Simbiotica's Blog

Hacia una simbiosis entre Ciencia y Filosofía.

Archivos de la categoría ‘Michel Onfray’

“Mas allá de la ateología de Michel Onfray”, por Alejandro Álvarez Silva.

Publicado por simbiotica en marzo 29, 2011

 

En este artículo voy a exponer los acuerdos y desacuerdos con la citada ateología de Onfray. (Ver en este mismo Blog el artículo \”La ateología de Michel Onfray\”). También es conveniente leer igualmente en Simbiotica el artículo \”Materialismo cierto\”

Estoy de acuerdo, por ejemplo, con esta aseveración:

“El imperio patológico de la pulsión de muerte no se cura con un esparcimiento caótico y mágico, sino con el trabajo filosófico sobre sí mismo. La introspección bien llevada logra alejar a los sueños y delirios que nutren a los dioses”.

Y con la siguiente:

“El trabajo sobre sí mismo presupone la filosofía; no la fe, la creencia ni las fábulas, sino la razón y la reflexión llevada a cabo de modo correcto. El oscurantismo, ese humus de las religiones, se combate con la tradición racionalista occidental. El buen uso del entendimiento, la conducción del espíritu según el orden racional, el empleo de una verdadera voluntad crítica, la movilización general de la inteligencia y el deseo de evolucionar con fundamento son otras tantas maneras de alejar a los fantasmas”.

No estoy de acuerdo en su crítica de la episteme  judeocristiana cuando expresa:

“La episteme judeocristiana la encuentra “en el concepto de que la materia, lo real y el mundo no agotan la totalidad. Algo queda fuera de las instancias explicativas dignas de este nombre: fuerza, potencia, energía, determinismo, voluntad y querer”.

“La creencia en algo genera una superstición eficaz que explica que a falta de otra cosa el europeo se entregue a la religión dominante del país donde nació”.

Respecto al primer párrafo, en mi obra “Accesible e inaccesible” expongo aquellas cuestiones que entran de lleno en lo “accesible científicamente” que precisamente podríamos considerar la materia o lo real, pero hay “otro mundo” de lo inaccesible (el yo, la voluntad, etc.) que existe y podríamos considerar ese algo del que nos habla Onfray… ¡y no forma parte de la episteme judeocristiana!

Respecto al segundo párrafo, es posible que el europeo si no se le proporciona otro paradigma acabe volviendo “a la religión dominante del país donde nació”.

Estoy de acuerdo en esa “anulación de la referencia teológica” para construir una nueva moral, no tanto de la referencia científica. También soy de la opinión de acudir a “la Filosofía, la Razón, la Utilidad, el Pragmatismo, entre otras propuestas a desarrollar dentro de la inmanencia pura, en favor de los hombres, para ellos y por ellos”; no tanto en acudir para los mismo al Hedonismo individual y social. Ahora bien, no estoy de acuerdo en limitar tanto el horizonte a lo finito de la realidad material (nos olvidamos de “lo inaccesible”), y no ir a una trascendencia hacia lo infinito siguiendo una tradición que viene de siglos y que no se limita a la episteme judeocristiana.

No esta mal la sugerencia de Onfray del establecimiento de las tres tareas iniciales de su ateología: deconstrucción de monoteísmos, desmitificación del judeocristianismo- también el islam- y el desmontaje de la teocracia.

También estoy de acuerdo en esa búsqueda y creación  en Occidente de las condiciones para una verdadera moral poscristiana “donde el cuerpo deje de ser un castigo y la tierra un valle de lágrimas, la vida una catástrofe, el placer un pecado, las mujeres una maldición, la inteligencia una presunción y la voluptuosidad una condena”. En sus palabras: “una política más fascinada con la pulsión de vida que con la pulsión de muerte”. Quizás tenga razón al afirmar que a los tres monoteísmos (judaísmo, islamismo y cristianismo) les anima la misma pulsión de muerte genealógica y comparten idénticos desprecios: odio a la razón, la inteligencia,  los libros,  la vida,  la sexualidad,  lo femenino, el cuerpo, etc.

Aún cuando estaría de acuerdo en la promoción de una laicidad poscristiana que no avale el relativismo, también promovería la ampliación de horizontes, llenando de “realidad” aquel secular mito de la divinidad como extrapolación hacia lo infinito de nuestra finita materialidad humana. Para ello, ya que empezamos tanto el artículo sobre la ateología como la misma obra de Onfray con palabras del “Ecce Homo” de Nietzsche, acabemos con el mismo autor y su superhombre (“Zaratustra”):

¿Podríais, acaso, crear un Dios? Entonces, ¡no me habléis de dioses! ¡Al superhombbre sí que podéis crearlo! Quizás no podréis crearlo vosotros, pero podríais convertiros en padres y ascendientes del superhombre. ¡Que sea vuestra mejor creación!”

