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Hacia una simbiosis entre Ciencia y Filosofía.

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Filosofía básica del Paradigma (Comte II)

Publicado por simbiotica en febrero 5, 2009

Comte nos dirá con mayor rigor qué es un saber positivo. En primer lugar, Comte entiende que el saber positivo es simplemente un saber que responde a un principio fundamental: nada tiene sentido real e inteligible si no es la enunciación de un hecho o no se reduce en última instancia al enunciado de un hecho. Y es que el vocablo “positivo”, según Comte, tiene por lo menos seis sentidos que es menester explicar para acotar con rigor el carácter de aquel principio fundamental. Primero, se entiende por positivo lo real por oposición a lo quimérico. Segundo, se dice que algo es positivo cuando es útil. Tercero, algo es positivo cuando es cierto y no indeciso. Cuarto, se dice que un conocimiento es positivo cuando realmente es preciso, riguroso y estricto, a diferencia de un conocimiento vago. Quinto, es positivo lo que se opone a lo negativo. Por ejemplo, en opinión de Comte la metafísica es negativa en el sentido de crítica; en cambio, el saber positivo no es crítico sino constructivo. Y sexto, es positivo lo que es constatable por oposición a aquello que es inconstatable.

Naturalmente, estos seis sentidos se compendian en el último, puesto que nada es positivo según los cinco caracteres anteriores, sino en la medida que es constatable.

De ahí la importancia de averiguar lo que entiende Comte por el término constatable.

a) En primer lugar, la positividad se halla constituida por ser un carácter que afecta a las cosas en tanto que, en una u otra forma, se nos manifiesta. Y a este manifestarse se llama fenómeno.

b) Estos fenómenos son algo con que el hombre se encuentra. Y esto es esencial. En cuanto encontrados en su condición de fenómenos, las cosas son justamente eso: algo que está ahí, son un positum ante el hombre.

c) Estas cosas, así puestas como fenómenos, han de poder encontrarse de una manera precisa: solamente en cuanto observables.

d) Pero también hace falta que el observable sea, además, verificable para cualquiera.

Estos cuatro caracteres, ser un fenómeno, ser algo positum, ser algo observable y verificable, es lo que sintéticamente llamamos un hecho. Mas, naturalmente, si estos hechos han de servir para un saber positivo, es necesario que sean observados y verificados con máxima precisión y rigor. Solo entonces adquieren su cualidad decisiva: la objetividad. Y como el medio para lograr esta objetividad es el método científico, resulta que los hechos son los hechos científicos.

Es fácilmente comprobable que los hechos no se presentan de una manera caótica, sino, más bien, según un orden recurrente, al que llamamos ley.

El conocimiento de los hechos es relativo, ante todo porque hace referencia intrínseca al hombre que se enfrenta con los hechos, y a su modo de enfrentarse con ellos. Para Comte, el hombre mismo no es una sustancia dotada de distintas facultades, cada una de las cuales funcionará por sí misma, sino que cada una de ellas funciona en intrínseca interdependencia con todas las demás. De suerte que lo que tenemos en cada caso es un estado mental único dentro del cual, por ejemplo, lo intelectivo, lo afectivo, lo volitivo, etc. no son sino momentos o aspectos de aquél.

Los estados mentales tomados en y por sí mismos son meros fenómenos y no actos de las facultades de una sustancia humana. Y este sistema de relaciones constitutivos de cada estado y de su conexión con otros estados, es justamente eso, un sistema de relaciones. No se trata de un relativismo en el sentido de que las percepciones sean meramente subjetivas, sino de un relacionismo según el cual todo hecho es hecho tan solo en relación con los sentidos del hombre. La razón es la organización de la experiencia con vistas al orden (relación de semejanza) y al progreso (relación de filiación). Desde esta perspectiva, la naturaleza es un sistema de relaciones, una red en la que los hechos no son sino los nudos de sus relaciones. No hay “cosas” propiamente hablando, sino unos “hechos” que se presentan cuando se presentan otros.

La filosofía, que desde Aristóteles había sido la ciencia del ente en cuanto tal y en su totalidad, recibe ahora una nueva determinación precisa. Con Kant el ente había cedido el paso a algo más restringido: el objeto. Con Comte tenemos una restricción del objeto a hecho y hecho científico. La filosofía positiva, pues, consiste en un espíritu, pero en un espíritu que no hace sino extraer, por así decirlo, el espíritu de cada ciencia.

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Filosofía básica del Paradigma (Auguste Comte I. 1798-1857)

Publicado por simbiotica en enero 30, 2009

Nace en Montpellier y muere en Paris.

A continuación expondré una síntesis del pensamiento del filósofo.

Según Comte, hay distintos tipos de filosofía. Precisamente porque es un estado que viene de otros y conduce a otros, la filosofía es algo esencialmente diverso en sí misma. Como nos dice Comte, cada filosofía, “dogmáticamente” considerada, es un conjunto de ideas sistemáticamente organizado; es un orden definido. Pero “históricamente” cada uno de estos órdenes se inscribe entre otros estados; es un progreso. Cada filosofía se apoya en las anteriores, las presupone para llegar a ser lo que es. El orden progresivo, o el progreso ordenado, es lo único que expresa la unidad de la filosofía. Hay una sucesión de estados, pero de estos estados hay uno, el estado positivo, que para Comte es el definitivo. Esto se expresa en la “ley de los tres estados”. Cada uno de ellos está caracterizado por un objeto, por un método y por una explicación. ¿Cuáles son estos estados?

1º. El estado teológico. Su objeto es acceder a la naturaleza última de las cosas atribuyéndola a causas, primeras desde el punto de vista de las cosas, últimas desde el punto de vista de su destino. Este conocimiento de las cosas por sus causas últimas y primeras es un conocimiento absoluto. Es el “régimen de los dioses”. El gran método para llegar a este conocimiento ha sido la imaginación, poblando el universo con una serie de innumerables agentes dotados de animación: ha sido la época del fetichismo. Un gran progreso consistió en proyectar estos agentes fuera del universo y considerarlos como realidades que reposan sobre sí mismos: es el politeísmo. Y finalmente, la gran labor del estado teológico ha sido reducir todos estos dioses a uno sólo: el monoteísmo.

2º. El estado metafísico. En este segundo estado, los agentes sobrenaturales están sustituidos por entidades abstractas, verdaderas fuerzas ocultas o virtudes de las cosas. Es el “régimen de las entidades”. Es un progreso sobre el estado anterior. Porque aquí no se trata de salir de las cosas para ir a agentes y causas ajenas al mundo, sino de quedarse en las cosas mismas. Comte llama a esto estado “metafísico”. Así como el estado teológico evolucionó del fetichismo al monoteísmo, así también el estado metafísico ha llegado a un progreso final al reunir todas aquellas entidades en una sola: la Naturaleza.

3º. El estado positivo. Se caracteriza por quedarse en las cosas mismas, pero ateniéndose a la observación de los hechos y al razonamiento mismo sobre ellos. No se trata de averiguar por qué ocurren las cosas, sino tan solo cómo ocurren (es decir, su objetivo no es descubrir causas, sino leyes, relaciones invariables de semejanza y sucesión en los hechos). De ahí que la explicación de las cosas no existe en el estado positivo, renuncia deliberadamente a la naturaleza íntima de las cosas. Es el “régimen de los hechos”.

El espíritu humano ha pasado, pues, por estos tres estados: el teológico, el metafísico y el positivo. El paso del estado metafísico al positivo es inexorable. El paso al estado positivo es la crisis de la imaginación para ceder el paso a la razón, la razón natural que, naturalmente, posee el hombre.

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