Simbiotica's Blog

Hacia una simbiosis entre Ciencia y Filosofía.

Archivos de la categoría ‘Sartre’

Filosofía básica del Paradigma (Sartre III)

Publicado por simbiotica en marzo 23, 2009

Lo que forma parte intrínseca de la emoción es que aprehende en el objeto algo que la desborda infinitamente. Existe, en efecto, un mundo de la emoción. Un mundo, o sea, unas síntesis individuales que mantienen entre sí unas relaciones y poseen unas cualidades. Ahora bien, no se confiere a un objeto una cualidad sino mediante un paso hacia el infinito. Claro está que si aprehendo repentinamente un objeto como horrible no afirmo explícitamente que seguirá siéndolo para la eternidad. Pero solamente la afirmación de lo horrible como cualidad sustancial del objeto es ya en sí misma un paso hacia el infinito. Vivimos emotivamente una cualidad que penetra en nosotros, que padecemos y que nos rebasa por todas partes. De repente, la emoción se separa de sí misma, se trasciende; no es un episodio trivial de nuestra vida cotidiana, sino intuición de lo absoluto.

Lo mágico es el espíritu rondando entre las cosas, o sea, una síntesis irracional de la espontaneidad y pasividad. Es una actividad inerte, una conciencia pasivizada. Pues bien, precisamente bajo esta forma es como se nos aparecen los demás, y ello no se debe a nuestra posición con respecto a ellos, al efecto de nuestras pasiones, sino a una necesidad de esencia. En efecto, la conciencia no puede ser objeto trascendente más que sufriendo la modificación de pasividad.

Existen dos formas de emoción, según seamos nosotros los que constituimos la magia del mundo para reemplazar una actividad determinista que no puede realizarse, o sea el mundo mismo el que se revela repentinamente como mágico en torno nuestro.

Para Sartre, y como conclusión, el estudio de las emociones ha verificado perfectamente el siguiente principio: una emoción remite a lo que significa. Y lo que significa es la totalidad de las relaciones de la realidad -humana con el mundo. El paso hacia la emoción es una modificación total del “ser-en-el-mundo” según las leyes muy particulares de la magia. Pero vemos inmediatamente los límites de semejante descripción: la teoría psicológica de la emoción presupone una descripción previa de la afectividad en tanto que ésta constituye el ser de la realidad -humana; es decir, en tanto que resulta constitutivo para nuestra realidad -humana el ser realidad -humana afectiva.

Realmente convendría utilizar las disciplinas de la psicología fenomenológica por un lado, y por otro la fenomenología pura, todo ello enmarcado en un necesario recurso a lo empírico.

Publicado en FILOSOFÍA, Paradigma, Sartre | Etiquetado: | Deja un Comentario »

Filosofía básica del Paradigma (Sartre II)

Publicado por simbiotica en marzo 17, 2009

Desde este enfoque la alegría sería una conducta mágica que tiende a llevar a cabo como por conjuro la posesión del objeto deseado como totalidad instantánea. Esta conducta, si bien va unida a la certidumbre de que, tarde o temprano, la posesión se llevara a cabo, intenta de todos modos anticiparse a esa posesión.

La verdadera emoción va unida a la creencia. Las cualidades intencionadas sobre los objetos son aprehendidas como verdaderas. Esto quiere decir que la emoción es padecida. No puede uno librarse de ella a su antojo; va agotándose por sí misma pero no podemos detenerla.

Cabe pensar que la emoción no es simplemente interpretada, no es un comportamiento puro; es el comportamiento de un cuerpo que se halla en un determinado estado: el estado solo no provocaría el comportamiento, y el comportamiento sin el estado es una comedia; pero la emoción aparece en un cuerpo trastornado que desempeña una determinada conducta. El trastorno puede sobrevivir  a la conducta, pero la conducta constituye la forma y la significación del trastorno. Por otra parte, sin ese trastorno, la conducta sería pura significación, esquema afectivo. Nos encontramos efectivamente ante una forma sintética: para creer en las conductas mágicas hay que encontrarse trastornado.

La conciencia que se conmueve se asemeja bastante a la conciencia que se adormila. Así, pues, el origen de la emoción es una degradación espontánea y vivida de la conciencia frente al mundo. Lo que ésta no puede soportar de un determinado modo, trata de aprehenderlo de otro, adormeciéndose, acercándose a las conciencias del sueño, del ensueño y de la histeria. Y el trastorno del cuerpo no es sino la creencia vivida de la conciencia en tanto que vista desde el exterior. Cabe señalar, sin embargo:

1. Que la conciencia no tiene téticamente conciencia de sí misma como degradándose para librarse de la presión del mundo: sólo tiene una conciencia posicional de la degradación del mundo que se traslada al nivel mágico. Sin embargo, es conciencia no-tética de sí misma. En esta medida, y solo en esta medida, puede decirse de una emoción que no es sincera. No es de extrañar, pues, que la finalidad de la emoción no quede establecida por un acto de conciencia en el seno de la emoción misma. Esta finalidad no es, sin embargo, inconsciente: se agota en la constitución del objeto;

2. Que la conciencia cae en su propia trampa. Precisamente porque vive el nuevo aspecto del mundo creyendo en él, se ve atrapada en su propia creencia, exactamente como en el sueño o la histeria. La conciencia de la emoción está cautiva; pero no debe entenderse con ello que un ente cualquiera exterior a ella la haya encadenado. Ésta cautiva de sí misma, en el sentido de que no domina esta creencia, de que se esfuerza por vivir.

