EL PROBLEMA DE LA NADA (II)

EL PROBLEMA DE LA NADA (II)

Hay una característica básica del mundo subjetivo, y es la capacidad de “centrar” el mundo sobre cada ser. Este hecho, también, funde sus raíces en el mismo origen, en la misma Nada. Los contrarios básicos originales sólo consistían en un ente propio (+ o -, o 0 o 1), y en “el” que no era el mismo, su contrario (- o +, o 0 o1, respectivamente); de esta forma nació lo “interno” (el mismo) y lo “externo” (lo otro, lo contrario). El mundo, pues, queda centrado sobre sí mismo, el propio ser, que era lo que importaba; lo demás era lo otro, lo exterior al propio ser. El “mundo”, por consiguiente, quedaba así “centrado” alrededor del ente: lo propio, su ser, y lo externo, lo que no era él.

Esa es la característica básica de los entes “dotados de vida”, la capacidad de “centrar” el universo sobre uno mismo. Y esto es lo que en realidad consiste la conciencia, la cual, al “notar la existencia” del ente produce el principio conservativo y por ende los sentimientos de agrado-desagrado.

La Ciencia ha errado multitud de ocasiones, al imaginar que muchos entes no poseen ese carácter subjetivo (y con ello, tampoco, sentimientos y conciencia), y pone como ejemplo, sin ir más lejos, cualquier ente matemático como un círculo o un cuadrado. Este error quedaría fácilmente subsanado si nos fijásemos que estos entes no “centran” el universo sobre ellos mismos (no tienen conciencia de nada y menos de sí mismos), son entes de 2ª especie, no básicos. Los “entes básicos” son los que tienen su origen en esa “partición” de la Nada en los contrarios básicos, y en estos entes sí que es universal el principio de que todos están dotados de “conciencia” y por ende, como mínimo, de los sentimientos básicos de agrado-desagrado.

En mis obras anteriores, “Ciencia, Filosofía, Religión. Una visión armónica” y “El parto de Dios”, se apuntó la idea o el “símil de la ventana”. Con ello se quería imaginar la forma como el ser toma conciencia del “mundo exterior” lo que le lleva, después de un proceso de “observación vivencial” que se va haciendo cada vez más y más complejo, hasta la “conciencia” de sí mismo.

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