que acompañan a todo ser vivo son dos formas de definir el “fenómeno” que supone la realidad.
Ambos aspectos son reflejo de la dualidad que representa la imperecedera “unicidad” del ser y la variablidad manifiesta de su apariencia exterior, como simbiosis de una criatura definida tanto sobre el mismo tiempo como fuera de él.
La propia naturaleza del ser es una construcción hacia sí mismo, sólo alcanzable por la subjetividad. La información externa, motor de la Evolución, es la única realidad objetiva reconocida por la “Ciencia”.

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EL PAPEL DEL INCONSCIENTE EN LA FORMACIÓN DEL SER (II)

Publicado por simbiotica en noviembre 30, 2007

EL PAPEL DEL INCONSCIENTE EN LA FORMACIÓN DEL SER (II)

Es fácil confundir consciencia con inteligencia, mas no olvidemos que el inconsciente puede ser muy inteligente.
Como para la comunicación “extrasensorial” debemos acudir al inconsciente, lo que equivale a salir hacia afuera de nosotros mismos, perdiendo nuestro sentido de lo real (lógica espacio-temporal conocida), en cierta forma parece un contrasentido abandonar aquello que tanto ha costado, la consciencia, para volver a la inconsciencia.
Se nos imagina que, tal vez, este tipo de inconsciencia “posterior” y siguiente a la consciencia no sea del mismo “orden” que la primitiva. Quizás, sí goce de las mismas prerrogativas que la inicial o primitiva, pero, aparte debe existir otra diferencia de matiz que represente realmente una evolución en la perfección. ¿Habría que buscar esa diferencia de matiz en una nueva facultad emergente cual el amor?
El amor, que no sea hacia sí mismo, es lo contrario que adivinamos en una criatura egoísta (encerrada en sí). Parece que una condición necesaria para ese amor es la “apertura” hacia afuera, hacia el campo ampliado del inconsciente, por eso, la inconsciencia posterior a la consciencia ¿no sería una condición necesaria para el ejercicio de ese amor?
El inconsciente primitivo tendría naturaleza, pero no verdadera libertad. La libertad verdadera se crearía al constituirse el “yo”.
A partir del logro de la conciencia es posible ya el ser provisto de naturaleza y libertad (la criatura humana).
La supuesta ausencia del “yo” animal, que no la naturaleza y unicidad que alienta a todo ser vivo, nos hace preguntarnos: ¿Qué ocupa el lugar del “yo” en el animal?, o, acudiendo al símil del hipnotismo, ¿quién hace las veces del hipnotizador en este caso?… Es interesante, antes de seguir, apuntar la posibilidad de “influencia” humana sobre dichos animales, a través de algún método, para orientarles o guiarles en algún sentido determinado.
El “pseudo-yo” animal o eje de su jerarquización estructural psíquica, quizás resida en el principio de conservación; aparte de este sentimiento (instinto) básico que anida en sus entrañas, el animal no debería sentir o ser consciente de su propia naturaleza, es decir, de sí mismo (esta ensayo fue escrito por el autor en el año 2000). Los distintos sentimientos del animal le parecen ajenos a su capacidad de elección (consciencia de lo ajeno, no de sí mismo).

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EL PAPEL DEL INCONSCIENTE EN LA FORMACIÓN DEL SER (I)

Publicado por simbiotica en noviembre 25, 2007

EL PAPEL DEL INCONSCIENTE EN LA FORMACIÓN DEL SER (I)

El hecho de que las rutinas acaben siendo inconscientes, nos hace imaginar que gran parte del inconsciente en el pasado ha sido consciente. Es decir, a lo largo de un proceso temporal el inconsciente se habría incrementado a costa de antiguas rutinas inicialmente conscientes. ¿No tendrá que ver algo el hipnotismo con esto?… Y es que este último nos hace ser conscientes, o estar pendientes del “objeto” indicado por el hipnotizador, olvidando todo lo demás, a veces, al parecer, hasta el sentimiento de nosotros mismos, de nuestro “yo”. ¿No sería el animal una especie de ser hipnotizado, despierto para la acción pero, sin embargo, no consciente de sí mismo, o sea, de su propia naturaleza?
La critura humana ha logrado el más fundamental hito: “Encontrarse a sí mismo”. El hombre aparece instalado en su “mismidad”, quizás demasiado cómodamente, pues se ha acostumbrado a olvidar muchos de los campos de su actividad consciente para trasladarlos a su inconsciente. El inconsciente se muestra, en multitud de ocasiones muy inteligente, como reflejo de aquellas antiguas actividades otrora perfectamente ensayadas y estudiadas en el pasado por la consciencia.
Pero, ¿el inconsciente engloba sólo recuerdos de un “pasado” consciente, o acumula, también, aspectos que proceden de otras esferas? ¿Quizás del futuro?
Creemos que el inconsciente es nexo de unión entre una conciencia sometida al reinado espacio-temporal físico o material y el universo sin límites fuera del espacio y el tiempo. El inconsciente abre a la consciencia la posibilidad de escudriñar en un universo que le es extraño y desconocido: el universo de lo inmaterial o espiritual.
Las criaturas inmateriales se comunican de una forma no física, en este sentido podríamos hablar de “extrasensorial”, aparte, por supuesto, de la sometida a los sentidos, única que puede “comprender” nuestra consciencia espacio-temporal. Esta comunicación fuera del tiempo (del espacio-tiempo) está en el dominio del inconsciente, por ello la información obtenida por esta vía no puede ser usada o manejada conscientemente. (Un método útil para obviar este inconveniente, sería relajar dicha consciencia de forma que nos olvidáramos de nosotros mismos, por ejemplo).
La conciencia, fantástico adelanto de la naturaleza, es un inconsciente replegado sobre sí mismo, que en vez de fijarse fuera lo ha hecho “dentro” de sí.

