Simbiotica’s Blog

FILOSOFÍA DEL PARADIGMA (NIETZSCHE II)

Septiembre 18, 2009 · Dejar un comentario

Como se ha hecho con otros filósofos, a continuación expondré algunas ideas del filósofo extraídas de su obra básica: “Así habló Zaratustra”.

(Las mil metas y la única meta)

“Existen todavía mil senderos que están sin explorar: mil formas de salud y mil ideas de la vida que siguen escondidas. El hombre y la tierra del hombre continúan para mí sin agotar y sin descubrir. ¡Estad alertas y escuchad, solitarios! Del futuro llegan vientos con un silencioso batir de alas, una buena nueva anda buscando oídos lo bastante sensibles para que perciban. Los que hoy vivís en soledad, apartados de todo, seréis un pueblo en el futuro; de los que os habéis elegido a vosotros mismos ha de surgir un día un pueblo elegido, y de él surgira el superhombre. En verdad os digo que la tierra será un lugar de curación, y que ya hoy la envuelve un nuevo aroma salutífero y una nueva esperanza”.

“En cada pueblo hay una tabla de valores. Pero daros cuenta de que es la tabla de sus superaciones; fijaos que es la tabla de su voluntad de poder”.

(Los que desprecian el cuerpo)

“Detrás de tus pensamientos y de tus sentimientos, hermano, hay un amo poderoso, un sabio desconocido que se llama sí mismo. Habita tu cuerpo; es tu cuerpo. Hay en tu cuerpo más razón que en tu más profunda sabiduría”.

“El propio sí mismo, como creador, se creó el aprecio y el desprecio, el placer y el dolor. El cuerpo como creador, se creó el espíritu como brazo de su voluntad”.

(La virtud que empequeñece)

“Soy Zaratustra, el ateo, y cuezo en mi puchero el azar: Sólo cuando el azar está ya cocido, lo acepto y lo convierto en mi sustento”.

“Amad al prójimo como a vosotros mismos; tenéis que amaros a vosotros mismos”.

(Discurso preliminar de Zaratustra)

“¡Yo os muestro al superhombre! El superhombre es el sentido de la tierra. Que vuestra voluntad diga: ¡Que el superhombre sea el sentido de la tierra!

“El hombre es una cuerda tendida entre el animal y el superhombre, una cuerda tendida sobre un abismo”.

“… la grandeza del hombre radica en que es un puente y no una meta…”

“… yo amo a quien quiere vivir para conocer y quiere conocer para que alguna vez aparezca el superhombre; y, de este modo, quiere su propio ocaso…”

“… Ha llegado la hora de que el hombre se trace su propia meta”.

“Quiero enseñar a los hombres el sentido de su existencia, que no es otro que el superhombre, el rayo que surge de ese oscuro nubarrón al que llamamos hombre”. (De la obra del autor “Paradigma”).

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FILOSOFÍA DEL PARADIGMA (NIETZSCHE I)

Septiembre 11, 2009 · Dejar un comentario

FRIEDRICH NIETZSCHE (1844-1900)

Descendía de una familia de pastores protestantes que eran oriundos de Polonia. Cursó estudios en Bonn y Leipzig, y en 1989 asumió la Cátedra de Filología Clásica en la Universidad de Basilea, que ejerció durante diez años, hasta que enfermó tanto física como psíquicamente. En 1889 tuvo su primer ataque de locura, lo que no le impidió seguir escribiendo. Los últimos años de su vida los pasó en Weimar al cuidado de su madre y su hermana.

El pensamiento de Nietzsche se caracteriza por su carácter iconoclasta e irreverente, así uno de sus primeros actos fue proclamar la muerte de Dios. Y su obra “La voluntad de poder”, la subtitula “Ensayo para una transmutación de todos los valores”.

Parte como Schopenhauer de la voluntad, más bien “voluntad de poder”, identificándola como “instinto de libertad”. Para él la vida es voluntad de poder, y todo lo que se opone a ella lo considera nihilismo, moral de esclavos, decadencia y autonegación.

