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Hacia una simbiosis entre Ciencia y Filosofía.

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LO SUSTANCIALMENTE HUMANO (y 4ª parte)

Publicado por simbiotica en diciembre 8, 2009

e) PREMISAS BÁSICAS DE LA SUSTANCIALIDAD HUMANA

Pero qué tenemos que decir respecto a la verdadera “sustancialidad” humana. En el esquema superior a establezco lo que entiendo por lo más sustancial del hombre, que desde esta perspectiva califico de “total” o “completo”.

El hombre “completo” es aquel que atiende no solo a lo “material” -ver a)-, que en el esquema se identifica con la Ciencia (Técnica), sino también a lo espiritual, más cerca del humanismo renacentista. Aquí el pensamiento debe ser completado con una percepción existencial que va más allá de lo considerado estrictamente científico, visión holística que incluye la interdependencia entre las múltiples manifestaciones, y ciclos cambiantes de la vida.

Según observamos en el gráfico a) del hombre total o completo, la columna de la izquierda representaría al hombre “medio” de la antigüedad donde su “parte objetiva”, que pudiera considerarse como las variadas técnicas (o en cierto sentido “ciencia incipiente”), es bastante raquítica, mientras por el contrario el grueso de su “constitución sustancial” se basa en aquellos “saberes” que no pueden considerarse científicos, pero que eran básicos en su “civilización” como la magia, la religión, o, tal vez, sus principios filosóficos.

La segunda columna de la derecha representa igualmente al hombre medio, pero de una época más reciente (podría ser la actual). Aquí la Ciencia/técnica ocupa una parte sustancial de su vida, y la parte que podemos considerar como “saberes” no científicos” de nuestra época, cual la metafísica, la filosofía, la religión, u otras creencias tales como las de la Nueva Era, la paraciencia, etc., es mucho más exigua que en los primeros tiempos históricos y prehistóricos.

A la vista de este simple esquema, que podríamos denominar de la “importancia de lo objetivo sobre el hombre completo a lo largo del tiempo”, pueden deducirse fundamental e incuestionablemente dos premisas básicas. A saber:

1) El hombre completo requiere, tanto en la antigüedad (1ª columna) como hoy en día (2ª columna), el “reconocimiento” de la parte superior o de los “otros saberes”, es decir, de lo no puramente objetivo o Ciencia/Técnica, pues, si en la 1ª columna se hubiese desechado esta parte -lo que supone “anular” el campo sobre el que “debería desarrollarse” más tarde la Ciencia- equivaldría a la anulación del desarrollo científico (incremento en el gráfico) marcado por las flechas en la 2ª columna. Consecuencia: El materialismo “puro” o el de los hechos objetivos -ver b)- es un error, pues representa una evidente incomplitud en el ser humano. Por consiguiente, el único materialismo admisible sería el materialismo “cierto” (ver, en cuanto al concepto, mi obra “Vida y mente: Ciencia y misterio”), o aquel que tiene en su seno el campo metafísico o espiritual (filosófico, religioso, etc.).

2) La experiencia, la historia y la propia evolución indican que el “desarrollo humano” va en la línea del crecimiento de la objetividad (Ciencia/Técnica) -incremento de la parte científica en la 2ª columna-, y nunca al revés, lo que significaría un claro retroceso; en otras palabras, lo puramente metafísico no debe prevalecer nunca sobre le desarrollo científico/técnico.

Conclusión: Se requiere del “desarrollo en libertad” del campo científico, sin menoscabo de dar el suficiente espacio al planteamiento metafísico -véase c)-, sin el que el ser humano quedaría incompleto, mutilado en el sentido individual del “estar en el mundo”, precisamente el que le abre el horizonte de la “eternidad y la infinitud”. Resumiendo: “Existe una exigencia de complementariedad simbiótica entre realismo (objetividad) e idealismo (subjetividad).

