LAS TRES FASES VIVENCIALES DEL SER (I)

LAS TRES FASES VIVENCIALES DEL SER (I)

Cada ser o ente posee tres fases sucesivas: fase de “caos” o primigenia; fase de creación o vida, también llamada del dominio del tiempo; y fase de poscreación o “iluminación”.
La fase de “caos” o primigenia es la anterior al instante mismo de nacimiento. Para cada ser coincidirá con un momento determinado de la historia del tiempo.
La fase de creación o vida coincide con la historia de cada ser y en ella va configurándose dicho ser, hasta su plenitud, que coincide con su fallecimiento, despedida de la vida o abandono del mundo real conocido.
La fase que sigue a la de la vida es la de poscreación. Fase oscura para nuestro entendimiento y de la que no conocemos nada. En ella se encuentra el ser en toda su plenitud, y con toda su claridad, por ello la denominamos de “iluminación”.
Toda criatura, de nivel inferior o superior al humano pasa, así mismo, por las tres fases, pero existen ciertos matices o particularidades, dadas sus distintas singularidades.
El instante histórico del nacimiento de Dios, Criatura Suprema, no puede ser un instante cualquiera del tiempo, tiene que ser un momento singular, que es justo el primero del tiempo, el origen, el mismo menos infinito. De igual forma su instante final, o desaparición del mundo, será el del final del mismo, es decir (suponiendo un ciclo indefinido de universos), el más infinito. El periodo existente entre el menos infinito y el más infinito del tiempo, que coincide con la “vida” del Ser Supremo, es la fase de “creación” del Ser Supremo, el “parto de Dios”. La fase posterior (después del más infinito del tiempo) es la de “iluminación” del Ser Supremo. Nuestra fase de iluminación es anterior a aquella; empieza en el instante del tiempo que coincide con nuestro óbito.
Las muertes de los seres vivos, que coinciden con el inicio de sus respectivas fases de iluminación, indican su abandono del universo “real” que conocemos para adentrarse en otro entorno en el que aparecen “completos”, plenos, y en el que las relaciones entre ellos son nítidas, claras, diáfanas; su presencia es tal cual es su “esencia”, algo que incluye al mismo Dios que irradia toda la potencia de su luz; es, pues, la fase de la “iluminación”.
El comienzo de la fase de iluminación de cada ser puede coincidir con cualquier instante del tiempo, desde la perspectiva mundana. Bajo la subjetividad de cada uno de dichos seres, ese instante de la entrada en la fase de iluminación se produce con caracteres de simultaneidad para todos ellos, ya que en esta fase ya no reina el tiempo. El tiempo es marco de creación, de formación, de constitución; la relación de iluminación es simultánea, instantánea.

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