Simbiotica's Blog

Hacia una simbiosis entre Ciencia y Filosofía.

Archivos de la categoría ‘Gustavo Bueno’

Libre albedrío (II) -Alejandro Álvarez Silva

Publicado por simbiotica en diciembre 19, 2011

Siguiendo con el trabajo (tesis doctoral) de Martín López Corredoira “Contra el libre albedrío en el marco de las ciencias naturales contemporáneas”, en sus explicaciones por las que nos creemos libres, nos comenta:

“A medida que se va librando de la autoridad de la madre (el niño), comenzaría a sentir que su vocecita interior es la que da órdenes al cuerpo en sustitución de la voz materna, comenzaría a formarse la sensación de autocontrol. Ese autocontrol es creído libertad espontánea por la ignorancia de las causas que producen sus decisiones.”

Es decir esa “libertad espontánea” que trasluce el autor equivale (para el sujeto que lo cree) al autocontrol, en verdad existente, y en una “ignorancia de causas” (que producen sus decisiones), mas, cualquier máquina o mecanismo automático también posee autocontrol (se controla gracias a sus “outputs”) y, evidentemente, también desconoce “las causas (como todo ser inanimado) de su toma de decisiones”: ¡Hemos equiparado el ser vivo (el niño) a una máquina, un autómata! Pero, el niño ¡es algo más que una máquina!… La diferencia cualitativa singular es que el niño “siente”… ¡y ese sentir lo es todo!

Nos dice Corredoira: “¿No supone una contradicción que los temores y demás pulsiones nos arrastren y la creación de un sistema que aparentemente está por encima de tales propensiones creado por alguien sometido a esos arrastres?”

Para mí, tal paradoja no existe, porque el hombre está sometido, ciertamente, a tales pulsiones, pero no de un modo total o absoluto.

Tampoco estoy de acuerdo en su afirmación: “No se puede admitir que el uso de la razón en el hombre esté por encima de su condición material, de sus aversiones y propensiones, pues entonces estaríamos admitiendo que hay un grado de libertad en la misma”.

Precisamente ahí radica el quid de la cuestión: ¡Existen esos grados de libertad sin que por ello haya que reconocerles un status ontológico sobre la materia! Claro está, su razonamiento es consecuente con su aserción de que “la visión materialista es una concepción sólida y sin grietas!

Y para terminar, y esto sí, de cosecha propia, me permito proponer dos lemas básicos referidos al tema de este artículo (el libre albedrío):

1) En toda materia hay un “plus” de grados de libertad, que supone una indeterminación sobre el determinismo puro que no lo “cubre” totalmente el azar. Y en esa indeterminación “se esconde” el libre albedrío.

2) A mayor complejidad del sistema material considerado, mayor indeterminación correspondiente a ese libre albedrío.

Por último, recomiendo la lectura del artículo de Javier Monserrat “El libre albedrío, de nuevo discutido en neurología”.

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Sujeto, objeto, reflexión, finito y azar -Alejandro Álvarez Silva-

Publicado por simbiotica en diciembre 15, 2011

“El “sujeto primordial” es una eclosión (aparece en su “totalidad primigenia”). El incremento de naturaleza o esencia se produce gracias a la reflexión, a partir de esa eclosión original.

De lo dicho acerca de Dios, se deduce que no es propiamente un sujeto, pues este último sólo puede darse en la finitud del tiempo. La sensación-sentimiento del Tao original debe ser la “amalgama” sobre la que está construida la “Unidad Múltiple”.

Pero, ¿qué es esa eclosión? y ¿cómo se constituye?, sigue pareciéndome una verdadera incógnita: ¿Por qué “ciertos elementos” o partes -que lo son tan sólo desde la eclosión de la diferenciación- se constituyen en la “unicidad sujeto?… ¡Es como si “trozos de la Nada” se constituyeran en sujeto, por “arte de magia”, ex nihilo! ¡Y esos “trozos de la Nada” tienen la capacidad de aumentar su complejidad, su esencia, a través de la reflexión!

Dije que el sentimiento-sensación de “lo que sea”, a la aparición del sujeto, se transforma en “sentimiento positivo”, y añado, “unido a una cierta individualidad”; especulo que la base de la “Unidad Múltiple”, o la “conexión divina” que representa Dios, sigue basándose en aquel “sentimiento-sensación” del caos primordial (¿el Tao?).

