FILOSOFÍA DEL PARADIGMA (HEGEL II)

“La escisión es la fuente de la necesidad de la filosofía”.

Para Hegel hay dos supuestos de la filosofía. Uno es lo absoluto mismo como la meta buscada. El segundo es la emergencia de la conciencia partiendo de la totalidad, de escisión en ser y no ser, infinitud y finitud, etc.

Hegel dice que la identidad absoluta de Schelling debería incluir en su seno la diferencia. Y apunta: “La filosofía es, por naturaleza, esotérica: no está hecha para el populacho ni es susceptible de ser aderezada para él: pues sólo es filosofía por oponerse completamente al entendimiento y, por lo tanto, todavía más al sano sentido común (que significa las limitaciones locales y temporales de un grupo de personas). Comparado con éste, el mundo de la filosofía es un mundo al revés”.

Para Hegel, el caso de Dios es único y sui géneris. Su conocimiento se presupone a cualquier otro conocimiento. No se trataría de llegar a él, sino de partir de él. Dios no está fuera de la razón, pues precisamente la tarea de ésta es llegar a comprenderlo a través de lo mundano, encontrando lo infinito en lo finito, lo eterno en lo de “aquí y ahora”.

Si la subjetividad humana se aísla en su finitud y se absolutiza, todo acceso a lo infinito queda cortado, acaeciendo entonces ateísmo y nihilismo. Para evitar esto hay que llegar a una unidad de lo finito y lo infinito totalmente real. Y tal unidad sólo puede ser unidad en lo absoluto, una asunción de lo finito en lo infinito.

Hegel critica la moral de Kant por su “falta de contenido”, pues lo importante en la moral es el contenido.

Lo absoluto juega eternamente a engendrarse desde siempre en la objetividad.

Entre los años 1801 al 1806 en Jena, Hegel da a su pensamiento la forma tripartita: la filosofía se despliega en una lógica o metafísica, una filosofía de la naturaleza y una filosofía del espíritu.

Nos dice: “Lo infinito no es un más allá, sino el puro movimiento absoluto de su ser fuera de sí (Anssersichsein) desde su mismo ser en sí (Ansichsein)”. “La verdadera naturaleza de lo finito es ésta: que es infinito, que se trasciende en su ser. Es la inquietud absoluta de no ser lo que es”.

Finito e infinito son dos movimientos convergentes: a la “inquietud autoanonadora” de lo infinito corresponde la “inquietud autosuperadora de lo finito”.

El principio básico está en la idea de la unidad diferenciada de finito e infinito. Hay en el fondo que poner la escisión, la diferencia en lo absoluto. Lo absoluto se diferencia de sí mismo y pese a tal oposición, continúa siendo uno. En Hegel, pues, lo finito se da en el seno de lo infinito.

Lo absoluto no sería la unidad abstracta allende todas las finitudes y todo saber, sino la totalidad concreta que se despliega como naturaleza y espíritu. La tarea de la filosofía es reconstruir mediante tales dos momentos el “proceso de despliegue”.

Hegel piensa que el conocimiento humano es verdadero en la medida en que el hombre, al pensar, reproduce el pensamiento creador de Dios, lo que es posible porque la inteligencia humana participa, como imagen suya que es, del logos divino creador.

Hegel volvería en cierto sentido a la postura clásica, aunque de una manera distinta, no analógica y participativa, sino dialéctica, la relación que existe entre el conocimiento finito e infinito. Hegel afirma la identidad de pensar y ser, es decir, el pensamiento y lo pensado “remiten dialécticamente el uno al otro y arraigan en una última unidad”. (De la obra del autor “Paradigma”).

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