Simbiotica's Blog

Hacia una simbiosis entre Ciencia y Filosofía.

Archivos de la categoría ‘Antonio Damasio’

La emergencia de la empatía. -Alejandro Álvarez Silva-

Publicado por simbiotica en enero 17, 2012

Como remate a los comentarios de artículos anteriores sobre la obra de Antonio Damasio titulada “Y el cerebro creó al hombre”, escribimos este último sobre el interesante tema de la empatía.

Nos dice Damasio que el cerebro puede simular en las regiones somatosensoriales estados corporales como si en realidad éstos ocurrieran, pues los percibimos como si así fuera. Y este tipo de “simulación anticipada” tiene ventajas evidentes, que se reflejan, por ejemplo, en el fenómeno de la copia de eferencia, que es lo que permite “que las estructuras motoras que están a punto de ordenar la ejecución de cierto movimiento, informen a las estructuras visuales de las posibles consecuencias de ese próximo movimiento en términos de desplazamiento espacial”.

Y es que la simulación de un estado corporal sin producirlo realmente contribuye a reducir el tiempo de procesamiento, ahorrando energía.

Las neuronas espejo son el dispositivo de simulación corporal primordial que amplifica el poder de semejanza funcional.

Si un cerebro complejo puede simular ya no el estado corporal propio, sino el de otro, “se supone que sería capaz ante todo de simular sus propios estados corporales”. Es decir, no se habría desarrollado tal sistema de simulación “de no haber sido primero un sistema de simulación del cerebro aplicado al propio organismo”.

En opinión de Damasio “el sistema de “bucle de simulación corporal” presente en cada organismo es el precursor del funcionamiento de las neuronas espejo”. Y también: “el hecho de que el cuerpo de un organismo dado pueda representarse en el cerebro es esencial para que se cree una identidad reflexiva”. Y es que dado que podemos representar nuestros propios estados corporales, también podemos con mayor facilidad simular los estados corporales semejantes de los demás. Posteriormente, la relación establecida entre nuestros propios estados corporales y la significación que han adquirido para nosotros, se ha transferido a los estados corporales simulados de los demás, atribuyendo una significación comparable a la simulación, configuración que puede asimilarse a los fenómenos llamados empáticos.

Y sobre la mente consciente decir que, en realidad se ha limitado a hacer cognoscible el know how, o saber de qué forma gestionar la vida. En el proceso de formación de la identidad en la mente consciente subyacen mapas corporales, que también han abierto el camino a nuestra capacidad de conocer el mundo exterior que nos rodea.

 Terminamos con las palabras del propio Antonio Damasio: “El cuerpo vivo es el lugar central. La regulación de la vida es la necesidad y la motivación. La elaboración de mapas cerebrales es el activador, el motor que transforma la regulación ordinaria de la vida en una regulación dotada de una mente y, con el tiempo, la transforma en una regulación consciente.”

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El despliegue de la vida. -Alejandro Álvarez Silva-

Publicado por simbiotica en enero 14, 2012

Continuando con nuestros comentarios acerca de la obra de Antonio Damasio “Y el  cerebro creó al hombre”, como ya apuntábamos en el artículo “Sí mismo y conciencia”, lo maravilloso de la vida es que “la partitura y el director sólo se hacen realidad a medida que la vida se despliega”.

Nos dice Damasio que no hay un único mecanismo que explique la conciencia en el cerebro, ni un único dispositivo, sino que se precisa una multitud, donde la aportación individual es importante, pero “sólo el conjunto produce el resultado que tratamos de explicar”.

Pero dos de los rasgos reconocibles de la conciencia, como la gestión y el cuidado eficientes de la vida ya se presentan en las mismas células individuales y sus mecanismos están codificados en su genoma. Este valor biológico es un rasgo primordial.

Así que “la conciencia surge dentro de la historia de la regulación biológica, que es un proceso dinámico conocido con el nombre de homeostasis”, y que se inicia ya, desde luego, en los seres vivos unicelulares como las bacterias o las simples amebas, que aunque no tienen cerebro, muestran un comportamiento adaptativo. Tal proceso evoluciona en seres dotados de cerebros sencillos, como los gusanos, etc.,  y prosigue con otros como los peces y los insectos “capaces de generar tanto comportamientos como una mente”.

En opinión de Damasio, “siempre que los cerebros empiezan a generar sentimientos primordiales los organismos adquieren una primitiva forma de senciencia”. Y es a partir de aquí, cuando pudieron desarrollar un sí mismo y añadirlo a la mente, con lo que se inició el proceso que condujo a mentes complejas capaces de ser conscientes.

Con los mamíferos y los primates la mente se hizo cada vez más compleja, expandiéndose de forma particular la memoria y el razonamiento. Y así llegamos al hombre.