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SOBRE EL “YO” Y LA CONCIENCIA (y II)

Publicado por simbiotica en noviembre 20, 2007

SOBRE EL “YO” Y LA CONCIENCIA (y II)

Existe una ley de obtención del máximo de emociones positivas al “sentir” a los demás seres; así se explicaría la Evolución (por supuesto, aparte del azar).
Al conocerse a sí mismo (a través de “lo otro”), el ser se convierte en sumidero de sí mismo, sintiéndose, entonces, a sí mismo.
Un mismo ser (naturaleza) actúa toda la vida: ser nacido de la variabilidad de la materia. Es decir: ser único, naturaleza única, pero cuerpo múltiple (variable).
La mente sirve para discernir y analizar los problemas, pero no decide; quien decide es el “alma” (naturaleza). Ahora bien, el alma se creó al decidir.
Un consejo muy importante en cuanto a nuestra forma de actuar: “Hagamos aquello que nos conduzca a lo que queremos ser, y no hagamos, tan sólo, aquello que “sentimos”. (Los sentimientos son útiles en cuanto que nos dan información de las cosas).
El “poso” del conocimiento evolutivo “obtiene instintos”. El “querer” conocer conduce a Dios.
Y nuevas formas de conducirnos en nuestra vida. Debemos romper la ignorancia en lo divino, pero, ¿cómo se progresa en esa dirección? Hay libertad para “querer” más o menos buscar a Dios. Aquí reside todo el significado profundo de nuestra vida.
El ideal consiste en renunciar a cada una de las parcelas del “yo” propio (sentimientos animales), sustituyéndolas por el “instinto” de amar a Dios. Pero, es fundamental no renunciar nunca a nosotros mismos sin previamente ofrecernos a Dios (la renuncia propia es un “abrirse” al camino que brota de nuestras entrañas en la dirección del Norte divino -naturaleza “transida” del amor divino, en busca de la identificación con la Criatura Suprema-).

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SOBRE EL “YO” Y LA CONCIENCIA (I)

Publicado por simbiotica en noviembre 16, 2007

SOBRE EL “YO” Y LA CONCIENCIA (I)

El “yo” cabalga sobre el presente.
Los sentimientos actúan sobre la naturaleza del ser (presente-pasado-futuro). El “yo” debe “indagar” en el pasado y en el futuro.
La consciencia es la aplicación de la naturaleza (voluntad) sobre el presente; de ahí nace la acción.
El “yo”, como expresión de la voluntad de la naturaleza, pertenece al pasado-presente-futuro, por ello si el “yo” vive exclusivamente en el presente se evade de su verdadera naturaleza. Y es que el sentimiento momentáneo, es decir, en el presente, sólo produce el efecto de disminuir el radio de acción del “yo”, apareciendo angustia e incomodidad.
La voluntad humana es la acción del “yo” sabiéndose sujeto activo y pasivo de dicha acción.
Quizás, sería conveniente utilizar el vocablo “yo” para cuando existe voluntad e intencionalidad, y en los demás casos hablar de sujeto. Sujeto sería “aquello” que realiza una acción ya sea de forma consciente o inconsciente, con voluntad o sin ella.
Si existe sujeto existe una determinada libertad de acción en un cierto campo sobre el que actúa dicho sujeto.
El sujeto sólo se transforma en “yo” en el hombre, es decir, cuando puede hablarse de una voluntad verdadera (ser consciente de ese propio “yo”).
Sujeto y conciencia no caminan siempre juntos, pues el sujeto puede ser consciente o inconsciente.
El ser inmaterial “conoce” a los demás seres inmateriales, puesto que es “sumidero” de los demás seres inmateriales (no de él mismo).