Y aquí, al menos en este momento, no estoy discutiendo si la parte correspondiente a la Ciencia/Técnica, en la 2ª columna  que representa al hombre medio de la era actual, llegará a “dominar” la totalidad de la barra o no, puesto que para el desarrollo de las dos premisas anteriores es indiferente. Quiero decir que seguirán siendo igualmente válidas dichas premisas, tanto si el “método científico” es y seguirá siendo válido para la totalidad del “hecho humano”, o sólo para una parte del mismo -véase d)-, al no poder ser aplicado en “algunos terrenos” como ciertos espacios de irracionalidad, inconsciencia, etc.

Lo que indudablemente es cierto es que el desarrollo humano debe muchísimo a la investigación científica, y así debe continuar siéndolo, ahora bien, el hombre necesita igualmente de ese otro mundo sin el que la “angustia cósmica” acabaría dominándole. El horizonte metafísico, el paradigma humanista debe, pues, estar siempre presente, y se me antoja, no sólo eso, sino hasta “indirectamente” dirigir, en cierto sentido, esa Ciencia/Técnica.

(Referencia: “La oposición realismo/idealismo en la literatura” por Francico Garrote Pérez. Universidad de Salamanca)

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LO SUSTANCIALMENTE HUMANO (3ª parte)

Publicado por simbiotica en diciembre 6, 2009

a) HOMBRE TOTAL

Ese satisfacer de trascendencia del hombre, exige aprovechar el conjunto de potencialidades que forman parte de la naturaleza psicológica de ese hombre, las cuales se integran dentro de lo que se conoce como espiritualidad humana. La realización humana supone atender a lo que llamo el “hombre total” que comprende no solo a lo material, sino también a lo espiritual. Realismo e idealismo se integrarían dentro del proceso total de realización del hombre propuesto ya de antiguo por el humanismo renacentista, o del florecimiento de la lírica neoplatónica.

b) MATERIALISMO

Como contraste con todo lo anterior, se observa la aparición de los términos opuestos cuando se mantiene la separación entre el sujeto y el objeto, lo que engendra el conocimiento dual, que en el caso de la lírica significa que, por ejemplo, el poeta al describir la ausencia que mantiene la separación entre amante y amada, llena el lenguaje poético de “opósitos” (fuego/hielo, etc.), que refleja ese mundo dual, de la fragmentación existencial en que vive el amante. Lo mismo que, desde este punto de vista, sucede con el conocimiento, que sólo puede conseguir un conocimiento dual y fragmentado, reducido a la comprensión de lo más inmediato de la real del objeto sensible, abandonando los niveles de espiritualidad.

c) PLANTEAMIENTO METAFÍSICO

Por todo lo dicho, es imprescindible “completar” el pensamiento, basándolo en una percepción existencial que va más allá de lo considerado estrictamente científico, conciencia de la unidad íntima y sutil de todo en la naturaleza y de la interdependencia entre las múltiples manifestaciones y ciclos de cambio y transformación de la vida. Esta visión holística exige la existencia de alguna relación entre el puro análisis científico y la vivencia mística.

También, los caminos de la psicología actual exigen abandonar el exclusivismo de la razón, admitiendo que el ser humano dispone de otras facultades intelectuales y volitivas que irían más allá de la pura racionalidad.

La nueva vía exige la unión de lo racional con lo intelectual y volitivo, direcciones complementarias para el desarrollo del hombre completo. Es precisa una identidad humana que roce lo “transpersonal”.

d) EL HOMBRE COMO “PROYECTO DE REALIZACIÓN”

El hombre es un “proyecto de realización” hacia la cima de la satisfacción de todas las “necesidades” (Teoría de las necesidades de Maslow: fisiológicas, de seguridad, de amor y pertenencia, de estima y de realización) que siente el hombre a lo largo de su existencia.

Ese hombre es materia, cuerpo y también conciencia, que se expande en busca de la perfección hasta el nivel trascendente. Y esta perfección gradual la encuentra en la forma de conocer, desde el inmediato de los sentidos o realista, hasta el “ideal” de la captación de la “esencia” de los seres y las finalidades que los animan. Realismo e idealismo se integran en un mismo proceso intelectual de conocer el mundo e interpretar la realidad.

