Un apasionante artículo, “Nuestro universo es solo información cuántica”, debido a Javier Monserrat aparece en Tendencias Científicas en relación a la obra del físico Vlatko Vedral “Decoding Reality”.
La tesis del profesor Vedral es que nuestro universo es solo información cuántica y no básicamente materia y energía (véase el programa de Redes sobre la “incertidumbre cuántica” aquí).
“Frente al punto de vista ordinario de la ciencia, que responde casi al sentido común, a saber, que en el universo todo se deriva de la materia producida en el estado físico primordial que llamamos big bang, la tesis de Vedral consiste en afirmar que la información es anterior a todo, es el origen primordial de cuanto vemos.”
Javier Monserrat se opone a esta idea argumentando que “la digitalización y simulación del universo es producida por la actividad de la mente humana que, al recibir información de un universo real previamente existente, es capaz de representar el conocimiento sobre el universo (la flecha segunda de Vedra) en un sistema informatizado. La información es algo derivado.”
Vedral, frente al problema de la metafísica filosófica, aduce: “La cuestión acerca del todo a partir de la nada, la creación ex nihilo, es clave. Así pues, como sostengo yo, si la información es el hilo conductor común, la cuestión de la creación ex nihilo se reduce a explicar cómo surge la información de la no-información.”
(Ver la síntesis de la obra “Decoding Reality” en Wikipedia)
A continuación exponemos el pensamiento del ilustre Karl Popper sobre el “realismo crítico” a partir del magnífico trabajo de Jaume Navarro Vives titulado “El contacto con la realidad”.
La asimetría entre el pasado y el futuro va en contra del determinismo científico y a favor del indeterminismo (el futuro no está todavía fijado -sí abierto a influencias-, mientras que el pasado está cerrado -totalmente determinado).
Popper claramente está criticando al positivismo en auge en los años sesenta.
Popper parte de la base de que “la existencia real queda difuminada en una superestructura dominada por la dualidad onda-corpúsculo”.
Entre la interpretación meramente estadística de la probabilidad y la “subjetivista” de la interpretación de Copenhague, Popper encuentra una vía media llamada “interpretación propensivista de la probabilidad”. En ella “pretende simultanear la existencia de magnitudes probabilistas (innegables en la nueva física), con el carácter objetivo de éstas”. “La indeterminación que aportan tales magnitudes no es atribuida a la naturaleza de los objetos físicos (las partículas), sino a las situaciones. De este modo la indeterminación se traslada a los hechos posibles; ni a las cosas mismas, ni a nuestro conocimiento de ellas.”
En la propensión se añade una interpretación física de las posibilidades: éstas no resultan ser meras abstracciones, sino tendencias físicas. “La tendencia o la propensión a que tenga lugar aquello que es posible”, y que “se expresa en la frecuencia relativa con la que de hecho acontece la posibilidad en cuestión”. Por ejemplo, “un electrón con su situación concreta tiene distintas posibilidades de manifestarse”. “Y esto serían las propensiones”.
“Si un fenómeno concreto tiene una determinada probabilidad de darse, no es por puro azar sino porque en la situación física hay algo que da esa probabilidad al fenómeno”.
En resumidas cuentas, para Popper, “nuestro conocimiento, frecuencial e indeterminista, acaba siendo identificado con el modo de ser real, objetivo, del mundo”.
El realismo de Popper, pues, consistiría en “una postura anti-idealista, objetivista y anti-instrumentalista”. Anti-idealista porque no puede subordinarse la realidad del mundo a la existencia humana; objetivista, porque debe haber una clara separación entre cosa conocida y sujeto cognoscente; anti-instrumentalista, porque las teorías elaboradas por la inventiva humana nos dan conocimiento acerca del mundo (como mínimo, al menos lo que el mundo no es) y no se limitan a “ser instrumentos para la supervivencia del hombre y el dominio de la naturaleza”.
“En el mundo académico, la revolución bayesiana está a punto de convertirse en un punto de vista mayoritario, lo que hace diez años habría sido impensable” (Bradley P. Carlin -Universidad de Minnesota- New York Times. Enero de 2004).
El Teorema de Bayes fue enunciado por el reverendo Thomas Bayes en 1763 y expresa la probabilidad condicional de un evento aleatorio A dado B, en términos de la distribución de probabilidad condicional del evento B dado A y la distribución de probabilidad marginal de sólo A (Wikipedia). Pero nos ceñiremos mejor a la definición adoptada por Chris Frith en su obra “Descubriendo el poder de la mente”.
El teorema de Bayes se expresa así:
p(A/X) = p(X/A)* p(A)/ p(X)
“Dado cierto fenómeno (A) del que queremos saber, y una observación (X) que es un dato con respecto a A, el teorema de Bayes nos dice cuánto hemos de actualizar nuestro conocimiento de A, teniendo en cuenta el nuevo dato X”.
Nos dice Frith que esta es la fórmula “que estamos buscando sobre las creencias”. “En este caso el término matemático para creencia es probabilidad. La probabilidad procura una medida de cuánto creo yo en algo”. (Probabilidad 1 si estoy absolutamente seguro de una cosa; probabilidad 0 si estoy convencido de que algo no pasará nunca. La mayoría de creencias, pues, estarán entre o y 1).
El teorema de Bayes indicaría “exactamente en qué medida debo cambiar mi creencia sobre A considerando el nuevo dato X”. “Si observo la ecuación, p(A) es mi creencia previa sobre A antes de que llegue el nuevo dato X. p(X/A) es la probabilidad de obtener el dato X dado que A es efectivamente cierto. p(A/X es mi subsiguiente, o posterior, creencia sobre A después de tener en cuenta el dato nuevo.”
La importancia de este teorema radica en que nos da una medida muy precisa del grado en que el nuevo dato debe hacernos cambiar nuestras ideas sobre el mundo. Es decir, es un método muy eficaz para añadir la experiencia adquirida a datos mensurables y concretos. Matemáticamente, un filtro bayesiano permite retroalimentar la fórmula que calcula la probabilidad de un acontecimiento con la experiencia adquirida anteriormente en casos similares (una forma de aprendizaje). Por eso los filtros bayesianos, por ejemplo, son usados para luchar contra los mensajes SPAM, y en otra infinidad de campos: limpieza de ruidos de señales analógicas, elección de caminos a seguir por los paquetes de información en Internet, pronóstico resultados quinielas, y un largo etcétera. En resumidas cuentas “el teorema procura un patrón mediante el cual podemos juzgar si estamos utilizando el nuevo dato como es debido”, lo que nos conduce al concepto del observador bayesiano ideal: un ser mítico que siempre maneja los datos de la mejor manera posible.”
(De la obra de Chris Frith “Descubriendo el poder de la mente”)
Nos dice Antonio J. Durán Guardeño en su obra “Pasiones, piojos, dioses… y Matemáticas” que el Nobel Eugene Wigner escribió: “Es incuestionable que los conceptos de las matemáticas elementales y, en particular, de la geometría elemental, fueron formulados para describir entidades que nos eran sugeridas por el mundo real; pero eso no parece ser verdad para conceptos más avanzados, en particular para aquellos que tienen más importancia en física [...] Así, la mayoría de los conceptos matemáticos avanzados, tales como los números complejos, álgebras, operadores lineales, conjuntos de Borel -y podría continuarse la lista indefinidamente- fueron inventados porque eran conceptos muy apropiados para que los matemáticos pudieran demostrar con ellos su ingenio y su sentido de la belleza formal”. En esta lista entrarían también los espacios con cuatro, cinco y hasta n dimensiones, pudiendo ser n un número infinito. A los espacios de infinitas dimensiones, concretamente, como nos dice Durán Guardeño con “poca precisión”, los adornados de una versión infinita del teorema de Pitágoras, se les denomina de Hilbert, y contra lo que de forma racional pudiera suponerse que tal espacio “inventado” no tuviera nada que ver con la realidad, aparece la aparente “irracionalidad” de su enorme ubicuidad en toda la física de nuestros días.
Y hablando del eminente Paul Dirac, que fue un convencido pitagórico y platónico, para él existían dos pilares básicos sobre la cuestión: 1) “Toda ley física debe tener belleza matemática”; 2)”El matemático juega un juego cuyas reglas ha inventado él mismo, mientras que el físico juega un juego en el que las reglas las determina la naturaleza; sin embargo, a medida que transcurre el tiempo, se hace cada vez más evidente que las reglas que el matemático ha encontrado interesantes son las mismas que la naturaleza ha elegido”.
