La célula: neuronas y membranas (II)

El eminente neurólogo Luria, en cierto modo personificó la fusión de la psicología y la ciencia del cerebro en lo que llamamos “neurociencia cognitiva”.

En la corteza cerebral de asociación, los aspectos de la cognición funcionalmente cercanos se representan también en regiones neuroanatómicamente cercanas, congruencia espacial que cabría esperar como “propiedad emergente” de un cerebro autoorganizado.

Los biólogos evolucionistas han considerado que la “simetría” originalmente podría haber nacido como detector de defectos anatómicos tales como infecciones sobre un lado determinado del cuerpo, u otras causas que pudieran influir en la fertilidad.

Y es que hay áreas de la corteza cerebral visual humnaa que son muy selctivas a la hora de detectar objetos simétricos, lo que no ocurre con las áreas visuales de los cerebros de monos y otros animales ante “los mismos estímulos”. Se especula que esto podría contribuir a la sensación de belleza experimentada por los humanos.

Hoy se piensa que las redes neuronales son de tres tipos. Unas, fijas y firmemente controladas por la genética, que tendrían que ver con la supervivencia del individuo y de la especie. Otras, que si no son tan fijas como las anteriores, sí permiten la adquisición inmediata tras el nacimiento de aprendizajes que entonces sí quedan fijos y se mantienen a lo largo de toda la vida individual. Y por último, las verdaderamente plásticas y cambiantes que permiten a la criatura, tras los procesos de aprendizaje y memoria, adaptarse a su medio ambiente. Estas últimas redes permiten grabar y borrar sus contenidos constantemente.

Para que la mente exista, el cerebro debe “estar vivo”. La mente no es el cerebro, sino el producto del cerebro.

Las primeras células nerviosas aparecen en criaturas muy parecidas a las medusas de hoy.

Recientes descubrimientos demuestran que hace unos doscientos o trescientos mil años, el mesencéfalo humano alcanzó su actual nivel de complejidad evolutiva; nuestros ancestros experimentaron un incremento del 20% en la masa de la corteza cerebral (región encargada del pensamiento y el razonamiento). Tal súbito acelerón en volumen y densidad del cerebro parece ocurrir espontánea e inexplicablemente. Este vertiginoso crecimiento es el responsable de la superioridad del cerebro humano.

De los “tres” cerebros que constituyen el cerebro humano, el primero en desarrollarse, hace más de quinientos millones de años, fue el tronco del encéfalo, la zona de unión en la que las fibras de la médula espinal se introducen en la base del cerebro.

En el cerebro más reciente, el neocórtex, la media de las conexiones por neurona es de más de cuarenta mil, mientras que en el cerebelo, las neuronas llamadas células de Purkinje procesan entre cien mil y un millón de conexiones.

A diferencia de lo que ocurre en los humanos y otros primates, la glándula pineal está localizada cerca de la superficie craneal de muchas formas de vida inferiores, como anfibios, reptiles, peces, pájaros y ciertos mamíferos, lo que posibilita que dicha glándula perciba los cambios en la cantidad de luz u oscuridad a la que están expuestos diaria y estacionalmente.

“Los seres humanos no somos más que la consecuencia de una “conciencia colectiva amebiana”. (Bruce H. Lipton en “La Biología de la creencia”).

La Epigenética es el estudio de los mecanismos moleculares mediante los que el entorno controla la actividad de los genes.

A través de un proceso llamado de “hipermutación somática”, las células inmunológicas activadas producen centenares de copias del gen del anticuerpo original, pero cada nueva versión del gen sufre una pequeña mutación, que codificará por un anticuerpo ligeramente diferente. “La célula selecciona una de esas variantes del gen que produce el anticuerpo que mejor encaja”.

Según Lipton: “Cuando las células se agrupan aumentan su consciencia del entorno de modo exponencial”. También opina que “los genes no son más que una memoria física de las experiencias aprendidas por los organismos”.

La suma de instintos genéticos y las creencias aprendidas de nuestros padres, forman en conjunto la mente subconsciente.

Las células individuales, en cierto modo, son “inteligentes”.

El subconsciente es una base de datos carente de emociones, donde se almacenan programas y cuya función se limita a interpretar las señales medioambientales y a activar los programas apropiados sin hacer juicios ni preguntas. El subconsciente es nuestro “piloto automático”; la mente consciente es el control manual. Pero la mente subconsciente procesa alrededor de viente millones de estímulos por segundo, mientras que la consciente cuarenta.

Las dos mentes forman un dúo de lo más activo, cooperando a la hora de aprender comportamientos complejos, para después ser ejecutados de forma inconsciente.

Se considera a la mente consciente el “yo”, “la voz de nuestros pensamientos”.

(De la obra del autor “Vida y mente: ciencia y misterio”)

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