MUERTE (“El cierre del círculo”) -1-

El Ser (radical) puede “desplazarse”, como dijimos, de una “parte” a otra dentro de su frontera; ahora bien, en cada “punto”, en cada situación, aparece “sumido” en su “circunstancia”, que no es otra que los “elementos” que le “rodean”, las “leyes” que sólo son estrictamente físicas en la “frontera pura” (que se identifica con el universo físico). Y lo anterior tiene un reflejo inmediato en la “información”, entendimiento o conocimiento, y por ello “actúa” como una “constricción o constreñimiento”. Es todo ello, sí, una “oportunidad de desarrollo” y a la vez, como cualquier “nivel” una “limitación” o “sometimiento” (marco que define el nivel) a dicho nivel, traducido emocionalmente como constricción a las “aspiraciones infinitas del espíritu” (de la Nada al Infinito). La “liberación” de ese sentimiento “coercitivo” se produce a la llegada de la clarividencia que, como sabemos, ni es entendimiento ni conocimiento, y coincide con una “alegría a raudales” del sentimiento puro de la totalidad de la naturaleza del Ser.

La muerte física del cuerpo rompe “la ventana” (la frontera), fulminada por todas partes… ¡La tiranía del Maestro -las leyes físicas posibilitadoras de la evolución- desaparece, pues el Ser es ya su propio maestro!… ¡Ello produce la súbita aparición de la naturaleza del Ser mismo, de forma clarividente, diáfana y acompañada de la extraordinaría alegría de ese reconocimiento!

La muerte, pues, continúa siendo un hito: la separación entre entendimiento y clarividencia, entre satisfacción y complacencia… Entendimiento, incomplitud, movimiento, cambio, insatisfacción, infelicidad… Por otro lado, clarividencia, complitud, quietud, satisfacción, felicidad… ¡Ambos polos quedan en “lados” distintos de la muerte!… No es simplemente el paso de un mundo a otro, es algo mucho más profundo. Es la construcción del Ser… Es la autocreación del Ser en un espacio dilatado, en un “lapsus espaciotemporal”… La muerte marca “el fin” de esa autocreación que, verdaderamente significa un nacimiento, el “nacimiento del Ser” (un nacimiento a esa “otra vida”).

Ahora bien, hay como un contrasentido. La muerte es concebida como un “cierre” paulatino (a veces súbito) de la “ventana” (pérdida de los “sentidos físicos” por el deterioro de los mismos), todo lo contrario de esa “rotura de la misma” hasta su desaparición… Y es que debemos interpretar el “movimiento” de la muerte como compuesto básicamente de dos fases. En la primera se percibe ese deterioro progresivo, “empequeñecimiento” de la ventana, cual si su culminación fuese su desaparición… ¡Pero el ave fénix renace de sus cenizas!… De igual forma, la segunda fase aparece de forma súbita, y la ínfima ventana se rompe en mil pedazos, en una fuente de luz… El acercamiento a la muerte (así podría considerarse a la enfermedad, el “sentimento de morir”) es una experiencia vivida por casi todos, aunque para algunos en grado límite. En esa experiencia, la muerte se presenta como una barrera “infranqueable”, puesto que quien la atraviesa “no vuelve”… por eso no hay “conciencia” de esa segunda fase del “movimiento de la muerte”… Y de ahí el miedo (la única “certeza” es la de la primera fase, la otra es inédita) de la criatura humana a esa muerte que, por otro lado, es de una eficacia asombrosa en el camino de la evolución… ¡Es necesario ese temor, ese miedo a la muerte como foco atractor ( más bien de repulsión), que haga posible el “principio de conservación”!… Una vez “cumplida” esa premisa imprescindible de la muerte, ésta es “libre” para poder desatar todas las “potencialidades” del Ser… Pero la prominencia de la premisa anterior, hace indispensable esa sustancial y radical separación entre ambas fases… Lo cual no significa, en ningún modo, la inexistencia de la segunda fase… ¡Sólo llama la atención la radical separación, aún cualitativamente, entra ambas fases!… Lo cierto es que la evidencia de la segunda fase de la muerte, la haría tan atractiva que el hombre no querría vivir (lo que es totalmente imprescindible para su autocreación) sino morir, con lo que el principio de conservación, básico en las especies, no sería posible… Mas, una vez salvaguardado ese principio de conservación, la propia evolución del Ser, su madurez, le permite percibir o intuir esa segunda fase cuando la vida “ya ha sido vivida”, es decir, se siente la propia complitud del “recorrido vital”… ¿Sería éste el “instinto de muerte” apuntado por Freud?

(De la obra del autor “El cierre del círculo”. Copyright 2002)

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s