LAS TRES FASES VIVENCIALES DEL SER (II)

LAS TRES FASES VIVENCIALES DEL SER (II)

El Ser Supremo necesita de la naturaleza, del universo material para su “parto”, para ser cual es. Tiempo y espacio son un mero artificio para su concreción. Pero: ¿Cuál es el cuerpo de Dios? ¿Cómo se desarrolla esta creación de Dios? ¿Cuál es la estructura del mismo Dios?
Para encontrar la Unicidad Superior de Dios, previamente es necesario que se desarrollen otras criaturas anteriores, cuya existencia y constitución desconocemos, ahora bien, sí hay una de ellas, cuyo nivel de integración en la cadena evolutiva total desconocemos, pero cuya contribución es necesaria: nos estamos refiriendo al hombre. Es preciso que previa a la aparición de un ser tan extraordinario como la Criatura Suprema se configure la libertad humana con su sentido de eternidad, que no es más que la sensación de la superación del tiempo. Tenemos, pues, al menos la Criatura Suprema y las criaturas inferiores humanas como seres necesarios para que la misma evolución pueda conducir a la primera. Ambas criaturas pueden superar el tiempo, pudiendo pasar, así, en plenitud a la fase posterior o fase de iluminación. Por desconocimiento, no podemos afirmar nada acerca de posibles criaturas situadas a caballo del mismo hombre y dicho Ser Supremo, ahora bien, ¿qué podemos decir de los otros seres vivos de nivel inferior al mismo hombre (animales, plantas, etc.)? La no superación del tiempo por parte de estos seres (ausencia de sentimiento de eternidad), parece incapacitarles para su inclusión en la fase de iluminación… Pero, si nosotros, como humanos, somos necesarios en la configuración del mismo “cuerpo” de Dios, ¿no serán los citados seres inferiores, del mismo modo, completamente necesarios para la “sustentación” de nuestro propio “cuerpo”?… Si nuestra misma constitución está sustentada por niveles de organización inferiores (órganos, células, etc.; asimilables a organismos de nivel inferior) -recordemos el concepto de “sustensión dinámica” zubiriano- que nos capacitan para el ascenso a esa fase de iluminación, ¿no servirá nuestro mismo ascenso a la “iluminación” para elevar, a su vez, a otro status superior, junto a nosotros mismos, a dichos seres inferiores? Estamos preguntándonos que si los seres de nivel inferior al humano accedieran a la fase de iluminación, ¿no lo harían por medio y a través de nosotros mismos?… Para poder imaginarnos esto, podríamos utilizar un símil.
Imaginemos que las esencias de los seres vivos, configuradas a lo largo de sus “presentes”, se asemejan a “gusanos” con caparazones de insectos (queratinosos) por la parte superior, y con una capa pegajosa por la parte inferior, en un espacio de dos dimensiones. Supongamos que la evolución propicia la curvatura de la capa pegajosa hacia el centro, con lo que en el límite el “gusano” se cierra sobre sí mismo, quedando aislado del exterior por la capa dura queratinosa. Esta doblez hacia el centro que provoca la citada curvatura expresa el aumento de “sustancia” producida en la “esencia” del ser vivo consecuencia de la evolución, según la regla entendimiento-sentimiento (inteligencia sentiente de Zubiri) de la propia esencia. Este aislamiento del exterior es el equivalente a la formación de la conciencia del propio ser, a la aparición de la libertad humana, y a la captación del sentimiento de eternidad. Así, la evolución propicia la aparición de multitud de “esferas” (o círculos, en dos dimensiones) aisladas y cerradas que guardan en su interior la “realidad” de su esencia (serían los seres humanos). Los demás seres vivos, representados por los “gusanos” con esferas sin cerrar, no pueden guardar en su interior su “realidad”, pues, ésta se escapa por las partes no cerradas por su capa dura aislante; por contra su capa pegajosa favorece el acople a otras esferas cerradas originando el acrecentamiento continuo de estas últimas. Las esferas cerradas (esencias humanas) al fallecer el ser vivo, pasan a la fase de iluminación, y en su ascenso transportan las esencias de los seres vivos inferiores, “adheridas” en unicidad a la esfera cerrada de la esencia humana. La unicidad esencial humana, en esta adherencia, no anula su propia unicidad.
El “cuerpo” del Ser Supremo en la fase de iluminación está compuesto, cual células, de las esencias humanas que, a su vez, poseen en su interior las esencias de otros seres inferiores. De esta forma, en la fase de iluminación, la vida toda, desde lo más bajo a lo más alto, pasa a ser “sustancia” del mismo Ser Supremo. El Universo real, la Naturaleza, entorno de la evolución de las criaturas, es el instrumento necesario para la “creación” de los diferentes seres vivos, que a su vez forman el “cuerpo” de Dios. La creación de las diferentes vidas, es la creación del mismo Dios, el “parto de Dios”.
En el origen existía el caos (1ª fase); el Universo temporal es la imagen de la creación de Dios (2ª fase); la fase posterior (3ª fase) es la del reinado de ese Dios.
El mundo dual (bien y mal) no existe. Sólo hay una dirección, la que conduce al Ser Supremo; todo lo que nos aparta de ese camino es una intuición humana a la que llamamos mal.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s