EL SER INMORTAL

Otra cuestión que suscita dudas.

Si la complejidad de alguna forma (en el sentido explicado en apartados anteriores) “hace progresar” la “naturaleza” del Ser, guardando gran paralelismo con el mismo, ¿cómo a la muerte del individuo -descomposición de la complejidad- no se “destruye” también el Ser…? ¡Pues aquí viene, precisamente, la sustancial diferencia entre complejidad y Ser (su naturaleza), que en la muerte alcanza su máxima expresión! La destrucción de la complejidad -desorden- no “arrastra” la descomposición o desaparición del Ser, aunque sí marca un extraordinario evento: el de la “desconexión” total entre la materia (universo) y el propio Ser.

Eso sí, la complejidad (estructura, materia)  permite la evolución, y con ello la “autocreación de la naturaleza del Ser”… Una vez el organismo muerto (muerte biológica), no es posible la autocreación y el Ser, a partir de ahí, permanece inmutable, a la vez que “liberado” de la “esclavitud de la complejidad” (materia).

El Ser en el inicio (de la autocreación de su naturaleza) más primordial, no posee estructura, por eso “no es casi Ser” (con la salvedad de la complitud del espíritu “en cada instante”, concepto desarrollado en obras anteriores de este autor); así, del mismo modo, podría pensarse que al no poseer estructura en los instantes “posteriores” a la muerte (descomposición), sería “casi nada Ser”… Por el contrario, nada más lejos de la realidad, puesto que aquí aparece el Ser completo, en su plenitud, y desde cualquiera de los aspectos abordados. Y es así, porque gracias a la “representación”, la estructura, la complejidad “queda reflejada” en la naturaleza más íntima del Ser; podríamos decir de modo poco formal, que la complejidad queda “sellada” en la naturaleza del Ser, por eso la destrucción de esa complejidad no es óbice ya para que esa complejidad pueda seguir “conservándose” en el interior del mismo, con lo que sigue subsistiendo el agregado sensación-representación (definición del Ser) en el corazón auténtico de dicho Ser (el Ser radical), aún a la muerte del organismo biológico.

Convendría, para rematar este último apartado, hacer hincapié, una vez más, en que la llamada Nada (materia), en lo referente al espíritu, ya es una estructuradísima complejidad -existencia de las leyes físicas, aunque con ausencia de seres (aquellos dotados de la propiedad característica de “centrar el mundo sobre sí mismos”). A decir verdad, sólo es el dominio de un único Ser, la Criatura Suprema, creadora de todas aquellas leyes físicas que definen tanto la materia como el vacío anterior a aquella. En esos “instantes” primordiales, se da la máxima “objetividad”: todas las leyes “moldean” por igual la totalidad del universo existente en esos momentos, reflejando la majestuosidad y la potencia de su Creador. Y es que, aún la “individualidad” de cada uno de los seres que después serán, no ha comenzado su prefiguración, su largo caminar, es decir, poseen una actividad prácticamente nula, de ahí la asimilación de esta fase a la casi Nada (en relación al ascenso del espíritu). Nos encontramos, a nivel del universo entero, salvando las distancias, a la situación de cada ser individual en su nacimiento biológico… Ciertamente, si esa fase tiene “algo” es dado desde fuera (por el propio Dios), pero aún Nada desde dentro ( de sí).

Pero, lo más fundamental, la única razón de ser de la Creación es ese “ascenso de la individualidad”, esa participación del “en sí”, esa radicalidad del mundo sobre cada Ser… Al final, es la propia “voluntad” de cada uno de esos seres la que “elige autoinmolarse”, “identificarse” con el Ser Supremo, una síntesis que es el propio Ser Supremo, sin que unos y otros pierdan su individualidad: ¡la Unidad Múltiple!

Es tan importante esto último (cuando algunos pensarían que, dada la “magnificencia” del propio universo con sus asombrosas y precisas leyes físicas, se hace innecesaria la aparición de los diversos seres), que forma parte esencial de la propia “autocreación de Dios”: ¡sin ello no existiría Dios, por consiguiente, ni nosotros mismos!

(De la obra del autor “El cierre del círculo”. Copyright 2002)

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