Nietzsche, como los antiguos griegos, no creía en el progreso humano, ya que interpretaba la historia como un “eterno retorno de lo mismo”. Consideraba que tanto el cristianismo, como el humanismo o la revolución social son producto del resentimiento, que él identificaba con la “moral sacerdotal” judía, que en su opinión, se basaba en el resentimiento y la venganza. Creía que de la moral sacerdotal judía surgía la moral plebeya de la democracia de masas y del animal rebaño, que odiaba todo lo excelso y superior, uno de cuyos signos es la soledad: “Allí donde cesa la soledad empieza el mercado, y allí donde empieza el mercado empieza el ruido de los grandes comediantes y el zumbido de las moscas venenosas”. (De su obra principal “Así habló Zaratustra”):

Opinaba que la verdad era una excepción que no puede ser socializada sin prostituirse. Escribe: “Yo mismo no busco partidarios”. De ello se deduce su aversión a los pastores, sacerdotes, pensadores y líderes políticos que “abusan” de la ingenuidad de las masas.

El filósofo no sólo combatió al cristianismo y al socialismo, sino a todo nacionalismo, racismo, militarismo y poder originado. Mas tampoco creía en la virtud tal como la entendemos. Es significativo que en una de sus obras importantes, “Más allá del Bien y del Mal”, exponga: “Toda moral es en parte una tiranía contra la naturaleza y la razón”.

El pensamiento de Friedrich Nietzsche es de difícil clasificación, para muchos contradictorio, lo que explicaría la atracción e influencia que ha ejercido sobre las más diversas ideologías: nacionalsocialismo, anarquismo de Emna Goldmann, existencialismo de Camus, post-modernismo, psicoanálisis freudiano, etc. (De la obra del autor “Paradigma”).

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FILOSOFÍA DEL PARADIGMA (y HEGEL V)

Septiembre 2, 2009 · Dejar un comentario

Hegel nos dice que la realidad carece de la rigidez y estabilidad de nuestros conceptos, que por otra parte ni siquiera ellos son los rígidos y estables que suponemos. Y es que el concepto sólo tiene plena validez en relación a los otros conceptos, en su entrelazamiento y recíproca interpretación.

Hegel cree que la filosofía se manifiesta “como un círculo que gira sobre sí mismo” (al llegar a la meta, alcanza de nuevo su propio comienzo). Y la Ciencia la divide en tres partes:

1. La lógica, o ciencia de la idea en sí y para mí.

2. La filosofía de la naturaleza o ciencia de la idea en su ser otro.

3. La filosofía del espíritu o ciencia de la idea que a partir de su ser otro retorna a sí misma.

Las tres partes recogen así en su totalidad el movimiento de lo absoluto, que primero parte de sí mismo, después se exterioriza en la naturaleza y por último retorna al reino del espíritu.

“El ser en sí: cualidad; fuera de sí; apariencia y para sí: realidad”. El círculo se ha cerrado: El ser en sí del comienzo se ha convertido en el ser en sí y para sí de la idea absoluta.

Escribe Hegel: “Cada una de las partes de la filosofía es un todo filosófico, un círculo que se cierra sobre sí mismo; pero la idea filosófica está presente en él en una determinación o elemento particular. Cada uno de los círculos, precisamente porque es de por sí la totalidad, rompe las fronteras de su elemento y sienta las fases para una nueva esfera”.

Y continúa Hegel: “La conciencia natural ve y no se ve. Conoce y, al conocer, se deconoce”. La conciencia natural es ya una cierta anticipación de sí misma y de su saber, y en su deconocimiento es ya apta para reconocerse un día, aunque aún no se ha reconocido. “Se limita a ser en sí, en cada una de sus formas, sin serlo todavía en sí”.

La conciencia es quien debe leer en sí misma la verdad. La conciencia natural no tiene otra posibilidad de alcanzar dicha verdad que “recorrer el largo camino que le lleva a encontrarse a sí misma”.

Dice Hegel que quien vive ensimismado es incapaz de alcanzarse a sí mismo, por eso para entrar dentro de sí es preciso salir antes fuera.

Continúa diciéndonos Hegel que sin oposición a lo otro no hay reflexión y sin reflexión no hay conciencia. Este sería el sentido primario de la ecuación hegeliana: sustacia=sujeto. La sustancia carece de conciencia, pero por el juego de las sucesivas contradicciones la sustancia se hace sujeto.

La Fenomenología es la invitación a un viaje y en este viaje la conciencia no sólo se conoce a sí misma, sino también a su objeto.

Finalmente, “la conciencia ha mediado el universo”.

“Los sucesivos capítulos de la Fenomenología describen las etapas de este crecimiento: la certeza sensible, la autoconciencia, la razón, el espíritu, la religión y el saber absoluto”.

