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Hacia una simbiosis entre Ciencia y Filosofía.

Archivos de la categoría ‘Un nuevo humanismo’

Desafíos del siglo XXI.

Publicado por simbiotica en abril 26, 2011

“El ideal de “progreso” nos puede llevar fácilmente en direcciones que nos hagan perder el contacto con los valores humanos. En este contexto, comprender las conexiones que existen entre las cosas y relacionar las ideas de un modo que adquieren coherencia y sentido llegan a ser respuestas vitales.”

“Una de las funciones asignadas a la UNESCO desde sus comienzos fue el pensamiento prospectivo transdisciplinario, que es esencial en cualquier acción con sentido.”

(Koichiro Matsuura en el prefacio de la obra  Les clés du XXI siècle)

En la misma obra nos dice Ilya Prigogine:

“He escrito a menudo: “La materia en equilibrio es ciega; lejos del equilibrio, empieza a ver”. La sucesión de bifurcaciones que antes he mencionado conduce a una visión histórica de la naturaleza.”

“Los conceptos de bifurcación, autoorganización y estructuras disipativas se están extendiendo de manera creciente en todas las ciencias, incluyendo las ciencia humanas.”

“El concepto “lejos del equilibrio” es la fuente de la inmensa variedad del mundo de nuestro alrededor.”

“El progreso reciente en la teoría de los sistemas dinámicos y en las matemáticas en el dominio del análisis funcional ha dado verdaderamente la posibilidad de ampliar las leyes de la naturaleza de modo que incluyan rupturas en la simetría temporal y también la noción de probabilidad.”

Stephen Jay Gould, y en particular Edgar Morin, añaden:”No deberíamos pasar por alto todo lo que, en el hombre, no se puede reducir al cálculo racional: la poesía, el amor, la danza, los juegos, las celebraciones, la comunión, la participación, etc. Esta bipolaridad conduce inevitablemente a lo que yo llamo diálogo, puesto que no existe frontera entre el lado sapiens y el lado demens.

“A veces me digo que si el gusano puede convertirse en mariposa, ¿por qué no deberíamos ser nosotros capaces de una metamorfosis similar? Esto no significa que nos salgan alas en la espalda, sino que posiblemente algo nos preste alas espirituales.”

“Sobre todo, la incertidumbre nos hace desear y querer una conciencia lúcida, una nueva forma de pensar que, a diferencia del pensamiento invariablemente compartimentado en líneas disciplinarias cerradas que nos enseñaron desde la escuela primaria hasta la universidad, use el conocimiento disciplinario para, por así decirlo, comprender la totalidad.”

En cuanto a la contaminación química y la contaminación invisible, Mohamed Larbi Bouquera nos comenta:

“La complejidad de nuestro mundo excluye cualquier predicción simplista. En este contexto, la incertidumbre y la sorpresa son la regla más que la excepción. No obstante, podemos influir en el curso de los acontecimientos.”

“En primer lugar, probablemente, con una estrategia de desarrollo sostenible (ver al respecto las conclusiones de la Cumbre de Johannesburgo del 2003 sobre desarrollo sostenible).”

“En segundo lugar, se debe prohibir la exportación de productos peligrosos, en particular los cancerígenos; es detestable autorizar la exportación de un producto cuyo uso está prohibido en el propio país donde se produce.”

“Deberían fomentarse dos tendencias positivas. Primera, bajo la presión combinada de la opinión pública y dela legislación, hoy en día, la industria está desarrollando una ecología industrial, un aproximación innovadora a la prevención de riesgos.”

“En seguno lugar, estamos presenciando el surgimiento de una química verde en la que convergen la biología, la bioquímica y la clonación.”

“El principio de precaución -que ya está en la base de unos doce tratados internacionales, en particular del Protocolo de Montreal- se aplicará probablemente con mayor amplitud en el futuro. Su resultado será que los fabricantes se hagan responsables de certificar la seguridad de sus productos.”

En el artículo Los desafíos de la filosofía del siglo XXI   de Gabriel Vargas Lozano, nos comenta el autor:

“La filosofía es la única disciplina que puede permitirnos esta comprensión del decurso del mundo y visualizar su futuro.”