Así, cuando la partícula material alcanza velocidades comparables a la de la luz, la célebre ecuación de ondas de Schrödinger no rige lo que ocurre en el átomo, sino que hay que sustituirla por la ecuación deducida por Dirac, que no se formula usando números sino unos objetos matemáticos llamados matrices; tal tipo de ecuación no se había visto con anterioridad en física, lo que demostró una vez más la inesperada e “incomprensible eficacia de las matemáticas”.
Si existe un personaje en la literatura de Paul Valéry que sintetiza sus búsquedas, este es Monsieur Teste, un “personaje inacabado y en constante producción a lo largo de su vida” que “se ha transformado en la personificación del intelecto”.
Dice Walter Benjamin que “Monsieur Teste no es otra cosa sino el individuo que, estando finalmente preparado para atravesar el umbral de la desaparición histórica, acuda a la llamada aún una vez más (como sombra) y se sumerge en ella de inmediato”.
Monsieur Teste pasa la vida preguntándose por el “más allá”, un tiempo inmemorial de donde procede el intento de permanecer la mayor cantidad de tiempo consagrado al presente, “única manera de interrogar el ser”. Por eso dice que la “sensibilidad” es todo, “soporta todo, evalúa todo”. Y esa consagración a la sensibilidad (donde se aloja Teste) es alojarse en un presente eterno.
Ese “más allá” o “tiempo inmemorial que deja su huella en el rostro como revelación de Dios de donde proviene el lenguaje, es el tiempo en el Jardín del Edén; tiempo edénico“. “El hombre que “da el nombre” habitaba en el Jardín del Edén en un tiempo inmemorial y divino”.
Benjamín dice: “la Creación de Dios queda completa al recibir las cosas su nombre del hombre, desde el cual, en el nombre, sólo habla el lenguaje”.
“Dios nombra sólo a través del hombre y se presenta en cada juicio que este efectúa”.
Gershom Scholem nos dice que la “nada” es una hendidura abierta en todo “ente”, “es la experiencia del hombre actual que está reflejada en Kafka: una experiencia vaciada de Dios”, “una nada de Dios”.
“Dios no puede dar nombre a las cosas del hombre sino a través de éste. Es por ello que cada palabra conserva la reminiscencia de un tiempo inmemorial, el tiempo edénico. O en palabras de Benjamin, es mímesis de aquel tiempo en donde se inaugura el lenguaje.”
“Dios es el hálito que resta de la existencia, el “aura” de vida que reposa entre el rostro y el gesto”. El “aura” es “aquello sagrado que hay de Dios en el hombre, l´ineffable, rostro en el que se aloja la Revelación”.
“Poesía y enamoramiento residen en la lejanía sagrada del “aura”. En este sentido, Valéry escribió que el poema es “una abstracción, una escritura que espera.”
“El poema no se nombra sino que llama a la existencia”.
Para Benjamin lo decisivo es el instante del nacimiento, en el primer “abrir y cerrar de ojos” que percibimos como un “chispazo”. “Un efecto de luz que nos invita a la existencia”.
El tiempo edénico es un tiempo en puro-presente, en donde no existe ni pasado ni futuro. “La pérdida y expulsión del Paraíso fue el arrancamiento del tiempo presente. Corromper el árbol del conocimiento ha enfrentado al hombre con la posibilidad de una existencia finita. Lo ha transformado en un ser histórico. Y así, desde aquel instante, el hombre ha vivido -como ha descrito Paul Valéry- entre el pasado y el futuro, en donde solamente a través de la sensibilidad -lenguaje sin palabra- es posible invocar a un tiempo inmemorial para hacerse del presente perdido. Placer y dolor, como vías profanadas de aferrarse al presente, es lo que le queda a este hombre que se ha vuelto ser-en-la-historia. Y la sensibilidad, lágrima que surca el rostro, l´ineffable, es la reminiscencia del tiempo edénico.”
(Del trabajo “L´ineffable”: sensibilidad y apertura; en torno a Paul Valéry y Walter Benjamin” de Emmanuel Taub)
Estas consideraciones están basadas en la clásica distinción aristotélica entre “Potencia y Acto”.
Al reflexionar sobre la “ejecución” del Acto, observamos que muchas veces ni siquiera el sujeto del mismo es “consciente” de la trascendencia del mismo, lo que supone en términos filosóficos o metafísicos un “no” apoderamiento absoluto de tal Acto. Y recapacitando sobre otro concepto filosófico sustancial como es el ser, y en particular su esencia, es preciso acudir a la noción de pasado, pues el pasado es preciso para que el sujeto (el ser) pueda “realizar el Acto” (y con ello pueda crearse realidad, en mi opinión -y la de otros científicos- en el proceso de la medida). Es fácil imaginar, pues, que la propia esencia de ese ser precise de tales pasados “para constituirse”, lo que puede deducirse del hecho de que sin pasado el ser ni siquiera puede actuar: puede realizar el Acto.
Ahora bien, ello no significa que el pasado necesite de tal ser para existir, en otras palabras, que habite únicamente en la propia mente como promocionan ciertas teoría psicologistas. Tal cuestión se relaciona con la realidad de un posible, más bien seguro, posterior “olvido” -parcial o total- de dicho pasado por el ser, o la capacidad de ser “rememorado” tal pasado por el mismo u otros seres, es más, hasta existe la posibilidad del, ahora sí, apercibimiento de su verdadera trascendencia por algún ser posterior.
En mi opinión, el razonamiento anterior es una prueba de la verdadera realidad “per se” de esos pasados, que bien considerados no son más que unos “presentes”, desde el punto de vista del momento de la realización del Acto que conllevan.
Conclusión: ¡No deben la existencia los pasados a su permanencia en la memoria de algún o algunos seres -desaparecerían, entonces, si se perdiese la memoria de los mismos- sino que tienen existencia por sí, que es precisamente la característica de la realidad! ¡El pasado-presente-Acto configurador de la realidad y la realidad misma es totalmente objetiva (no el reflejo propuesto por Platón en su famosa cueva), con ello, con validez universal para todos los seres!
Corolario: La verdadera importancia o trascendencia de la realidad es un misterio, que se encierra en sí mismo, abierto a ser desvelado por cualquier ser que tenga capacidad y dedicación para ello.
Tras este preámbulo expondré varias aseveraciones consecuentes con lo anterior.
En el Presente es “donde” las diversas potencias (caos) se “convierten” en Acto (por la “actuación” de un ser, o por simple azar).
El Futuro es una simple ordenación de los presentes, consecuencia de la dimensión tiempo. Pero los presentes también pueden ordenarse en función del espacio.
En principio no existe ningún futuro de cada presente, pero sí existe el futuro de cada ser, que son los presentes en los que existe una imposibilidad de “apoderamiento” por parte del ser.
Y es que el ser (esencia) se “apodera” de presentes del pasado. El pasado, pues, tiene su importancia por constituir el “alimento” del ser, puesto que la “esencia”, o “naturaleza del ser” está compuesta de pasados (que, como dije, son simples presentes).
Así que, tan sólo “el futuro puede alimentar al ser”, si el ser es capaz de transformar en pasado tal futuro (aquí habría que incluir los presentimientos u otras manifestaciones parecidas).
Tras lo anterior, podríamos distinguir al ser por “transformar” las potencialidades en Acto, y tener la capacidad de apoderamiento de los pasados.
Y por lo antedicho en el preámbulo: Los Actos, o acontecimientos (historia) son independientes de los seres, teniendo la capacidad de “persistir” por encima de cualquier circunstancia.
La importancia del Presente radica “sólo y exclusivamente” en que en él se “realiza” -tiene lugar- el Acto.
El Acto es la base sustancial de la realidad.
El Pasado tiene la importancia que tiene en base al ser que se alimenta de los presentes-actos transcurridos.
El futuro no existe, sólo significa una ordenación de los presentes.
Y en consecuencia: El tiempo en sí es reversible, por lo que no puede “adornarse” de la “cualitativa” escala del pasado-presente-futuro (la mal llamada “flecha del tiempo”).
Teniendo en cuenta todo lo anterior el panorama físico que se presenta ante nuestros ojos sería el siguiente.
Hay que partir de la incólume base definida en la visión anterior, a saber, la realidad extrema del presente-acto o acontecimiento, y sobre esta base edificar todo lo demás.