La conciencia es conciencia del objeto y conciencia de sí misma, conciencia de algo que para ella es verdad y conciencia de su conocimiento de esta verdad. La pauta sólo puede estar dentro de la conciencia, o sea, “la conciencia es su propia pauta”.

La experiencia en su conjunto es mediación dialéctica, en la que “la conciencia se rectifica paso a paso en contacto con su objeto y éste en contacto con la conciencia”. Así que, Hegel considera que “la verdad no es en definitiva sino la esencia depurada de lo que se muestra a la conciencia, y alcanza el punto en que la apariencia se hace igual a la esencia”.

Para Hegel: “La esencia de la esencia es aparecer y la aparición es la aparición de la esencia”.

Y también: “Lo que constituye la autoconciencia no es la pura contemplación del ser, en la que la conciencia se olvidará más bien de sí misma, sino su deseo. Es el deseo lo que lleva a la conciencia a reconocerse a sí misma”. “Lo que la conciencia busca en el objeto sensible no es el mismo objeto sensible, sino a sí misma”, o sea, ese deseo que constituye la autoconciencia es en el fondo del deseo de ser reconocida por otra autoconciencia. En otras palabras, para llegar a ser plenamente para sí la autoconciencia necesita de la mediación de otra autoconciencia.

Hegel afirma que “el ser y la nada (Nichts) son uno y lo mismo”. “Las cosas se determinan por su límite”. O sea, “es propio del ser determinado ser finito y mudable”.

La naturaleza es “la idea en forma del ser-otro”, un momento en la evolución de lo absoluto, que se caracteriza por el salir de sí y enajenarse en la existencia exterior.

Para Hegel, “Dios se manifiesta como naturaleza y como espíritu”: “El fin de la naturaleza es maquinar su propia muerte, abrirse paso a paso a través de la corteza de lo inmediato y sensible, quemarse a sí misma como el ave fénix y aparecer fuera de aquella exterioridad rejuvenecida como espíritu”.

“La libertad es la determinación fundamental del espíritu, como la gravedad lo es de la materia”.

“El momento del espíritu es el momento del retorno”.

“La esencia del espíritu es, por tanto, la libertad, es decir, la independencia respecto de otro, la autorreferncia”.

“Si lo absoluto no estuviera ya presente en la conciencia, ¿cómo podríamos buscarlo? Dios es la soledad pensante del hombre”.

“Dios no sería otra cosa que la profundidad de la conciencia humana, la subjetividad que se sabe“. “Lo decisivo es que lo infinito no puede prescindir de lo finito, que Dios ha de perderse en la selva virgen de la naturaleza para poderse reencontrar como espíritu”. (De la obra del autor “Paradigma”).

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FILOSOFÍA DEL PARADIGMA (IV HEGEL)

Agosto 24, 2009 · Dejar un comentario

Lo característico de Hegel es no buscar a Dios más allá (en el más allá), sino “aquí”, es decir, en el presente. Más que un panteísmo parece tratarse en su postura de un “panteísmo” ontológico. Hegel nos dice que hay que entender lo absoluto a la vez como sustancia y como sujeto.

Suatancia es lo que existe en sí mismo (in sich sein). En cambio sujeto dice básicamente autoconciencia mediada por la oposición y, por ende, negación de sí mismo en lo otro, llegar a ser sí mismo a través de lo otro y, así, ser para sí mismo (für sich sein).

El sujeto se “reviste” de la consistencia ontológica de la sustancia, y la sustancia de la negatividad y autotransparencia del sujeto.

“La sustancialidad y con ello la objetividad pertenece al sujeto que se sabe”. “La sustancia absoluta es sujeto”. “El yo es el nosotros y el nosotros yo”.

En la concepción hegeliana se mezclan tres problemas que la tradición filosófica ha tratado separados: el problema epistemológico, el político y el religioso.

El espíritu es la sustancia que es esencialmente sujeto, como el ser que es ya en sí, pero que precisa del “devenir” del mundo y de la historia para llegar para sí.

Y seguimos desplegando los pensamientod de Hegel.

La mediación no es sino “la identidad consigo misma en movimiento, la reflexión sobre sí mismo, un momento del sujeto que es para sí mismo”.

“Hay que decir de lo absoluto que es esencialmente resultado, que solo al final es lo que en verdad  es; y en ello consiste precisamente su naturaleza, en ser real y efectivo, sujeto y devenir de sí mismo”.

