Nuevamente el vacío: ¡La alfombra mágica! (I)

Nuevamente el vacío: ¡La alfombra mágica! (I)

El vacío que aparece en el análisis de la teoría cuántica de campos es un hirviente caldo de cultivo de partículas virtuales. O sea, el vacío no es inerte, sino lleno de energía y vitalidad. Por ejemplo, aún cuando un electrón esté en reposo, es asaltado continuamente, de todos los modos posibles, por otras partículas del vacío.
La unificación de las cuatro fuerzas fundamentales de la naturaleza, la fuerte, la electrodébil, la electromagnética y la gravitatoria, requería de una drástica revisión de la naturaleza física del vacío. Según ésto, la energía del vacío podría disponerse de varios modos, es decir, podría excitarse y aportar un cierto número de estados de muy distintas energías. En las grandes teoría unificadas, el abismo entre la energía menor y mayor es extraordinariamente amplio. Además de estas enormes diferencias de energía, los estados del vacío presentan enormes cambios de presión, pero todas las presiones son negativas (equivalentes a la “antigravedad” o “fuerza de repulsión cósmica”, propuesta por Einstein como término opcional que aparecía de forma natural en sus ecuaciones cosmológicas). O sea, el vacío cuántico se comporta exactamente como el medio responsable de la repulsión cósmica, pero con una fuerza repulsiva considerablemente mayor (10 elevado a 120 mayor) que la que requerían las ecuaciones de Einstein para su universo estático.
Así, se supone que el universo se encontraba en un estado excitado de vacío (el “falso” vacío), lo que originó una inmediata expansión de proporciones colosales. (Una hiperexpansión, que crece a un ritmo exponencial). A este tipo de expansión desbocada se ha denominado “inflación” (Guth). A ésto se denominó la fase inflacionista del Big Bang.
Al acabar dicha fase inflacionaria desapareció la fuerza de repulsión (no estamos considerando aún la expansión cósmica debida a la energía oscura descubierta en la última década), quedando el universo bajo el control de la gravedad conocida, aunque sigue expandiéndose gracias al impulso proporcionado por la inflación, claro está, a un ritmo progresivamente decreciente (y fue realmente así en los primeros miles de millones de años).
En resumen, según esta teoría inflacionaria, el propio espacio vacío estalló bajo el poder de repulsión del vacío cuántico. (Posteriormente se creó la materia y la antimateria, al ir enfriándose el universo desde los 10 elevado a 27 grados Kelvin iniciales).
Debido a la naturaleza de la expansión exponencial, la energía explosiva ajusta automáticamente el valor necesario para dar exactamente el valor que corresponde a un universo que escapa de su propia gravedad. (Si la velocidad de escape y la de expansión hubiesen diferido en menos de 10 elevado a menos 18 en el primer segundo de su vida, el cosmos se hubiera hundido ya hacia el centro, o se hubiese dispersado hace mucho tiempo).
En cuanto a la uniformidad en gran escala del universo, cuando las regiones del espacio se expanden por factores de 10 elevado a 50 (inflación), cualquier desorden que hubiese existido antes de la misma se hace insignificante.
Vemos, pues, que para el físico actual el vacío está muy lejos del concepto clásico de la nada, puesto que éste es “una buena parte del mismo universo físico”.
Según esta ideas, todos los rasgos fundamentales del mundo físico surgieron de forma automática como consecuencia de las leyes de la Física. La Ciencia, pues, explicaría el mundo, pero ¿cómo explicaremos la Ciencia?

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