Algunos objetos de su mente se acompañan de un sentimiento que inequívocamente los conecta con su cuerpo y mente. Por introspección sabemos que la sensación nos dice (sin mediar palabra) que los objeto son míos, y “que puedo actuar sobre ellos si así lo deseo”. Esta es, literalmente, “la sensación de lo que ocurre”, que se acompaña, además, posteriormente, de la sensación de que “existe mi propio cuerpo y que está presente”, sentimiento fundamental para el proceso del sí mismo.

Nos comenta Damasio que “cuando las imágenes del agregado que es el sí mismo se pliegan junto con las imágenes de los objetos que no son ese sí mismo, el resultado es una mente consciente”.

Hay unas señales que tienen lugar en un circuito en bucle, por medio de las cuales el cuerpo se comunica con el sistema nervioso central, a la vez que este último “reacciona a los mensajes que le envía el cuerpo”. Pero, según Damasio, “las señales no son separables de los estados del organismo en los que se originan”. Tal conjunto es una “unidad dinámica enlazada”. Antonio Damasio propone la hipótesis de que “estas unidades representan una fusión funcional de los estados corporales y los estados perceptivos, tal que la línea divisoria entre los dos ya no se puede trazar”. En sus palabras: “Las neuronas imitarían la vida de una manera tan completa que serían uno y lo mismo que ella”.

Una célula viva como la ameba responde, por ejemplo a un pinchazo, porque algo ha cambiado en su interior. Trasladando esta situación a la neurona, es fácil suponer que “en ese nivel podría residir el estado físico cuya modulación y amplificación, a través de circuitos de células cada vez mayores, produciría un “protosentir”, el honorable equivalente de la protocognición que surge en el mismo nivel”.

Nos recuerda Damasio que Rodolfo Llinás utiliza tales ideas para “proponer que los sentimientos surgen de las funciones sensoriales especializadas de las neuronas, aunque aumentadas proporcionalmente a escala del gran número de neuronas que forman parte de un circuito”.

Y es que para Damasio, tal tema es igualmente  fundamental, al considerar la formación de una “voluntad colectiva de vivir”, “tal como se expresa en el proceso del ser sí mismo, a partir de las actitudes de un nutrido número de células individuales unidas cooperativamente en un organismo”.

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Sí mismo y conciencia (II) -Alejandro Álvarez Silva-

Publicado por simbiotica en enero 6, 2012

Continuamos con el pensamiento de Antonio Damasio reflejado en su obra “Y el cerebro creó al hombre”.

Siendo, según el autor, la regulación de la vida el soporte y justificación del sí mismo y la conciencia, al mismo tiempo Damasio sugiere, en pos de tal enfoque, investigar los antecedentes de ese sí mismo y la conciencia en el pasado evolutivo. Por ello, la neurobiología y la biología evolutiva se antojan fundamentales. Es preciso, pues, observar las graduales modificaciones de los sistemas nerviosos, y vincularlas con el surgimiento del comportamiento, la mente y el sí mismo, además, en ese mismo orden.

Como premisa básica hay que adoptar la hipótesis de que “los acontecimientos mentales equivalen a ciertos tipos de acontecimientos cerebrales”. Y es que algunos patrones neuronales son a la vez imágenes mentales. Pero hay que tener en cuenta que los estados mentales no necesitan la subjetividad para existir (sólo la precisa el sujeto para conocerlos).

Los fenómenos neurobiológicos son extraordinariamente complejos, aún en el caso más sencillo, y no van, por ejemplo, de lo complejo a los simple, sino de “lo extremadamente complejo a algo que lo es ligeramente menos”.

La biología evolutiva nos enseña que (en palabras de Damasio): “una infinidad de criaturas, a lo largo de millones de años, han dispuesto de mentes activas en sus cerebros, pero la conciencia, en sentido estricto, no empezó hasta que esos cerebros desarrollaron un protagonista capaz de ser testigo, y hasta que no desarrollaron un lenguaje, no se hizo ampliamente ostensible que existían mentes. Y también: “El testigo es ese algo excepcional que pone de manifiesto la presencia de acontecimientos cerebrales implícitos, a los que llamamos “mentales”.

Damasio nos comenta que gracias al tamaño y la complejidad crecientes de las redes neuronales, “se produce una escalada en la “cognición” y el “sentir”, desde el nivel de lo micro hasta el nivel de lo macro, pasando por las diferentes jerarquías”.

Las ideas principales, según propias palabras de Damasio, expuestas en su citada obra, serían:

1) La idea más relevante es la noción según la cual el cuerpo es el fundamento de la mente consciente.

2) “Las estructuras cerebrales del proto sí mismo no tratan meramente del cuerpo, sino que se hallan literal e inextricablemente vinculadas al cuerpo”. (El cuerpo y el cerebro se adhieren). En sus palabras: “es mejor imaginar el cuerpo como la roca  sobre la que se levanta el proto sí mismo, en tanto que el proto sí mismo es el eje central alrededor del cual gira la mente consciente”.