De tal premisa básica del suceso-acontecimiento-presente trasciende la invariabilidad de la historia física, basada en hechos. Y una prolongación de estos últimos incluye, dentro de esa realidad física, las probabilidades cuánticas que consideradas en conjunto son tan reales como el mismo suceso o acontecimiento (hecho).
Además habría que considerar como mínimo, dentro de esa realidad, el marco donde se encuentran o relacionan tales sucesos o acontecimientos, que son las coordenadas espacio-temporales (no discutiremos ahora su dimensionalidad). Y dentro de este marco figuran las teorías del espacio-tiempo: relatividad general einsteniana, etc. Sobre todo me hago eco especialmente de la interpretación de Einstein de la gravedad sustituyendo el espacio galileano por el semiriemniano, anulando así el concepto de fuerza gravitatoria. (Con independencia de que el universo en su conjunto se nos presente plano).
Lo que deja de tener validez es el concepto de trayectoria tan utilizado, por ejemplo, por el mismo Einstein en la prefiguración de las geodésicas, etc. O, sin ir más lejos, en el clásico experimento cuántico de las dos rendijas, donde las trayectorias dejan de ser reales u objetivas, pues se difuminan ante la disyuntiva de onda o corpúsculo, dando lugar a la clásica dualidad ondocorpuscular.
En la posterior abstracción del desarrollo matemático-físico, sólo son reales los “observables”, no la “supuesta” trayectoria entre los mismos. Y esto último hay que trasladarlo, desde el punto de vista de la filosofía científica, a las leyes en general.
Como ejemplo que puede tener carácter de generalidad lo siguiente. Si hubiéramos considerado como “real” la teoría newtoniana de la gravedad, nos hubiéramos equivocado de todas todas al haberse descubierto con posterioridad la teoría de la relatividad general de Einstein: ¿Cuál de las dos sería real, siendo las dos numérica y conceptualmente distintas?… Si es real la segunda, nadie nos puede asegurar que no exista otra que la sustituya mejorándola, lo que significaría que incurriríamos en un nuevo error… Y más cuando hay suficientes indicios de la posible existencia de una teoría de relatividad cuántica, tan buscada por el mismo sabio alemán, que la modificaría.
El entrelazamiento cuántico es una demostración de la realidad de la probabilidad cuántica, de la realidad, por ejemplo, de dos partículas cuánticas entrelazadas (no-localidad) y no exclusivamente la de cada una de ellas por separado.
* Las teorías, pues son construcciones mentales humanas “muy útiles” que “enlazan” los sucesos-hechos (verdadera realidad) de forma que poseen una cierta probabilidad de predicción , ¡pero nada más!: No son reales en sí, pues siempre puede haber alguna otra que las sustituya e incremente su validez. ¡Sólo son reales los hechos -inamovibles-!
El futuro, pues, de cualquier sistema o proceso es incierto: sólo poseemos cierta probabilidad de que ocurra, dependiendo de la teoría considerada. Otra cosa es que “parezca” que la naturaleza sigue ciertas leyes, que coincidirían, así, con nuestros pensamientos, leyes o deducciones mentales… Aunque nunca sabremos con seguridad si tales “leyes naturales” son exactamente las deducidas por nuestra mente o una aproximación…
Cierto es que existe cierta intuición de que alguna de esas leyes naturales podrían coincidir con las “construidas” humanamente , ¡pero pudiese ser que ello reflejase, más bien, un deseo que una realidad!
Con la lógica y las matemáticas se afianza más, si cabe, dicha intuición, aunque la matemática moderna más reciente nos va sugiriendo que, tal vez, estemos en un error, sobre todo a partir del teorema de incomplitud de Gödel.
Nos dice Marisa Gómez en su trabajo “Deleuze… en torno a una lógica de la sensación…” que Imagen y Cuerpo son dos temas básicos en la obra de dicho filósofo francés, junto con la noción de Tiempo. “El Cuerpo Sin Órganos y la Imagen como encarnación de la filosofía constituyen la base de su “nueva imagen del pensamiento” y su relación puede ejemplarizarse a través del cine pero también, por ejemplo, en la obra pictórica de Francis Bacon”.
La noción de “imagen del pensamiento” de Deleuze sería “el campo de posibilidades de una orientación del pensamiento que hace visible y enunciable aquello por lo que el pensamiento es afectado en un momento dado, como una especie de “imaginario filosófico”, diferente en cada época”. Es necesaria una nueva imagen del pensamiento, ya no basada en la repetición y la identidad en función de la verdad al uso desde los tiempos de Platón, sino en la línea de Nietzsche, como inmanencia o juego de potencias que , de alguna forma, son las que activan el pensamiento, que sería ahora un proceso creativo y no reproductivo. En palabras de Marisa Gómez: “lo que regiría ahora el pensamiento, sería la noción de Diferencia como oposición a la identidad y un modelo rizomático en lugar de arborescente”.
Por otro lado, la noción de “Cuerpo Sin Órganos” la define como: “un cuerpo sin organización, sin verdad, sin elementos preexistentes, definido sólo por los cambios de intensidad de las potencias que lo componen y que afectan a su naturaleza”. De donde “el ser así concebido sería pre-individual y pre-subjetivo, sin condiciones a priori de la experiencia, a la que deberíamos liberar de la subjetividad”.
A partir de las dos nociones básicas anteriores se introduce otro elemento clave en el pensamiento de Deleuze: la idea de Devenir. En el mundo de las ideas, lo inmutable es sustituido por devenir. “Por ello también el ser se concebirá ahora como Ser-Devenir, igualado a la Duración Temporal, según concepciones bergsonianas”. “La duración se entendería como un cambio cualitativo incesante que viene dado por el movimiento cualitativo y la apertura al tiempo como creación de algo nuevo que va más allá del tiempo cronológico”.
Para Deleuze el ser es unívoco, concibiéndose como “un Todo en el que confluyen distintas potencias singulares que suponen la diferencia en lo inmanente”.
Continúa Marisa Gómez: “Si todo es devenir como cambio creativo en el que tendrá gran peso el azar, nos hallamos en Deleuze ante un caos activo ante el cual, la asociación de ideas supone una cierta resistencia. Plantea como dinámica para este Cuerpo sin Órganos, una lógica de la experiencia basada, obviamente, en una organización anterior a toda sistematización en órganos que sería el medio a través del cual podríamos pensar la sensación, la impresión y el propio cuerpo, a través del cual podríamos fijar el devenir del propio cuerpo”.
Para el Dr. Ricardo Espinoza, la “Lógica de la sensación” (1981) es una obra de Gilles Deleuze “filosóficamente encarnada en el cuerpo y, más precisamente dada la temática pictórica enunciada en su título, en la sensación ocular: en la relación Ojo-Figura de un cuerpo sin órganos donde se libera la figura de la representación para atenerse a ella como hecho inmanente y aislado. Desde aquí, se muestra cómo para Deleuze la sensación, como experiencia de la obra de arte, no puede sino estar radicada en un cuerpo sin órganos donde la figura se desfigura o transfigura en múltiples. Por último resuena la idea deleuziana según la cual hay sólo un acontecimiento para todas las cosas, un cuerpo sin órganos para todas las figuras: ¡lógica de la sensación!”. (Del trabajo del Dr. Ricardo Espinoza Lolas titulado “Deleuze… en torno a una lógica de la sensación…”).
“Se aprecia una continuidad en toda la vida terrestre desde las plantas, animales (reptiles, mamíferos, etc.) y hasta el mismo hombre: “materialmente” se diría que la diferencia entre los mismos es simplemente un problema de “cantidad”.
Mas el dominio de la técnica y la propia ciencia y filosofía indican (la misma conciencia -como desarrollo de la consciencia) que en el hombre parece “emerger” algo “nuevo” a lo que no calificaremos.
Más bien, donde se ve “ese progreso”, al estilo teilhardiano, es observando los identificables niveles que aparecen en la evolución (dejando aparte, como excepción, las “regresiones” existentes). Al llegar a este punto, hago una propuesta para que quede dibujado el “paralelismo” de esa evolución progresiva y el “ascenso” de la mente.
Dice así la propuesta: La evolución mental de los seres vivos sigue la línea que marca el tipo de “proposiciones” que cada especie o taxón puede plantearse, y que se materializa en el tipo (nivel) de problemas al que puede enfrentarse. Por ejemplo: si puede desplazarse en uno u otro sentido para buscar la comida, si es capaz de jugar o “actuar” simplemente por necesidad, o si (claramente en el caso humano) puede uno “aspirar” o simplemente comprender la eternidad, una vida después de la vida (mitos funerarios) o la misma infinitud.