Publicado en FILOSOFÍA, Michel Onfray, Otros FILÓSOFOS | Deja un Comentario »

La ateología de Michel Onfray.

Publicado por simbiotica en marzo 12, 2011

La obra de Onfray \”Tratado de ateología\” empieza con un párrafo del “Ecce homo” de Nietzsche “Por qué soy un destino”, que resume muy bien el propio pensamiento de Michel Onfray acerca del tema:

        “El concepto de “Dios” fue inventado como antítesis de la vida; concentra en sí, en espantosa unidad, todo lo nocivo, venenoso y difamador, todo el odio contra la vida. El concepto de “más allá”, de “mundo verdadero”, fue inventado con el fin de desvalorizar el único mundo que existe, para no dejar a nuestra realidad terrenal ninguna meta, ninguna razón, ningún quehacer. El concepto de “alma”, de “espíritu”, y, en fin, incluso de “alma inmortal”, fue inventado para despreciar el cuerpo, enfermarlo -volverlo “santo”-, para contraponer una espantosa despreocupación a todo lo que merece seriedad en la vida, a las cuestiones de la alimentación, vivienda, régimen intelectual, asistencia a los enfermos, limpieza, clima. En lugar de la salud, la “salvación del alma”, es decir, una folie circulaire [locura circular] que abarca desde las convulsiones de penitencia hasta las histerias de redención. El concepto de “pecado” fue inventado al mismo tiempo que su correspondiente instrumento de tortura, el concepto de “libre albedrío”, para obnubilar los instintos, con el propósito de convertir en una segunda naturaleza la desconfianza con respecto a ellos.”

Nos dice Onfray que “en todos lados he podido comprobar cómo fantasean los hombres para no enfrentarse con lo real”l La creencia produce mundos subyacentes que traen consigo “el olvido de lo real y por lo tanto la negligencia dolosa del único mundo que existe. Cuando la creencia se deprende de la inmanencia, de sí misma, el ateísmo se reconcilia con la tierra, el otro nombre de la vida”.

Y prosigue: “Para conjurar la muerte, el homo sapiens la deja de lado. A fin de evitar resolver el problema, lo suprime”, pues el morir “sólo concierne a los mortales”, y por contra, el creyente sabe que es inmortal.

Michel Onfray declara no tener nada “contra los hombres que apelan a recursos metafísicos para sobrevivir” (no desprecia, en sí, a quienes creen en los espíritus).

Comenta que “el vicario de los dioses monoteístas impone su propio mundo para reforzar su conversión día a día” (autosugestión). Oculta “la propia miseria espiritual exacerbando la del prójimo”, evitando “el espectáculo de la propia, dramatizando la del mundo”.

Cree que tanto Moisés, como Pablo de Tarso, Mahoma, Jesús, etc. proyectan sus “perfidias sobre el mundo, oscureciéndolo aún más”. “El imperio patológico de la pulsión de muerte no se cura con un esparcimiento caótico y mágico, sino con el trabajo filosófico sobre sí mismo. La introspección bien llevada logra alejar a los sueños y delirios que nutren a los dioses. El ateísmo no es una terapia, sino salud mental recuperada”.

Nos sigue diciendo: “El trabajo sobre sí mismo presupone la filosofía; no la fe, la creencia ni las fábulas, sino la razón y la reflexión llevada a cabo de modo correcto. El oscurantismo, ese humus de las religiones, se combate con la tradición racionalista occidental. El buen uso del entendimiento, la conducción del espíritu según el orden racional, el empleo de una verdadera voluntad crítica, la movilización general de la inteligencia y el deseo de evolucionar con fundamento son otras tantas maneras de alejar a los fantasmas”.

Kant en La crítica de la razón pura hace la distinción entre fe y razón, noúmenos y fenómenos (dos mundos separados). “La era de la sospecha permite al siglo XX una separación real de la razón y la fe” (Feuerbach, Nietzsche, Marx, Freud). A partir de ahí, en una zona metafísica virgen, establece Onfray la disciplina inédita de la ateología. Este último término aparece ya en Georges Bataille (La suma ateológica).

