El futuro: la vida extraterrestre (VIII)

Así que existirían varios factores que podrían incidir en la resolución de la Paradoja de Fermi. En primer lugar, yo apuntaría a lo anteriormente sugerido de la necesidad de que cualquier civilización tecnificada, capaz de la comunicación interestelar, debería dotarse de una organización social con unos principios casi inmutables, algo que dada la aceleración tecnológica presente en la misma Tierra, requeriría de sociedades mucho más desligadas en su organización interna de esa Técnica (materialista) tan variable, afianzándose sobre principios inmutables espirituales, grabados en el interior de todo ser superior.

También el Principio Antrópico tendría un importante papel para la resolución de la incógnita “¿Dónde están?” (las civilizaciones ET). En nuestro entorno cósmico todo conduce a pensar que sólo la civilización humana estaría llamada a embarcarse en la exploración y en la colonización galáctica.

Y al llegar a esta posibilidad de que realmente estamos solos (al menos en nuestro planeta), es conveniente  nuevamente acudir a las consideraciones expuestas por Stephen Webb en su citada obra “Where is Everybody?”.

Una posibilidad es que estaríamos solos porque los extraterrestres no existen, ya que quizás no sea tan fácil que aparezcan formas de vida que puedan lograr una inteligencia técnica como la nuestra. Muchas cosas huberan podido ser un poco diferentes, y entonces no hubieramos estado aquí para plantearnos estas cuestiones.

La probabilidad de nuestra existencia depende de muchos factores, por ejemplo, la inteligencia en primer lugar necesita de un planeta apto para florecer, que por lo que parece debería ser rocoso como la Tierra.

La vida (laque conocemos) precisa de algunos elementos químicos muy concretos, y algunos de ellos son producto de las reacciones nucleares de viejas estrellas, y si hay que esperar todo ese tiempo, tal vez podríamos ser los primeros en poseer el suficiente nivel de evolución.

Una vez exista tal planeta que presentara las credenciales para poder albergar vida, hay que considerar que la “zona habitable” es relativamente estrecha, dependiendo del tipo de estrella sobre la que orbita y la distancia a su superficie, por ejemplo, en el Sistema Solar la zona habitable se reduce a una franja que iría desde la órbita venusiana a la marciana. También hay que considerar la varibilidad o variación del brillo de la estrella, que periódicamente podría desplazar la zona habitable a muchos millones de Kilómetros de distancia, arrasando a cualquier ser vivo que quedara atrás.

Otra cuestión que nos favorece en nuestro Sistema Solar es la inmensa atracción gravitatoria del planeta gigante Júpiter que cumple la importante función de atraer hacia sí mucho escombro sideral, como asteroides y cometas que de otra forma caerían con muchísima mayor frecuencia sobre la Tierra provocando la extinción de numerosas especies como ocurrió en la Era de los dinosaurios. Bien es verdad que la vida, parece ser, necesitó en su origen terrícola de este este bombardeo que trajo los impulsos evolutivos que supusieron un salto hacia adelante.

Existen además otros peligros espaciales para la vida, como la cercanía de una supernova cuyos estallidos cósmicos de rayos gamma hubieran arrasado todo vestigio de vida.

En la Tierra otros factores debieron ir a favor del progreso de la incipiente vida: se apunta la tectónica de placas que transforma los continentes y renueva su superficie; el núcleo mismo del planeta que está “vivo” y provoca el campo magnético que nos ha protegido de las radiaciones y partículas letales procedentes del astro rey; el sistema Tierra-Luna que inclina el eje terrestre y es responsable de las mareas y las estaciones, etc.

Se apunta, también, el hecho casual no sólo de la aparición de vida en forma procariota como las bacterias, sino la enorme improbabilidad de su evolución hacia las eucariotas, multicelulares y que componen plantas y animales.

Podríamos decir que, de igual forma, que los mismos homínidos ya inteligentes como los neandertales, llegaron a extinguirse sin que pudieran alcanzar la civilización científica y técnica que nosotros poseemos. Por consiguiente, alcanzar nuestro nivel de inteligencia no ha sido sencillo, pues han debido sucederse muchas generaciones de pensadores e inventores, y antes, haberse podido desarrollar nuestra habilidad principal: el lenguaje.

(De la obra del autor “Tempo e irracionalidad”) 

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