Podríamos decir que el absoluto hegeliano es dinámico, en camino hacia sí mismo, por ello resultado o resultante de su “propio proceso espiritual de autorrealización”.

El todo es la esencia que no se contempla sino por su desarrrollo. Es fácil ver que la dialéctica hegeliana es un logos del ser, una lógica que a la vez es ontología. La dialéctica expresa el interno proceso de reflexión, es la elaboración de la lógica misma de la realidad.

Para Hegel, la realidad es “lo que nosotros podemos y debemos pensar”. También: “lo absoluto es algo vivo y sólo puede captarse como despliegue de vida”.

Hegel en el concepto incluye el movimiento completo de la reflexión, “un círculo de inteligibilidad que se determina hacia sí mismo pasando por la oposición y la alteridad”.

Los tres movimientos típicos de la dialéctica hegeliana son: afirmación, negación y negación de la negación. (Tesis, antítesis y síntesis).

Para Hegel, el ser de las cosas es un “ser en camino”, un ser que se realiza como un “siendo”.

La contradicción real no significa la negación de algo en idéntico sentido en que es afirmado, sino la oposición que existe en el seno de lo real en “diferentes momentos de su despliegue”. Formalmente, “lo que se contradice no es nada”.

Lo finito aisladamente es imposible y hasta contradictorio. Debemos negarlo en su aislamiento, pasando a lo infinito a que remite.

Sólo el movimiento es real, por eso el reposo se define partiendo de dicho movimiento y no al revés.

Para Hegel el admitir que todo se contradice, es decir que todo se mueve, y el motor de tal movimiento es la tendencia de la naturaleza finita de las cosas que las empuja hacia el infinito. (De la obra del autor “Paradigma”).

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FILOSOFÍA DEL PARADIGMA (HEGEL III)

Agosto 18, 2009 · Dejar un comentario

Lo pensado es el mundo y la historia es su desarrollo global en el espacio y en el tiempo. Pero, ¿quién es en último termino el que piensa? El que piensa no soy en último extremo yo, sino la razón absoluta, cuyo pensamiento se va condensando y objetivando en la serie de sucesivas figuras que constituyen el mundo y la historia. La razón absoluta se piensa a sí misma, vuelve sobre sí misma, pero a través de una de las figuras que proceden de ella. Tales figuras somos nosotros los hombres.

Y es que el hombre se diferencia radicalmente de todas las otras cosas por el hecho singular de la autoconciencia: “El hombre no sólo sabe, sino que sabe que sabe, y sabiendo, sabe de sí mismo. Conociendo, se conoce. De ahí que pueda llegar a ser el instrumento del autoconocimiento de la razón absoluta. Cuando nosotros pensamos, la razón absoluta se piensa en nosotros. La “autoconfianza de la razón” (en la expresión de H.Thielicke) radica en el hecho de que otro se piensa a través de nosotros”.

Para Hegel “lo racional es real y lo real racional, ya que lo real es producto del pensamiento”.

“La cosa en sí ha de llegar a ser una cosa en nosotros“. (El concepto que nosotros tenemos de ella).

Hegel nos dice que Kant no había caído en la cuenta de que el conocimiento de un límite como límite no es posible si no se está ya más allá de él. O sea, la designación de alguna cosa como finita y limitada contiene la prueba de la presencia real de lo infinito, de lo ilimitado, “que sólo podemos saber del límite en cuanto que lo ilimitado está ya de la parte de acá de la conciencia”.

Hegel se opone a la contraposición sujeto-objeto y la convierte en mediación. Cree que el mundo es producto del mismo pensamiento que está en obra en el hombre, y que hay una constante fluidez y mediación entre el sujeto llamado a conocer y el objeto que ha de ser conocido. En última instancia, el espíritu se ha adueñado de la cosa, convirtiéndola en sustancia propia: la realidad se ha hecho racional, superándose así la contraposición sujeto-objeto.

Hegel restablece el antiguo principio de Parménides, convirtiéndolo en tesis central de su panlogismo: “Pensar y ser son uno y lo mismo”. Ahora bien, mientras que en Parménides el ser es la verdad del pensamiento, en Hegel el pensamiento es la verdad del ser.

El ser pierde poco a poco su apariencia de exterioridad hasta coincidir finalmente en el pensamiento.

