Simbiotica's Blog

Hacia una simbiosis entre Ciencia y Filosofía.

Archivos de la categoría ‘Javier García Gibert’

¿Es válido el humanismo en nuestros días? (y III).

Publicado por simbiotica en mayo 10, 2011

(De la obra de Javier García Gibert ”Sobre el viejo humanismo”)

“El hombre conoce cada vez más, pero se reconoce cada vez menos.”

“Amputar, por ejemplo, las naturales tendencias metafísicas del ser humano y la inevitable dimensión ética de sus actos es, por supuesto, una obliteración de todo aquello que es propio del hombre por el mero hecho de que no puede ser científicamente computable y formalizable a nivel metodológico, pero a la vez indica una indiferencia absoluta -si no un desprecio- a lo que dota de sentido y dirección a nuestras vidas.”

“Como poco, el balance de las modernas “ciencias humanas” ha sido decepcionante para el viejo humanismo, y más todavía en aquellas disciplinas que se supone trataban específicamente sobre la condición del hombre, el estudio de su alma o la relación social con los demás. Si la sociología había quedado contaminada desde su origen por el positivismo de Comte, su fundador, y por su sujeción a una “física social” compuesta sólo por “leyes invariables” y valores numéricos y contables, la antropología moderna renunciaba en la misma línea a todo atisbo de nobleza y espiritualidad humanas, y cancelaba cualquier diferencia de calidad entre los hombres y de riqueza o valor entre las culturas (ya sea el funcionalismo de Malinowski, cimentado sobre todo en hechos biológicos y formalizaciones estadísticas, ya sea el estructuralismo de Lévi-Strauss, donde el hombre deja de ser un sujeto libre y singular para convertirse en una pieza intercambiable de una estructura).”

“Recogiendo los aspectos más antihumanísticos de Marx, Nietzsche, Freud o Heidegger, buena parte de los pensadores más influyentes de la segunda mitad del siglo XX han trabajado militantemente, no sólo en contra del sentido aportado por la tradición, sino más bien en contra del Sentido -de todo sentido-, propiciando, y celebrando incluso, sus funerales. El pensamiento francés post-estructuralista ha sido el abanderado de este programa: Lacan desde el psicoanálisis, Lévi-Strauss desde la antropología, Bourdieu desde la sociología o Foucault desde la historia de las ideas han sido algunos de los hombres más influyentes en todo este proceso, que ha alcanzado una suerte de paradigma filosófico en el pensamiento deconstruccionista de Jacques Derrida.”

“Como su propio y destemplado nombre indica, el deconstruccionismo busca socavar todo cimiento y toda metafísica que permitan sostener, por abajo o por arriba, cualquier relato legitimador de sentido.”

“Huelga decir que el trasfondo espiritual y metafísico no es lo único que desaparece bajo este análisis deconstruccionista. También desaparece la intención ética y toda verdad existencial.”

“A decir verdad, en la lógica fatal del pensamiento moderno, “la muerte de Dios” declarada por Nietzsche no podía llevar más que a la “muerte del hombre”.

 

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¿Es válido el humanismo en nuestros días? (II)

Publicado por simbiotica en mayo 8, 2011

(De la obra de Javier García Gibert “Sobre el viejo humanismo”)