Nos dice, que en la obra anteriormente citada “Claves para el siglo XXI”, Jerôme Bindé concentra las preguntas de hoy de las cuales solo selecciona algunas:

“¿Qué debemos hacer frente a las amenazas para la supervivencia de la especie humana y de la biosfera producida por la erosión del medio ambiente?

¿Avanzamos hacia un mundo mejor con la biotecnología o hacia el “mundo feliz” de Huxley?

¿Qué futuro tienen los derechos humanos?

¿Podemos domesticar la inteligencia artificial o nos convertiremos en sus esclavos?

¿La globalización estará acompañada de incertidumbre cultural y violencia?

¿Cómo representarnos los futuros posibles de la sociedad de la información; del ciberespacio, de los medios de comunicación, de lo “virtual”?

¿Ha muerto la utopía o cuáles serán las utopías futuras?

¿Es una trampa la globalización?

¿Qué tipo de desarrollo podemos imaginar? ¿Se puede combatir la pobreza y la exclusión?

¿Estamos avanzando hacia un solo mundo?”

“Como se puede desprender de lo anterior, nos encontramos viviendo la crisis de una figura del mundo. La filosofía tiene el cometido de pensarla y buscar, en diálogo con otras ciencias, una salida posible.”

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DIGNIDAD HUMANA

Publicado por simbiotica en enero 18, 2011

La capacidad global de la humanidad actual para transformar por completo el entorno, con la tremenda repercusión que ello sugiere para nuestra vida, no deja de ser evidente.

Es por ello por lo que el hombre debe replantearse totalmente, so pena de asistir a su propia autodestrucción, la clase de “comportamientos” admisibles” a su propia “sostenibilidad” presente y futura a medio y largo plazo, ante el acortamiento progresivamente exponencial de los mismos.

La tarea es urgente y afecta de distinta forma a las sociedades y democracias más evolucionadas (USA, Alemania, etc.), otras más precarias (España, Portugal, etc.), y a las más desfavorecidas. Pero todas en mayor o menor grado se ven afectadas.

La Técnica (y su base programática científica), consciente de este dilema, debe ser sometida urgentemente a control: ¡el esfuerzo público asignado a la misma debe ser orientado en el sentido de la defensa de la dignidad humana!… Por supuesto, cabe un cierto liberalismo al respecto en la iniciativa privada, lo que no debe empañar las líneas maestras del diseño público de la “arquitectura” social.

Podría ser conveniente, en base a estos argumentos, la adopción de una cierta utopía extrapolable, basada en los principios básicos de aquel humanismo de nuevo cuño alentado por el eminente Albert Einstein o el propio Carl Sagan.

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UN NUEVO HUMANISMO (y V)

Publicado por simbiotica en noviembre 12, 2008

UN NUEVO HUMANISMO (y V)
Después del estructuralismo se abrió la posibilidad a nuevas alternativas, pero también, y a la vez, acechaban otros peligros. Tras largos años de relativismo cultural que dejaron desarmado el pensamiento racionalista y democrático, ha venido el auge de la sin razón del fanatismo y la violencia de los fundamentalismos religiosos, raciales y étnicos, que tanto de Oriente como de Occidente, y bajo el nombre de “multiculturalismo”, defiende anacrónicas y arcaicas formas de vida.
Es preciso que frente a los dogmáticos fundamentalistas, se vuelva a reivindicar la libertad de expresión, el diálogo democrático, etc. Y contra el relativismo se debe admitir que no todas las opciones tienen la misma validez; valores como la libertad, la igualdad y los que se establezcan en “el paradigma” a construir, están muy por encima de otros.
Hay injusticias particulares, pero para encararlas primero hay que creer en la justicia como un valor universal. Las libertades individuales y los derechos humanos, al relativizarlos, como dijo el propio Lévi-Strauss, corren el peligro de dejar de ser inalienables.
Aunque el mismo concepto de humanismo ha sido muy “manido” a lo largo de los años, al ser apellidado sucesivamente de clásico, moderno, cristiano, ateo, socialista, marxista, etc. encontramos en el humanismo defendido por Juan José Sebrelí en su obra “El olvido de la Razón”, una base interesante para construir “el Paradigma”. Sebrelí concibe el humanismo como “una forma de antropología filosófica que afirma el desarrollo histórico y la autonomía del hombre con respecto a toda entidad sobrehumana, sea ontológica, religiosa, social o política”. Y lo vincula “al conocimiento racional, la moral laica y el sistema político democrático que garantiza las libertades individuales y los derechos humanos”, adscribiéndolo “a una concepción universal y progresiva de la historia”.
También es útil para la construcción del Paradigma, la filosofía que propone el autor de “El olvido de la Razón”: “Una filosofía opuesta al relativismo y al nihilismo como al dogmatismo y al autoritarismo”, que “tenderá a una sistematización abierta e incompleta”, que vaya aproximándose de forma gradual a un conocimiento objetivo, en un progreso continuo hacia un absoluto que nunca se alcanzará del todo “porque su plenitud significaría el fin del pensamiento y el fin de la historia”.
Sí debemos tener una convicción profunda en el destino de la humanidad, en lo que he denominado la “estirpe humana”, a cuya preservación nos debemos todos, sin olvidar, por supuesto, el bienestar de las demás especies, en una armonía en que la reciente concepción ecológica nos ha situado: ¡el hombre y su entorno, su circunstancia, son una misma cosa!
Este humanismo de nuevo cuño que nos acerca a las estrellas bebe de muchas fuentes… pero debe seguir “la herencia de Platón”: ¡Es el espíritu, el arcaico y novísimo espíritu, el que volverá a guiar sus pasos!
(De la obra “Paradigma”. Copyrigt 2008)

