EL GEN Y LA REALIDAD (III)

EL GEN Y LA REALIDAD (III)
Estamos con Zubiri en que el “faro” de todo es la realidad; otras construcciones mentales pueden estar dotadas de belleza, pero son, como se dice en Física Cuántica, posibilidades que se decantan o desvanecen ante el hecho, el suceso, el acontecimiento, en suma, ante lo “real”.
Materia, vida y mente son estrictamente la realidad, no una elucubración teórica. Esta realidad presupone la realidad de lo que hace posible la materia, la vida y la mente. Luego es real el átomo, las moléculas, los “instintos” (sin pararnos a definir estos instintos, pues los estamos tomando en su acepción más amplia) que definen la vida, la “esencia básica” de lo que constituye la mente.
Continuando el texto antedicho, transcribimos: “Es real la emoción que preside cualquier instante de nuestra vida: al admirar la belleza, en la recepción de un color, en el acto de intelección, etc. Y estas emociones son muy diversas. Cada criatura del “árbol filogenético” posee las suyas, estrechamente relacionadas con las “sensibilidades” de que está dotado cada organismo, el cual está construido a partir de las instrucciones escritas en su código genético. El gen que configura el organismo es en último lugar el responsable de las distintas sensibilidades que hacen posible el abanico de sentimientos de que es capaz cada criatura. El código genético de cada criatura viva “hace posible”, pues, la recepción de un conjunto de sentimientos o emociones por parte de ésta. Cuando hablamos de “recepción” no queremos presuponer, sin más, la existencia de “ciertas cosas” fuera del propio ser del individuo que son recogidas por éste en lo que llamamos la emoción o el sentimiento. Aquí, también, nos parece plausible la concepción del estímulo zubiriano, en cuanto a la “realidad” del estímulo en sí, compuesto necesario e inseparable del dualismo: causa física (radiación, etc.) y órgano receptor del mismo. Ahora bien, sí podemos decir, sin presuponer nada y sin ir más allá de lo que estamos diciendo, que la estructura organizativa del organismo es la condición necesaria para que el sentimiento y la emoción tengan lugar, se produzcan, es decir, se hagan reales, en otras palabras, esa especial organización, transcripción del código genético, hace posible que la emoción y el sentimiento puedan existir en el universo, de forma concreta, en el concepto zubiriano del “de suyo” de cada criatura.
Así que, impropiamente podemos hablar de la existencia de “cualidades” (subjetivismos tales como emociones y sentimientos) que aparecen en la materia organizada (seres vivientes) y que varían de acuerdo con esta organización o “complejidad” (para atenernos al término acuñado tan felizmente por el filósofo Teilhard de Chardin). Y seguimos hablando, impropiamente, del conjunto de esas cualidades que, si bien es cierto, no tienen entidad real por sí solas, pues reiteramos, nos ceñimos al concepto estricto del estímulo zubiriano, forman parte de un mundo, por supuesto, fuera de la realidad (mejor, “nuestra” realidad, la única conocida) que , por otra parte, hace posible esta realidad que conocemos. Y es que la vida y la mente, componentes de nuestra realidad cotidiana, a través de sus cualidades más significativas como sentimiento y emoción, reflejan continuamente la injerencia de ese mundo o “conjunto de cualidades” situadas fuera del plano real.”
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