¡Aquí importan las preguntas, no las respuestas, algo que va en contra de la tendencia dominante (ciencia) en que se pregunta para obtener respuestas, y si estas son negativas se rechaza la premisa!
Nos dice Antonio Fornés Murciano en su obra “Las preguntas son respuestas”: “No se busca saber, sino tener razón. Sin embargo, no nos equivoquemos, el auténtico conocimiento no está en las respuestas sino en las preguntas; en realidad, resulta mucho más difícil preguntar que contestar, pues quien pregunta es quien realmente sabe”.
Lo importante es el planteamiento, lo que se pregunta, el “nivel” en el que se sitúan los mismos.
Dicho “nivel de interrogación” nos indica qué estructura mental la está realizando, y por consiguiente: CUALES SON SUS ASPIRACIONES.
Todo ello supone el ascenso del Logos sobre cualquier otra consideración. Además, el propio desarrollo matemático tan abstracto y a la vez tan sujeto a la realidad (Penrose) nos indica claramente que estamos en el recto sentido.
Resuminedo: La respuesta a las preguntas planteadas es campo de la ciencia. El cariz de estas preguntas es pura filosofía, que se entronca, en cierto modo, por extrapolación, con la propia teoría de la mente.”
“¿Y si la Física, mucho más claramente desde la revolución cuántica, apuntara (sin que ni siquiera lo sepa la inmensa mayoría de los físicos) a transformarse en Ontología científica, movida a ello por la vocación irrenunciable de esa Philosophia Naturalis que en el fondo siempre ha sido?
Y continúa:
“Ahora bien, si como decía Aristóteles, el ser es uno pero se dice de muchas maneras, a él se llega sin duda por diferentes caminos… , dos al menos, con un seguro punto de convergencia: aquel donde -como titulan Rosenblum y Kuttner, un capítulo de su libro- “el misterio se encuentra con el enigma”.
“Si esta conjetura va bien encaminada, la sorprendente implicación de la “consciencia observante”, en la definición de lo que es real en el mundo cuántico -un hecho que constituye justamente el enigma que da título al libro que comentamos- nos estará hablando de la no-escisión del Ser en sujeto (subjetividad) y objeto, a niveles profundos. Algo que intuía Jung al postular la existencia de un VNUS MUNDUS, de un plano-sustrato en el que el “espíritu” y la “materia” no están diferenciados.”
(El artículo comenta la obra de Bruce Rosenblum y Fred Kuttner \”El enigma cuántico\” y la de Charan Panda “Física y Vedanta”)
Para cada persona en particular, en su plenitud de facultades, máxima consciencia e inteligencia (hacia la edad madura plena), se produce ,también ,la mayor conciencia de su “situación vital”, así como sobre la imaginada situación que debe acompañar a los instantes inmediatos a la muerte. La barrera entre tales “muros” o supuestos “estados”, percibidos como perfectamente “reales” y/o irremediables (obviamente, al menos en el caso de la muerte) se hace máxima: se nos antojan ¡dos abismos separados!
Mas, creo “percibir” que cuando el hombre se acerca realmente, ahora sí, a ese instante final, aquellas tales barreras o muros llegan a “acercarse” tanto entre sí, que yo diría que en ese preciso instante último, ambas barreras se “identifican”, de forma que, en muchos casos, se pasa de una situación a la otra con cierta “suavidad” (si pudiera decirse o plantearse así), casi con continuidad, es decir adoleciendo de algún perceptible gran salto: !Aquellos temores ante la muerte que sentimos en los momentos de “claridad consciente”, una vez llegada la misma, se metamorfosean en una “suave calma” o resignación más compañera del descanso que de una verdadera tragedia! ¿Será la “pulsión de muerte”, adivinada y propuesta, así, por Freud?
La verdad es que no es de extrañar que la sabia evolución escoja un camino que en esencia se compone de dos fases: ¡una lucha por la supervivencia!, cuando aún es posible tal lucha, muy unida al instinto de conservación; y en segundo lugar, ¡una resignación no traumática!, una vez superada la primera fase y obviado, pues, ese primer instinto.
Corolario: ¡No nos preocupemos por nuestra inevitable muerte, pues la propia naturaleza ya se preocupa “suficientemente” de ello!
En esta Parte terminaremos de comentar los artículos “El realismo escolástico de los universales en Peirce” de Mauricio Beuchot y “¿Por qué ser un “realista escolástico” no significa ser un “platonista”?” de Paniel Osberto Reyes Cárdenas.
Según Osberto, “el realismo escolástico de Peirce concebido de su mejor manera es una pieza de metafísica científica ella misma y una hipótesis abductiva de alto nivel”. (En la Parte II del artículo definimos el concepto de “abducción”. La “metafísica científica” es una posición “sui generis” del propio Peirce).
La ”decantación” filosófica anterior supone un trasfondo “donde las proposiciones de la ciencia son pragmáticamente significativas”.
Para Susan Haack “la idea del realismo escolástico permea cualquier inferencia abductiva”, por lo que nos dice que “el punto de vista pragmático es, por lo tanto, realista”. Ahondando es esta hipótesis, el mismo Peirce sostiene que “el pragmatismo es posible solo desde una perspectiva realista, y al mismo tiempo ésa es la razón por la que es lógicamente consistente”.
El platonismo matemático propone, por ejemplo, que “las entidades abstractas existen”. Nos comenta Osberto Reyes que “la entera brecha en el conocimiento de algo que existe pero que es inaccesible es muy problemática para cualquier tipo de teoría, y consecuentemente es problemática para el platonismo también.” (No así sucede en los planteamientos que aparecen en mi obra “Accesible e inaccesible”).
Al llegar a este punto transcribo exactamente las palabras de Paniel Osberto Reyes Cárdenas:
“Pero hay una diferencia entre esta complicación del platonismo y el mencionado “realismo escolástico”. El realismo escolástico considera las realidades abstractas como reales, no como existentes. La diferencia es que la existencia de algo se muestra en los hechos que reaccionan con nosotros y el alcance de nuestra experiencia empírica real o posible, mientras que lo “real” es cualquier ítem de que pervade nuestro conocimiento bajo condiciones de investigación controlada y continua.”
En mi opinión, todo este razonamiento, si no erróneo requiere de una profunda revisión o matización. En tiempos del propio Peirce, la física cuántica no alcanzaba la sutileza que hoy día alcanzan algunas de sus “interpretaciones”. Actualmente los conceptos de existencia y realidad, como dije en partes anteriores de este artículo, van muy de la mano de lo que significan los estados cuánticos (existentes) y la realidad que aparece cuando se realiza una medida con la obtención de datos totalmente objetivos (históricos) y por ello reales. Y ahora viene la crítica más general a los conceptos encerrados en los párrafos anteriormente citados del artículo de Osberto Reyes: ¡debemos partir de lo más objetivo e imparcial de todo, “los hechos”! No hay que hacer prevalecer las leyes sobre los hechos, en el razonamiento de Peirce, por pertenecer éstas a la “categoría de relación o de terceridad”, todo lo contrario, son los hechos (ante la “imposibilidad de reescribir la historia”) los que prevalecen sobre cualquier otra cuestión, que incluye las propias leyes, que de la “mano del hombre” siempre pueden ser “afinadas” por otras nuevas.
Mauricio Beuchot termina su citado artículo con los siguientes párrafos:
“Ciertamente Peirce quería compaginar ese realismo escolástico con el fenomenalismo kantiano, que después será el de su pragmatismo, y eso es imposible. Pero defendía que el realismo escotista era el mismo de la ciencia.”
Continuaremos con los artículos citados en la Parte I de Mauricio Beuchot y Paniel Osberto Reyes Cárdenas.
Mauricio Beuchot nos cita las siguientes afirmaciones de Peirce: “Me declaré realista. Desde entonces he revisado cuidadosa y completamente mis opiniones filosóficas en más de seis ocasiones y sobre la mayoría de los temas las he modificado más o menos, pero nunca he podido pensar distinto respecto al nominalismo y el realismo”.
El nominalista piensa que los generales son ficciones de la mente, que aunque separadas de la realidad, son dependientes de dicha mente. Aunque como nos dice Osberto Reyes, “extrañamente, no es claro como las propiedades comunes y las representaciones de objetos particulares vienen juntas a nuestras mentes cuando hablamos de ellas, si es verdad que los generales son dependientes de nuestras mentes como ficciones y nuestras mentes están separadas de los objetos como son en sí mismos”.
