“La polémica del gen egoísta (VI)” , de la obra “El parto de Dios”

“No obstante, ese “mundo de cualidades” sí es distinto en el sentido de que la esencia de los seres vivos es transcurrente, está referida al tiempo, lo que le da un aspecto noveoso respecto a los componentes de ese “mundo de cualidades”. Verdaderamente, lo único que les asemeja es esa particularidad de que ambos existen pero no son reales nada más que en ciertas circunstancias. El “mundo de cualidades” se hace real en los “estímulos” que aparecen en los seres vivos. La “esencia” de los seres vivos en los sucesivos “presentes” de los mismos. Estos “presentes”, como apuntaba Zubiri, tienen en sí el “germen” del mismo tiempo, pues, en cada presente viene definido ya un cierto pasado y un cierto futuro, justo los necesarios para que el presente pueda definirse como tal. O sea, en el “presente” de cada ser vivo la esencia del mismo se hace real, y por lo anterior, esta realidad del presente encierra en sí la temporalidad, el movimiento.

La cualidad se hace real en el estímulo que aparece en el ser vivo. Es real, pues, para este ser vivo, pero no es real para sí misma; no tiene realidad en sí misma. La esencia del ser vivo se hace real en el ser vivo, en su “presente”.

Y es que parece intuirse que una cualidad se haría real en sí misma sólo si el ser vivo que la “sintiese” fuese la misma cualidad (acto reflejo). Ninguna cualidad que no sea el mismo ser vivo (su esencia) tiene capacidad para ello. Todo ser vivo está capacitado para “captar” aspectos de su propia esencia en cada uno de sus “presentes” temporales. La evolución va produciendo seres cada vez más complejos, cada vez más capaces de “sentir” en mayor medida su esencia. Es posible que la conciencia humana sea el resultado de la “captación total” de su esencia por el animal hombre, ya que la esencia se hace real en su totalidad en el presente de aquella criatura capaz de “sentirla” íntegramente.

La cualidad al no ser real no existe para sí misma. En general, para el ser vivo su esencia sólo es real en el presente; si su “presente” corresponde al instante de su muerte, su desintegración material (desorganización que incapacita al ser para “sentir”, en particular su esencia), en este presente deja de ser real: su esencia es incapaz de superar su muerte. En la criatura humana existe la realidad de la esencia (por la aparición de la conciencia) en toda su plenitud en cada uno de sus “presentes”. A la realidad del presente animal se superpone la realidad de toda su esencia completa, definida a lo largo de todo su pasado, presente y futuro, es decir, la realidad transpersonal, y eso hace que aún en el instante final (óbito) exista la realidad de la esencia humana, con lo que puede superar el tiempo, apareciendo una nueva dimensión: la eternidad.

En otras palabras, animales y hombres, en general seres vivos, poseen la realidad del presente esencial (quizás pudiera asimilarse esta realidad al llamado campo mental), pero el hombre al “sentir” su esencia plena (inteligencia sentiente) hace realidad en su instante presente su entera esencia, en una especie de retroalimentación vital que le hace por entero realidad, superándose en todo momento la realidad del presente. De esta forma, aún en el momento del óbito se supera el mismo “campo mental”, conservándose la realidad de la esencia humana; es lo que llamamos “la trascendencia” del espíritu humano.

Según ésto, ¿el universo sería el marco en el que las esencias podrían hacerse reales?

El sentimiento de la propia esencia se hace real en el ser, existiendo “quien” se hace cargo de esta realidad (lo que no cumple la cualidad).

La esencia del ser vivo no es una “cualidad” cualquiera, es una “cualidad transtemporal”, que posee la particularidad de la temporalidad. Esto significa que la realidad de la esencia de cada presente está proyectada también en el pasado y en el futuro, y aún cuando, en el caso general, no pueda superar el tiempo, sí posee en sí el germen del tiempo, del movimiento, que no se agota en su propio presente. Ello hace posible la “unicidad” del ser vivo, gracias al “acoplo” de cada uno de los “presentes” entre sí, a través de la memoria d elos pasados y los futuros que cada uno encierra.

La esencia de cada ser vivo puede ser “captada” por otro ser. (¿Esta captación puede suponer el incremento de la esencia de este último?… Si así fuese, la incorporación del agregado debería poseer el carácter de integridad como consecuencia de la unicidad anteriormente apuntada).”

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