El futuro: la vida extraterrestre (III)

Contrariamente a la opinión de los simpatizantes del fenómeno OVNI, con seguridad la Tierra no ha sido nunca conquistada por una civilización extraterrestre, pues no hubiera finalizado nuestra propia evolución y no lo estaríamos contando ahora.

La conciliación de la opinión un tanto generalizada de que abundarían las civilizaciones “avanzadas” en el universo, con la apreciada ausencia de extraterrestres (ET) nos lleva tan sólo a cuatro alternativas. En primer lugar, que los vuelos interestelares no son factibles. La segunda posibilidad, que las civilizaciones extraterrestres estén explorando de forma activa nuestra galaxia, pero que aún no nos han encontrado. La tercera, que aún siendo factible el viaje interestelar, las ET no se hubiesen decidido a emprenderlo. La cuarta, que aunque las ET anduvieran cerca de la Tierra, no hayan querido interferir en nuestro desarrollo. Si se pudiese eliminar la cuarta posibilidad, ello equivaldría a la afirmación de que seríamos la forma de vida más avanzada de toda la galaxia.

Parece en principio que la primera posibilidad es falsa, pues no encontramos principio físico, ni ingeniería que prohiba la posibilidad de vuelos interestelares (lo que parece confirmar la pequeña historia de nuestras experiencias espaciales).

La segunda alternativa parece también claramente falsa, puesto que cualquier civilización que dominara técnicas avanzadas de propulsión, podría colonizar la galaxia entera en tiempos cósmicos no muy largos. Colonos enviados a sistemas planetarios cercanos, una vez establecidas tales colonias, desde estas últimas establecerían otras secundarias, creciendo exponencialmente el número de las mismas. El “frente de onda colonizadora” se expandiría con una velocidad que dependería fundamentalmente de la velocidad de las naves espaciales y la duración del establecimiento de cada colonia. Se calcula que con una separación típica entre estrellas de 10 años luz, una velocidad de la nave de la décima parte de la velocidad de la luz, y un período de 400 años entre la fundación de una colonia y el envío por ésta de otras colonias, el frente de onda colonizadora avanzaría a una velocidad media de 0,02 años luz por año.; como nuestra galaxia (la Vía Láctea) tiene un tamaño de unos 100.000 años luz, su colonización total se completaría en unos cinco millones de años (un 0,5% de la edad de la galaxia).

Dado que dentro de los datos aportados anteriormente, la mayor incertidumbre reside en el tiempo que necesita una colonia para establecerse y reproducirse a través de nuevas colonizaciones, si ponemos un límite superior medio para este factor de 5.000 años (tiempo que tardó la civilización humana en desarrollarse desde los primeros asentamientos urbanos hasta los vuelos espaciales), la colonización de nuestra galaxia necesitaría sólo cincuenta millones de años.

La consecuencia de ello es que la primera civilización técnica con capacidad para colonizar la galaxia y  que quisiera realizarla, podría haberlo hecho mucho antes que ninguna competidora hubiera tenido siquiera la oportunidad de evolucionar. Así que sí existe la posibilidad de que la Tierra hubiera podido ser colonizada ya hace millones de años, mas no hay pruebas hasta el presente de tal evento.

Sólo quedarían, pues, las dos últimas alternativas que, fundamentalmente tienen que ver con el comportamiento de tales civilizaciones ET. Una posibilidad es que podrían haberse destruido a sí mismas, y otra que sus estrictas normas éticas les prohiban interferir sobre otras formas de vida más primitivas. Y precisamente a estas consideraciones de orden sociológico se acogen muchos investigadores de SETI para rechazar las implicaciones de la paradoja de Fermi.

No obstante, las consideraciones de tipo sociológico sólo pueden obviar la paradoja de Fermi si el número de tales civilizaciones ET fuese pequeño, pues siendo numerosas parece muy improbable que se destruyeran todas entre sí, o que todas también admitiesen aquellas normas éticas que les prohibieran interferir sobre las formas de vida menos desarrolladas que la suya (pues una sóla de ellas, como hemos visto, bastaría para realizar la colonización).

(De la obra del autor “Tempo e irracionalidad”)

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