COMPLITUD

El análisis del Ser con su estrecha vinculación al subjetivismo nos lleva a una mayor profundización, una disección más completa acerca del significado profundo de esta relación.

El otro polo, la objetividad, es lo más alejado de ese Ser, por ello conviene una recapacitación ante estos hechos, en beneficio de una más justa ponderación.

El Ser aparece siempre adornado de una característica básica: “la unicidad”. Y esta última no se refiere a su aspecto “numeral”, sino al de “complitud” como “sustancia única” en la que no “caben partes”. El Ser (en sí) no admite competidores: “es único”. El Ser lo es “en sí” y “para sí”, “lo otro” es algo posterior y con ello comienza el aprendizaje (la información), la misma evolución, la cual finalmente “arrastrará” al mismo Ser en pos del “desarrollo de su completa naturaleza”.

Lo importante es que el Ser “para sí” en todo momento “se siente” completo (único), y si en algunos instantes aparecen atisbos de cierta “inseguridad”, éstos son percibidos como una “rotura”, un “casi morir” del Ser. Y es que provocan una gran zozobra (angustia) en el Ser, porque el Ser busca y quiere sentirse en “estabilidad”, interpretada esta última como complitud (unicidad). El Ser es Ser, sintiéndose como tal, cuando “está completo”, es “él mismo”. El Ser en lo más íntimo está “totalmente completo” (único): ¡no tiene partes!… Así que el Ser tiene una “tendencia natural” a completarse, a “cerrar las posibles vías divergentes”, haciéndolas converger hacia sí mismo: el súmmum de la unicidad. Ahora bien, la vida es un discurrir, la vida está compuesta de una inacabable secuencia de “muertes y nacimientos”, de “construcciones y destrucciones”, de estados (estabilidad) hilados con inestabilidades, fluctuaciones. En cada inestabilidad se abre un abanico de nuevas posibilidades (como un nuevo nacimiento) que conducen a una estabilidad “mortecina”, incapaz de originar otras potencialidades distintas de las presentes. Apertura y cierre, tal es el proceso de la vida, de la misma evolución. Y el Ser “desarrolla su naturaleza” en el tiempo, por ello está sometido al mismo proceso. Pero el Ser cabalga, mora “en sí mismo”; añora, se ama “a sí mismo”, y por ello ocupa esos “instantes de inestabilidad”: realiza ese “movimiento de cierre”, de convergencia. El azar efectúa el movimiento contrario: la divergencia. Con ello se expande la evolución, el mismo Cosmos, cual onda creciendo en un estanque sin fin. Mas el Ser “sujeta esos hilos”, los retuerce y los hace converger hacia sí.

El árbol del azar tiene muchas ramas cada vez más tupidas, como un torrente incontrolable… ¡Y el Ser no habita en esas aguas!… Cuando las aguas se precipitan en un único sumidero, todo se “radica” en él: ¡ese es el Ser, el lugar del Ser! El Ser “precisa” que esas “vías divergentes” se transformen en algo “abarcable”, “controlable”. Su dominio, su poder, su voluntad crece en la autoafirmación de este movimiento del todo imprescindible para que la diversidad entronque unidad, la unicidad en que se sustenta el Ser. Y es que las vías “salen” pero “vuelven” de nuevo al Ser, como en un círculo, divergentes y únicas a la vez, pues lo que “sale” se reencuentra con lo que “regresa”, unificando, entonces, ambas corrientes. Las partes (vías) se unifican así en ese doble movimiento: aparece, pues, la unicidad, ¡la morada del Ser!… ¿Estás buscando al Ser?… ¡Helo aquí!… Donde aquellas “vías abiertas” (hechos, leyes, acontecimientos, etc.) han encontrado un “sistema” /cerrado-completo) “autoconsistente en sí mismo”, ahí está el Ser, y sólo está el Ser, pues el Ser lo “centra todo”: ¡el mundo se construye sobre sí mismo! (Puro subjetivismo).

El Ser “cierra el círculo”, y cuando se “cierra un círculo” en su interior está el Ser. Dicho Ser se encuentra en una permanente labor de “cerrar círculos”, pues su autoafirmación, su propisa naturaleza (como pura subjetividad) se alimenta de tal actividad. 

Mas la evolución es un proceso continuo de ruptura y cierre, nacimiento y muerte. Fuerzas convergentes y divergentes se van relevando en incesante baile: azar y Ser en continua lucha. Tristeza, zozobra e inseguridad (a la vez explosión de vitalidad), se tornan en alegría, seguridad y autoafirmación en el Ser cuando por fin éste logra “dominar” con sus poderosos brazos los caballos desbocados del azar, completando de este modo el “cierre del círculo”.

Por el contrario, objetividad es análisis, diversidad, y a mayor campo de variabilidad (disección hasta en los más íntimos detalles) mejor. El “movimiento” es claramente dispar del anterior. Esas vías, pues, se abren, se ramifican cada vez más y más… Y en ese mundo “abierto” no está el Ser… El mundo se abre, “en todas direcciones”, cada una “diferenciada” de la anterior… ¡Y en ese muno no puede habitar el Ser, pura unicidad (simplicidad, subjetividad)!… Mientras no haya un movimiento de “convergencia”, de “logro de unicidad” (cierre del círculo) no aparecerá el Ser. Y así, el Ser tiene los mismos caracteres de totalidad, globalidad (unicidad) que la suprema subjetividad que representa “el centrar el mundo”.

(De la obra del autor “El cierre del círculo”. Copyright 2002)

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2 comentarios

  1. Saludos

    El hecho de que el ser no pueda ser analizado objetivamente, sugiere entonces que está fuera de todo alcance humano, ya que la subjetividad es la que nos diferencía a cada uno y hace que epistemiológicamente los procesos cognitivos y su significado sean imposibles de comunicar de uno a otro de manera absoluta.

    La razón es la forma directa del conocimiento, las demás, incluso las que formarían la subjetividad son imposibles de utilizar sin el análisis, por lo que son más bien impuslos que deben de conocerse con procesos más bien objetivos.

  2. Saludos cordiales.

    “El análisis del Ser con su estrecha vinculación al subjetivismo…”

    ¡Una digresión!

    Como se dijera en una corte judicial:

    ¡Objeción su Señoría…!
    La otra parte ha sentenciado al acusado, antes siquiera de iniciar el juicio.

    El juez: ¡A lugar!

    Atentamente
    Erick Bojorque

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