Comenta Osberto Reyes que una posición nominalista requiere el postular “entidades muy similares en el sentido de la brecha interpuesta que es común a cualquier suerte de teoría platonista”, que en este caso es entre conceptos y las cosas en sí mismas. “De acuerdo a Peirce, una teoría nominalista clama por un reino inaccesible de “cosas en sí mismas”, las ideas de algún modo emanan de ellas, pero nosotros no podemos conocer el misteriosos proceso”.
Nos dice Osberto Reyes que esto no ocurre con el realismo escolástico de Peirce, “puesto que no está comprometido con ningún reino incognoscible, todo lo que es real puede ser conocido, no necesariamente por medios de su existencia, pero sí mediante la investigación de proposiciones verdaderas”.
Para Osberto Reyes el nominalismo no es contrario al platonismo, por ejemplo, Peirce reclama a Berkeley su Nominalismo Platonista.
No necesito volver a recalcar que en mi opinión este realismo escolástico de Peirce basado en tales “proposiciones verdaderas” adolece de cierta inconcreción que abordaremos posteriormente. También, hacer notar que la existencia de un “reino inaccesible” (se entiende, “al observador”) es perfectamente posible y existente (voluntad, yo, etc.) como abordo en mi obra “Accesible e inaccesible”.
Como nos comenta Osberto Reyes, existe una oposición de Peirce a la metafísica tradicional como amueblamiento del mundo derivado de un “conjunto de premisas que se presumen como capaces de generar todo el conocimiento a partir de la introspección” (metafísica de inspiración cartesiana).
El llamado “método de la ciencia” de Peirce aparece dentro de la formulación de la máxima pragmática en el artículo de 1878 “How to make our ideas clear“:
“Resulta, entonces, que la regla para obtener el tercer grado de claridad de la aprehensión es, a saber: considerar qué efectos, que pueden concebiblemente tener consecuencias prácticas, nosotros concebimos teniendo del objeto de nuestra concepción. Entonces, nuestra concepción de estos efectos es toda nuestra concepción del objeto” (Peirce 1931, 5.388)
Así que, el método científico o carácter epistémico capaz de la tarea “pervasiva” de fundar la metafísica (su metafísica) sería el pragmatismo.
Una característica de tal método pragmático “realista” es lo que Peirce llama la “abducción”. En palabras de Osberto Reyes: “La abducción es el mismísimo método de la hipótesis o inferencia de la mejor explicación que supone una realidad de trasfondo independiente de nosotros y necesaria para posibilitar predicciones científicas en virtud de los hábitos o patrones de experiencia necesitados de explicación”. (La abducción consiste en la construcción de una conjetura o hipótesis explicativa, a partir de nuestro instinto, que nos permite inferir el caso o hecho concreto al que nos enfrentamos y sin la cual no podríamos dar cuenta del hecho o conjunto de hechos que pretendemos explicar).
El segundo artículo será objeto de una importante revisión.
El enfoque sobre el tema tiene dos vertientes fundamentales: la ontológica y la proveniente de la teoría del conocimiento. En sentido ontológico como nos dice Mauricio Beuchot, tiene mucho que ver con los “universales”. En el primer artículo, Mauricio Beuchot estudia el pensamiento al respecto del filósofo Duns Escoto que influyó decisivamente en Charles Sanders Peirce, y el distintivo matiz de este último, puesto que Peirce modificó y adaptó las tesis de Escoto a sus intereses.
En el segundo artículo Osberto Reyes se refiere al Realismo escolástico de Peirce “como una teoría plausible del problema (debate entre realismo y nominalismo) hacia una posición consistente en el realismo científico”. Nos dice Osberto que la estrategia pragmatista (en la versión de Peirce) “corre sobre las líneas de su teoría de las categorías, desde la cual cobra sentido una distinción entre “realidad” y “existencia”, y desde la cual se puede decir que si bien las entidades abstractas como los universales no tienen existencia no por ello no son reales, siempre y cuando se encuentren en una proposición verdadera.”
Pues bien, explicaré a lo largo de este artículo que, en mi opinión, Peirce y el mismo Paniel Osberto Reyes Cárdenas, subvierten, básicamente, el mismo concepto de realidad y existencia.
La teoría de las categorías de Peirce tan útil en terrenos como la semiótica, creo que adolece de ciertos defectos desde el punto de vista ontológico. Nos dice que los generales (como terceros) son reales pero no existentes (segundos). Creo que el quid de la cuestión reside en el concepto de realidad y existencia definido por Peirce, que es el contrario, en cierto modo, al desvelado en la teoría cuántica, que define los estados como “existentes pero no reales” hasta que no se produce la historicidad del hecho, suceso o acontecimiento por decoherencia, colapso de la función de onda, etc. con ocasión de la medida.
En sucesivas Partes de este artículo iré desgranando el meollo de tan apasionante discusión.
Continuemos con las obras que habíamos prometido en la primera entrega, pertenecientes al pensamiento crítico expresado en la libro de Miguel Espinoza y Roberto Torretti titulado “Pensar la Ciencia”.
De la obra “El hombre neuronal” (1983) de Jean-Pierre Changeux, y la de Alain Connes “Materia de reflexión” (1989) transcribimos:
“Connes tiene el buen sentido de defender la realidad matemática irreductible al juego de neuronas. En su libro melancólico y lúcido A Mathematician´s Apology, G. H. Hardy escribe “que la realidad matemática yace fuera de nosotros, que nuestra función es descubrirla u observarla, y que los teoremas que demostramos y que describimos de manera grandilocuente como “creaciones” nuestras, son simplemente las notas de nuestras observaciones. En efecto, la propiedad principal del platonismo o del realismo matemático es el reconocimiento de la existencia fuera de nuestras mentes de la realidad y de la verdad matemáticas. Ser no es ser percibido ni ser pensado, lo real no equivale a la experiencia sensible o mental que tenemos de él. Como se trata de una evidencia, no hay necesidad de demostrarla. De Platón a Gödel, todo realista platónico en filosofía de las matemáticas hará suya la creencia de Hardy. Connes asentiría, Changeux no. Pero hemos visto que Changeux elabora una especie de realismo materialista. Lo que acabo de decir sirve entonces para ver que el realismo materialista del biólogo no se prolonga en un realismo matemático.”
“Uno de los argumentos favoritos de Connes a favor de la realidad matemática es la coherencia de los teoremas.”
“La coherencia sugiere la solidez. Changeux se muestra impermeable a las observaciones de Connes. El biólogo se limita a repetir que la supuesta realidad matemática objetiva, independiente de nuestras facultades y sin embargo conocible, no es tal: las matemáticas son construcciones neuronales y materiales que existen mientras alguien las piensa. “Yo distingo nítidamente la realidad de la materia y lo que tú llamas realidad matemática. La existencia de esta última me parece estar ligada al pensamiento humano, producto él mismo de la evolución de las especies”.
A continuación abordaremos la obra de Murray Code “Orden y organismo: pasos hacia una filosofía whiteheadiana de la matemática y las ciencias naturales” (1985).
“Los filósofos antiguos tendieron a explicar el movimiento por lo inmóvil, por los números, las formas o los átomos inmutables sin los cuales la naturaleza sería ininteligible, pero otra es la opinión de Whitehead: sin cambio no hay comprensión, afirmación posible en la medida en que el cambio no es caótico: puede haber en él orden y estabilidad. El orden es una parte de la dualidad que forma con el desorden: “Siempre hay un elemento de desorden vinculado a cualquier elemento de orden actual”. “El universo no es un todo armónico regido por leyes eternas y perfectas, lo que no significa que el desorden sea absoluto; el desorden es relativo, expresa la falta de importancia de una “sociedad” más allá de sus fronteras. (En whiteheadiano la sociedad es un tejido completo de estructuras de las entidades actuales). En resumen, el desorden puede ser, o parece ser, un tipo de orden que todavía no ha sido conocido o domesticado, nos impresiona como un ser o una presencia débiles, lo que me trae a la mente la observación de Bergson de que el desorden es un orden que no esperamos.”
“La filosofía de las matemáticas de Whitehead contiene fuertes componentes platónicos y aristotélicos. El filósofo de Ramsgaté distingue las matemáticas puras de las matemáticas aplicadas.”
