LA CREACIÓN DE LOS ENTES ( y II)

LA CREACIÓN DE LOS ENTES (y II)

A la pregunta de por qué el ente “habitante” de cierta estructura corporal con un cierto nivel de complejidad, tiene su potencialidad de desarrollo menor que la de otros, habría que decir que es una cuestión mal planteada. El “ente inicial” de cualquier estructura es idéntico en todos los casos, pues la estructura corporal no tiene “identidad”, no es el ente. La cuestión hay que plantearla al revés. Son los entes los que se “acomodan” a la estructura corporal que por su complejidad les conviene, y esto es así porque los entes sí tienen esa identidad, ausente en cualquier materia por compleja que sea su estructura. Así, el resultado final es que toda “partícula de la Nada” tiene las mismas potencialidades de desarrollo esencial: es tan sólo la “voluntad” de acercamiento al Ser Supremo lo que produce el “autocrecimiento” del ente, y ese desarrollo supone un “parto doloroso” en una lucha continua sobre sí mismo, sobre su mismo origen que es esa Nada.
Acabamos de recalar, sin querer, en algo sumamente importante. El concepto de Historia tal como la conocemos es bastante ficticio. La evolución histórica humana está concebida sobre aspectos externos o aparentes que nada tienen que ver con los entes. El camino del ente es por completo diferente. Son los entes, que antes de su aparición son la Nada, los que se “colocan” en el universo, en el tiempo, según su sustancia, su desarrollo o su esencia, que para el caso es lo mismo. La aparición del ente como dualidad sentimiento-información, completamente inseparable, hace que a cada estructura corporal corresponda un ente determinado. La estructura material corporal es la Nada, desprovista de identidad, pero el ente sí la tiene; es, pues, él quien posee la prioridad en cuanto a su “ajuste” con la estructura material que le corresponde. El ente se “ajusta” como un guante a la estructura material correspondiente. Como el ente se autocrea, según la “voluntad” que pone en su acercamiento al Ser Supremo, a su “potencia” (su esencia) le corresponde una estructura material (cuerpo), cuya complejidad o grado de desarrollo requiere un lugar determinado en la Evolución, y por consiguiente, un tipo de estructura (especie) y un momento (tiempo) precisos. El ente, por tanto, se coloca en la historia del universo de una forma que corresponde a la perfección a su verdadera esencia. Por contra, la historia del universo que conoce el hombre es la que marca la evolución biológica, la evolución de su estructura material.
Así que, al final queda contestada la pregunta original. Los “merecimientos” de cada ente, aquel dolor de “parto” de su “autocreación”, sitúa a cada uno de ellos en la complejidad estructural material que corresponde a su nivel: sólo él mismo es responsable de su “situación”. El azar no es el causante de nuestras posibles limitaciones, somos nosotros mismos.

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