LA AVENTURA DEL ESPÍRITU (III), de la obra “El parto de Dios”

LA AVENTURA DEL ESPÍRITU (III)

A continuación nos adentraremos en el mundo de la antigua China.
En el famoso libro de las Mutaciones o Yi King se presenta ya la conocida pareja de los dos conceptos del Yin y el Yang. El Yin o principio femenino y el Yang o principio masculino. Hay un solo principio cósmico que no puede manifestarse sino bajo dos formas antagonistas, de donde sale la vida en sus infinitas formas.
El mundo chino es esencialmente unitario, pues, tras la dualidad de los fenómenos, busca la unidad del ser. En el Yi King esta unidad principal es llamada “La gran Cima”.
El Yi King es un libro de sabiduría y adivinación, atribuido al legendario soberano llamado Fu Hi. Consiste en una recopilación de 64 hexagramas o kuas que describen el conjunto de las situaciones existenciales que resultan de todas las combinaciones posibles del Yin y del Yang, aplicables tanto al hombre como al cosmos. Cada kua o arquetipo produce seis rasgos constitutivos, que son como la evolución de esa situación existencial, desde su germinación en lo invisible, su paso por el mundo visible y su nueva disolución en lo invisible.
El Yi Kig alimenta a las dos grandes corrientes del pensamiento chino, la taoísta y la confucionista.
Lao-Tsé fue el fundador del taoísmo. Su libro Tao Te-King significa el libro de Tao y su virtud.
El Tao es un principio supremo, único y misterioso, oculto tras las múltiples apariencias de las cosas; de él habrían nacido todas ellas.
Según el Tao Te-King: “El Tao ha producido el uno; el uno ha producido el dos; el dos ha producido el tres; y el tres ha dado la vida a todos los seres”.
La doctrina de Lao-Tsé es revolucionaria e individualista. Sitúa a la persona humana frente a la esencia del Universo, haciéndole comprender que todo, hasta ella misma, deriva de esa esencia única a la que retornará posteriormente.
Para Lao-Tsé el Tao es el ser y al mismo tiempo el no-ser, puesto que el ser es movimiento y devenir, mientras el Tao es en sí inmovil y desprovisto de toda acción. El Tao, pues, actúa continuamente, pero sin intención concreta, de forma inmanente, desplegándose a través de todas las cosas, pero sin voluntad dirigida hacia un fin. De esta forma no se limita las manifestaciones espontáneas (¿azar?) de la Naturaleza, que necesitan, para afirmarse y desplegarse, la libertad.
El profesor Marcel Granet (en “La Pensée Chinoise”), según William Mackenzie, emparenta la idea china del Tao con la noción de Mana de la civilización melanopolinésica, que expresa igualmente la idea de una esencia o potencia difundida por todas partes, igual a sí misma pero engendradora de la variedad innumerable de las cosas.

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