En el “yo pienso” de Hegel, como ha mostrado E. Bloch intervienen tres motivos: 1) el yo revolucionario del ego cogito de Descartes, seguro de sí mismo en el acto de conocer, el ich denke de Kant, la autoconciencia que acompaña todo conocimiento de lo otro, el yo absoluto y sin límites de Fichte, fuente original de todo el ser cósmico; 2) el mundo de Schelling y los románticos: la naturaleza como espíritu inmaduro, como barrera que se pone el espíritu para autoafirmarse y acrisolarse frente a ella; 3) la idea de génesis y evolución.

Para Hegel, “el conocimiento es el medio de que disponemos para apoderarnos del universo”. “En este sentido el yo está ahí para tragarse y devorar todas las cosas”.

“Todo lo que acaece en el cielo y en la tierra, lo que acaece eternamente, la vida de Dios y todo lo que se hace en el tiempo, tiende solamente a un fin: que el espíritu se conozca a sí mismo, que se haga objeto para sí mismo, que confluya consigo mismo”.

Hegel no niega las contradicciones de la realidad misma. Sólo pretende mostrar su racionalidad. Las contradicciones de la realidad son el motor del progreso, pues la historia avanza de negación en negación.

En opinión de Hegel, el horizonte de la filosofía no es el futuro, sino el presente: “Lo que es racional, eso es real. Lo que es real, eso es racional”. Así que Hegel se mueve a nivel de conciencia absoluta que es en definitiva donde se identifican lo racional y lo real.

“Dios es” o la “esencia absoluta es”. Tal proposición es más obvia en Hegel que en la metafísica clásica, ya que para Hegel lo finito, lo contingente, sólo tiene la realidad en relación a lo infinito, al que remite. Para Hegel, lo finito no es, sólo lo infinito es. Lo finito no es más que la “inquietud” de no ser lo que es y, por ello mismo, “tránsito” más allá de sí mismo, movimiento de autosuperación. Para hegel, ésta es la naturaleza de lo finito: superarse, negar la negación y pasar a lo infinito; tiene en sí la finitud pero sólo como un momento que debe superar y que es superado…” “La finitud está en la infinitud y no al revés”. “Finito e infinito se implican y se distinguen entre sí como dos momentos de un mismo proceso dialéctico”. “La negación de la negación no es una neutralización”. “El sujeto “Dios” se concibe ahora como un sujeto vivo, infinito, implicado en el movimiento de autosuperación de la conciencia finita”. “La conciencia mediadora es la subjetividad humana finita, pero ésta se ha convertido en un momento dialéctico del movimiento de autoconciencia de lo absoluto”.

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FILOSOFÍA DEL PARADIGMA (HEGEL II)

Agosto 3, 2009 · Dejar un comentario

“La escisión es la fuente de la necesidad de la filosofía”.

Para Hegel hay dos supuestos de la filosofía. Uno es lo absoluto mismo como la meta buscada. El segundo es la emergencia de la conciencia partiendo de la totalidad, de escisión en ser y no ser, infinitud y finitud, etc.

Hegel dice que la identidad absoluta de Schelling debería incluir en su seno la diferencia. Y apunta: “La filosofía es, por naturaleza, esotérica: no está hecha para el populacho ni es susceptible de ser aderezada para él: pues sólo es filosofía por oponerse completamente al entendimiento y, por lo tanto, todavía más al sano sentido común (que significa las limitaciones locales y temporales de un grupo de personas). Comparado con éste, el mundo de la filosofía es un mundo al revés”.

Para Hegel, el caso de Dios es único y sui géneris. Su conocimiento se presupone a cualquier otro conocimiento. No se trataría de llegar a él, sino de partir de él. Dios no está fuera de la razón, pues precisamente la tarea de ésta es llegar a comprenderlo a través de lo mundano, encontrando lo infinito en lo finito, lo eterno en lo de “aquí y ahora”.

Si la subjetividad humana se aísla en su finitud y se absolutiza, todo acceso a lo infinito queda cortado, acaeciendo entonces ateísmo y nihilismo. Para evitar esto hay que llegar a una unidad de lo finito y lo infinito totalmente real. Y tal unidad sólo puede ser unidad en lo absoluto, una asunción de lo finito en lo infinito.

Hegel critica la moral de Kant por su “falta de contenido”, pues lo importante en la moral es el contenido.

Lo absoluto juega eternamente a engendrarse desde siempre en la objetividad.

