Filosofía básica del Paradigma (Hume I)

En los apartados con este título se analizará la obra de siete insignes pensadores, cuya importancia sobre la historia de nuestro pensamiento occidental es sumamente relevante, y que por ello hemos adoptado para fijar las bases del “Paradigma” buscado en Simbiótica

David Hume (1711-1776)

Nace y muere en Edimburgo.

Desgranaremos las ideas del filósofo inglés, partiendo de su obra principal, “Investigación sobre el conocimiento humano”.

Estas son sus palabras:

“Incluso el pensamiento más intenso es inferior a la sensación más débil. Y una distinción semejante a ésta afecta a todas las percepciones de la mente. Un hombre furioso es movido de forma muy distinta de aquel que sólo piensa esta  emoción. Cuanso reflexionamos sobre nuestros sentimientos e impresiones pasados, nuestro pensamiento es un espejo fiel, y reproduce sus objetos verazmente, pero los colores que emplea son tenues y apagados en comparación con aquellos bajo los que nuestra percepción original se presentaba.

He aquí, pues, que podemos dividir todas las percepciones de la mente en dos clases o especies, que se distinguen por sus distintos grados de fuerza o vivacidad. Las menos fuertes e intensas comúnmente son llamadas pensamientos o ideas; la otra especie podemos, solamente con fines filosóficos, llamarlas impresiones, empleando este término en una acepción un poco distinta de la usual. Con el término impresión quiero denotar nuestras percepciones más intensas: cuando oímos, o vemos, o sentimos, o amamos, u odiamos, o deseamos o queremos.

Se dice que no hay nada más allá del poder del pensamiento, salvo lo que implica la contradicción absoluta.

Pero, aunque nuestro pensamiento aparenta poseer esta libertad ilimitada, encontraremos en un examen más detenido que, en realidad, está reducido a límites muy estrechos, y que todo este poder creativo de la mente no viene a ser más que la facultad de mezclar, trasponer, aumentar, o disminuir los materiales suministrados por los sentidos y la experiencia. En resumen, todos los materiales de pensar se derivan de nuestra percepción interna o externa. La mezcla y composición de ésta corresponde sólo a nuestra mente y voluntad. O, para expresarme en un lenguaje filosófico, todas nuestras ideas, o percepciones más endebles, son copias de nuestras impresiones o percepciones más intensas.”

“Se sigue de todo esto que otros seres pueden poseer muchas facultades (senses) que nosotros ni siquiera concebimos, puesto que las ideas de éstas nunca se nos han presentado de la única manera en que una idea puede tener acceso a la mente, a saber, por la experiencia inmediata (actual feeling) y la sensación.

De todas formas, puede demostrarse que no es totalmente imposible que las ideas surjan independientemente de sus impresiones correspondientes ( y esto sucede por ejemplo en la gradación de matices dentro de un color).”

“He aquí, pues, una proposición que no sólo parece en sí misma simple e inteligible, sino que, si se usase apropiadamente, podría hacer igualmente inteligible cualquier disputa y desterrar toda esa jerga que, durante tanto tiempo, se ha apoderado de los razonamientos metafísicos y los ha desprestigiado.”

“Es evidente que hay un principio de conexión entre los distintos pensamientos o ideas de la mente y que, al presentarse a la memoria o a la imaginación, unos introducen a otros con un cierto grado de orden y regularidad. Desde mi punto de vista, sólo parece haber tres principios de conexión entre las ideas, a saber: semejanza, contigüidad en el tiempo o en el espacio y causa o efecto.”

“Todos los objetos de la razón e investigación humana pueden, naturalmente, dividirse en dos grupos, a saber: relaciones de ideas y cuestiones de hecho; a la primera clase pertenecen las Ciencias de la Geometría, Álgebra y Aritmética y, en resumen, toda afirmación que es intuitiva o demostrativamente cierta. Las proposiciones de esta clase pueden descubrirse por la mera operación del pensamiento, independientemente de lo que pueda existir en cualquier parte del universo. Aunque jamás hubiera habido un círculo o un triángulo en la naturaleza, las verdades demostradas por Euclides conservarían siempre su certeza y evidencia.

No son averiguadas de la misma manera las cuestiones de hecho, los segundos objetos de la razón humana; ni nuestra evidencia de su verdad, por muy grande que sea, es de la misma naturaleza que la precedente. Lo contrario de cualquier cuestión de hecho es, en cualquier caso, posible, porque jamás puede implicar una contradicción, y es concebido por la mente con la misma facilidad y distinción que si fuera totalmente ajustado a la realidad. En vano, pues, intentaríamos demostrar su falsedad.

Puede ser, por tanto, un tema digno de curiosidad investigar de qué naturaleza es la evidencia que nos asegura cualquier existencia real y cuestión de hecho, más allá del testimonio actual de los sentidos, o de los registros de nuestra memoria.

Así, advertimos que todos nuestros razonamientos acerca de cuestiones de hecho parecen fundarse en la relación de causa y efecto. Tan solo por medio de esta relación podemos ir más allá de la evidencia de nuestra memoria y sentidos.”

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