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LA NATURALEZA DE LOS SERES (y IV)

Publicado por simbiotica en agosto 9, 2007

LA NATURALEZA DE LOS SERES (y IV)

En cada “acto” de la vida (elección) influye toda la naturaleza, pero todos los actos se la vida en conjunto definen y construyen la naturaleza del ser (como un “poso” de los anteriores).
Volviendo a acudir al texto base de este capítulo, en la página 196, leemos: “Esta construcción (ontológica) sigue manteniendo la ley básica del universo físico de que toda causa (naturaleza) produce un efecto (acto)… Pero de una forma no física (fuera del tiempo material del espacio-tiempo), los actos a su vez configuran la naturaleza. De esta forma se cierra el ciclo, es decir, fuera del tiempo (¿terreno del inconsciente, tal vez?)… Así que, ahondando más en los razonamientos, realmente la “conciencia de uno mismo” (verdadera naturaleza de los seres) está fuera del tiempo; la envolvente o modulación de las ondas energéticas del presente, lo que llamamos el “yo” presente, pierde las características de dicho presente haciéndose intemporal en la introspección, es decir, cuando se dirige a sí mismo, y ésto crea la conciencia de uno mismo, que es la verdadera naturaleza propia del ser. La plena objetividad, como perfecta definición en el espacio y el tiempo físico, requiere la extroversión (salir a buscar fuera de uno mismo -caso de los observadores clásicos tan utilizados en la obtención de las leyes físicas); sin embargo, como ya hemos comentado, los observadores reales no son plenamente objetivos, pues siempre poseen una componente de subjetividad, de introspección que les conduce en parte hacia su propio mundo, su naturaleza, que no es dominio de la ciencia física, sino algo fuera del tiempo. El “yo” propio se escapa de una definición en el mundo físico, precisamente porque está definido en un campo opuesto al mismo: hay que buscarlo justamente donde acaba dicho mundo físico”.

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LA NATURALEZA DE LOS SERES (III)

Publicado por simbiotica en agosto 3, 2007

LA NATURALEZA DE LOS SERES (III)


El sentimiento parece “momentáneo”, resultado de una determinada configuración de las neuronas. Pero, ¿hay un sentimiento, también, de tener conciencia de sí mismo?… Si existiera, ¿sería como el poso-resúmen de todos los sentimientos históricos que hemos tenido?… ¿O sería otra cosa?

El caso de los esquizofrénicos, con dos o más personalidades, que se desconocen entre sí, en el mismo cuerpo, parece significar que hay una serie de “sentimientos” o de “configuraciones neuronales” que se relacionan entre sí como un conjunto, de forma que dicho conjunto pasa a ser una “unidad”, un ser al que llamamos “yo”. No sabemos cómo esos sentimientos, pensamientos, etc. llegan a relacionarse de forma que llegan a adquirir personalidad propia, haciendo entonces que cada uno de ellos pase a tener “existencia” para algo, o alguien que es ese yo. Diríase que no existen hasta que son capaces de crear un “yo”. “Su existencia lo es en tanto que dan existencia a ese yo”. Si muere el yo mueren también los “sentimientos”, y es que los “sentimientos” (o configuraciones neuronales) dejan de tener sentido (son nada, simple materia) si no hay “algo” o “alguien” que se “haga cargo” de ellos (el yo). O sea, hemos dicho, que cuando hay “conexión” o “relación” entre los sentimientos, pensamientos (estructuras neuronales), bajo no sabemos qué “premisas”, aparece el “yo”. Estas conexiones se producen en el tiempo (una determinada secuencia), y entre ciertas estructuras (suelen ser configuraciones de un mismo cerebro), es decir, son conexiones espacio-temporales. El “yo”, pues, necesita de la materia (configuración espacio-temporal) para existir, o lo que es lo mismo, está sometido a ciertas reglas físicas.

La Teoría Cuántica, por sus características, es la más firme candidata para que en su seno pueda ser posible aquella conexión. El “yo” (externamente) debería parecerse a una cierta modulación de ondas energéticas que actúan conjuntamente; el “yo” sería como la envolvente de las mismas. (El “yo”, sabemos, es como el “presente”, la conciencia de la naturaleza propia; el ser sería otra cosa). El “yo” está en el tiempo (es presente); la naturaleza, el ser propio, ¿estaría fuera del tiempo?… ¿Serían los sentimientos la conexión entre la naturaleza del ser (¿fuera del tiempo?) y el “yo” (presente del tiempo)… Si fuera así, cabría pensar en la posibilidad de que el futuro pudiera mandar señales al presente, mediante “satisfacciones” agradables al “yo” (sentimiento positivo), cuando éste actuase en favor de la propia naturaleza. (¿La implementación en el universo de los sentimientos podría adoptar esta vía?).

La libertad de los entes aparece ante nuestros ojos como incomprensible, pues estamos acostumbrados a ver que el comportamiento de cualquier ente o mecanismo es consecuencia directa de cómo es, de su naturaleza. Su elección está determinada por la naturaleza que lo define (no necesita, pues, de esa naturaleza que definimos “en sí mismo”).

Mas, si la elección no está determinada de antemano, si es necesaria esta naturaleza “en sí mismo”, naturaleza un tanto extraña que permite que “elección y naturaleza” sean o signifiquen lo mismo (algo parecido a la, casi, equivalencia entre existencia y esencia sartriana); es decir, ninguna de las dos sería anterior a la otra; si una crea a la otra, la otra crea a la primera, en una especie de “feedback”, o, como dije en mis obras anteriores: “como la pescadilla que se muerde la cola”. La única posibilidad que adivinamos para que sto esa posible, es que una de las dos camine en el tiempo, y la otra fuera de él.

