MUERTE (“El cierre del círculo”) -2-

Este antagonismo entre ambas fases no consiste en una transformación sustancial de “algo”, sino que es el resultado de un “movimiento”… Y un movimiento que radica en la exclusiva “voluntad” del Ser… Expliquémonos. La clarividencia consustancial de la segunda fase no permite esa “elección” de la voluntad, pues su unicidad, su transparencia, su consustancialidad sólo permite el “movimiento de autoafirmación” -no hay frontera que permita un posible “mirar por la ventana”; sólo hay una “posición” y es única-; la transparencia de los rayos que atraviesan esa naturaleza pura del Ser entran y salen sin mácula… Es en la primera fase donde sí cabe ese “movimiento de la voluntad del Ser” que permite la ocultación a sí mismo, basada en la “corteza” de la frontera… Es el mismo Ser el que “se apaga” a sí mismo al introducirse, al acompañar a la propia frontera, que al deteriorarse (pérdida de condiciones físicas) apaga a su vez al Ser debido a su identificación con ella, una “autoanulación” por “introducción en el pozo oscuro” donde “no puede ver”… La liberación es la rotura de ligaduras, el “salto por encima”, a través de esa corteza de la frontera; en vez de acompañamiento o paralelismo, bifurcación o separación radical… ¡Eso permite la liberación del Ser, del alma!… Así se prepara, se anticipa la segunda fase gloriosa… Y este movimiento último del Ser, del final de la vida, del momento de la muerte que pueden realizar los “espíritus poderosos”, puede ser practicado, puede ser aprendido o ensayado mucho antes… es la vida del asceta, del místico, de ese vivir sin vivir que permite la elevación a un plano superior de la conciencia… Fue el camino de los santos, de los místicos, de los budas, disolución voluntaria de la naturaleza en el Ser Superior, con la consiguiente pérdida de la atadura espaciotemporal, necesaria para esa liberación… Para aquellos que han podido experimentar esas prácticas, una elevación a ese plano superior es relativamente fácil, preparándose así para ese instante único de la transición (muerte) a esa fase gloriosa… Y el citado camino debería ser seguido por los espíritus elevados… Su vida debería ser una práctica, una preparación para ese instante supremo, transformado ya en mero tránsito, vehementemente ansiado, meta de toda una trayectoria existencial… La muerte para dichos seres, no presenta los aspectos de radicalidad, de tragedia a los que frecuentemente nos vemos abocados; tiene caracteres de perfecta normalidad, ni convulsión ni tragedia, sino apertura, satisfacción, anticipación deseada de la segunda fase… Y no tiene nada que ver con ese caer en la nada del nihilismo, sino por el contrario, es una rotunda afirmación, una asunción voluntaria y deseada de la entrada en el plano superior que significa también, a la vez, una dilución (por la unicidad) en el Ser Superior unitario (no obstante preservando su propia naturaleza -Unidad Múltiple).

En resumen, el carácter trágico de la muerte es simplemente un prejuicio “artificial” de orden mágico que el propio Ser se construye por su “apego a lo material”, que puede ser una reminiscencia biológica de tipo animal relativa al “instinto de conservación”.

Aquello que fue útil a la naturaleza, a la vida, a la evolución, ha de ser superado por los seres dotados de una “clara conciencia de sí mismos”. El siguiente paso evolutivo de la vida debe conducir de forma natural a la superación de tal prejuicio: es necesaria, entonces, la rotura de la cadena que nos liga a lo material (dimensiones del mundo físico), el abandono de aquello que hasta ahora nos había ayudado a construir la propia naturaleza. Hay que abandonar, por consiguiente, es cohete con combustible agotado e iniciar la ignición del segundo cohete que coincide con nuestro propio espíritu -su “naturaleza” ya construida-. De lo contrario, la caída de aquel nos arrastrará consigo en su movimiento de caída (deterioro físico)… Y no es algo tan extrano como en apariencia parece, sino simplemente el principio de que la cantidad por acumulación origina la aparición de propiedades emergentes, es decir, un cambio cualitativo, una transición de fase, con nuevos “requerimientos”: en este caso el rechazo radical de la morada anterior (física), metamorfosis que supone un cambio de orientación en pos de la naturaleza íntima del Ser, una “radicación” en sí mismo.

El “aspecto externo” de ese giro hacia sí mismo presenta características de verdadera uniformidad, de inefabilidad… Es una misma apariencia, un refulgor puro resistente a cualquier análisis, al vislubramiento de cualquier matiz… Aún cuando para los que lo viven se adorna de aspectos “inimaginables, inconmensurables e inefables”… ¡es una experiencia para ser vivida, no para ser observada!… ¡No preguntes a un místico, no podrá explicarte nada!… ¡No es campo de entendimiento o comprensión, es campo de vivencia y sentimiento!… Lo que ocurre es que son sentimientos puros, no acompañados de la “contaminación” racional con la que sí estamos familiarizados…

(De la obra del autor “El cierre del círculo”. Copyright 2002)

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s