Entre los años 1801 al 1806 en Jena, Hegel da a su pensamiento la forma tripartita: la filosofía se despliega en una lógica o metafísica, una filosofía de la naturaleza y una filosofía del espíritu.

Nos dice: “Lo infinito no es un más allá, sino el puro movimiento absoluto de su ser fuera de sí (Anssersichsein) desde su mismo ser en sí (Ansichsein)”. “La verdadera naturaleza de lo finito es ésta: que es infinito, que se trasciende en su ser. Es la inquietud absoluta de no ser lo que es”.

Finito e infinito son dos movimientos convergentes: a la “inquietud autoanonadora” de lo infinito corresponde la “inquietud autosuperadora de lo finito”.

El principio básico está en la idea de la unidad diferenciada de finito e infinito. Hay en el fondo que poner la escisión, la diferencia en lo absoluto. Lo absoluto se diferencia de sí mismo y pese a tal oposición, continúa siendo uno. En Hegel, pues, lo finito se da en el seno de lo infinito.

Lo absoluto no sería la unidad abstracta allende todas las finitudes y todo saber, sino la totalidad concreta que se despliega como naturaleza y espíritu. La tarea de la filosofía es reconstruir mediante tales dos momentos el “proceso de despliegue”.

Hegel piensa que el conocimiento humano es verdadero en la medida en que el hombre, al pensar, reproduce el pensamiento creador de Dios, lo que es posible porque la inteligencia humana participa, como imagen suya que es, del logos divino creador.

Hegel volvería en cierto sentido a la postura clásica, aunque de una manera distinta, no analógica y participativa, sino dialéctica, la relación que existe entre el conocimiento finito e infinito. Hegel afirma la identidad de pensar y ser, es decir, el pensamiento y lo pensado “remiten dialécticamente el uno al otro y arraigan en una última unidad”. (De la obra del autor “Paradigma”).

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FILOSOFÍA DEL PARADIGMA (HEGEL I)

Julio 27, 2009 · Dejar un comentario

GEORG WILHELM FRIEDRICH HEGEL (1770-1831)

 

La obra de Hegel se ha utilizado para legitimar las doctrinas más contrarias, porque la ambigüedad de su pensamiento permite convertirlo en teórico del Estado absoluto, precursor del fascismo e inspirador de la dialéctica marxista. Por ejemplo, Hitler y Mussolini le reclamaban como modelo, al mismo tiempo que Marx y Engels “bebieron” de sus fuentes. Para Feuerbach, Hegel es una contradicción total. En la “Fenomenología del Espíritu”, Hegel persigue el objetivo de liberar al conocimiento de toda limitación o condicionamiento, confiriendo a la razón humana una dimensión genético-creadora. Su tesis central es que entre el “sujeto” y el “mundo” no existe ninguna barrera infranqueable: la “verdad absoluta” no sólo es accesible al sujeto, sino que es creada por él. El sujeto crea a la vez la racionalidad del mundo objetivo. La verdad objetiva no es más que el resultado de la actividad reflexiva del hombre. El pensamiento no es una modalidad del ser, sino el mismo ser. Como para Leibniz, la historia universal constituye para Hegel una teodicea o justificación de Dios.

En sus “Lecciones sobre filosofía de la historia universal”, Hegel propone la idea de que la “voluntad divina” se revelaba en el tiempo a medida que el universo lo hacía, lo que le lleva a concluir que la historia es una descripción de la voluntad divina, lo que implica que la historia debería sustituir a la teología como modo de conocer las verdades últimas. Desde esta perspectiva, el hombre no es una criatura pasiva, mero observador de la naturaleza, sino un sujeto patícipe que crea o co-crea la historia junto a la divinidad. La historia avanza mediante tesis, antítesis y síntesis.

Hegel piensa que el progreso es básicamente una cuestión de libertad, lo que le lleva a identificar en la historia cuatro fases principales de progreso durante las cuales aumentó la libertad.

En primer lugar está el sistema oriental, en el que sólo una persona es libre: el déspota. Luego surgen los sistemas de griegos y romanos, en los que algunas personas eran libres. Y finalmente está el sistema prusiano, “en el que todas las personas eran libres”.

La concepción histórica de Hegel es claramente eurocéntrica, sobre todo germanocéntrica. La historia avanza de Oriente a Occidente. El Este representa la infancia del “Espíritu universal”, el Oeste su madurez y culminación.

Pero sin más dilaciones desgranemos las ideas básicas de Hegel.