“Una de las más importantes conclusiones epistemológicas sobre la relación entre las matemáticas y el mundo es descrita por Code como sigue: “No hay justificación para la opinión corriente según la cual se ha logrado efectivamente un cierto conocimiento sobre un tema dado una vez que se ha establecido una explicación matemática de su estructura y sus regularidades.”
“La aplicación de las matemáticas no es una ilusión: los objetos eternos están conectados, como parte de su misma naturaleza, con los eventos actuales. Pero no hay manera de saber si una representación matemática dada es, desde cualquier punto de vista, una descripción exhaustiva o exacta de las características necesarias de la realidad.”
“Whitehead evita la trampa del panmatematismo: no toda deducción matemática es conocimiento, y la explicación matemática debe estar garantizada por la experiencia.”
“Un objeto eterno es no solamente un ente matemático o una forma sino también una cualidad secundaria como los colores, los sonidos y los olores, es decir, algo que hace posible la estabilidad y la repetición de la experiencia. Las entidades actuales difieren entre ellas en su realización de potencialidades.”
Por último, analicemos la obra de David Ruelle “Azar y caos”.
“Todo sistema complejo es fuente de azar, es decir, en este contexto, de ausencia de cálculo satisfactorio, de previsión, lo que es comprensible porque los sistemas complejos contienen un alto número de variables, independientes, componentes de ecuaciones diferenciables que pueden contener términos no lineales (eso significa que las cantidades puestas en relación no varían proporcionalmente unas con otras). La complejidad está ligada a la información, y según Ruelle, un objeto, físico o intelectual, es complejo si contiene una información difícil de obtener.”
“La libertad humana parece difícilmente compatible con la doctrina de la necesidad o del determinismo. ¿Cómo concebir el libre albedrío con las categorías de una ciencia que busca explicar los fenómenos cubriéndolos bajo leyes? Todo estudio científico de la evolución del universo tiende necesariamente a una formulación determinista. Pero Ruelle hace notar que algunas leyes son probabilistas.”
“Hay sistemas cuya descripción es solamente estadística y todo el aparato de representación se hace en términos estadísticos. Es como si el determinismo estricto dinámico-geométrico se diluyera dando lugar, gradualmente, a un determinismo probabilista.”
“Así, según el autor, la libertad humana estaría vinculada a un problema de cálculo. La explicación final de nuestra libertad tendría que buscarse en la complejidad del universo, o más precisamente, en nuestra propia complejidad.”
“La actitud de Ruelle no es sorprendente porque para un científico, el criterio de libertad es a menudo el mismo que el del indeterminismo o del azar: la ausencia de predicción. Si nuestro comportamiento es incalculable, entonces somos libres. En cambio el criterio del filósofo es más profundo, enfatiza el sentimiento de responsabilidad que acompaña al acto libre, llama la atención sobre la necesidad de sentirse señor de sí mismo.”
A continuación expondremos cinco críticas correspondientes a cinco obras de la segunda mitad del siglo XX dedicadas a pensar críticamente sobre ciencias naturales, en especial sobre física y biología, y que aparecen en la obra de Miguel Espinoza y Roberto Torretti titulada \”Pensar la Ciencia\”.
El primer libro corresponde a Michel Ambacher y se titula “Método de la filosofía de la naturaleza” (1961).
Al referirse a la abstracción matemática, dice que existen como tres pisos en la misma. El primer piso corresponde al “esquematismo de la imaginación”. Nos dice que el universo de Galileo y de sus herederos está poblado de formas puras. “El científico ha tomado la costumbre de sustituir las formas matemáticas al mundo real. Las propiedades del mundo ya no son las cualidades vividas sino los entes ideales susceptibles de un tratamiento mecánico.”
El segundo piso de la abstracción matemática es el simbolismo. “Ambacher cree que después de la abstracción deformante viene la práctica viciosa de cubrir la naturaleza con un velo de símbolos. La abstracción primera, a menudo geométrica, está relativamente cerca de la realidad sensible. La geometría es la base de la mecánica.”
“Las representaciones geométricas, gracias a su carácter espacial, son más inteligibles que los algoritmos cuya existencia es puramente formal. La geometría puede llegar a ser, como lo es de hecho por ejemplo en física relativista, una ciencia de alcance ontológico. Pues bien, una vez que se introducen los símbolos (álgebra, análisis), se abandona completamente la experiencia vivida y se cae en un universo de ilusión. El análisis infinitesimal emplea ficciones.”
“El tercer piso de la abstracción matemática, el más reciente, es, según Ambacher, el ordenamiento estadístico, nueva forma de “matematizar” la naturaleza y el hombre. El procedimiento es útil para la previsión y el (posible) control de los fenómenos complejos. Lo real es considerado como si siguiera las reglas de un juego de azar y cada una de las etapas de la historia de la cosmogénesis se presenta como un azar. La teoría de probabilidades es un mito matemático y para aplicarlo a la realidad, hay que deformar esta última.”
“Hay que idealizar la realidad, homogeneizarla para que sea accesible al cálculo.”
A continuación nos referiremos a la obra de Karl Popper y John Eccles “El yo y su cerebro” (1977).
“(…) la teoría de los tres mundos es la conjetura principal de los autores ante el problema de la relación entre lo físico y lo psíquico. ¿Por qué no hablar simplemente de propiedades diferentes o emergentes, físicas, mentales o sociales?”
“Reconozcamos que la hipótesis de los tres mundos es una conjetura extraña: ¿cómo llamar “Mundo” a una serie de objetos culturales que existen en tanto que objetos culturales si y sólo si sus significados son actualizados en y por el aparato psíquico humano?”
“Eccles comparte la tesis de Popper: existe, por una parte, el cerebro, entidad física y, por otra, el yo, entidad psíquica, y estas entidades interactúan. El yo es un ser independiente, separable y separado del cerebro, de naturaleza espiritual, una creación divina implantada en el embrión por Dios unas semanas después de la concepción. El espíritu lee o escanea activamente un cerebro que está en parte abierto y en parte cerrado a su lectura. El yo se encarga de la interpretación y del control de la información dada por la multitud de centros activos en los módulos de las áreas de conexión del hemisferio cerebral dominante.”
“Explotando por su cuenta la doctrina popperiana de los tres mundos, Eccles sugiere que son los módulos (organizaciones anatómicas y fisiológicas de las neuronas corticales), habitantes del Mundo 1, y no cada célula nerviosa, que están en contacto con el espíritu (Mundo 2). Según sus intereses, el yo selecciona e integra la información dada por estos centros. Así el espíritu garantiza la unidad de la experiencia consciente de un momento al otro.”
Doce años después de la publicación del libro comentado, “en su libro sobre la evolución del cerebro y la creación de la consciencia, trata de profundizar en el tema del contacto entre el cerebro y el espíritu recurriendo a la mecánica cuántica. La idea, sugerida por Margenau y considerada como un progreso por Eccles, es, primero, que el cerebro estaría en un estado de indeterminación pronto a recibir una determinación por parte del espíritu; segundo, que en la relación entre el espíritu y el cerebro hay que tener en cuenta el campo cuántico de probabilidades, entidad que se concibe sin masa ni energía. El campo de probabilidades sería un medio para la acción producida por la concentración mental o por un pensamiento metódico. Aunque uno quisiera ver con simpatía estas tentativas, hay que reconocer que la sugerencia es oscura, al menos tan oscura como la idea de campo en mecánica cuántica, la cual mezcla lo discreto y lo continuo tratando de conciliar la física corpuscular y la física de los medios continuos. Luego no es fácil ver cómo un espíritu inextenso sin masa ni energía puede, sin embargo, estar alojado en el cerebro y tener una relación causal con un cerebro material espacialmente localizado.” (La misma crítica que se hizo en su día a Descartes).
(Dejaremos para otra entrega la crítica sobre la otras tres obras)
El autor nos dice: “Si, realmente, el Universo partió de un estado termalizado máximamente desordenado, entonces no es posible explicar el origen de las actuales estructuras materiales y la Segunda Ley queda sin explicación lógica plausible. Sencillamente, toda le energía del universo en equilibrio térmico es inútil.
La energía funcional precisa de variaciones en la entropía que, a su vez permiten la emergencia de las estructuras físicas para originar la vida. El Big Bang no pudo ser un estado primigenio en absoluto equilibrio térmico. La interacción física dominante, la gravedad, debió desempeñar un papel relevante.”