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UN NUEVO HUMANISMO (IV)

Publicado por simbiotica en noviembre 7, 2008

UN NUEVO HUMANISMO (IV)

Para Teilhard, entre el animal y el hombre no hay sólo una diferencia de grado, sino de naturaleza; cada especie tiene una esfera psíquica apropiada determinada por el lugar que cada especie ocupa en el árbol de la vida.
El padre Teilhard utiliza el término “previda” para referirse al episodio “inorgánico” del cosmos, teniendo el sentido de anticipación de la llamarada vital que en el futuro avasallará el interior de esas partículas. En ellas ya existe la llama de la vida, el fluido vital, ese “élan” bergsoniano que se exteriorizará en el momento preciso. Y es que la Materia guarda en sí misma todas las potencialidades de la vida.
Para Teilhard, la inteligencia humana está ya bastante prefigurada en la preinteligencia que representa el instinto. La Materia es la matriz del Espíritu, pero la Vida no forma parte de la esencia de la Materia.
Teilhard llama “las libertades” al contenido consciente que habita en el interior de la Materia. También supone que vivencias y percepción constituyen las notas básicas de la “inteligibilidad”.
La Materia crea la ilusión de la diversidad, de la multiplicidad, cuando la auténtica realidad es el Espíritu, el ser, que es la Unidad. El camino de la consciencia, del psiquismo, es la condensación, la concentración en sucesivas síntesis.
A la energía del cosmos, el padre Teilhard la identifica con el amor. Cuando las personas acceden a la cumbre del Ser Personal, no disminuyen su onticidad, como piensan los panteístas, diluyéndose en el ser divino, sino que acentúan su autoposesión.
Para el padre Teilhard el Espíritu es un fenómeno, y gracias al Espíritu, el Universo desde su origen hasta el presente, cobra una nueva fisonomía, la de la coherencia.
La Evolución es la energía que transforma el fenómeno a lo largo del tiempo y el espacio. Pero la concepción dinámica del ser que preconiza el padre Teilhard tiene que ser armonizada, por encima de cualquier cosa, con la ontología del ser creado.
El factor tiempo, para Teilhard, se ha incrustado en la esencia del ser, dotándolo de movimiento, de energía.
La energía cósmica, centralizada en el hombre, tiende hacia el Pleroma, o unión ultraenergética con lo Uno, pero sin posible confusión, puesto que el Punto Omega absorbe, sin diluirlo, lo personal, a través de un movimiento, de una energía, de las cosas, el hombre hacia el Omega; movimiento al que llama “amor”. Amor que consiste en un mirar de todos, la Humanidad, en la misma dirección (Punto Omega).
Teilhard nos dice que el Autor de la creación es Dios, por lo que en este sentido, es el Alfa. Pero también Dios es la culminación de la Evolución, el Omega. Es, pues, Principio y Fin. Así que, el Mundo es lo que queda encerrado en ese “entreparéntesis” que es Dios.
El tiempo aparece, así, como el nuevo “demiúrgo” de un crecimiento permanente, gracias a la integración que de él hacemos. Nosotros mismos lo incorporamos como duración, en el curso de nuestra vida.
La concepción cósmica global de Teilhard de Chardin, pues, es la de un Universo en continuo crecimiento o enriquecimiento ontológico, evolucionando apoyándose en el sustrato de su estructura atómico-molecular, y centralizado y dirigido en y para el hombre respectivamente. Humanización del cosmos o cosmización del hombre, quien da al primero el sentido direccional ascendente que marca el itinerario del Alfa al Omega.
La imagen sublime del Universo teilhardiano entroncado en el mismo Dios, posee un indudable atractivo. La Materia, la Nada (sin “espiritualización” alguna) se va empapando del Espíritu, en su lento caminar hacia la Unidad Suprema.
Partiendo de todas esta ideas es fácil adentrarse en una especie de “nuevo humanismo”, que seguramente marcará nuestro futuro, dirigiéndonos, sin solución de continuidad, hacia “el paradigma” que buscamos.

