Palabras de mi jardín (IX)

La semilla (“El jardinero” de Tagore):

Yo era una más, y mi vida se me escapaba con la oscura labor de cada día. ¿Por qué me elegiste entre todas, por qué me hiciste salir del confortable aposento donde transcurría mi vida cotidiana?
El amor que no se ha confesado es algo sagrado y resplandece como la joya en la penumbra del corazón escondido. Pero cuando se le saca a la claridad del día el muy impertinente resulta desgraciadamente negro. ¿Por qué rompiste, entonces, el velo de mi corazón? ¿Por qué sacaste a la luz del sol mi tembloroso amor y rompiste para siempre su umbrío cobijo?
Mis compañeras continúan igual. Nadie se ha asomado a sus almas, y hasta ellas desconocen sus secretos. Se ríen, lloran, hablan y se afanan, descuidadas y superficiales; van directamente al templo, preparan sus lámparas y acarrean agua del riachuelo.

Tenía la esperanza de que mi amor, sacado de su cobijo, no iba a temblar de vergüenza; pero tú me has mirado. Has emprendido tu camino, pero no me has dejado continuar por el mío. ¡Y me dejas desnuda frente al mundo, que con los ojos siempre abiertos me observan noche y día!

“Un alma tocada por el Amor”


El jardín (AAS):

¿Me preguntas qué es amor?… ¿Y a mí me lo preguntas?… Interroga a él directamente la razón de mis cimientos removidos, la inquietud de mi alma desvalida sin rumbo, sólo en pos de su esbelta estela indefinida… ¡Pregunta sí, pero cuídate de sus ardientes y peligrosos rayos!

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