Y también: “La activación de los grados de libertad gravitatorios, latentes en el comienzo del universo, permiten explicar la evolución temporal de la materia hacia la emergencia de la gran diversidad psicobiofísica presente en nuestro universo.”
En la obra de Penrose se presenta una cosmología que se desvía de los modelos cíclicos clásicos -Big Bang seguido del Big Crunch- (modelo de Friedmann o de Tolman) al incluir los grados de libertad gravitatorios, de modo que el universo surgió de un estado primordial extraordinariamente ordenado.
El Big Bang se asocia con la singularidad física que origina el tiempo, así como los agujeros negros representan el final del tiempo. “Son el problema simétrico temporal del Big Bang”. Sin embargo, Penrose nos dice que el Big Bang es una singularidad de una extraordinaria baja entropía comparada con la elevada entropía característica de las singularidades de los agujeros negros. En su opinión, en el Big Bang el universo estaba tan caliente que la energía cinética de las partículas superaba su energía en reposo, por lo que la materia podría considerarse como masa despreciable o, sencillamente, “sin masa efectiva”. Y las partículas sin masa son independientes de la métrica del espacio-tiempo, pues “necesitan y les basta una parte denominada geometría conforme, que es insensible a los cambios de escala locales”. Por ejemplo, los fotones (partículas sin masa) median entre los campos electromagnéticos cuya teoría de campos es invariante bajo transformaciones de la métrica conforme (las soluciones de las ecuaciones de Maxwell en una determinada escala conforme se corresponden exactamente con las soluciones para otra elección cualquiera de escala). “Los fotones sólo necesitan que el espacio-tiempo tenga estructura de cono nulo (estructura espaciotemporal conforme) sin necesidad de un factor de escala que distinga una métrica de otra”.
Y siguiendo con el artículo de Manuel Béjar: “En sintonía con estas ideas, es de esperar que en el universo primitivo caliente, las masas en reposo sean despreciables, la masa efectiva sea nula y los procesos físicos queden dominados por leyes invariantes bajo transformaciones conformes, es decir, ciegas al factor de escala. La geometría conforme se convierte así, en la principal estructura espaciotemporal del universo primigenio. Siguiendo este razonamiento, toda la actividad física primitiva fue insensible a los cambios locales de escala.
Al perderse de vista la escala temporal, el universo primitivo adquiere una geometría conforme, en vez de la métrica completa de la Relatividad. Esto supone una pérdida total de cualquier referencia temporal. Es la ausencia de relojes que marquen el tiempo, Y, en ausencia de tiempo, más allá de la física ordinaria, es posible pensar en una geometría conforme que describa la eternidad que causó el Big Bang.”
Y continúa: “La geometría conforme es la estructura residual que perdura en el universo cuando estiramos el tiempo más allá de su sentido físico. Al dar de sí el universo en su evolución hacia el futuro, Penrose descubre matemáticamente que vuelve a aparecer una geometría conforme que describe los últimos estadios de nuestro universo.
En el remoto futuro encontraríamos un universo tan congelado y diluido que podría considerarse sin masa efectiva en comparación con el remanente de radiación de baja energía procedente de las estrellas explotadas, de la radiación de fondo cósmico consecuente al Big Bang y de la radiación de Hawking que sigue a la evaporación de los agujeros negros. Los fotones y los hipotéticos gravitones resultantes de las colisiones entre agujeros negros serían partículas sin masa que no pueden usarse como relojes. De nuevo, nos encontramos con la geometría conforme sin escala temporal.
Parece que el remoto futuro se asemeja al remoto pasado. La geometría conforme domina el universo por los extremos temporales.”
Añadiendo: “Sin barreras de tiempo ni espacio, sólo puede evolucionar de una geometría conforme a otra. Y aquí llega el quid del modelo cosmológico conforme de Penrose.”
“El modelo cosmológico conforme de Penrose propone que existe una región espaciotemporal previa al Big Bang, que es el remoto futuro de una fase anterior del universo y existe también un universo más allá de nuestro remoto futuro, que se convertirá en el nuevo Big Bang de una nueva etapa. El concepto de universo como conjunto perduraría como la extensión de una variedad conforme constituida por una sucesión ilimitada de etapas o eones.
Cada elemento del conjunto de eones se manifestaría como nuestro actual universo-eón en expansión. El futuro remoto en cada eón enlaza suavemente con el remoto pasado del siguiente gracias a la geometría conforme. El estiramiento conforme en cada big bang enfría su elevadísima temperatura en el futuro y hace finita su densidad. El aplastamiento conforme en el futuro remoto transforma los valores nulos de la temperatura y la densidad en valores finitos, manteniendo inalterada la actividad física de un universo sin masa efectiva por tratarse de una simple re-escala conforme.”
“La diferencia entre las geometrías conforme de los extremos temporales queda establecida por la interacción gravitatoria que, en estas drásticas condiciones, es pura gravedad cuántica.”
“De este modo, la gravedad cuántica debe ser susceptible al tipo de singularidad (agujeros negros o Big Bang). La gravedad cuántica es la interacción dominante en la geometría conforme que caracteriza los estadios universales remotos, pero debe de contener una asimetría temporal, descrita por la nulidad del tensor de la curvatura de Weyl que origina la Segunda Ley en cada big bang.
EL detalle de la física de cada big bang está completamente determinado por lo que ocurre en el remoto futuro del eón anterior y esto conlleva posibles consecuencias observacionales. El extraordinario orden del Big Bang es una consecuencia de la Segunda Ley y de la geometría conforme del futuro remoto del anterior eón.”
En defensa de esta magnífica teoría hay que destacar la magistral forma de evitar la singularidad del Big Bang por la aplicación de la geometría conforme, que se distingue por su disminución de complejidad con respecto a los modelos cosmológicos basados en la gravitación cuántica de bucles de Ashtekar y Bojowald con su tiempo discreto, etc. Estaríamos ante una teoría basada en argumentos más clásicos que hunde sus raíces en un perfeccionamiento o desarrollo de la teoría einsteniana de la gravitación.
La teoría, en mi opinión, podría desarrollarse aún más para dar explicación al valor tan extraordinariamente bajo de la constante cosmológica no desechando la solución que el mismo Penrose apunta en la página 149 de su obra: “Llegados a este punto, parece sugerirse una posibilidad. ¿Podría ser que nuestros F+ y B- sean uno y lo mismo? Quizá, como una variedad conforme, nuestro universo simplemente “se enrolla”, de modo que lo que está más allá de F+ es simplemente nuestro propio universo que parte de nuevo de su origen Big Bang, estirado conformemente como B-, según la propuesta de Tod. La economía de esta idea tiene ciertamente su atractivo, pero creo que podría haber serias dificultades de consistencia que, para mí, hacen implausible esta sugerencia.”
Y en el Apéndice B: “Imaginemos que volvemos al uso de la g^-métrica original cuando entramos en Cv. Entonces (aparte del “corrimiento” inicial en X), la imagen que nos proporcionarían nuestras ecuaciones clásicas para la evolución del espacio-tiempo Cv, sería un modelo de universo en colapso, que se contrae de una forma exponencial invertida, desde el infinito hacia adentro, y que se parece mucho a una inversión en el tiempo de lo que se imagina para el futuro remoto de nuestro universo.”
Sugiero que deberíamos buscar el origen más remoto del universo en una ampliación del vacío cuántico en el sentido de admitir las energías negativas y los tiempos negativos (inversión del tiempo), con lo que el principio de incertidumbre de Heisenberg haría posible igual que para la aparición de pares materiales (partícula-antipartícula) las correspondientes a partículas de energía negativa (en ese caos o vacío primordial anterior al Big Bang). Ese tiempo y energía negativos harían plausible una suerte de entrelazamiento cuántico primordial entre nuestro universo positivo en el que vivimos y otro negativo, en el que la geometría conforme descrita por Penrose en los extremos del tiempo permitiría que el ciclo temporal construido y sus cambios de escala, al cabo de una serie de ciclos o eones, originara el universo en el que nos encontramos. Una sugerencia, un tanto metafísica que merece la pena considerar, que también permitiría la anulación de los casi infinitos valores de la constante cosmológica, si queremos deducirla a partir del campo cuántico del vacío.
A continuación citaré unos párrafos de la sugerente obra de Ignacio Berciano titulada \”Aprendiendo a morir\”.
El autor nos desdramatiza un poco la cuestión cuando trae a colación aquella célebre cita: “No se tomen la vida muy en serio; total, no van a salir vivos de ella”.