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UN NUEVO HUMANISMO (III)

Publicado por simbiotica en noviembre 1, 2008

UN NUEVO HUMANISMO (III)

El hombre como persona trasciende los mismos límites espacio-temporales que le contiene, poniéndose en comunicación con lo supracósmico, o el Espíritu que mora en la bóveda de lo Absoluto.
La Reflexión es el tránsito entre un psiquismo inconsciente, a uno consciente, en donde las propiedades psicofísicas, psicoquímicas y neuronales, no sólo son ya fuentes, sino puentes o instrumentos, de otra actividad más elevada, la del espíritu por medio de la Reflexión.
Para Teilhard, la vida cósmica, la vida orgánica y la vida reflexiva, son tres estados que se unifican o reúnen en un cuarto y decisivo que es la vida metacósmica, donde la trascendentalidad es su nota más característica.
El padre Teilhard descubre un sentido de “convergencia” en la Evolución, y este nuevo sentido hace que el hombre no se considere “extraviado” en el concierto cósmico, sino más bien, como una “flecha” direccional de la Evolución.
Para Teilhard, el hombre es necesario para la Evolución, y por ser necesario, la Evolución preparó el terreno para su aparición, así que, a la fuerza, la Evolución tenía que desembocar en el hombre.
La “ontogénesis de fondo” lleva a toda la Materia hacia lo más complicado y lo más consciente, en la llamada ley de la “complejidad-conciencia” formulada por el padre Teilhard y que indica que a mayor complejidad mayor conciencia.
La conciencia ha evolucionado a partir de una fase difusa, apenas perceptible, hasta su radicación en el ser humano. En el hombre se ha encontrado consigo misma, se ha convertido en consciente, en conciencia reflexiva, de ahí que el hombre no sólo “sabe”, sino que “sabe que sabe”.
El hombre, lentamente, comienza a encontrarse con los otros hombres, a correflexionar. El yo empieza a descubrir al tú, el uno al otro. Comienza una leve, pero ascendente, solidaridad. Es la malla que cubrirá paulatinamente la Tierra.
Para Teilhard, el contacto comunitario, la solidaridad, el sentirse parte de un todo, al que llamamos “Humanidad”, permite “sentir” la cercanía del “tú”. Es como si la vinculación al Ser no fuese más que una vinculación a un ser.
Teilhard define la Noosfera como “una membrana continua de lo Pensante alrededor de toda la Tierra”, es la materia altamente espiritualizada.
El “yo” de cada uno de nosotros, aún, no se siente comprometido con el “otro”, no es un “tú” frente al “yo”, dualidad esencial para que exista el verdadero diálogo, pilar de la Humanidad.
Según el padre Teilhard, entre el “yo” y el “tú” (prójimo) debe existir una corriente de amor, gratuito, desprendido, pero, también trascendente, que no se detenga en el prójimo, sino que continúe hasta el verdadero destinatario del mismo, Dios.