“La época que abre el melancólico Petrarca la cierra el genio científico y racional de Newton”.
“La difícil relación entre las dos tradiciones ha sido un suceso ampliamente teorizado en el siglo XX y tuvo uno de sus ecos más conocidos en el opúsculo del ensayista inglés Charles Percy Snow, “Las culturas y la revolución científica” (1959), que planteaba la trágica fractura, cada vez más honda, entre los “dos hombres de ciencia” y los “intelectuales literarios” (cuyo arquetipo en su país y en su época era T.S. Eliot). Snow criticaba sobre todo a estos últimos, a quienes consideraba descomprometidos con la marcha del mundo y a los que reprochaba su desinterés -y por ende su ignorancia- acerca de los conceptos y presupuestos más elementales de la revolución tecnológica y científica.”
“La genuina respuesta humanística a las críticas de Snow ya se había producido medio siglo antes en las hondas reflexiones de George Simmel, que había explicado en su justo término el fatal desajuste entre las “dos culturas”. En diversos ensayos sobre la sociedad de su tiempo Simmel cifró, en efecto, la tragedia de la cultura moderna en el desequilibrio entre lo que dio en llamar “cultura objetiva” y “cultura subjetiva”. El progreso de la civilización se ha manifestado en un sinfín de logros científicos y técnicos que configuran, objetivamente, una cultura muy desarrollada, pero que nunca llega a ser asimilada por el sujeto, que no es capaz de incorporársela, no sólo intelectualmente en la mayoría de los casos, sino que ni siquiera anímica y espiritualmente para perfeccionar su vida. “Las cosas se tornan más perfectas (…) sin que el cultivar definitivo, el de los sujetos, se acreciente en la misma medida”. Los avances caminan a una velocidad vertiginosa, pero el “tempo” de la vida humana es incapaz de asimilarlos y camina cada vez más a la zaga. Este dramático y progresivo desfase entre la aparición fastuosa de una civilización técnico-científica y el escaso rendimiento ético, estético y espiritual que ese proceso civilizador produce en la cultura subjetiva de los ciudadanos es lo que produce la alienación que el humanismo, desde sus orígenes, siempre ha achacado a una ciencia que parece desarrollarse externa y autónomamente sin atender a las íntimas necesidades espirituales de sus supuestos beneficiarios.
A nadie se le ocultan las ventajas de la ciencia para el bienestar material del hombre. Pero ello puede ser una trampa. La ciencia se mueve en el ámbito cuantitativo, no cualitativo.”
“Se trata, en efecto, del último sistema acabado (el de Kant) que concibió la mente filosófica antes de la llegada de los irracionalismos (Schleiermacher), los pesimismos (Schopenhauer), los positivismos científicos (Comte), los absolutismos dialécticos (Hegel) o las demoliciones sin cuartel (Nietzsche) que marcarían la filosofía del siglo siguiente, todos ellos conculcadores, de una u otra forma, de las bases y los presupuestos de la tradición humanística. Kant es el último que rehabilita una estructura intelectual, a la medida de la dignidad del hombre, (…)”
“Su ajuste de cuentas con la metafísica no es más que el inicio, el punto de arranque de esa labor. Kant no pudo dejar de ver que la metafísica dogmática y teológica había sido un manantial de excesos y errores, pero advirtió asimismo que la metafísica era el punto de fuga necesario desde donde se hacía posible organizar la perspectiva que permitía una visión a la altura del hombre. La metafísica no es un lugar para estar, para quedarse, sino una ciencia reguladora para ordenar la vida y la mente humanas: la ciencia de los límites de la razón, pero también la ciencia de sus principios. La necesaria crítica a la metafísica dogmática no podía arrojar al ser humano en brazos del mundo fenoménico, de la percepción sensible, de las leyes mecánicas de la naturaleza.”
“La metafísica y sus temas -Dios, la inmortalidad del alma, las ideas de libertad o de finalidad- debían ser mantenidas a toda costa, aunque no como realidades dogmáticas, sino como conceptos intelectivos puros que redimen al hombre del bajo empirismo y establecen las bases necesarias para organizar la mente y “producir sentido”.
“Kant construye su sistema desde la limitación humana, que es inaccesible a las verdades trascendentes.”
“Dignidad de legislarse a símismo, voluntad de hacerlo con un criterio racional válido para la totalidad de los seres humanosy, como requisito previo de todo ello, ejercicio excelso de una libertad que (según se afirma en el mismo Prólogo de la “Crítica de la razón práctica”) “constituye la piedra angular de todo el edificio de un sistema de razón pura”.

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¿Es válido el humanismo en nuestros días? (I)

Publicado por simbiotica en mayo 2, 2011

Nos hacemos eco de la estupenda obra de Javier García Gibert titulada \”Sobre el viejo humanismo\”. A continuación expondremos unos puntos interesantes de la misma, en la que se considera la validez del paradigma humanista en nuestros días.

En el capítulo sobre “La voz renaciente” expone:

“En el amplio marco de la metafísica platónica, coronado por el Bien, la Verdad y la Belleza, a los humanistas del Renacimiento no les fue difícil integrar la virtus greco-romana, la veritas cristiana y su misma pasión literaria por la eloquentia, siguiendo los ejemplos de Cicerón y San Agustín.”

“Ésa es tal vez la escondida nostalgia que aún nos hace admirar con envidia el dorado mito del Renacimiento: la armónica unidad de sus ideales. Porque el problema no es, en verdad, que hoy no tengamos una escala de valores, sino que tenemos muchas, de tradiciones diferentes, que conviven simultáneamente, pero que son inconmensurables entre sí.”

“Así pues, a finales del siglo XV, cuando lo trata Pico Della Mirandola [1463-1494] en su Oratio de hominis dignitate, el asunto (de la universal dignidad del hombre) no era nuevo, pero no se trataba sólo de ensalzar el concepto de la dignidad del hombre, sino también de asentar sus implicaciones y establecer sus causas.”

“Pico afirma haber comprendido la verdadera razón de la dignidad del hombre, por la cual éste no sólo debería ser envidiado por las criaturas irracionales, sino que también lo sería -y de hecho, lo es- por los propios seres celestiales. Para ofrecer su explicación Pico inventa, sobre bases bíblicas y platónicas, una fábula genesíaca, según la cual el divino Artífice, una vez terminada su obra creadora del universo y del mundo vegetal, animal y angélico “deseó que hubiera alguna criatura capaz de comprender la razón de tal empresa, de amar su belleza, de admirar su grandeza”. Entonces pensó en crear al hombre…”

“Pico se aparta aquí de la bíblica creación del hombre como “imagen de Dios”, o mejor, dota a esa idea vacía de un sentido específico, pues el hombre, como explicará a continuación, será, igual que Dios, un creador, capaz de convertir en acto la potencia recibida.” En palabras de Dios (Oratio de Pico): “No te he dado, oh Adán, ni un lugar determinado, ni una fisonomía propia, ni un don particular, de modo que el lugar, la fisonomía, el don que tu escojas sean tu yos y los conserves según tu voluntad y tu juicio”. [...] “Tú, que no estás constreñido por límite alguno, determinarás por ti mismo los límites de tu naturaleza, según tu libre albedrío (pro tuo arbitrio), en cuyas manos te he confiado. Te he colocado en el centro del mundo para que desde allí puedas examinar con mayor comodidad a tu alrededor qué hay en el mundo”.

“El mensaje esencial de la Oratio, en lo que a la dignidad del hombre se refiere, está ya dicho en este punto, y también su apuesta por el libre albedrío como fundador de la misma.”

“En otras palabras: la libertad no sólo está en la naturaleza del hombre, sino que la naturaleza del hombre sólo es libertad.”

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