UN NUEVO HUMANISMO (y V)

UN NUEVO HUMANISMO (y V)
Después del estructuralismo se abrió la posibilidad a nuevas alternativas, pero también, y a la vez, acechaban otros peligros. Tras largos años de relativismo cultural que dejaron desarmado el pensamiento racionalista y democrático, ha venido el auge de la sin razón del fanatismo y la violencia de los fundamentalismos religiosos, raciales y étnicos, que tanto de Oriente como de Occidente, y bajo el nombre de “multiculturalismo”, defiende anacrónicas y arcaicas formas de vida.
Es preciso que frente a los dogmáticos fundamentalistas, se vuelva a reivindicar la libertad de expresión, el diálogo democrático, etc. Y contra el relativismo se debe admitir que no todas las opciones tienen la misma validez; valores como la libertad, la igualdad y los que se establezcan en “el paradigma” a construir, están muy por encima de otros.
Hay injusticias particulares, pero para encararlas primero hay que creer en la justicia como un valor universal. Las libertades individuales y los derechos humanos, al relativizarlos, como dijo el propio Lévi-Strauss, corren el peligro de dejar de ser inalienables.
Aunque el mismo concepto de humanismo ha sido muy “manido” a lo largo de los años, al ser apellidado sucesivamente de clásico, moderno, cristiano, ateo, socialista, marxista, etc. encontramos en el humanismo defendido por Juan José Sebrelí en su obra “El olvido de la Razón”, una base interesante para construir “el Paradigma”. Sebrelí concibe el humanismo como “una forma de antropología filosófica que afirma el desarrollo histórico y la autonomía del hombre con respecto a toda entidad sobrehumana, sea ontológica, religiosa, social o política”. Y lo vincula “al conocimiento racional, la moral laica y el sistema político democrático que garantiza las libertades individuales y los derechos humanos”, adscribiéndolo “a una concepción universal y progresiva de la historia”.
También es útil para la construcción del Paradigma, la filosofía que propone el autor de “El olvido de la Razón”: “Una filosofía opuesta al relativismo y al nihilismo como al dogmatismo y al autoritarismo”, que “tenderá a una sistematización abierta e incompleta”, que vaya aproximándose de forma gradual a un conocimiento objetivo, en un progreso continuo hacia un absoluto que nunca se alcanzará del todo “porque su plenitud significaría el fin del pensamiento y el fin de la historia”.
Sí debemos tener una convicción profunda en el destino de la humanidad, en lo que he denominado la “estirpe humana”, a cuya preservación nos debemos todos, sin olvidar, por supuesto, el bienestar de las demás especies, en una armonía en que la reciente concepción ecológica nos ha situado: ¡el hombre y su entorno, su circunstancia, son una misma cosa!
Este humanismo de nuevo cuño que nos acerca a las estrellas bebe de muchas fuentes… pero debe seguir “la herencia de Platón”: ¡Es el espíritu, el arcaico y novísimo espíritu, el que volverá a guiar sus pasos!
(De la obra “Paradigma”. Copyrigt 2008)

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