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UN NUEVO HUMANISMO (II)

Publicado por simbiotica en octubre 28, 2008

UN NUEVO HUMANISMO (II)

Otro eje fundamental, a mi modo de ver, en la construcción del Paradigma es la cosmovisión del científico y filósofo jesuita francés Teilhard de Chardin (1881-1955). La intuición que refleja su pensamiento es fruto de una meditación en su interioridad, que puede sernos muy útil.
De forma muy resumida haré un bosquejo de sus ideas, tomado de mi obra “El parto de Dios”.
La Ciencia debe convertir a la realidad, en su dualidad espíritu-materia, en su objeto, integrando en una unidad tanto el objeto como el sujeto. La materia espiritualizada, sublimada, humanizada es el núcleo de las cosas, conformadora de la Totalidad, es la materia integral.
La Evolución es el desdoblamiento de esta materia integrada, su paulatina y creciente espiritualización y sublimación hasta la confluencia en la punta de flecha de la Evolución: el Hombre.
La potencia reflexiva que adorna al hombre es un estado superior que la Evolución ha alcanzado. Y es que el hombre no sólo da sentido a lo demás humanizándolo, sino que puede autocontemplarse, descubriendo el mundo de la conciencia consciente.
Un principio esencial del ser es que aspira a continuar siendo, a “permanecer” en el ser. Pero, también aspira a “seguir siendo”, y sobre todo, seguir siendo… más, o sea más de lo que ahora es. Solo un ser perfeccionante, evolucionante, puede satisfacer esa necesidad interna de ser continuamente más. Esa aspiración a ser cada vez más, es un ansia de querer enriquecer continuamente su ontología u onticidad.
Para Teilhard, el mundo lleva el sello del Espíritu, disimulado entre los fenómenos físicos. Por eso el ser humano siente una especie de ligazón que le ata al Universo. El hombre, pues, es una realidad vinculada al Universo.
En el ente del hombre confluyen el ser con su absolutación (el hombre no “casi es”, sino que “es” ser – ser pleno) e intemporalidad, y el tiempo que es consustancial al Universo. Es decir: lo absoluto que es el ser y lo absoluto que es el tiempo. Ambos parecen unificados en él.
El padre Teilhard dice que la energía físico-química, cósmica del principio, la energía biológica posterior, ha sido sustituida en el hombre por el amor, síntesis de la pasión y la emoción.
Para Teilhard, el amor es la búsqueda de lo otro, para su encaje con lo amado. El Proceso de Personalización finaliza en el tú a tú con el Espíritu, con la adquisición de una nueva conciencia humana. En su opinión, personalidad e individualidad son opuestas en el hombre; en el punto Omega, la individualidad se apaga, mientras que la personalidad brilla aún más.
Espiritualidad y libertad son las cualidades que describen a la persona. El hombre evoluciona aflorando el espíritu en su esencia; gracias a la libertad, el ser personal crea, pues su vocación es la de crear.
El hombre descubre su interior por la reflexión, mediante la introspección, descubriendo que está compuesto por ser y no ser. Onticidad y nada conviven, pues, en él. El choque entre estos dos factores ocasionan dolor, sufrimiento, angustia existencial. Según Teilhard, la nada siembra la duda, la vacilación, la temporalidad en la precaria onticidad humana.
Para Teilhard, el mal es la inclusión de la nada en el ser, la precariedad óntica de la realidad humana, que no tiene otra solución, otro antídoto, que la inmortalidad, permanencia garantizada en el ser, participando en la eternidad de Dios, máxima garantía de la inmortalidad. La Evolución se desenvuelve a partir de la Materia, y dicha “cosmogénesis” es irreversible, dirigiéndose a una meta, al absoluto, la Divinidad, porque, como movimiento que es, ha de tener un principio y un fin.
Para Teilhard, la Materia es precaria, paraíso negativo del mal y la nada, puesto que la Materia está lejos del ser. Pero la realidad surge de la materia, como el hombre, por ello, participa de las mismas miserias que la Materia, pero también de sus grandezas, de su espiritualización, que permitirá su futura armonización con el Espíritu. Ambos extremos se fusionarán en una eterna y celestial simbiosis, el Punto Omega.

