Palabras de mi jardín (II)

La semilla (El jardinero -Tagore):

“Muy delgado, enmarañado y empolvado su rojizo pelo, la boca hundida, dormida el alma, y un ardor en los ojos como la luz de la luciérgana que quiere emparejarse, el loco buscaba la piedra de toque.
El mar inabarcable rugía delante de él. Las olas hablaban sin cansarse de sus tesoros sumergidos, riéndose de su ignorancia por no comprenderlas. Tal vez apenas tenía que esperar, pero no se echaba a reposar porque su vida era sólo búsqueda.
Al igual que los mares tratan de abrazar sin descanso el cielo inaccesible; al igual que los astros trazan círculos eternos en pos de una desconocida meta, el loco, sudoroso su rojizo cabello, vagaba por la desierta playa buscando la piedra de toque.
Un día un niño del pueblo le dijo: “¿Quien te ha dado esa cadena de oro que luces en el cinto?” El loco se miró sobresaltado. ¡Su cadena de hierro era de oro! No soñaba, pero no recordaba el camino. Y, disgustado, se golpeaba la frente tratando de acordarse. ¿Dónde habría encontrado la piedra, sin haberlo sabido? Tenía lacostumbre de coger piedrecitas, tocar con ellas la cadena, y volverlas a tirar, sin reparar si el hierro se convertía en oro. Así, había encontrado la piedra de toque y la había vuelto a perder. Descendía el sol dorando el cielo todo. El loco comenzó a desandar lo que había andado, en pos del tesoro perdido, cansado, mirando el suelo, con el alma en la tierra, como un árbol que hubieran arrancado de raíz.”

“La vida sólo como búsqueda”

El Jardín:

Gozosa búsqueda del tesoro del Espíritu escurridizo y misterioso. Ese afán nuestro en buscar el camino, ¿no distrae, quizás, su destino?… Ese anhelo en pos de la llama, gozoso en sí, no debiera distraer la vigilia, la apertura del alma a su influjo… ¡No es la meta, ni el sino del hombre el camino que trazan sus pasos!…
El Espíritu elige el momento… ¡Él se acerca en silencio a ese encuentro!
¡Aguza el sentido, alma inquieta, estate atenta y abierta a la irrupción del Espíritu en ti!… Mansas, humildes, moradas confortables, tales son las “cuentas” de Dios nuestro Señor.

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