Filosofía básica del paradigma (Bergson II)

Para Bergson, la intuición filosófica no es la intuición del arte. Y esto por dos razones. Primeramente, nos dice Bergson, porque el arte opera solamente sobre lo vivo, siendo así que la filosofía recae también sobre la materia, y apela, por tanto, a la inteligencia conceptual, pero con un uso diferente. Y en segundo lugar, porque el arte opera con intuiciones, pero es para expresarlas en símbolos. Ahora bien, la filosofía pretende prescindir de los símbolos y de las imágenes, no en el sentido de no usar de ellos, sino para retrotraernos, para reintegrarnos y sumergirnos cada vez más y más en el modo de ser de lo inmediato intuido. No va de la intuición al símbolo, sino del símbolo a la intuición.

La intuición así entendida es un nuevo tipo de experiencia de lo real. En Comte, la experiencia había sido meramente constatativa, o, a lo sumo, perceptiva de lo real. En Bergson, se trata de una experiencia completamente distinta. Es la penetración, o mejor, la compenetración que con toda su fuerza simpática quiere “co-experimentar” justamente el modo de ser de las cosas tomadas como se dan en sí mismas. Es estrictamente una experiencia metafísica (la intuición como experiencia metafísica): he aquí el primer momento del método filosófico, según Bergson.

La intuición es un solo acto, pero un acto de esfuerzo, un acto que consiste en un continuo despliegue y repliegue. La intuición no es una sucesión de actos, sino la durée de un mismo acto, un acto cuya índole consiste en durar. No es una sucesión de actos, sino un acto durativo. El tiempo de la intuición no es el esquema de la sucesión, sino el tiempo puro de la duración. La durée es, para Bergson, una sucesión cualitativa y no numérica.

Y es que el objeto mismo de la intuición es también pura durée. Por esto, entre la intuición y su objeto hay esa profunda simpatía gracias a la cual tenemos un conocimiento absoluto, esto es, un conocimiento del modo de ser mismo de lo real inmediatamente dado.

Tanto en su aspecto cualitativo, como en su aspecto mecánico, la ciencia física ha espaciado el tiempo, con lo cual el tiempo mismo se le ha escapado. Esencial escapada: es justo lo que nos permite movernos con seguridad entre las cosas. Pero la filosofía no pretende esto, sino aprehender las cosas en su realidad inmediatamente dada. Y las cosas físicas tienen ese modo de ser que es la durée. Su aprehensión es objeto de la intuición.

Y esto que es verdad tratándose de la realidad física, es aún mucho más verdadero tratándose de la realidad del espíritu, de la conciencia.

La conciencia no es una multiplicidad numérica de estados, sino una multiplicidad cualitativa de un solo estado, que como un élan (un torrente decía W. James), dura y se distiende sin cesura. El tiempo de la conciencia no es la sucesión de diversos estados, sino la durée de un mismo estado. La esencia de la durée de la conciencia es lo contrario de la determinación: es libertad. Sólo sumergiéndonos en nosotros mismos por intuición es como aprehendemos la realidad inmediata de nuestra conciencia.

La vida misma es esa especie de élan, que se va abriendo paso a través de la materia. La ciencia llama vida al organismo. Pero el organismo no es sino la impronta sobre la materia de la durée, del élan en que la vida consiste.

Intuir la durée es conocer ya el modo propio de ser de cada cosa que dura. Porque la durée no es algo incualificado, sino perfectamente cualificado en cada caso.

Precisamente por ser una tensión dinámica, la durée tiene tres caracteres precisos. Es, ante todo, una variedad cualitativa distinta en cada caso. Es, en segundo lugar, una continuidad de progreso; en su virtud, el esfuerzo intuitivo nos lleva a un conocimiento de otras cosas posibles distintas de aquellas que estamos intuyendo. Finalmente, la durée tiene una unidad de dirección propia de cada cosa y que sólo puede aprehenderse en su peculiar intuición. Por estos tres caracteres, la intuición de la durée nos abre el campo de un verdadero conocimiento del modo de ser de las cosas en su diversidad. Ser es siempre en una u otra forma durée. Precisamente porque lo real es durée, es por lo que el único órgano mental para aprehender la realidad en su modo de ser, en su carácter absoluto, en la intuición, que en sí misma es también durativa.

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