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LA NATURALEZA DE LOS SERES (II)

Publicado por simbiotica en julio 26, 2007

LA NATURALEZA DE LOS SERES (II)

Esta es la forma cómo la Evolución cambia la naturaleza del ser. Cada ser tiene su sensibilidad, distinto bagaje de sentimientos; si cambiamos la naturaleza, este bagaje de sentimientos será distinto. Puesto que la información que vamos recibiendo a lo largo de nuestra vida va variando, así mismo, la sensibilidad (reflejo de nuestra naturaleza) también va cambiando. Los sentimientos -la sensibilidad- van siendo distintos sobre un “yo” que recuerda “aún” los sentimientos antiguos, pero que, ahora, ante una misma situación como la pasada ya no sentiría lo mismo. Hay un recuerdo de lo que se sintió en un tiempo pasado (el receptor del sentimiento está en el pasado, no en el presente). El presente (el yo actual) no puede captar ya ese sentimiento; éste ya sólo puede ser percibido a través del pasado; el presente lo conoce pero tan solo gracias a un recuerdo. El sentimiento referido es conocido por el presente, por el presente que significa la memoria actual. Por consiguiente, se conocen (ahora) en el presente muchas cosas que nuestra naturaleza actual (receptora) sería incapaz de asimilar en este preciso momento. Luego, nuestro mundo “presente” no es real, sino sólo nuestro propio mundo, que no coincide con la realidad objetiva exterior. Es decir, cada criatura tiene su propio mundo, construido a lo largo del tiempo sobre la realidad, que no coincide en un momento determinado con su realidad exterior.
Deducimos de todo esto que lo que “sienten” los seres vivos, la materia viva, mueve al “ser” en las direcciones positivas (de aumento de sensación gratificante) que marcan los sentimientos implementados -introspectivamente- en el universo (sería el principio teleológico -tan denostado- de la naturaleza).
En cuanto al autoconocimiento de la naturaleza propia, volvemos a transcribir lo que se dice en mi obra citada anteriormente, que nos está sirviendo de guía para desarrollar estos apartados. En la página 191 se dice: “Conviene que sepamos que nos conocemos a nosotros mismos a través de los demás; nadie puede observarse hacia su interior; para ver su interior debe ver fuera, para que los reflejos de nosotros mismos en lo exterior podamos captarlos, haciéndonos una idea de nosotros mismos. Consecuencia: somos como “ojos” que miran a través de una ventana; nosotros y todos los seres irradiamos al exterior, fuera de nosotros mismos, nunca hacia sí mismos; el reflejo de nuestros rayos fuera de la ventana, en su retroceso, nos hace ser conscientes de nosotros mismos, por ello, “sin lo otro” (lo externo) nunca seríamos conscientes de nuestro “ser”, lo que equivaldría a que seríamos la nada.
En un mismo grupo de partículas materiales (véase un cuerpo humano) coexisten multitud de seres: unos, cada una de las células individuales que lo conforman; otro, el grupo de partículas en sí considerado como organismo, cual es el cuerpo, y otro más, la totalidad de la especie humana. El “sentimiento”, es fácil concluir, lo tienen cada uno de estos seres, no la materia de la que están formados. Digamos, pues, que la materia física de que está compuesta la célula es como la conexión objetiva entre todos los seres que la habitan; la localización de dichos seres no es la que corresponde a la materia física de dicha célula, pues, dichos seres no tienen localización, propiedad que en último extremo no puede definirse para los mismos. El alma, por consiguiente, no tiene localización, aunque, verdaderamente, sí “la hace posible” un conjunto de células cuya materia física sí posee localización.
Sólo podemos afirmar que la materia de la que están constituidas las células físicas, es la “ventana” a través de la que “miran” los citados seres hacia el exterior de sí mismos. Ocurre que al desaparecer dichas células físicas, la ventana desaparece, con lo que dichos seres no pueden ver hacia afuera, por lo que no pueden verse a sí mismos, lo que equivale a la nada para el mundo externo. Sin embargo, todo aquello que se “observó” a través de la citada ventana a lo largo de la vida, ha ido construyendo la naturaleza del ser, por lo que, dichos seres, en cierto modo, ya son autocontenidos, es decir, tienen una cierta conciencia del propio ser.

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LA NATURALEZA DE LOS SERES (I)

Publicado por simbiotica en julio 2, 2007

LA NATURALEZA DE LOS SERES (I)
(De la obra “La alfombra mágica”)