El complejo sistema de Hegel tiene una estructura bien sencilla: lo absoluto como eje de la racionalidad del mundo está al comienzo  y al final como punto de partida y llegada, y en medio se sitúa la oposición universal a través de la cual lo absoluto y la racionalidad se desenvuelve y se resuelve desde sí mismo y hacia sí mismo, enlazando fin y principio. Así que nos encontramos ante un círculo.

El complejo sistema de Hegel es “la unión de la unión y de la no-unión” (die Verbindung y der Verbindung und der Nichtuerbindung). Con ella se superan todos los contrastes, alcanzándose una unidad dialéctica que posee dentro de sí la diferencia de lo diferente. A tal unidad de lo múltiple se llama Dios y es el espíritu. (De la obra del autor “Paradigma”).

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FILOSOFÍA DEL PARADIGMA (KANT)

Julio 17, 2009 · Dejar un comentario

INMANUEL KANT (1724-1804)

Es el pilar desde el que se construye el pensamiento alemán. En la “Crítica de la razón pura”, el filósofo de Königsberg remueve los cimientos de la Metafísica y la Teología de entonces, cuando afirma que la “cosa en sí” es inaccesible al entendimiento. Así Kant pone límites a la razón, aunque no la niega en absoluto, pero sí lo suficiente para que rechace el empirismo como el fundamento de la verdad. En sus palabras: “Aún cuando nuestro conocimiento parte de la experiencia, no surge toda de ella”. Los datos y fenómenos empíricos sin la síntesis que realiza el yo trascendental, no pasaría de ser sólo una “rapsodia de percepciones” falta de la necesaria unidad. Descartado el conocimiento de la “esencia” de las cosas, no es ello óbice para la edificación de un mundo racional basado en la libertad, la voluntad y la conciencia ética, según expone en su “Crítica de la razón práctica”.

La moral de las acciones del hombre debe medirse por su objetividad y universalidad. Kant dice: “Actúa como si la máxima de tu acción tuviera que convertirse  a través de tu voluntad en ley universal de la Naturaleza”.

La moral para Kant no es un reflejo de un sistema de ideas y valores existentes fuera o exteriores al sujeto, como Dios, etc., sino un acto que surge exclusivamente de la conciencia de cada individuo. Tal autolegislación lleva al hombre a superar las limitaciones de la vida natural, convirtiéndose así en amo y señor de su destino, pergeñando su libertad, valor a crear por medio de la razón, el sentido del deber y el imperativo categórico moral. En sus palabras: “Hazte más perfecto de lo que la Naturaleza te ha hecho”.

No obstante opinaba que la historia tenía un gran “propósito cósmico”, al que se encaminaba la humanidad sin proponérselo, al guiarse por la observación de las leyes de la Naturaleza. En su opinión, la tarea de la filosofía era describir este plan universal, puesto que creía que, en principio, las leyes naturales de la historia y el mismo progreso podrían identificarse igual que las leyes de los planetas descubiertas por Newton. Así resumió la filosofía de la historia en nueve principios que esbozaban el “progreso” de la humanidad.

Su argumento principal era que en el ser humano, de siempre existía un conflicto entre el ser social que procuraba el bienestar de los demás, y el ser egoísta preocupado sólo por sí mismo. Ese constante conflicto iba y venía con el tiempo, y su resultado era un perceptible progreso en ambas áreas, la social y la individual. En los estados fuertes capaces de regular la vida social, la libertad individual era mayor. La meta era que el mayor número de personas alcanzase la libertad suficiente para realizarse como individuos y además, poder cuidar a sus semejantes. (De la obra del autor “Paradigma”).

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FILOSOFÍA DEL PARADIGMA (SCHELER)

Julio 3, 2009 · Dejar un comentario

MAX  SCHELER (1874-1928)

Nace en Munich. De madre judía y padre alemán, se convirtió al judaísmo al contraer matrimonio. Estudió en las universidades de Berlín, Heildelberg y Jena.

Se vio influido por el pensamiento de Dilthey (vitalismo historicista), Nietzsche (vitalismo irracional) y Eucken (vitalismo espiritualista), pero fundamentalmente por su maestro Husserl con quien trabajó en Göttingen de 1909 a 1913. Del propio Husserl tomó la pasión por salir al encuentro de “las cosas mismas”, aplicando la descripción fenomenológica. Scheler aplicó el método a áreas que todavía no habían sido exploradas por los fenomenólogos, como la vida ética, la emocional, la religión, etc.

