LA NATURALEZA DE LOS SERES (I)

LA NATURALEZA DE LOS SERES (I)
(De la obra “La alfombra mágica”)

Volvemos a enunciar una nueva hipótesis de importancia singular: “La información transforma la naturaleza del observador”.
Realmente es una ampliación de la tesis sostenida en los capítulos anteriores de que la naturaleza individual es construida por el propio individuo a través de sus acciones, pero llevada hasta el último extremo: “No sólo la mera información cambia al individuo (posible sujeto de la retroalimentación), sino al simple observador”.
El alcance del aserto anterior en la Ciencia, si fuese reconocido como cierto, nos haría revisar toda la ciencia que conocemos (toda ella está basada en observadores “no afectados” porlo que observan -se entiende, en cuanto a “su función”-, es decir, idénticos unos a otros). A partir de ahora habrá que especificar a qué observador nos estamos refiriendo. Vuelvo a transcribir lo que se dice en mi primera obra anterior especificada. En la página 186, se escribe: “En los fenómenos estudiados hasta ahora en el ámbito de la Física (con la única excepción de la Cuántica), podrían considerarse todos los observadores equivalentes (plena objetividad), mas al entrar en los terrenos de la mente, la Religión, la Psicología, etc., con importante componente introspectiva, los observadores pasan a ser distintos entre sí, con lo que el fenómeno que aparece puede ser distinto a ojos de unos y otros. La irrupción en el terreno de la subjetividad provoca que la objetividad de la Ciencia se difumine. Desde este punto de vista, la misma evolución de los órdenes en la vida, se explicaría por la distnta información que pueden “reciclar” (manejar) los cerebros de las distintas especies u organismos vivos”.
La mente o el espíritu (no queremos intencionadamente discutir su identificación o no) sólo actúa en la materia en tanto que lo permite la indeterminación en el tiempo y el espacio compatible con la Física Cuántica; como comentábamos en anteriores apartados, esa incertidumre hace posible la “libertad” del ser vivo capaz de establecer su conducta, libertad que dura ese pequeño tiempo que permite las relaciones de incentidumbre, pero que, al cabo del cual, define un resultado (dentro de los muchísimos posibles) o estructura del cerebro de dicho organismo. La “elección” o el resultado se traduce en el organismo en algún tipo de realización o acción ya determinista, paro casi al instante otro momento de incertidumbre permite la subsiguiente libertad mental, moduladora de una nueva acción.
La vida, pues, sería esa continuidad entre instantes deterministas e indeterministas que hace posible la libertad en las estructuras llamadas seres vivos. Espíritu sí, pero sometido a las leyes de la Física. Libertad sí, pero con una conducta muy mediatizada por las circunstancias. Espíritu continuamente enriquecido por la experiencia, pero experiencia no sólo de acción sino también de información. La información no sólo hace aumentar las conexiones sinápticas del cerebro, sino que el mismo espíritu que le alienta se enriquece a la par, haciendo que su naturaleza espiritual, cuyo mayor reflejo es esa libertad, cambie también de la misma forma; es decir, simplemente por un aumento de información.
La consecuencia es inmediata: a mayor cantidad de información, mayor capacidad de recepción. de percibir y de sentir el mundo.

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