Volvemos a enunciar una nueva hipótesis de importancia singular: “La información transforma la naturaleza del observador”.
Realmente es una ampliación de la tesis sostenida en los capítulos anteriores de que la naturaleza individual es construida por el propio individuo a través de sus acciones, pero llevada hasta el último extremo: “No sólo la mera información cambia al individuo (posible sujeto de la retroalimentación), sino al simple observador”.
El alcance del aserto anterior en la Ciencia, si fuese reconocido como cierto, nos haría revisar toda la ciencia que conocemos (toda ella está basada en observadores “no afectados” porlo que observan -se entiende, en cuanto a “su función”-, es decir, idénticos unos a otros). A partir de ahora habrá que especificar a qué observador nos estamos refiriendo. Vuelvo a transcribir lo que se dice en mi primera obra anterior especificada. En la página 186, se escribe: “En los fenómenos estudiados hasta ahora en el ámbito de la Física (con la única excepción de la Cuántica), podrían considerarse todos los observadores equivalentes (plena objetividad), mas al entrar en los terrenos de la mente, la Religión, la Psicología, etc., con importante componente introspectiva, los observadores pasan a ser distintos entre sí, con lo que el fenómeno que aparece puede ser distinto a ojos de unos y otros. La irrupción en el terreno de la subjetividad provoca que la objetividad de la Ciencia se difumine. Desde este punto de vista, la misma evolución de los órdenes en la vida, se explicaría por la distnta información que pueden “reciclar” (manejar) los cerebros de las distintas especies u organismos vivos”.
La mente o el espíritu (no queremos intencionadamente discutir su identificación o no) sólo actúa en la materia en tanto que lo permite la indeterminación en el tiempo y el espacio compatible con la Física Cuántica; como comentábamos en anteriores apartados, esa incertidumre hace posible la “libertad” del ser vivo capaz de establecer su conducta, libertad que dura ese pequeño tiempo que permite las relaciones de incentidumbre, pero que, al cabo del cual, define un resultado (dentro de los muchísimos posibles) o estructura del cerebro de dicho organismo. La “elección” o el resultado se traduce en el organismo en algún tipo de realización o acción ya determinista, paro casi al instante otro momento de incertidumbre permite la subsiguiente libertad mental, moduladora de una nueva acción.
La vida, pues, sería esa continuidad entre instantes deterministas e indeterministas que hace posible la libertad en las estructuras llamadas seres vivos. Espíritu sí, pero sometido a las leyes de la Física. Libertad sí, pero con una conducta muy mediatizada por las circunstancias. Espíritu continuamente enriquecido por la experiencia, pero experiencia no sólo de acción sino también de información. La información no sólo hace aumentar las conexiones sinápticas del cerebro, sino que el mismo espíritu que le alienta se enriquece a la par, haciendo que su naturaleza espiritual, cuyo mayor reflejo es esa libertad, cambie también de la misma forma; es decir, simplemente por un aumento de información.
La consecuencia es inmediata: a mayor cantidad de información, mayor capacidad de recepción. de percibir y de sentir el mundo.

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PROPIEDADES DEL VACÍO EN EL UNIVERSO SUSTENTADOR DE VIDA

Publicado por simbiotica en junio 19, 2007

PROPIEDADES DEL VACÍO EN EL UNIVERSO SUSTENTADOR DE VIDA
(de la obra “La alfombra mágica”)

En los siguientes razonamientos no discutiremos la oportunidad del planteamiento antrópico, simplemente afirmamos que el universo en el que estamos inmersos, en ese momento anterior al Big Bang, es decir, el vacío del que surgió, tiene propiedades tan precisas, tan justamente interrelacionadas, con un ajuste tan fino que casi parece mágico, de ahí el nombre del presente trabajo: “La alfombra mágica”.
No vamos aquí a transcribir todas y cada una de las constantes físicas de nuestro universo cuya variación en lo más mínimo haría inconcebible nuestra presencia actual, y ante lo cual estarían de más estas especulaciones.
No sólo queremos resaltar el hecho anterior, sino otro que demasiado frecuentemente pasamos por alto. En el universo que nos rodea existen “campos no materiales” que “orientan” a la vida en su expansión Esta es la sorprendente conclusión expresada en mi obra anterior: “El parto de Dios”.
El paso de la Nada a lo creado (ese balbuceo imperceptible del mismo azar), una vez en marcha el movimiento, inevitablemente, y a través del fenómeno invertible del tiempo en los entes, produce el abanico de posibilidades que forman la “pirámide de enmarque”. Con ello, toda la potencia del Ser Supremo queda desplegada y sus tentáculos son perceptibles en todo lo existente y a lo largo de todo el tiempo; su despliegue en la inversión del tiempo inunda, entonces, el mismo origen de la Creación. De esta forma, la Criatura Divina dirige, de un modo indirecto, todo el desarrollo evolutivo. Resultado de ello es que el “sustrato común” (la alfombra mágica), está atravesado de punta a punta por estas autopistas de la Evolución, esos “faros” o referencias que van conduciendo a los entes.
Todas estas conclusiones quedan reflejadas en los dos libros anteriores del autor: “Ciencia, Filosofía, Religión. Una visión armónica”, y “El parto de Dios”. Ambos libros serán base sustancial de los dos capítulos siguientes.