La conciencia se trasciende a sí misma, por esencia. Le resulta, pues, imposible recogerse en sí misma para dudar de que se halla fuera del objeto. Solo se conoce sobre el mundo.

Ese carácter de cautiverio no lo realiza la conciencia en sí misma, sino que lo aprehende sobre los objetos: los objetos son cautivadores, esclavizadores, pues se han apoderado de la conciencia. La liberación ha de venir de una reflexión purificadora o de una desaparición total de la situación conmovedora.

Publicado en FILOSOFÍA, Paradigma, Sartre | Etiquetado: | Deja un Comentario »

Filosofía básica del Paradigma (Sartre I)

Publicado por simbiotica en marzo 12, 2009

JEAN-PAUL SARTRE (1905-1980)

Nace y muere en Paris.

A continuación, y como obra significativa y para nosotros bastante útil, del más conocido representante del existencialismo francés, Jean-Paul Sartre, vamos a escoger pensamientos de su ensayo “Bosquejo de una teoría de las emociones”.

Sartre nos dice que todos los psicólogos han observado, sin duda, que lo que condena la emoción es una percepción, una representación-señal, etc. Pero se tiene la impresión de que luego, para ellos, la emoción se aleja del objeto para absorberse a sí misma. No son precisas muchas reflexiones para darse cuenta, al contrario, de que la emoción vuelve a cada instante al concepto y se nutre de él. Se describe, por ejemplo, la huida con miedo como si la huida no fuera una huida ante cierto objeto, como si el objeto del que se huye no permaneciera constantemente presente en la misma huida, como su tema, su razón de ser, como aquello ante lo cual se huye. Y es que el sujeto emocionado y el objeto emocionante se hallan unidos en una síntesis indisoluble. La emoción es una determinada manera de aprehender el mundo. La aprehensión del medio como única vía posible para alcanzar el fin (o si existen n medios, como los únicos n posibles, etc.) puede denominarse la intuición pragmatista del determinismo del mundo. Desde este punto de vista, el mundo que nos rodea -lo que los alemanes llaman Umwelt-, el mundo de nuestros deseos, de nuestras necesidades y de nuestros actos aparece como surcado de estrechos y rigurosos caminos que conducen a tal o cual fin determinado, es decir, a la aparición de un objeto creado. Naturalmente, aquí y allá, en todas partes, surgen trampas y acechanzas. Este mundo podría compararse con las bandejas móviles de las máquinas tragaderas sobre las que ruedan unas canicas: hay caminos trazados por hileras de alfileres y con frecuencia, en los cruces, se abren agujeros. La canica ha de recorrer un determinado trayecto tomando unos determinados caminos y sin hacer en los agujeros. Este mundo es difícil. Esta noción de dificultad no es una noción reflexiva que implique una relación con el yo. Allí está, sobre el mundo; es una cualidad del mundo que se da en la percepción (exactamente como los caminos hacia las potencialidades y como las potencialidades mismas y las exigencias de los objetos: libros que hay que leer, etc.), es el correlativo noemático de nuestra actividad emprendida o solamente concebida.

Podemos concebir ahora en qué consiste una emoción. Es una transformación del mundo. Cuando los caminos trazados se hacen demasiado difíciles o cuando no vislumbramos caminos, ya no podemos permanecer en un mundo tan urgente y difícil. Todas las vías están cortadas y, sin embargo, hay que actuar. Tratamos entonces de cambiar el mundo, o sea, de vivirlo como si la relación entre las cosas y sus potencialidades no estuvieran regidas por unos procesos deterministas sino mágicamente.  A través de un cambio de intención, lo mismo que en un cambio de conducta, aprehendemos un objeto nuevo o un objeto antiguo de un modo nuevo. No es  preciso situarse previamente en el plano reflexivo. Pues bien, del mismo modo, hay que concebir el cambio de intención y de conducta que caracterizan la emoción. La imposibilidad de hallar una solución al problema, aprehendido objetivamente como una cualidad del mundo, sirve de motivación a la nueva conciencia irreflexiva que aprehende ahora el mundo de otro modo y bajo un nuevo aspecto, que impone una nueva conducta -a través de la cual es aprehendido este aspecto- y que sirve de hylé a la nueva intención. Pero la conducta emotiva no se sitúa en el mismo plano que las demás conductas: no es afectiva. No se propone como objetivo actuar realmente sobre el objeto como tal a través de unos medios especiales. Trata de conferir por sí misma al objeto, y sin modificarlo en su estructura real, otra cualidad: una menor existencia, o una menor presencia, etc. En una palabra, en la emoción el cuerpo, dirigido por la conciencia, transforma sus relaciones con el mundo para que el mundo cambie sus cualidades.

Publicado en FILOSOFÍA, Sartre | Etiquetado: | Deja un Comentario »

 
Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 76 seguidores