Sus obras más importantes son: “Esencia y formas de la simpatía”. “El formalismo en la Ética y la ética material de los valores”, “De la revolución de los valores”, “De lo eterno en el hombre”, “Escritos sobre Sociología y teoría de la Cosmovisión”, “Las formas del saber y la formación”, “Las formas del saber y la sociedad” y “El lugar del hombre en el Cosmos”.

La trascendencia mayor de su obra se refiere a sus reflexiones sobre los valores (“axiología”). Husserl había puesto el énfasis en la reflexión sobre los objetos intencionales de la razón (las ideas); Scheler lo puso sobre la intencionalidad de las emociones y sus objetos intencionales (los valores). A los valores sólo se puede acceder por la intuición emocional, pues la razón es ciega para el valor.

Para Scheler los valores son siempre los mismos, no cambian, pues hay un “cosmos objetivo de valores”, por eso se opone con firmeza  a la pretensión de Nietzsche de “crear valores”. Scheler opina que lo que cambia es nuestra percepción de los mismos, porque cada época, cada cultura, decubre unos valores e ignora otros.

Scheler nos dice que los valores están ordenados jerárquicamente. Primero están los religiosos (sagrado/profano), luego los espirituales (bello/feo, justo/injusto, verdadero/erróneo), luego los de la afectividad vital (bienestar/malestar, noble/innoble) y en último lugar los valores de la afectividad sensible (agradable/desagradable, útil/dañino).

Lo importante es vivir en armonía, no optando por unos valores y renunciando a otros, pero hay que vivir los valores inferiores de un modo tal que se encuentren ordenados a los superiores.

La intención de Scheler fue superar el dualismo y la ruptura generados por la falsa opción entre vitalismo y racionalismo. (De la obra del autor “Paradigma”).                     

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FILOSOFÍA DEL PARADIGMA (MARX)

Junio 24, 2009 · Dejar un comentario

KARL MARX (1818-1883)

Nace en el seno de una familia judía conversa afincada de Tréveris. Estudia en Bonn y Berlín, obteniendo el título de Doctor en Jena. Tras el fracaso de la Revolución Alemana de 1848 se instaló en Londres, donde muere.

La originalidad de Marx consiste en fundir en un todo consistente y sistemático tres elementos que él encontró dispersos: el socialismo francés, la economía inglesa y la filosofía alemana. Su concepción filosófica se apoya en el materialismo, o la convicción de que el fundamento y el motor de la vida no es el Espíritu como afirma Hegel, sino los factores físico-materiales. En sus palabras: “No es la conciencia lo que determina la vida, sino la vida la conciencia”. El desarrollo de las fuerzas de producción es inseparable de la llamada lucha de clases. En su “Manifiesto comunista” dice: “La historia de toda sociedad, hsta nuestros días, es la historia de la lucha de clases”. Pero esta interpretación clasista de la historia, como reconoce el propio Marx, es de origen burgués.

La labor teórica de Marx culmina y tiene su máxima expresión en los tres tomos de su obra principal: “El Capital”. Allí interpreta dialécticamente las leyes y contradicciones que son inmanentes al capitalismo y las causas, que según él, un día conducirán a su declive y al surgimiento de una sociedad sin clases.

La fase de transición del capitalismo al comunismo la concibe Marx como una “dictadura del proletariado”.

En sus panfleto contra Proudhon denominado “Miseria de la filosofía”, expone: “Con el tiempo, la clase trabajadora pondrá en lugar de la vieja sociedad burguesa una asociación que excluya las clases y los antagonismos, y entonces no existirá ya ningún poder político propiamente dicho, porque precisamente el poder político es la expresión oficial del antagonismo de clases dentro de la sociedad burguesa”.

Aunque es cierto que Marx subrayó el papel principal de los factores económicos y objetivos, nunca perdió de vista la influencia que sobre ellos ejercen los factores subjetivos y morales.

En su opinión, la aceleración o la demora de la revolución dependen en gran medida de las “casualidades”, entre las cuales figura también la “casualidad” del carácter de la gente que en un principio estaría a la cabeza del “movimiento”.

Las profecías de Marx sobre el derrumbamiento del capitalismo no se cumplieron (sino lo opuesto: el hundimiento del bloque soviético), pero, por el contrario, sí acertó al prever las posibles deformaciones de su pronosticada revolución. (De la obra del autor “Paradigma”).

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