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LA CREACIÓN DE LOS ENTES ( y II)

Publicado por simbiotica en junio 14, 2007

LA CREACIÓN DE LOS ENTES (y II)

A la pregunta de por qué el ente “habitante” de cierta estructura corporal con un cierto nivel de complejidad, tiene su potencialidad de desarrollo menor que la de otros, habría que decir que es una cuestión mal planteada. El “ente inicial” de cualquier estructura es idéntico en todos los casos, pues la estructura corporal no tiene “identidad”, no es el ente. La cuestión hay que plantearla al revés. Son los entes los que se “acomodan” a la estructura corporal que por su complejidad les conviene, y esto es así porque los entes sí tienen esa identidad, ausente en cualquier materia por compleja que sea su estructura. Así, el resultado final es que toda “partícula de la Nada” tiene las mismas potencialidades de desarrollo esencial: es tan sólo la “voluntad” de acercamiento al Ser Supremo lo que produce el “autocrecimiento” del ente, y ese desarrollo supone un “parto doloroso” en una lucha continua sobre sí mismo, sobre su mismo origen que es esa Nada.
Acabamos de recalar, sin querer, en algo sumamente importante. El concepto de Historia tal como la conocemos es bastante ficticio. La evolución histórica humana está concebida sobre aspectos externos o aparentes que nada tienen que ver con los entes. El camino del ente es por completo diferente. Son los entes, que antes de su aparición son la Nada, los que se “colocan” en el universo, en el tiempo, según su sustancia, su desarrollo o su esencia, que para el caso es lo mismo. La aparición del ente como dualidad sentimiento-información, completamente inseparable, hace que a cada estructura corporal corresponda un ente determinado. La estructura material corporal es la Nada, desprovista de identidad, pero el ente sí la tiene; es, pues, él quien posee la prioridad en cuanto a su “ajuste” con la estructura material que le corresponde. El ente se “ajusta” como un guante a la estructura material correspondiente. Como el ente se autocrea, según la “voluntad” que pone en su acercamiento al Ser Supremo, a su “potencia” (su esencia) le corresponde una estructura material (cuerpo), cuya complejidad o grado de desarrollo requiere un lugar determinado en la Evolución, y por consiguiente, un tipo de estructura (especie) y un momento (tiempo) precisos. El ente, por tanto, se coloca en la historia del universo de una forma que corresponde a la perfección a su verdadera esencia. Por contra, la historia del universo que conoce el hombre es la que marca la evolución biológica, la evolución de su estructura material.
Así que, al final queda contestada la pregunta original. Los “merecimientos” de cada ente, aquel dolor de “parto” de su “autocreación”, sitúa a cada uno de ellos en la complejidad estructural material que corresponde a su nivel: sólo él mismo es responsable de su “situación”. El azar no es el causante de nuestras posibles limitaciones, somos nosotros mismos.

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LA CREACIÓN DE LOS ENTES (I)

Publicado por simbiotica en junio 6, 2007

LA CREACIÓN DE LOS ENTES (I)

La aparición del ente en el universo, corresponda ese instante a cualquier época, se produce de igual modo en todos los casos: a partir de una “partícula” de la Nada. El ente tiene que “empezar” su “autocreación” desde el mínimo que representa, primero aquella “mirada” hacia afuera explicada anteriormente (en “El problema de la Nada”), y segundo el sentimiento de “su ser”. Esos inicios son los mismos para todos los entes, con independencia de la estructura material que los sustente. La posterior diferenciación depende de varios factores. En primer lugar, evidentemente, la citada complejidad de la estructura material de su corporeidad, cuyo efecto se refleja en un desarrollo más o menos acelerado de la “esencia” de dicho ente. En segundo lugar, la “voluntad” del propio ente que marcará el resto, haciendo bueno aquel adagio que dice que cada uno es lo quiere ser.
Mas, analicemos mejor lo que estamos diciendo. Una cosa es el desarrollo en cuanto a “complejidad” (estructura material) del ente, y otro la sustancia o esencia del mismo, mucho más marcada por su “voluntad”.
Si el ente nace de una partícula de la Nada, la complejidad de su estructura corpórea no va a ser “decisiva” en cuanto a su esencia. Quizás, primero deberíamos indicar lo que entendemos significa la esencia de la que hablamos.
La muerte de una criatura es a nuestros ojos una vuelta a la nada de la que partió, y aquí no vale la complejidad de su estructura, pues su descomposición final es una evidencia. Sin embargo, en nuestra opinión, esto no es lo que acontece. A la muerte de cada criatura sigue quedando un “rescoldo” o “resto” de la misma: es lo que llamamos su esencia, que tiene que ver con otra realidad distinta de la que perciben nuestros ojos.
Toda criatura nace con una estructura corporal más o menos compleja, estructura que puede ser muy diferente en unos u otros casos, tanto como varios órdenes de magnitud si cuantificamos esta complejidad. Sin embargo, al final, a la muerte, el destino de todas esas estructuras es el mismo: su descomposición o aniquilación. Si la esencia del ente tuviera que ver con su estructura, la ausencia de la última tras la muerte de la criatura equivaldría a la “ausencia” de la esencia: el mismo ente sería la Nada.
Nuestra creencia es que el paso por el universo de los entes para nada equivale a la intrascendencia apuntada. Por el contrario, a nuestro juicio, el paso de las criaturas por el universo es totalmente trascendental, tanto que se “auto” dan su propia esencia, de carácter imperecedero, consecuencia de la otra “dimensión” (no física) en que vive.
Si la complejidad estructural “corporal” no hace crecer, “per se”, a esta sustancia o esencia, ¿qué permite su desarrollo? A esto hay que contestar que es la “voluntad”, el ejercicio de la “libertad” propia del ente, la que hace incrementar o desarrollar esa esencia.
Aún así, hay que aclarar una cuestión. Y es que, sí es importante la complejidad estructural del organismo, ahora bien, esto tiene sus matices. La complejidad estructural da mayor “potencialidad” al proceso de desarrollo del ente, pero sólo potencialidad. Mas esa potencialidad tiene un “coste”. Ese “coste” es el “trabajo” que tiene que realizar el ente “contra sí mismo” para “lograr” ese nivel esencial que le “permite” su complejidad estructural. No obstante ese nivel esencial no es en modo alguno fijo, pues puede “expandirse” grandemente, aunque no de un modo indefinido.

