FILOSOFÍA DEL PARADIGMA (HEGEL III)

Lo pensado es el mundo y la historia es su desarrollo global en el espacio y en el tiempo. Pero, ¿quién es en último termino el que piensa? El que piensa no soy en último extremo yo, sino la razón absoluta, cuyo pensamiento se va condensando y objetivando en la serie de sucesivas figuras que constituyen el mundo y la historia. La razón absoluta se piensa a sí misma, vuelve sobre sí misma, pero a través de una de las figuras que proceden de ella. Tales figuras somos nosotros los hombres.

Y es que el hombre se diferencia radicalmente de todas las otras cosas por el hecho singular de la autoconciencia: “El hombre no sólo sabe, sino que sabe que sabe, y sabiendo, sabe de sí mismo. Conociendo, se conoce. De ahí que pueda llegar a ser el instrumento del autoconocimiento de la razón absoluta. Cuando nosotros pensamos, la razón absoluta se piensa en nosotros. La “autoconfianza de la razón” (en la expresión de H.Thielicke) radica en el hecho de que otro se piensa a través de nosotros”.

Para Hegel “lo racional es real y lo real racional, ya que lo real es producto del pensamiento”.

“La cosa en sí ha de llegar a ser una cosa en nosotros“. (El concepto que nosotros tenemos de ella).

Hegel nos dice que Kant no había caído en la cuenta de que el conocimiento de un límite como límite no es posible si no se está ya más allá de él. O sea, la designación de alguna cosa como finita y limitada contiene la prueba de la presencia real de lo infinito, de lo ilimitado, “que sólo podemos saber del límite en cuanto que lo ilimitado está ya de la parte de acá de la conciencia”.

Hegel se opone a la contraposición sujeto-objeto y la convierte en mediación. Cree que el mundo es producto del mismo pensamiento que está en obra en el hombre, y que hay una constante fluidez y mediación entre el sujeto llamado a conocer y el objeto que ha de ser conocido. En última instancia, el espíritu se ha adueñado de la cosa, convirtiéndola en sustancia propia: la realidad se ha hecho racional, superándose así la contraposición sujeto-objeto.

Hegel restablece el antiguo principio de Parménides, convirtiéndolo en tesis central de su panlogismo: “Pensar y ser son uno y lo mismo”. Ahora bien, mientras que en Parménides el ser es la verdad del pensamiento, en Hegel el pensamiento es la verdad del ser.

El ser pierde poco a poco su apariencia de exterioridad hasta coincidir finalmente en el pensamiento.

En el “yo pienso” de Hegel, como ha mostrado E. Bloch intervienen tres motivos: 1) el yo revolucionario del ego cogito de Descartes, seguro de sí mismo en el acto de conocer, el ich denke de Kant, la autoconciencia que acompaña todo conocimiento de lo otro, el yo absoluto y sin límites de Fichte, fuente original de todo el ser cósmico; 2) el mundo de Schelling y los románticos: la naturaleza como espíritu inmaduro, como barrera que se pone el espíritu para autoafirmarse y acrisolarse frente a ella; 3) la idea de génesis y evolución.

Para Hegel, “el conocimiento es el medio de que disponemos para apoderarnos del universo”. “En este sentido el yo está ahí para tragarse y devorar todas las cosas”.

“Todo lo que acaece en el cielo y en la tierra, lo que acaece eternamente, la vida de Dios y todo lo que se hace en el tiempo, tiende solamente a un fin: que el espíritu se conozca a sí mismo, que se haga objeto para sí mismo, que confluya consigo mismo”.

Hegel no niega las contradicciones de la realidad misma. Sólo pretende mostrar su racionalidad. Las contradicciones de la realidad son el motor del progreso, pues la historia avanza de negación en negación.

En opinión de Hegel, el horizonte de la filosofía no es el futuro, sino el presente: “Lo que es racional, eso es real. Lo que es real, eso es racional”. Así que Hegel se mueve a nivel de conciencia absoluta que es en definitiva donde se identifican lo racional y lo real.

“Dios es” o la “esencia absoluta es”. Tal proposición es más obvia en Hegel que en la metafísica clásica, ya que para Hegel lo finito, lo contingente, sólo tiene la realidad en relación a lo infinito, al que remite. Para Hegel, lo finito no es, sólo lo infinito es. Lo finito no es más que la “inquietud” de no ser lo que es y, por ello mismo, “tránsito” más allá de sí mismo, movimiento de autosuperación. Para hegel, ésta es la naturaleza de lo finito: superarse, negar la negación y pasar a lo infinito; tiene en sí la finitud pero sólo como un momento que debe superar y que es superado…” “La finitud está en la infinitud y no al revés”. “Finito e infinito se implican y se distinguen entre sí como dos momentos de un mismo proceso dialéctico”. “La negación de la negación no es una neutralización”. “El sujeto “Dios” se concibe ahora como un sujeto vivo, infinito, implicado en el movimiento de autosuperación de la conciencia finita”. “La conciencia mediadora es la subjetividad humana finita, pero ésta se ha convertido en un momento dialéctico del movimiento de autoconciencia de lo absoluto”.

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10 comentarios

  1. Isidro, es mucho más complejo que lo que dices. Dios no está continuamente “entrando” y “saliendo”, o sea, “volviendo sobre sí para volver a salir de sí”. Dios es inmanente. El despliegue significa, por ejemplo, que el hombre “asume”, a través de su pensamiento la propia acción de Dios: “…el conocimiento humano es verdadero en la medida en que el hombre, al pensar, reproduce el pensamiento creador de Dios, lo que es posible porque la inteligencia humana participa, como imagen suya que es, del logos divino creador”.
    Y es que “El que piensa no soy en último extremo yo, sino la razón absoluta, cuyo pensamiento se ve condensado y objetivado en las series de sucesivas figuras (nosotros los hombres) que constituyen el mundo y la historia”.
    Nos dice Hegel: “Todo lo que acaece en el cielo y la tierra, lo que acaece eternamente, la vida de Dios y todo lo que se hace en el tiempo, tiende solamente a un fin: que el espíritu se conozca a sí mismo, que confluya sobre sí mismo”.
    Y es que “Lo característico de Hegel no es buscar a Dios más allá (en el más allá), sino “aquí”, es decir, en el presente”.
    Para finalizar, puede ser significativas estas palabras: “Dios no sería otra cosa que la profundidad de la conciencia humana, la subjetividad que se sabe”. “Lo decisivo es que lo infinito no puede prescindir de lo finito, que Dios ha de perderse en la selva virgen de la naturaleza para poderse reencontrar como espíritu”.
    Saludos:
    Alejandro Álvarez

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