Filosofía básica del Paradigma (Sartre III)

Lo que forma parte intrínseca de la emoción es que aprehende en el objeto algo que la desborda infinitamente. Existe, en efecto, un mundo de la emoción. Un mundo, o sea, unas síntesis individuales que mantienen entre sí unas relaciones y poseen unas cualidades. Ahora bien, no se confiere a un objeto una cualidad sino mediante un paso hacia el infinito. Claro está que si aprehendo repentinamente un objeto como horrible no afirmo explícitamente que seguirá siéndolo para la eternidad. Pero solamente la afirmación de lo horrible como cualidad sustancial del objeto es ya en sí misma un paso hacia el infinito. Vivimos emotivamente una cualidad que penetra en nosotros, que padecemos y que nos rebasa por todas partes. De repente, la emoción se separa de sí misma, se trasciende; no es un episodio trivial de nuestra vida cotidiana, sino intuición de lo absoluto.

Lo mágico es el espíritu rondando entre las cosas, o sea, una síntesis irracional de la espontaneidad y pasividad. Es una actividad inerte, una conciencia pasivizada. Pues bien, precisamente bajo esta forma es como se nos aparecen los demás, y ello no se debe a nuestra posición con respecto a ellos, al efecto de nuestras pasiones, sino a una necesidad de esencia. En efecto, la conciencia no puede ser objeto trascendente más que sufriendo la modificación de pasividad.

Existen dos formas de emoción, según seamos nosotros los que constituimos la magia del mundo para reemplazar una actividad determinista que no puede realizarse, o sea el mundo mismo el que se revela repentinamente como mágico en torno nuestro.

Para Sartre, y como conclusión, el estudio de las emociones ha verificado perfectamente el siguiente principio: una emoción remite a lo que significa. Y lo que significa es la totalidad de las relaciones de la realidad -humana con el mundo. El paso hacia la emoción es una modificación total del “ser-en-el-mundo” según las leyes muy particulares de la magia. Pero vemos inmediatamente los límites de semejante descripción: la teoría psicológica de la emoción presupone una descripción previa de la afectividad en tanto que ésta constituye el ser de la realidad -humana; es decir, en tanto que resulta constitutivo para nuestra realidad -humana el ser realidad -humana afectiva.

Realmente convendría utilizar las disciplinas de la psicología fenomenológica por un lado, y por otro la fenomenología pura, todo ello enmarcado en un necesario recurso a lo empírico.

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