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EL PROBLEMA DE LA NADA (y III)

Publicado por simbiotica en junio 2, 2007

EL PROBLEMA DE LA NADA (y III)

El “ser” que se asoma a través de la ventana, en un principio, es como un ojo, un espectador que “sólo” ve fuera, nada hacia adentro. Es la “vivencia” de lo externo, la observación de las “reglas” que van aconteciendo, lo que le lleva a “verse” a sí mismo, a tener conciencia del “yo” y “lo otro”, lo que inicialmente sólo era lo “externo”, lo único que se presentaba ante sí. Recapacitando, la situación inicial de la criatura, desde un punto de vista general, es idéntica para el ser dotado de un organismo complejo que para el más insignificante, el que representa ese “balbuceo” que sigue a la inmediata “creación” a partir de la Nada, la de los primeros contrarios, la “casi” nada que sigue a la misma Nada en el acto de “creación” ¿No será la misma Nada la que “reposa” en la “esencia inicial” de todo organismo, desde el más simple al más complejo? Para toda criatura el “empezar a vivir” se asemeja en su actitud a la del observador que mira a través de una ventana, empezando, así, a “conocer el mundo”. Ante este acontecimiento la circunstancia de la mayor o menor complejidad de la estructura corporal de la criatura es indiferente: el origen es el mismo para todas, la “nada en sí”. Claro está, de inmediato lo externo empieza a “entrar” en la “esencia” de ese ser, se va llenando del mismo; la “esencia” lo va asimilando, “sublimando” a través de sí. El resultado es la aparición de la conciencia de sí mismo y de lo otro; con ello la “esencia” empieza a ser, a construirse: de la Nada va apareciendo el ser.
El observador que mira a través de la ventana, asimilando, como hemos dicho, “casi” a la misma Nada, “posee” al menos la capacidad de asimilar información, lo que llamamos “el darse cuenta”, y el sentimiento de “efectividad conservativa” llamado “agrado-desagrado”. Todo esto tiene validez hasta para el organismo más insignificante o simple, aunque “vivo” (tomando el sentido de vida más amplio posible y trascendental, por encima, incluso, del reconocido por la Ciencia).
De la Nada y por “azar”, o por la “oscilación inicial” más básica que se conoce (asimilable a la inestabilidad cuántica del vacío) que propició la aparición de los contrarios, apareció el ente, con las características propias definidas anteriormente: sentimiento y conciencia. De la Nada, los contrarios; los contrarios son el ser, y el ser y el ser tiene sentimiento y conciencia. La creación lo es de los contrarios, lo es del ser. No hay ninguna figura intermedia, como propone la Ciencia. No hay creación de una estructura a partir de la información, exclusivamente. Hay creación de un ente dotado de estructura (información) y de sentimientos, indisoluble e indefectiblemente unidos.

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EL PROBLEMA DE LA NADA (II)

Publicado por simbiotica en mayo 27, 2007

EL PROBLEMA DE LA NADA (II)

Hay una característica básica del mundo subjetivo, y es la capacidad de “centrar” el mundo sobre cada ser. Este hecho, también, funde sus raíces en el mismo origen, en la misma Nada. Los contrarios básicos originales sólo consistían en un ente propio (+ o -, o 0 o 1), y en “el” que no era el mismo, su contrario (- o +, o 0 o1, respectivamente); de esta forma nació lo “interno” (el mismo) y lo “externo” (lo otro, lo contrario). El mundo, pues, queda centrado sobre sí mismo, el propio ser, que era lo que importaba; lo demás era lo otro, lo exterior al propio ser. El “mundo”, por consiguiente, quedaba así “centrado” alrededor del ente: lo propio, su ser, y lo externo, lo que no era él.

Esa es la característica básica de los entes “dotados de vida”, la capacidad de “centrar” el universo sobre uno mismo. Y esto es lo que en realidad consiste la conciencia, la cual, al “notar la existencia” del ente produce el principio conservativo y por ende los sentimientos de agrado-desagrado.

La Ciencia ha errado multitud de ocasiones, al imaginar que muchos entes no poseen ese carácter subjetivo (y con ello, tampoco, sentimientos y conciencia), y pone como ejemplo, sin ir más lejos, cualquier ente matemático como un círculo o un cuadrado. Este error quedaría fácilmente subsanado si nos fijásemos que estos entes no “centran” el universo sobre ellos mismos (no tienen conciencia de nada y menos de sí mismos), son entes de 2ª especie, no básicos. Los “entes básicos” son los que tienen su origen en esa “partición” de la Nada en los contrarios básicos, y en estos entes sí que es universal el principio de que todos están dotados de “conciencia” y por ende, como mínimo, de los sentimientos básicos de agrado-desagrado.