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UN NUEVO HUMANISMO (I)

Publicado por simbiotica en octubre 22, 2008

UN NUEVO HUMANISMO (I)

Como siempre se dijo, la “necesidad” obliga a los hombres a unirse, la necesidad o algo percibido por todos como un peligro. El hombre actual, antes que tarde, se transformará en “hombre galáctico”, y entonces los sobresaltos, además de los ya conocidos (terrorismo, amenaza atómica, cambio climático, etc.), pueden venir “del exterior”, oportunidades y peligro a la vez, como se presenta en cualquier aventura. Ese reto magnífico de la aventura espacial, a la que el hombre no puede sentirse ajeno, pues supondría un suicidio a un plazo medio, será el aglutinante del género humano, de la estirpe humana, y sobre él debe edificarse “el Paradigma” que tenga como primera característica, una vez más “por necesidad”, su “constancia” a lo largo de grandes períodos de tiempo, como amortiguación ante los peligros de “autodestrucción” que últimamente ha representado el desbocado desarrollo de la Tecno-ciencia.
En la obra del autor “Paradigma” se establece la tesis de la conveniencia de seguir lo que habiamos denominado “la herencia de Platón” y no la llamada “herencia de Aristóteles”, para alcanzar el paradigma buscado.
El repaso a la pura filosofía, en la que el genio alemán destaca sobremanera, es una herramienta que considero básica para el objetivo propuesto. No obstante, se sugieren y se ponen sobre el papel unos puntos básicos en la dirección de la recuperación del camino hacia la “interioridad”, en los que la “ontología del ser” es parte principal. Creo que formará parte sustancial del Paradigma de la sociedad venidera el auge de la Meditación, el desarrollo de nuestra autoconciencia. (Ver la obra del autor “Ciencia y meditación” -Editorial “Letra Clara”).
Además, creo que una serie de “lemas” podrían formar parte del Paradigma:
Es preciso ir hacia la preeminencia de la individualidad sobre el puro gregarismo.
El amor debe siempre prevalecer sobre la compasión.
En ese desarrollo de la autoconciencia, la libertad en las estructuras sociales es básica para que estas últimas permitan el fomento, fortalecimiento y crecimiento de las “potencialidades” individuales.
El respeto a la idiosincrasia de cada pueblo, a su cultura, religión y costumbres debe ser prioritario.
Una permanente lucha contra todo lo que suponga alienación de las mentes, como las realidades artificiales poporcionadas por los distintos tipos de droga, debe formar parte de nuestra “moralidad”.
Otras cuestiones también pueden aportar su grano de arena a la “construcción del Paradigma”.
De la obra de Julián Fernández Gutiérrez “¿Qué es lo ultrahumano?”, entresacamos algunas:
“El arte, todas las manifestaciones de éste así como la moral y la filosofía, como las religiones, han sido estimulantes, vamos a decir así, del sentimiento. Todo el problema de la Creación es entendimiento y, por ello, las mentes intuitivas de las generaciones anteriores se dirigían a potenciar éste. Porque si reparáis en otra cosa, al lado de los constructores de religiones, de aquellos hombres grandes sentidores alrededor de cuyo núcleo se construyeron las religiones y los conceptos morales ha habido otros sentidores de parecida categoría que han sido los artistas todos, y cuya misión consistió en ir introduciendo en el mundo un poquito de sentimiento, ir haciendo sentir a la humanidad. Ese Miguel Ángel, Beethoven, Wagner, Goya, El Greco, Goethe, Cervantes, Homero, Shakespeare y tantos otros (no puedo meter a todos) han ido derramando, con sus creaciones, el presupuesto, las bases, para que la humanidad fuera sintiendo.”
Y también: “Sólo permanece la idea, esa vibración impalpable”. “Todo el mundo ha tenido razón, su razón”.
“Cada filósofo es una singularidad y que el ve la vida desde un punto de vista suyo”.
“No somos más que materia pura, desde que nacemos. Mera materia, sí; así de claro como dicen los de la orilla opuesta. Pero esto es lo más maravilloso y, al mismo tiempo, divino. Que esta materia piense, que esta materia sienta y que esta materia accione”.
“No es el alma que escapa cuando mueres, en cada instante ha escapado algo de ti mientras estás vivo”.
“Pero ya saldrán otros humanos mejor dotados para ir perforando, ampliando, esta brecha de dotar al mundo de una nueva filosofía que, en realidad, tiene que ser una ciencia trascendente, sólo eso. Con esto es suficiente”.
(De la obra “Paradigma”. Copyright 2008)

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