EL GEN Y LA REALIDAD (V)

EL GEN Y LA REALIDAD (V)

Los sentimientos de cada”presente” de nuestras vidas son eso, momentáneos, de cada presente, de cada instante. Nuestra “esencia” es la suma de”rescoldos” de cada “presente” de nuestras vidas, también del presente del instante final, o de nuestra muerte (que según esta versión, es un momento más, no el único que configure ya nuestro ser “posterior”). Entonces, el modo de “estar” en otra circunstancia que no sea el “mundo de la realidad” que conocemos es el modo de “estar” no de ningún “presente” (comp podría ser el “presente” que marca el instante final o de nuestra muerte), puesto que el tiempo y espacio fuera de “nuestra realidad” dejan de tener valor, sino el modo de “estar” de lo que está fuera de estas coordenadas espacio-temporales, es decir, de la “esencia” de nuestro ser.
El modo de “estar” de nuestra “esencia” en otra circunstancia (no nuestro mundo “real”) es algo que desconocemos por completo, y más, como hemos dicho, sin intuición (como sentimiento unido a una configuración material) de ello. Solamente habría una vía posible para acercarnos al conocimiento de esta cuestión, y sería el saber qué es verdaderamente la “esencia” de nuestro ser, puesto que la conexión entre el “estar” del devenir (después de nuestra muerte) y el sentimiento presente (actual) no puede tener más vía de transmisión que la misma “esencia”.
Ahora bien, sí pueden desecharse cuestiones a las que, curiosamente, estamos abocados cada vez que hablamos de nuestra muerte. Sería, por ejemplo, ese sentimiento de temor, ante la presencia de la misma, de permanecer por siempre como la materia inerte, falta de movilidad, como si la falta de movimiento equivaliese a una muerte. Y es que nada puede estar má alejado de la verdad, pues, ciertamente la materia nunca está quieta, siempre está tratando de inventar la vida. La misma materia es un verdadero ciclo de construcción y destrucción, de cambio… ,¡lo que nunca aparece en ella es la quietud! (La quietud no es más que el principio de inercia newtoniano ante la ausencia de fuerzas, precisamente ausencia que no se da en la naturaleza). Lo que sí representa la quietud es un instante de nuestra vida, el de la muerte, en el que, ciertamente, parece como si en dicho instante nos “disolviéramos” en la pura materia, como haciendo partícipe a la misma de nosotros mismos; pero nuestro espíritu no acaba ahí (es sólo un instante de su currículo), quizás en ese instante nuestro ser retome la materia toda… En ese preciso instante “adherimos” a la “esencia” de nuestro ser la misma mteria inanimada… Pero nuestra “esencia” como “historia” de unos presentes, como conjunto histórico de acontecimientos sigue ahí, en sí misma, como bloque, sin constreñirse a instante alguno… A partir de la muerte deja de ser real (no está ligada a ningún presente posterior del universo real), pero sigue siendo ella misma. No es real, pero existe… ¿No habría un cierto paralelismo con ese “mundo de cualidades” no real que vimos anteriormente?
No obstante, ese “mundo de cualidades” sí es distinto en el sentido de que la esencia de los seres vivos es transcurrente, está referida al tiempo, lo que le da un aspecto novedoso respecto a los componentes de ese “mundo de cualidades”. Verdaderamente, lo único que les asemeja es esa particularidad de que ambos existen pero no son reales nada más que en ciertas circunstancias. El “mundo de cualidades” se hace real en los “estímulos” que aparecen en los seres vivos. La “esencia” de los seres vivos en los sucesivos “presentes” de los mismos. Estos “presentes”, como apuntaba Zubiri, tienen en sí el “germen” del mismo tiempo, pues, en cada presente viene definido ya un cierto pasado y un cierto futuro, justo los necesarios para que el presente pueda definirse como tal. O sea, en el “presente” de cada ser vivo la esencia del mismo se hace real, y por lo anterior, esta realidad del presente encierra en sí la temporalidad, el movimiento.
La cualidad se hace real en el estímulo que aparece en el ser vivo. Es real, pues, para este ser vivo, pero no es real para sí misma; no tiene realidad en sí misma. La esencia del ser vivo se hace real en el ser vivo, en su “presente”.
Y es que parece intuirse que una cualidad se haría real en sí misma sólo si el ser vivo que la “sintiese” fuese la misma cualidad (acto reflejo). Ninguna cualidad que no sea el mismo ser vivo (su esencia) tiene capacidad para ello. Todo ser vivo está capacitado para “captar” aspectos de su propia esencia en cada uno de sus “presentes” temporales. La evolución va produciendo seres cada vez más complejos, cada vez más capaces de “sentir” en mayor medida su esencia. Es posible que la conciencia humana sea el resultado de la “captación total” de su esencia por el animal hombre, ya que la esencia se hace real en su totalidad en el presente de aquella criatura capaz de “sentirla” íntegramente.
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