3) “Los primeros productos y los más elementales del proto sí mismo son los sentimientos primordiales, presentes de manera espontánea y continua siempre que uno se halla despierto”. Tales sensaciones “sentidas” son una experiencia “directa” del propio cuerpo.

4) “Los sentimientos primordiales no son sólo las primeras imágenes que el cerebro genera, sino que son también las manifestaciones inmediatas de la senciencia”. (“Senciencia” es la capacidad de un organismo de recibir estímulos). “Son el fundamento que el propio sí mismo ofrece a los niveles más complejos de ese sentimiento de ser sí mismo”. Así, la mente consciente se iniciaría “cuando el sí mismo cobra sentido en ella”.

El sí mismo se conforma a partir del proto sí mismo siguiendo diferentes pasos. A esos sentimientos primordiales le sigue la formación del sí mismo central que se ocupa de la acción, en concreto, “de la relación entre el organismo y el objeto”. Para Damasio, el tercer paso en la construcción del sujeto es el estadio del sí mismo que denomina sí mismo autobiográfico.

5) “El sí mismo y la conciencia no ocurren en una única área, región o centro del cerebro. La mente consciente es el resultado del funcionamiento muy bien articulado de varias, a menudo muchas, zonas cerebrales.”

Finaliza esta cuestión Antonio Damasio con la afirmación de que “lo más curioso de los tramos superiores de la conciencia es la conspicua  ausencia de un director antes de que el concierto empiece”: el director cobra existencia durante el desarrollo del concierto, así que, ¡es el concierto el que crea al director -el sujeto o el sí mismo- y no al revés!

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Sí mismo y conciencia (I) -Alejandro Álvarez Silva-

Publicado por simbiotica en enero 4, 2012

En esta serie comentaré el pensamiento de Antonio Damasio reflejado en su magnífica obra “Y el cerebro creó al hombre”.

¿Cómo hace el cerebro una mente?… Estas y otras cuestiones tan básicas son las que aborda en su obra el eminente neurocientífico Antonio Damasio.

Nos comenta que las mentes conscientes son un misterio, pero eso no significa que tal misterio sea irresoluble. Después habrá que plantearse a la conciencia. Pero, primero se corresponde el proceso de elaboración de lo que llamamos el sí mismo.

El sí mismo es un proceso, no una cosa, y está presente en todo momento que estamos conscientes. Ahora bien, tal proceso del sí mismo hay que considerarlo desde dos puntos de vista “aventajados”: “El de un observador que percibe y valora un “objeto” dinámico” (este último constituido por ciertas formas de funcionar de las mentes, ciertos rasgos del comportamiento y una cierta historia acerca de nuestra propia vida); y el del sí mismo como “sujeto que conoce”, por lo que “da un enfoque a las experiencias que vivimos”, que con el tiempo nos permitirá “reflexionar acerca de esas experiencias”. Nos dice Damasio que “de la combinación de estos dos puntos de vista resultará la noción dual de identidad subjetiva que se utiliza a lo largo de todo este libro”. Y prosigue: “El “mí mismo como objeto” es mucho más sencillo, en cuanto a su campo de acción, que el sí mismo como sujeto que conoce”.

Damasio resume la situación, respecto al sí mismo en la frase: “Ahora lo percibes, ahora no, pero siempre lo sientes…”

Nos comenta que entre el “sí mismo como objeto” y el “sí mismo como sujeto que conoce” no hay, verdaderamente, dicotomía, sino, por el contrario, continuidad y progresión, puesto que “el sí mismo como sujeto que conoce se fundamenta en el sí mismo como objeto”.

Es de la opinión Damasio que lo que el cerebro precisa para hacerse consciente es adquirir la propiedad llamada “subjetividad”, cuyo rasgo principal es “el sentimiento que invade las imágenes de las que tenemos experiencia subjetiva”.

El paso decisivo en la elaboración de la conciencia no sería la formación de imágenes, sino hacer tales imágenes “propias” (que “correspondan” a sus legítimos dueños). Es la posición defendida por mí mismo en todas mis obras, al hacer de la información de nuestro cerebro “representación”, lo que se resume en mi definición de vida: “aglomerado de sensación-representación”.

Pero para que la mente llegue a ser consciente, se precisa que el cerebro genere “un sujeto que conoce”: “cuando el cerebro consigue insertar un sujeto que conoce en la mente, surge la subjetividad”.

Nos dice Damasio que la mayor parte de los avances realizados en el campo de la neurobiología se han basado en la combinación de los siguientes tres puntos de vista: 1) el del testigo directo de la conciencia individual; 2) el de la conducta o del comportamiento de los actos realizados por otros a los que creemos poseedores de conciencia; y 3) el enfoque del cerebro con el estudio de aspectos de la función cerebral en individuos con estados mentales que suponemos conscientes. Pero, para Antonio Damasio “hace falta un cuarto punto de vista”, que sería el de “la idea de convertir la regulación de la vida en el soporte y la justificación de sí mismo y la conciencia”.

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