En mis obras anteriores, “Ciencia, Filosofía, Religión. Una visión armónica” y “El parto de Dios”, se apuntó la idea o el “símil de la ventana”. Con ello se quería imaginar la forma como el ser toma conciencia del “mundo exterior” lo que le lleva, después de un proceso de “observación vivencial” que se va haciendo cada vez más y más complejo, hasta la “conciencia” de sí mismo.

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EL PROBLEMA DE LA NADA (I)

Publicado por simbiotica en mayo 22, 2007

EL PROBLEMA DE LA NADA (I)

El plantearnos esta cuestión viene a colación para intentar deshacer esa idea preconcebida impuesta desde los aledaños de diversos ámbitos científicos y que se ha divulgado, a nuestro entender, de forma excesiva.
La idea física de la Nada es algo así como un vacío adornado de propiedades relacionadas sustancialmente con la presencia de energías gigantescas comparadas con aquellas a las que estamos acostumbrados, incluida la energía nuclear. A este vacío, a veces se le localiza en espacios muy pequeños; en otras ocasiones se habla de un espacio infinito que sería el vacío original. La realidad es que, para un profano, ese tipo de vacío nunca sería la Nada. La Nada debe ser nada en todo. Si el espacio y el tiempo aún no existen, no podemos hablar siquiera de un espacio infinitesimal (el supuesto origen del Big Bang). Esa Nada, si puede circunscribirse a algo es a un “punto” (sin dimensiones por infinitesimales que sean). Realmente más que de un punto (que es un concepto espacial) deberíamos hablar de “donde esa Nada está” (que no es un espacio). Y esa Nada carece de toda propiedad; no hay dolor ni alegría, no hay masa-energía, no hay tiempo y espacio, no hay ninguna información (+ y -, 0 y 1, etc.). Ahora bien, si eso que es Nada se “disociase” de algún modo, aparecerían los “contrarios”, aquellos que a nuestra intuición juntos desaparecerían, tal como el + y el -, el 0 y 1 binarios, el agrado y el desagrado, etc. Si estamos elucubrando sobre el “origen”, lo más básico, para nuestra inteligencia no hay nada más básico que la dualidad + y – o el 0 y 1 binarios. Esto desde el punto de vista matemático o de la teoría de la información, que desde cierto opinión, muy difundida hoy, corresponde a toda entidad física.
Pero, ¿qué ocurriría si esto no se hubiese producido exactamente así?… Olvidamos algo fácilmente deducible del principio “antrópico”, partiendo de la evidencia de que los seres vivos, al menos el hombre, poseen una “conciencia” y unos sentimientos. Disentimos respecto a cierta ciencia, tildada muchas veces de “oficial”, en cuanto a la aseveración de que la información (la estructura, la complejidad) llegará en algún momento a dar explicación de esa “conciencia”. Por el contrario, nosotros creemos que esta “conciencia”, así como el sentimiento simple agrado-desagrado son totalmente básicos y sustanciales en todos los seres que llamamos “vivos”.
En nuestra opinión, al producirse la “disociación” de la Nada en los contrarios básicos binarios (+ y -, 0 y 1), también se produjo otro contrario indisolublemente unido a los anteriores, el de agrado-desagrado. (En la Nada agrado y desagrado no existen, pues se anularían al “actuar” sobre una misma “cosa”, la Nada; tampoco existen los otros contrarios). La indisolubilidad entre los contrarios binarios informáticos y el contrario agrado-desagrado, proviene de que todo “ente” (y el + o el 0, por un lado, y el – y el 1, por otro, lo son) “siente” su propio ente, su esencia, teniendo, consecuentemente, el sentimiento básico de conservación, y por ello todo lo que ayuda a su conservación “le agrada” y todo lo que empuja a su destrucción “le desagrada”. El ente + o 0, por un lado, como tal ente estará adornado de este principio conservativo y por ende de los sentimientos contrarios de agrado-desagrado. Lo mismo podemos decir del ente – o 1, con la salvedad de que lo que sería “agradable” para los primeros, sería “deasgradable” para los segundos, y al revés. De esta forma los contrarios básicos en que se “transformó” la Nada consisten en los 0, 1 (o +, -) binarios, junto con sus inseparables “agrado, desagrado” que formarían algo así como un “universo parelelo” al de los anteriores.
En resumen, desde el mismísimo origen existen tanto el mundo estudiado por la Física de la materia-energía, o del espacio-tiempo con las dimensiones que correspondan, como el subjetivo de la “interioridad” de los entes, o de la “esencia” de los mismos. Este último mundo subjetivo que nació a partir de los sentimientos básicos de agrado y desagrado, expandidos por la Evolución a cotas de sentimientos cada vez más complejos, es lo que da “vida” a los seres que pueblan el universo.

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