LA MUERTE Y SU SUPERACIÓN I (de la obra “El parto de Dios”)

LA MUERTE Y SU SUPERACIÓN (I)

Muchos de los antiguos sistemas de conocimiento, calificados anteriormente de curiosidades desfasadas, son de trascendencia en la confirmación de las diversas experiencias que van realizándose en la moderna medicina. El antiguo conocimiento de la muerte, las mitologías escatológicas, ciertas prácticas chamánicas y los llamados “libros de los muertos” apuntan en este sentido.
En la experiencia esencial de la iniciación chamánica, a los encuentros psicológicos con la muerte, confundidos casi con la aniquilación biológica, les sigue un sentimiento de renacimiento. Esta muerte simbólica aporta, además de una profunda concienciación de la temporalidad de la existencia, una apertura espiritual indicadora de la extraordinaria naturaleza de la conciencia.
Como verdaderos manuales para la meditación o la iniciación, habría que considerar a los citados “libros de los muertos” tales como el egipcio Pert em hru, el tibetano Bardo Thödol, o el europeo medieval Ars Moriendi (Arte de Morir), ya que permiten experimentar en vida los estados mentales asociados con la muerte.
El primer estudio importante de las experiencias al borde de la muerte fue realizado, curiosamente, por el geólogo del siglo XIX Albert Heim, después de haber sufrido una caída mortal en los Alpes que le provocó una experiencia mística.
Su investigación le llevó a concluir que las experiencias subjetivas al borde de la muerte eran, para un 95% de los casos, muy semejantes entre sí. Las características eran: la actividad mental se intendifica y acelera, la percepción de los acontecimientos y la previsión de lo que va a suceder se ve con claridad espectacular, el tiempo se dilata, se actúa con gran rapidez y se examina la realidad con gran exactitud; a continuación aparece un examen rápido de la vida, culminado con una sensación de paz transcendental, en la que aparecen imágenes de gran belleza y se oyen melodía tildadas de celestiales.
Russel Noyes, catedrático de Psiquiatría de la Universidad de Iowa, en 1971 realizó un estudio sobre gran cantidad de informes de personas que habían pasado por este trance del borde de la muerte. Las coincidencias encontradas le permitieron observar tres etapas sucesivas. En la primera, a la que denominó de resistencia, se detectaba el peligro, aparecía el miedo a la muerte, se luchaba por salvar la vida, y finalmente se aceptaba la muerte. La siguiente etapa consistía en el análisis de la vida, reviviendo recuerdos importantes o experimentando la repetición condensada y panorámica del transcurso de la vida. La última etapa era la de los estados de conciencia místicos, religiosos o de índole cósmica.
En 1975, el médico y psicólogo Raymond A. Moody con su obra “Life after life” puso de mucha actualidad el tema.
Las conclusiones del estudio las resumimos a continuación. Un rasgo común era que los citados acontecimientos subjetivos eran inenarrables, pues el lenguaje aparecía insuficiente para describirlos. (Algo en común con los estados místicos). Otra característica era la sensación de abandono del cuerpo (se observaban a sí mismo, desde arriba o a distancia, oyendo a los médicos, enfermeras o familiares), autosemejándose algunos sujetos que las experimentaban a nubes amorfas, modelos de energía o pura consciencia, mientras que otros, a cuerpos permeables, invisibles e inaudibles para las demás personas. Algunas veces aparecía el miedo, la confusión, o las ganas de regresar al cuerpo material o físico. Otras veces se experimentaban sensaciones de inexistencia del tiempo y de la masa. En muchos casos se relata el paso a través de lugares oscuros y cerrados, un túnel, una cueva, una chimenea, etc. También, era frecuente el encuentro con otros seres: familiares, amigos muertos, guías de espíritus, etc. En particular, es muy común la visión del llamado “Ser de la luz”, como fuente de resplandor sobrenatural que mostraba cualidades tales como el amor, la compasión, la cordialidad, etc. El citado encuentro conlleva una experiencia de análisis y valoración de la vida.
El paralelismo entre los estudios de Moody y las descripciones de los estados “bardos” del Libro de los Muertos tibetano son evidentes. Pero este paralelismo con la literatura escatológica no es única, existe también entre los estados espontáneos de pacientes esquizofrénicos, así como en las sesiones psicodélicas de confrontación con la muerte, en el contexto del proceso de muerte-renacimiento.

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