Nos dice que según la doctora Kubler-Ross, en su obra “La muerte, un amanecer”, existen las siguientes fases en el proceso de fallecimiento: negación, ira, pacto, depresión y por último, aceptación.
Y comenta: “Somos mientras tenemos consciencia de ser; es decir, aquí y ahora. Mañana, no lo sabemos. Después de morir, tampoco”.
Prosigue: “Creo que era Borges el que decía que los animales son los únicos inmortales porque no saben que van a morir algún día. Los seres humanos no tenemos esa bendición, la de ignorar que somos mortales, tenemos que aprender a convivir con la idea de muerte, pero de un modo que nos proporciones luz, no sombras”.
¿Qué tengo que decir al respecto?
Creo firmemente que debemos tomar como un adelanto el que, aparte de lo que “conoce” el animal, nosotros además sepamos que somos limitados -morimos-, mas hemos de hacer de este nuevo conocimiento un bien, pues gracias a él, podemos llegar al conocimiento del concepto de eternidad, de algo más allá, Dios, etc.
¡No dejemos que sea algo negativo, cual el temor, la parálisis, la angustia!: El animal vive como si la muerte no existiera (pues no la conoce), nosotros sí la conocemos, pero es mucho más útil -positivo- actuar al “margen de la misma”, encapsulándola en una cárcel o en un continente aséptico, que no pueda infectar de negatividad todo nuestro pensamiento. ¡Conocimiento sí, pero sólo para elevar nuestra mirada hacia un más allá Salvador, y no en la dirección de la Nada!
No obstante, esa futilidad de la vida (conocida gracias a la muerte) nos da idea de la importancia de esa vida, la “necesidad” de no malgastarla en aquella dirección negativa (ahora que sabemos de las “dos” direcciones): ¡lanza tu vida hacia el infinito, no la reduzcas a la Nada!
El fenómeno de la libertad, para muchos neurocientíficos puede ser explicado totalmente por la Neurociencia. Para José M. Giménez-Amaya y José I. Murillo, un estudioso cuidadoso de la situación y perspectivas de la Neurociencia “revela hasta qué punto esta tesis es problemática. Es lo que afirman en el trabajo titulado \”Neurociencia y libertad\”.
Nos dicen ambos autores que la Neurociencia “ni siquiera ha sido capaz de señalar cómo funciona nuestro cerebro en su conjunto y de manera unitaria en el procesamiento cognitivo, emocional y de memoria y en la autoconciencia”.
Y continúan: “La creencia en que el cerebro es el núcleo de nuestro ser y, por supuesto, la sede de nuestra propia libertad, parece claramente contrapuesta a nuestra creencia en la existencia de la responsabilidad personal. ¿Por qué esta discordancia? Es, sin duda, uno de los frutos de la modernidad, que ha entronizado la ciencia empírica como única fuente de verdad, desdeñando, al mismo tiempo, otros métodos capaces de abordar, de modo racional y sin disolverlas en mecanismos anónimos, las dimensiones espirituales de la realidad”.
Y también: “Nos encontramos, así, ante una visión de la libertad mucho más amplia y vigorosa que la que sostienen los reduccionismos neurobiológicos. La concepción exclusivamente cientificista del ser humano no sólo destierra a la esfera de la inexistencia a una parte de la realidad, sino que “más profundamente es un programa antropológico, necesariamente ligado a una determinada concepción de las relaciones recíprocas de las diversas esferas del ser.
Y abogando por la Filosofía dicen: “La Filosofía rectamente ejercida reconcilia al ser humano consigo mismo: hace que conozca mejor y, consecuentemente, que actúe de la forma más adecuada. Por eso la interdisciplinaridad entre Neurociencia y filosofía es uno de los grandes retos de los estudios que pretenden conocer al hombre en su conjunto, de manera global”.
“La libertad no es un valor, no es algo que pueda alcanzarse, que tenga existencia de forma disociada al hombre; al contrario, la libertad es algo que le viene dado al hombre, es un hecho, algo absolutamente inseparable de la esencia de lo humano porque precisamente esa libertad conforma su esencia. Así, y aunque a primera vista nos pueda parecer paradójico, el hombre no puede dejar de ser libre, no puede desprenderse de su libertad aunque quiera, pues ese querer ya denota una elección, y por tanto libertad. Estamos condenados a la libertad.”
“Por eso, cuando asumimos nuestra total libertad nos angustiamos, ya que vemos que a través de nuestros actos, y por tanto de nuestras decisiones, en primer lugar nos construimos a nosotros mismos, e inevitablemente, en ese proceso de autoconstrucción, transformamos, en mayor o menor medida, el mundo.Al comprender nuestra radical libertad, comprendemos que la inocencia resulta ya imposible, que la otra cara de la excelsa grandeza humana es la responsabilidad y la culpa.
Si el hombre es libertad, los dos pivotes en los que se sostiene y se desarrolla son sin duda la historicidad y el lenguaje, (…)”
“LLegados aquí, resulta interesante volver un momento a la cuestión de la evolución humana y notar cómo un momento cumbre de la hominización y de la separación definitiva entre humano y animal se produce cuando el hombre empieza a fabricar “herramientas para hacer herramientas”, es decir, cuando supera la inmediatez temporal del estímulo-respuesta, cuando es capaz de mirar más allá temporalmente.
Por todo esto podemos afirmar que el punto de atracción de la historicidad humana no reside en el pasado, sino en el futuro.”
Nos hacemos eco de la estupenda obra de Javier García Gibert titulada \”Sobre el viejo humanismo\”. A continuación expondremos unos puntos interesantes de la misma, en la que se considera la validez del paradigma humanista en nuestros días.
En el capítulo sobre “La voz renaciente” expone:
“En el amplio marco de la metafísica platónica, coronado por el Bien, la Verdad y la Belleza, a los humanistas del Renacimiento no les fue difícil integrar la virtus greco-romana, la veritas cristiana y su misma pasión literaria por la eloquentia, siguiendo los ejemplos de Cicerón y San Agustín.”
“Ésa es tal vez la escondida nostalgia que aún nos hace admirar con envidia el dorado mito del Renacimiento: la armónica unidad de sus ideales. Porque el problema no es, en verdad, que hoy no tengamos una escala de valores, sino que tenemos muchas, de tradiciones diferentes, que conviven simultáneamente, pero que son inconmensurables entre sí.”
“Así pues, a finales del siglo XV, cuando lo trata Pico Della Mirandola [1463-1494] en su Oratio de hominis dignitate, el asunto (de la universal dignidad del hombre) no era nuevo, pero no se trataba sólo de ensalzar el concepto de la dignidad del hombre, sino también de asentar sus implicaciones y establecer sus causas.”
“Pico afirma haber comprendido la verdadera razón de la dignidad del hombre, por la cual éste no sólo debería ser envidiado por las criaturas irracionales, sino que también lo sería -y de hecho, lo es- por los propios seres celestiales. Para ofrecer su explicación Pico inventa, sobre bases bíblicas y platónicas, una fábula genesíaca, según la cual el divino Artífice, una vez terminada su obra creadora del universo y del mundo vegetal, animal y angélico “deseó que hubiera alguna criatura capaz de comprender la razón de tal empresa, de amar su belleza, de admirar su grandeza”. Entonces pensó en crear al hombre…”
“Pico se aparta aquí de la bíblica creación del hombre como “imagen de Dios”, o mejor, dota a esa idea vacía de un sentido específico, pues el hombre, como explicará a continuación, será, igual que Dios, un creador, capaz de convertir en acto la potencia recibida.” En palabras de Dios (Oratio de Pico): “No te he dado, oh Adán, ni un lugar determinado, ni una fisonomía propia, ni un don particular, de modo que el lugar, la fisonomía, el don que tu escojas sean tu yos y los conserves según tu voluntad y tu juicio”. [...] “Tú, que no estás constreñido por límite alguno, determinarás por ti mismo los límites de tu naturaleza, según tu libre albedrío (pro tuo arbitrio), en cuyas manos te he confiado. Te he colocado en el centro del mundo para que desde allí puedas examinar con mayor comodidad a tu alrededor qué hay en el mundo”.
“El mensaje esencial de la Oratio, en lo que a la dignidad del hombre se refiere, está ya dicho en este punto, y también su apuesta por el libre albedrío como fundador de la misma.”
“En otras palabras: la libertad no sólo está en la naturaleza del hombre, sino que la naturaleza del hombre sólo es libertad.”