LO SUSTANCIALMENTE HUMANO (2ª parte)

 

Santa Comba (España -Ourense-)

Todos los datos apuntan a una complementariedad, o yuxtaposición de ambos términos, que no es más que una codeterminación del objeto y el sujeto. (En palabras de los escolásticos medievales: ex objecto et subjecto paritur notitia). De esta forma, lo que rodea al objeto representaría el realismo, el sujeto aportaría los ingredientes idealistas y la conexión con el “nivel metafísico” aportaría un hiperrealismo, que combinando idealismo con realismo, “aseguraría” la unión y continuidad del proceso gnoseológico desde “el objeto sensible hasta lo cósmico y trascendente (el conocimiento total)”.

Científicamente, en la actualidad esta tarea común de sujeto y objeto se entiende como la interacción entre el campo neuronal del sujeto y el campo espacio-temporal en que se mueve el objeto, siendo el papel de los sentidos el de la comunicación entre ambos mediante estímulos electroquímicos.

Pero esta teoría pone el acento en el sujeto, al centrar la experiencia no en los objetos externos, sino en las “condiciones” que posibilitan dicha experiencia, que son las del sujeto cuando voluntariamente se decide a hacerlas posibles. El sujeto es independiente del sujeto, por lo que escapa de lo empírico, aunque no impide la interacción.

El proceso del conocimiento, en esta visión, empieza con un dualismo, pues se basa en la interacción de los dos campos vistos, pero como la acción del campo espacio-temporal es puramente mecánica, el que realiza el trabajo consciente es el campo neuronal del sujeto, lo que permite la desaparición del dualismo, convirtiendo, entonces, el conocimiento en algo “íntimo al sujeto que conoce, directo e independiente del objeto”, “en una experiencia interior”.

El conocimiento ya no es dual, sino íntimo, vivencial, “una experiencia interior”, a la cual estaría unida la posibilidad de la autotrascendencia.

Esta perspectiva nos lleva a descubrir una cierta relación entre lo que podríamos considerar como “niveles” que significarían el “realismo”, el “idealismo” y el “hiperrealismo”. Niveles que podrían considerarse pasos de un mismo proceso, en devenir hacia la perfección o realización. Desde este punto de vista, aislar uno de los otros, supondría para la “perspectiva humana” la pérdida del “conocer desde la realidad hasta la totalidad”.

En la actualidad, la mayor parte de las ciencias del hombre está de acuerdo (y ya desde Heráclito) en la preeminencia de la razón sobre los sentidos como instrumento del conocimiento de la verdad. Aprehendemos el mundo, a través de un procedimiento interior y constructivo, encaminado a establecer la unión entre lo sensible y lo “metafísico” (problemas de la existencia en devenir entre el tiempo y la eternidad).

La experiencia pone en funcionamiento la conciencia, o la experiencia del darse cuenta o del despertar a realidades superiores en busca del proceso unitivo (visión holística).

Y es que el hombre es razón, pero igualmente voluntad y sentimientos. El hombre total o mejor “completo” sería el que busca la plenitud de su realización mediante una progresiva evolución a lo largo del tiempo que partiendo de lo real conduce hacia el punto theilardiano omega que conecta con la eternidad. O sea, este hombre completo incluye para sí tanto lo material como la espiritual, lo propiamente humano y su elevado horizonte trascendente. Es lo que entendía el “humanismo neoplatónico”, en el que coincidían todas las tradiciones míticas, la llamada “filosofía perenne”, la antigua sabiduría y hasta la misma Biblia. Y es, en fin, lo que propone la moderna psicología transpersonal o la interpretación (de Copenhague) más usual de la física cuántica.

La versión neoplatónica de Plotino nos dice que las cosas de la realidad, aunque con identidad, son un reflejo de las ideas originales, donde residiría la verdadera realidad. El sujeto vive en la realidad del mundo, rodeado de la infinitud de seres-objetos que debe conocer. En la interacción hombre/mundo, el objeto impresiona el sentido y transmite la impronta a la razón convirtiéndose en imagen, que analiza la razón, emitiendo los pertinentes juicios sobre ella. Mas la razón añade a los datos de los sentidos las nociones provenientes de la idea universal, completándose así el conocimiento del objeto real. Al comparar la copia con el original, conoce dicho objeto. Esta descripción tan sencilla, no obstante indica cómo en esa imagen se unen lo real (realismo) con lo espiritual (idealismo), y cómo el sujeto que conoce trasciende del objeto sensible a la imagen espiritual y a la inteligible que proviene de la idea. La imagen espiritual, obra de la conciencia, es la responsable de la unión de lo real con lo ideal en la interioridad del sujeto que conoce.

Parece como si en el momento en que hay imágenes, surgiese la conciencia como medio del conocimiento, más ya es una comprensión interior, íntima, en la que el sujeto y objeto se identifican, terminando la fragmentación entre el sujeto que conoce y el objeto conocido, pues la conciencia (el alma neoplatónica) es un conocimiento distinto de la razón, y ésta en su intimidad engendra unidad. En el proceso, la razón aporta conocimiento mediato, discursivo, dialéctico y demostrativo. Posteriormente, al ser iluminada la imagen por la idea (principio de unidad), aparece un conocimiento íntimo, inmediato e intuitivo, más clarividente que el conocimiento racional. La conciencia ha pasado de lo material a lo espiritual, paso al que Plotino llama el “acto del despertar” a la trascendencia (la mente divina).

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