Dentro de una sana ontología se percibe que cuando el individuo ha alcanzado un nivel elevado de desarrollo y crecimiento personal, comienza a sentir dudas, planteándose preguntas existenciales que inevitablemente le obligan a ir en pos de la trascendencia, fenómeno detectado en todas las culturas de la humanidad, que siempre han buscado una respuesta adecuada, en concordancia con la evolución de la civilización, ofreciendo sistemas de creencias, mitos, dogmas, arte, etc., encaminadas a aplacar esa inseguridad ontológica generada por tal ansiedad o angustia.

Como ya he comentado, la lírica neoplatónica aportó una respuesta a las dudas del hombre del Renacimiento, ofreciéndole una vía de integración en la divinidad, aplacando así su sensación de orfandad en un mundo inauténtico de sombras y apariencias.

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LO SUSTANCIALMENTE HUMANO (2ª parte)

Publicado por simbiotica en diciembre 3, 2009

 

Santa Comba (España -Ourense-)

Todos los datos apuntan a una complementariedad, o yuxtaposición de ambos términos, que no es más que una codeterminación del objeto y el sujeto. (En palabras de los escolásticos medievales: ex objecto et subjecto paritur notitia). De esta forma, lo que rodea al objeto representaría el realismo, el sujeto aportaría los ingredientes idealistas y la conexión con el “nivel metafísico” aportaría un hiperrealismo, que combinando idealismo con realismo, “aseguraría” la unión y continuidad del proceso gnoseológico desde “el objeto sensible hasta lo cósmico y trascendente (el conocimiento total)”.

Científicamente, en la actualidad esta tarea común de sujeto y objeto se entiende como la interacción entre el campo neuronal del sujeto y el campo espacio-temporal en que se mueve el objeto, siendo el papel de los sentidos el de la comunicación entre ambos mediante estímulos electroquímicos.

Pero esta teoría pone el acento en el sujeto, al centrar la experiencia no en los objetos externos, sino en las “condiciones” que posibilitan dicha experiencia, que son las del sujeto cuando voluntariamente se decide a hacerlas posibles. El sujeto es independiente del sujeto, por lo que escapa de lo empírico, aunque no impide la interacción.

El proceso del conocimiento, en esta visión, empieza con un dualismo, pues se basa en la interacción de los dos campos vistos, pero como la acción del campo espacio-temporal es puramente mecánica, el que realiza el trabajo consciente es el campo neuronal del sujeto, lo que permite la desaparición del dualismo, convirtiendo, entonces, el conocimiento en algo “íntimo al sujeto que conoce, directo e independiente del objeto”, “en una experiencia interior”.

El conocimiento ya no es dual, sino íntimo, vivencial, “una experiencia interior”, a la cual estaría unida la posibilidad de la autotrascendencia.

Esta perspectiva nos lleva a descubrir una cierta relación entre lo que podríamos considerar como “niveles” que significarían el “realismo”, el “idealismo” y el “hiperrealismo”. Niveles que podrían considerarse pasos de un mismo proceso, en devenir hacia la perfección o realización. Desde este punto de vista, aislar uno de los otros, supondría para la “perspectiva humana” la pérdida del “conocer desde la realidad hasta la totalidad”.

En la actualidad, la mayor parte de las ciencias del hombre está de acuerdo (y ya desde Heráclito) en la preeminencia de la razón sobre los sentidos como instrumento del conocimiento de la verdad. Aprehendemos el mundo, a través de un procedimiento interior y constructivo, encaminado a establecer la unión entre lo sensible y lo “metafísico” (problemas de la existencia en devenir entre el tiempo y la eternidad).

La experiencia pone en funcionamiento la conciencia, o la experiencia del darse cuenta o del despertar a realidades superiores en busca del proceso unitivo (visión holística).

