e) PREMISAS BÁSICAS DE LA SUSTANCIALIDAD HUMANA
Pero qué tenemos que decir respecto a la verdadera “sustancialidad” humana. En el esquema superior a establezco lo que entiendo por lo más sustancial del hombre, que desde esta perspectiva califico de “total” o “completo”.
El hombre “completo” es aquel que atiende no solo a lo “material” -ver a)-, que en el esquema se identifica con la Ciencia (Técnica), sino también a lo espiritual, más cerca del humanismo renacentista. Aquí el pensamiento debe ser completado con una percepción existencial que va más allá de lo considerado estrictamente científico, visión holística que incluye la interdependencia entre las múltiples manifestaciones, y ciclos cambiantes de la vida.
Según observamos en el gráfico a) del hombre total o completo, la columna de la izquierda representaría al hombre “medio” de la antigüedad donde su “parte objetiva”, que pudiera considerarse como las variadas técnicas (o en cierto sentido “ciencia incipiente”), es bastante raquítica, mientras por el contrario el grueso de su “constitución sustancial” se basa en aquellos “saberes” que no pueden considerarse científicos, pero que eran básicos en su “civilización” como la magia, la religión, o, tal vez, sus principios filosóficos.
La segunda columna de la derecha representa igualmente al hombre medio, pero de una época más reciente (podría ser la actual). Aquí la Ciencia/técnica ocupa una parte sustancial de su vida, y la parte que podemos considerar como “saberes” no científicos” de nuestra época, cual la metafísica, la filosofía, la religión, u otras creencias tales como las de la Nueva Era, la paraciencia, etc., es mucho más exigua que en los primeros tiempos históricos y prehistóricos.
A la vista de este simple esquema, que podríamos denominar de la “importancia de lo objetivo sobre el hombre completo a lo largo del tiempo”, pueden deducirse fundamental e incuestionablemente dos premisas básicas. A saber:
1) El hombre completo requiere, tanto en la antigüedad (1ª columna) como hoy en día (2ª columna), el “reconocimiento” de la parte superior o de los “otros saberes”, es decir, de lo no puramente objetivo o Ciencia/Técnica, pues, si en la 1ª columna se hubiese desechado esta parte -lo que supone “anular” el campo sobre el que “debería desarrollarse” más tarde la Ciencia- equivaldría a la anulación del desarrollo científico (incremento en el gráfico) marcado por las flechas en la 2ª columna. Consecuencia: El materialismo “puro” o el de los hechos objetivos -ver b)- es un error, pues representa una evidente incomplitud en el ser humano. Por consiguiente, el único materialismo admisible sería el materialismo “cierto” (ver, en cuanto al concepto, mi obra “Vida y mente: Ciencia y misterio”), o aquel que tiene en su seno el campo metafísico o espiritual (filosófico, religioso, etc.).
2) La experiencia, la historia y la propia evolución indican que el “desarrollo humano” va en la línea del crecimiento de la objetividad (Ciencia/Técnica) -incremento de la parte científica en la 2ª columna-, y nunca al revés, lo que significaría un claro retroceso; en otras palabras, lo puramente metafísico no debe prevalecer nunca sobre le desarrollo científico/técnico.
Conclusión: Se requiere del “desarrollo en libertad” del campo científico, sin menoscabo de dar el suficiente espacio al planteamiento metafísico -véase c)-, sin el que el ser humano quedaría incompleto, mutilado en el sentido individual del “estar en el mundo”, precisamente el que le abre el horizonte de la “eternidad y la infinitud”. Resumiendo: “Existe una exigencia de complementariedad simbiótica entre realismo (objetividad) e idealismo (subjetividad).
Y aquí, al menos en este momento, no estoy discutiendo si la parte correspondiente a la Ciencia/Técnica, en la 2ª columna que representa al hombre medio de la era actual, llegará a “dominar” la totalidad de la barra o no, puesto que para el desarrollo de las dos premisas anteriores es indiferente. Quiero decir que seguirán siendo igualmente válidas dichas premisas, tanto si el “método científico” es y seguirá siendo válido para la totalidad del “hecho humano”, o sólo para una parte del mismo -véase d)-, al no poder ser aplicado en “algunos terrenos” como ciertos espacios de irracionalidad, inconsciencia, etc.
Lo que indudablemente es cierto es que el desarrollo humano debe muchísimo a la investigación científica, y así debe continuar siéndolo, ahora bien, el hombre necesita igualmente de ese otro mundo sin el que la “angustia cósmica” acabaría dominándole. El horizonte metafísico, el paradigma humanista debe, pues, estar siempre presente, y se me antoja, no sólo eso, sino hasta “indirectamente” dirigir, en cierto sentido, esa Ciencia/Técnica.
(Referencia: “La oposición realismo/idealismo en la literatura” por Francico Garrote Pérez. Universidad de Salamanca)

