MELODÍA EN LAS ESTRELLAS (XIV -3)

(El ser “visible”: el cierre del círculo)

“El carácter trágico de la muerte es simplemente un prejuicio “artificial” de orden mágico que el propio ser se construye por su “apego a lo material”, y es una reminiscencia biológica de tipo animal relativa al “instinto de conservación”.

Aquello que fue útil a la naturaleza, a la vida, a la evolución, ha de ser superado por los seres dotados de una “clara conciencia de sí mismos”. El siguiente paso evolutivo de la vida debe concluir de forma natural a la superación de tal prejuicio: es necesaria, entonces, la rotura de la “cadena” que nos liga a lo material (dimensiones del mundo físico), el abandono de aquello que hasta ahora nos había ayudado a construir la propia naturaleza. Hay que desligarse, por consiguiente, de ese cohete con combustible agotado e iniciar la ignición del segundo cohete que coincide con nuestro propio espíritu -su “naturaleza” ya construida-. De lo contrario, la caída de aquel nos arrastrará consigo en un movimiento de retorno (deterioro físico)… Es un rechazo absoluto de la morada anterior (física), lo que supone un cambio de orientación en pos de la naturaleza íntima del ser, una “radicación” en sí mismo… ¡Experiencia para ser vivida, no para ser observada!… ¡No preguntes a un místico, en su inefabilidad no será capaz de explicarte nada!… ¡No es campo de entendimiento o comprensión, sí de vivencia y sentimiento, de sentimientos puros no acompañados de la “contaminación” racional a la que sí estamos acostumbrados!…

Mas todo ello no debe llevarnos a la errónea conclusión de despreciar nuestra parte material, el cuerpo. El cuerpo debe ser cuidado, debe ser amado, ¡pero es el espíritu su señor!… No puede el cuerpo señorear sobre el espíritu, pues ello equivaldría a la alienación, a la destrucción de este último… Y es que el cuerpo puede y debe ser un “aliado” eficaz… Mas, hay que educar al cuerpo a “dejar libres las alas del espíritu”… El cuerpo debe acostumbrarse a propiciar el abandono regular del espíritu en “su mundo”, y tan sólo con un “movimiento” de su voluntad… Una vez el ser ha fortalecido así su espíritu, con el manejo “a voluntad” del cuerpo, ese ser se ha preparado para la muerte; sus “viajes místicos” se irán haciendo más y más frecuentes, alimentando crecientemente aquel “instinto de muerte” que a la postre sólo significa la “plena” liberación…

Para un ser que se ha enseñoreado así de su cuerpo, éste es un gran aliado, un inestimable amigo, una vía para contemplar, para adivinar a su través otros pequeños espíritus, dones del Espíritu Universal, del Ser Supremo… ¡Y todo eso alimenta un creciente Amor a la divinidad!… ¡Pequeños espíritus que forman parte del Espíritu Global dibujado en todos ellos! ¡Y nuestro cuerpo es la “ventana” que conduce a ello!… Como ventana, no es el marco lo importante, sino la claridad de la luz que “rebosa en sus adentros”… No el marco (el cuerpo), ¡sino la luz resplandeciente del Espíritu, Hijo, Padre del que todos llevamos dentro! Y al final el ser absorto no ve marco. ¡Ya no hay cuerpo!… ¡Sólo hay luz indescifrable de nuestros seres disueltos!”

(De la obra del autor “Melodía en las estrellas”. Copyright 2003)

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