Y es que el hombre es razón, pero igualmente voluntad y sentimientos. El hombre total o mejor “completo” sería el que busca la plenitud de su realización mediante una progresiva evolución a lo largo del tiempo que partiendo de lo real conduce hacia el punto theilardiano omega que conecta con la eternidad. O sea, este hombre completo incluye para sí tanto lo material como la espiritual, lo propiamente humano y su elevado horizonte trascendente. Es lo que entendía el “humanismo neoplatónico”, en el que coincidían todas las tradiciones míticas, la llamada “filosofía perenne”, la antigua sabiduría y hasta la misma Biblia. Y es, en fin, lo que propone la moderna psicología transpersonal o la interpretación (de Copenhague) más usual de la física cuántica.

La versión neoplatónica de Plotino nos dice que las cosas de la realidad, aunque con identidad, son un reflejo de las ideas originales, donde residiría la verdadera realidad. El sujeto vive en la realidad del mundo, rodeado de la infinitud de seres-objetos que debe conocer. En la interacción hombre/mundo, el objeto impresiona el sentido y transmite la impronta a la razón convirtiéndose en imagen, que analiza la razón, emitiendo los pertinentes juicios sobre ella. Mas la razón añade a los datos de los sentidos las nociones provenientes de la idea universal, completándose así el conocimiento del objeto real. Al comparar la copia con el original, conoce dicho objeto. Esta descripción tan sencilla, no obstante indica cómo en esa imagen se unen lo real (realismo) con lo espiritual (idealismo), y cómo el sujeto que conoce trasciende del objeto sensible a la imagen espiritual y a la inteligible que proviene de la idea. La imagen espiritual, obra de la conciencia, es la responsable de la unión de lo real con lo ideal en la interioridad del sujeto que conoce.

Parece como si en el momento en que hay imágenes, surgiese la conciencia como medio del conocimiento, más ya es una comprensión interior, íntima, en la que el sujeto y objeto se identifican, terminando la fragmentación entre el sujeto que conoce y el objeto conocido, pues la conciencia (el alma neoplatónica) es un conocimiento distinto de la razón, y ésta en su intimidad engendra unidad. En el proceso, la razón aporta conocimiento mediato, discursivo, dialéctico y demostrativo. Posteriormente, al ser iluminada la imagen por la idea (principio de unidad), aparece un conocimiento íntimo, inmediato e intuitivo, más clarividente que el conocimiento racional. La conciencia ha pasado de lo material a lo espiritual, paso al que Plotino llama el “acto del despertar” a la trascendencia (la mente divina).

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LO SUSTANCIALMENTE HUMANO (1ª parte)

Publicado por simbiotica en diciembre 1, 2009

Sabemos que para Platón el mundo real es la copia de lo que llamaba el mundo de las ideas, universo ideal, suprasensible e inteligible. Lo que el humano observaría sería la impresión o huella que producen las ideas de tal mundo superior. Las huellas serían reales, aunque suponía que tales huellas están en una especie de penumbra, como resultado de su semejanza con las ideas de aquel mundo ideal, que también era considerado real. El “conocimiento” se produce cuando el hombre pone en relación la huella con su modelo, tras la “noticia” que tiene en sus facultades gracias a aquel modelo. Así, a través del “espíritu” que habita en la interioridad del hombre se asegura la comunicación de lo real con la “dimensión espiritual o trascendente”.

Por el contrario, el genial Aristóteles no cree en tal primacía de las ideas, ni siquiera que las cosas sean una copia de las ideas, sino que son reales en su integridad, puesto que cada una de ellas dispone de su esencia inmanente e independiente de las demás, esencia que es inteligible. Así que, para él, lo importante es lo real, por lo que “abandona” todo lo que proceda del plano de lo ideal. De esta forma desaparece cualquier comunicación entre realidad e “idealidad”.