Es como si el caos-Tao inicial se diluyera, al advenimiento del tiempo, en individualidades, que en el ejercicio de su “libre albedrío”, aplicando individualmente la reflexión, hacen progresar su esencia, y por ello la del conjunto originario, lo que ya llamé la “explosión de Dios”, la “expansión creativa” de la Unidad Múltiple.

La “realidad” es la transformación de lo “existente” (la pura probabilidad que existe cuánticamente -Born) en “esencia”, en creación de esa “esencia”.

En verdad, metafísicamente, el “sujeto primordial” es un leve balbuceo, casi Nada (partes de la Nada). El sujeto sería nada en su óbito, sin la acción que desarrolla o constituye la realidad, que a su vez incrementa su esencia, su ser… Entonces, ya a su óbito, ese sujeto, transformado en Ser, no será aquella nada, sino uno de los componentes de la Unidad Múltiple. El ser Dios, al no ser sujeto, nunca fue Nada, sino tal vez, ese Caos primordial (¿el Tao oriental?).”

(De la obra del autor “Antes de la Ciencia y… después de ella”)

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Información y naturaleza (II).

Publicado por simbiotica en mayo 1, 2011

(De la obra “Ciencia, Filosofía, Religión. Una visión armónica”. Alejandro Álvarez Silva. Copyright 1995)

“Sí hay, pues, un principio teleológico en la naturaleza, y es el que marca lo que “sienten” internamente los seres vivos, la materia viva. El sentimiento mueve al ser en las direcciones positivas (de aumento de sensación gratificante) que marcan los sentimientos que están “implementados” en el universo (a nivel personal, individual, por supuesto, al referirnos a una introspección).

Conviene que sepamos que nos conocemos a nosotros mismos a través de los demás; nadie puede observarse hacia su interior; para ver su interior debe ver fuera, para que los “reflejos” de nosotros mismos en lo exterior podamos captarlos, haciéndonos así una idea de nosotros mismos. Consecuencia: somos como “ojos” que miran a través de una ventana; nosotros y todos los seres irradiamos al exterior, fuera de nosotros mismos, nunca hacia sí mismos; el reflejo de nuestros “rayos” fuera de la ventana, en su retroceso, nos hace ser conscientes de nosotros mismos, por ello “sin lo otro” (lo externo) nunca seríamos conscientes de nuestro “ser”, lo que equivaldría a que seríamos la nada.

En un mismo grupo de partículas materiales (véase un cuerpo humano) coexisten multitud de seres: unos, cada una de las células individuales que lo conforman; otro, el grupo de partículas en sí considerado como un organismo, cual es el cuerpo, y otro más, la parte correspondiente a ese cuerpo de la totalidad de la especie humana considerada en su conjunto. El “sentimiento” (sus sentimientos específicos), es fácil concluir, lo tienen cada uno de estos seres, no la materia de la que están formados. Digamos, pues, que la materia física de que está compuesta la célula es como la conexión objetiva entre todos los seres que la habitan; la localización de dichos seres no es la que corresponde a la materia física de dicha célula, pues dichos seres no tienen localización, puesto que dicha “propiedad”, en último extremo, no puede definirse para los mismos. El alma (o lo que entendamos por la misma), entonces, no tiene localización, aunque, verdaderamente, sí “la hace posible” un conjunto de partículas (o células) cuya “materia física” sí posee localización.

Sólo podemos afirmar que la materia de la que están constituidas las células, constituye la “ventana” a través de la que “miran” los citados seres hacia el exterior de sí mismos. Ocurre que al desaparecer dichas células, la ventana desaparece, con lo que dichos seres no pueden ver ya hacia afuera, consecuentemente, no pueden verse así mismos, lo que equivale a la nada para el “mundo externo”. Sin embargo, todo aquello que se “observó” a través de la citada ventana a lo largo de la vida, ha ido construyendo la naturaleza del ser, por lo que, dichos seres, en cierto modo, son autocontenidos, es decir, tienen una cierta conciencia del propio ser.” 

Publicado en Ciencia, Filosofía, Religión.Visión armónica, FILOSOFÍA, Gustavo Bueno, Otros FILÓSOFOS | 1 comentario

 
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