En este artículo voy a exponer los acuerdos y desacuerdos con la citada ateología de Onfray. (Ver en este mismo Blog el artículo \”La ateología de Michel Onfray\”). También es conveniente leer igualmente en Simbiotica el artículo \”Materialismo cierto\”
Estoy de acuerdo, por ejemplo, con esta aseveración:
“El imperio patológico de la pulsión de muerte no se cura con un esparcimiento caótico y mágico, sino con el trabajo filosófico sobre sí mismo. La introspección bien llevada logra alejar a los sueños y delirios que nutren a los dioses”.
Y con la siguiente:
“El trabajo sobre sí mismo presupone la filosofía; no la fe, la creencia ni las fábulas, sino la razón y la reflexión llevada a cabo de modo correcto. El oscurantismo, ese humus de las religiones, se combate con la tradición racionalista occidental. El buen uso del entendimiento, la conducción del espíritu según el orden racional, el empleo de una verdadera voluntad crítica, la movilización general de la inteligencia y el deseo de evolucionar con fundamento son otras tantas maneras de alejar a los fantasmas”.
No estoy de acuerdo en su crítica de la episteme judeocristiana cuando expresa:
“La episteme judeocristiana la encuentra “en el concepto de que la materia, lo real y el mundo no agotan la totalidad. Algo queda fuera de las instancias explicativas dignas de este nombre: fuerza, potencia, energía, determinismo, voluntad y querer”.
“La creencia en algo genera una superstición eficaz que explica que a falta de otra cosa el europeo se entregue a la religión dominante del país donde nació”.
Respecto al primer párrafo, en mi obra “Accesible e inaccesible” expongo aquellas cuestiones que entran de lleno en lo “accesible científicamente” que precisamente podríamos considerar la materia o lo real, pero hay “otro mundo” de lo inaccesible (el yo, la voluntad, etc.) que existe y podríamos considerar ese algo del que nos habla Onfray… ¡y no forma parte de la episteme judeocristiana!
Respecto al segundo párrafo, es posible que el europeo si no se le proporciona otro paradigma acabe volviendo “a la religión dominante del país donde nació”.
Estoy de acuerdo en esa “anulación de la referencia teológica” para construir una nueva moral, no tanto de la referencia científica. También soy de la opinión de acudir a “la Filosofía, la Razón, la Utilidad, el Pragmatismo, entre otras propuestas a desarrollar dentro de la inmanencia pura, en favor de los hombres, para ellos y por ellos”; no tanto en acudir para los mismo al Hedonismo individual y social. Ahora bien, no estoy de acuerdo en limitar tanto el horizonte a lo finito de la realidad material (nos olvidamos de “lo inaccesible”), y no ir a una trascendencia hacia lo infinito siguiendo una tradición que viene de siglos y que no se limita a la episteme judeocristiana.
No esta mal la sugerencia de Onfray del establecimiento de las tres tareas iniciales de su ateología: deconstrucción de monoteísmos, desmitificación del judeocristianismo- también el islam- y el desmontaje de la teocracia.
También estoy de acuerdo en esa búsqueda y creación en Occidente de las condiciones para una verdadera moral poscristiana “donde el cuerpo deje de ser un castigo y la tierra un valle de lágrimas, la vida una catástrofe, el placer un pecado, las mujeres una maldición, la inteligencia una presunción y la voluptuosidad una condena”. En sus palabras: “una política más fascinada con la pulsión de vida que con la pulsión de muerte”. Quizás tenga razón al afirmar que a los tres monoteísmos (judaísmo, islamismo y cristianismo) les anima la misma pulsión de muerte genealógica y comparten idénticos desprecios: odio a la razón, la inteligencia, los libros, la vida, la sexualidad, lo femenino, el cuerpo, etc.
Aún cuando estaría de acuerdo en la promoción de una laicidad poscristiana que no avale el relativismo, también promovería la ampliación de horizontes, llenando de “realidad” aquel secular mito de la divinidad como extrapolación hacia lo infinito de nuestra finita materialidad humana. Para ello, ya que empezamos tanto el artículo sobre la ateología como la misma obra de Onfray con palabras del “Ecce Homo” de Nietzsche, acabemos con el mismo autor y su superhombre (“Zaratustra”):
“¿Podríais, acaso, crear un Dios? Entonces, ¡no me habléis de dioses! ¡Al superhombbre sí que podéis crearlo! Quizás no podréis crearlo vosotros, pero podríais convertiros en padres y ascendientes del superhombre. ¡Que sea vuestra mejor creación!”