Según la doctrina aristotélica, entonces, las cosas son reales y sustanciales, impresionan el sentido y la razón las conoce, mas el objeto del conocimiento es independiente del sujeto que lo conoce. En el proceso sensitivo, pues, se da un dualismo entre sujeto (base del idealismo) y el objeto (fuente de la realidad).

La línea platónica, contrariamente, propugna que son las sensaciones y la acción del alma del sujeto quienes dan forma (o idea) a las cosas reales, por un proceso que consiste en que al recibir la sensación del objeto (externo), el sujeto lo conforma y conoce mediante la aplicación de la idea que tiene en su mente de la “idea universal”, verificación en la que el objeto conocido se identifica con el sujeto que conoce gracias a la función del espíritu que universaliza a dicho objeto exterior en la “realidad” de la idea. De este modo desaparece el dualismo aristotélico, o distinción u oposición entre realismo e idealismo.

La distinción entre ambas líneas de pensamiento se ve agravada en la doctrina peripatética, que al mantener la separación entre objeto y sujeto, desdobla el mundo, separando lo material de lo espiritual, lo que nos introduce en un callejón sin salida, que impide pasar de las sensaciones del sujeto que conoce al mundo trascendente. Todo se reduce a la nueva realidad, a lo que la razón puede descubrir en ella mediante la comparación entre cosas, por lo que el sujeto cognoscente no precisa del ascenso a “otros niveles superiores” en busca de ninguna perfección. Así que, entonces, el idealismo deja de tener funcionalidad alguna, algo inútil y extraño al libre desenvolvimiento de la razón centrada en el realismo de las cosas “observables y experimentables”.

Desde el marco opuesto, el idealismo moderno toma una “cautela” ante las cosas mucho más extrema que la citada línea platónica, “abandonando” la relativa tranquilidad en que vivía el antiguo hombre medieval, para el que la sola visión de las cosas le proporcionaba la verdad sobre las mismas, verdad que no era más que la “adecuación” entre mente y cosa.

El idealismo moderno, por consiguiente, se aparta de las cosas sensibles, de las sensaciones que producen en sus sentidos y del juicio posterior a la sensación, en pos de la esencia de las cosas, concentrándose en el cómo puede conocerlas. Este idealismo “va mucho más allá que la verdad de lo inteligible o la falacia de lo sensible de Platón, que en cierto modo salvaba las apariencias”. Simplemente, ni siquiera trata de salvar tales apariencias, sino que se introduce en la interioridad del sujeto, buscando, así, las respuestas a los problemas del conocimiento, la verdad y la realidad.

Desde Descartes, más allá incluso de Kant, el idealismo moderno se centra en el sujeto cognoscente, desapareciendo la relación con el objeto en el sentido tradicional, centrándose en los contenidos de conciencia, en los contenidos de pensamiento, en el sujeto trascendental, etc.

Se trata de un sujeto pensante, o “yo” que contiene en su interior todas las cosas, punto en que converge todo idealismo. Por consiguiente, las cosas no existen por que las “vea” en la realidad, sino porque las pienso y, si las pienso, puedo conocerlas, y por ello son verdaderas. (Sería verdadero aquello que el sujeto piensa que es verdadero, identificando, de este modo, verdad con conocimiento).

En conclusión, este idealismo reduce todo al ser pensado, lo que obliga, al abordar la trascendencia, a transformar el sujeto pensante o cognoscente en sujeto absoluto. En otras palabras, el idealismo moderno tiende a encerrar el mundo en el sujeto, ya sea gnoseológico, como ser pensante, ya sea metafísico, al convertirse en ser absoluto y con ello presentando al mundo como producto de su conciencia.

La solución a esta exageración del idealismo, convertido ya en pura subjetividad, o al realismo anteriormente citado como exclusiva objetividad, sería el análisis de la realidad sensible dentro del proceso interactivo sujeto/objeto, que es el verdadero inicio del conocimiento. “Lo fundamental es la relación mutua entre ambos mediante los sentidos y el juicio de la razón”.

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