Filosofía básica del Paradigma (Auguste Comte I. 1798-1857)

Nace en Montpellier y muere en Paris.

A continuación expondré una síntesis del pensamiento del filósofo.

Según Comte, hay distintos tipos de filosofía. Precisamente porque es un estado que viene de otros y conduce a otros, la filosofía es algo esencialmente diverso en sí misma. Como nos dice Comte, cada filosofía, “dogmáticamente” considerada, es un conjunto de ideas sistemáticamente organizado; es un orden definido. Pero “históricamente” cada uno de estos órdenes se inscribe entre otros estados; es un progreso. Cada filosofía se apoya en las anteriores, las presupone para llegar a ser lo que es. El orden progresivo, o el progreso ordenado, es lo único que expresa la unidad de la filosofía. Hay una sucesión de estados, pero de estos estados hay uno, el estado positivo, que para Comte es el definitivo. Esto se expresa en la “ley de los tres estados”. Cada uno de ellos está caracterizado por un objeto, por un método y por una explicación. ¿Cuáles son estos estados?

1º. El estado teológico. Su objeto es acceder a la naturaleza última de las cosas atribuyéndola a causas, primeras desde el punto de vista de las cosas, últimas desde el punto de vista de su destino. Este conocimiento de las cosas por sus causas últimas y primeras es un conocimiento absoluto. Es el “régimen de los dioses”. El gran método para llegar a este conocimiento ha sido la imaginación, poblando el universo con una serie de innumerables agentes dotados de animación: ha sido la época del fetichismo. Un gran progreso consistió en proyectar estos agentes fuera del universo y considerarlos como realidades que reposan sobre sí mismos: es el politeísmo. Y finalmente, la gran labor del estado teológico ha sido reducir todos estos dioses a uno sólo: el monoteísmo.

2º. El estado metafísico. En este segundo estado, los agentes sobrenaturales están sustituidos por entidades abstractas, verdaderas fuerzas ocultas o virtudes de las cosas. Es el “régimen de las entidades”. Es un progreso sobre el estado anterior. Porque aquí no se trata de salir de las cosas para ir a agentes y causas ajenas al mundo, sino de quedarse en las cosas mismas. Comte llama a esto estado “metafísico”. Así como el estado teológico evolucionó del fetichismo al monoteísmo, así también el estado metafísico ha llegado a un progreso final al reunir todas aquellas entidades en una sola: la Naturaleza.

3º. El estado positivo. Se caracteriza por quedarse en las cosas mismas, pero ateniéndose a la observación de los hechos y al razonamiento mismo sobre ellos. No se trata de averiguar por qué ocurren las cosas, sino tan solo cómo ocurren (es decir, su objetivo no es descubrir causas, sino leyes, relaciones invariables de semejanza y sucesión en los hechos). De ahí que la explicación de las cosas no existe en el estado positivo, renuncia deliberadamente a la naturaleza íntima de las cosas. Es el “régimen de los hechos”.

El espíritu humano ha pasado, pues, por estos tres estados: el teológico, el metafísico y el positivo. El paso del estado metafísico al positivo es inexorable. El paso al estado positivo es la crisis de la imaginación para ceder el paso a la razón, la razón natural que, naturalmente, posee el hombre.

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