Tal disciplina, según Onfray, implica la utilización de múltiples campos: psicología y psicoanálisis, metafísica, arqueología, paliografía, historia, comparatismo, mitología, hermenéutica, lingüística, lenguas, estética, etc. Y fundamentalmente filosofía, con el desafío de la elaboración de una física de la metafísica (teoría de la inmanencia, ontología materialista).

Onfray establece como paladines “francamente ateos” al jesuita portugués Cristovao Ferreira (La superchería desenmascarada), y al sacerdote Jean Meslier (Testamento: Memoria de pensamientos y sentimientos).

En su opinión, se decanta “una era abiertamente atea”, pero “debemos tratar con una episteme judeocristiana imponente y tenerlo muy en cuenta”.

La episteme judeocristiana la encuentra “en el concepto de que la materia, lo real y el mundo no agotan la totalidad. Algo queda fuera de las instancias explicativas dignas de este nombre: fuerza, potencia, energía, determinismo, voluntad y querer”. ¿Después de la muerte? “Algo debe existir que justifique, legitime y dé sentido… Si no…”

“La creencia en algo genera una superstición eficaz que explica que a falta de otra cosa el europeo se entregue a la religión dominante del país donde nació”.

Y continúa Onfray, “la lectura judeocristiana supone una lógica vertical -desde lo bajo de los humanos hacia lo alto de los valores-, la hipótesis del ateísmo cristiano propone una exposición horizontal: nada fuera de lo racionalmente deducible ni disposiciones en otro campo que no sea el mundo real y sensible. Dios no existe, las virtudes no se derivan de una revelación, no descienden del cielo, sino que provienen de un enfoque utilitarista y pragmático. Los hombres se dan a sí mismo las leyes y no tienen necesidad para ello de recurrir a un poder extraterrestre”.

“La escritura inmanente del mundo distingue el ateo cristiano del cristiano creyente. pero no los valores comunes”: “la caridad, la templanza, la compasión, la misericordia, la humildad, pero también el amor al prójimo y el perdón de las ofensas”, etc.

El ateísmo cristiano considera que “el remedio contra el nihilismo de nuestra tiempo no necesita un esfuerzo poscristiano, sino una relectura laica e inmanente del contenido y del mensaje de Cristo”.

Onfray nos incita a una superación del ateísmo cristiano que “permita plantear, sin caer en la redundancia al calificarlo así, un auténtico ateísmo ateo… (ateísmo posmoderno).

“El ateísmo posmoderno anula la referencia teológica, pero también la científica, para construir una moral”; y sí, por el contrario, acude a : “la Filosofía, la Razón, la Utilidad, el Pragmatismo, el Hedonismo individual y social, entre otras propuestas a desarrollar dentro del campo de la inmanencia pura, en favor de los hombres, para ellos y por ellos, y no para Dios o por Dios”.

Onfray establece los primeros pasos o tareas de la nueva disciplina ateológica: La deconstrucción de los monoteísmos, la desmitificación del judeocristianismo -también el islam, por supuesto- y seguidamente el desmontar la teocracia. “A partir de ellas, será posible elaborar un nuevo orden ético y crear en Occidente las condiciones para una verdadera moral poscristiana donde el cuerpo deje de ser un castigo y la tierra un valle de lágrimas, la vida una catástrofe, el placer un pecado, las mujeres una maldición, la inteligencia una presunción y la voluptuosidad una condena”. Es decir, una política más fascinada con la pulsión de vida que con la pulsión de muerte.

Según Onfray, “los tres monoteísmos (judaísmo, islamismo y cristianismo), a los que anima la misma pulsión de muerte genealógica, comparten idénticos desprecios: odio a la razón y a la inteligencia; odio a la libertad; odio a todos los libros en nombre de uno solo; odio a la vida; odio a la sexualiddad, a las mujeres y al placer; odio a lo femenino; odio al cuerpo, a los deseos y pulsiones”.

El ateísmo es una cura contra las creencias religiosas, puesto que “la inteligencia, atea a priori, impide el pensamiento mágico”.

En su opinión, “es necesario promover una laicidad poscristiana” (no la laicidad con inmanencia judeocristiana que avala el relativismo), “o sea, atea, militante y radicalmente opuesta a cualquier elección o toma de posición entre el judeocristianismo occidental y el islam que lo combate”.

Publicado en FILOSOFÍA, Michel Onfray, Otros FILÓSOFOS | Deja un Comentario »

 
Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 76 seguidores