LOOR (Fin de “El cierre del círculo”)

¡Naciste hoy! ¡Por fin dejaste la oscura “senda de la vida”…! ¡Ahí dentro está la luz, sólo la luz…! ¡El horizonte es inmenso…! ¡Explotaste en la exuberante primavera imprevista…! ¡Eres tú y empieza tu verdadera creación…! ¡No hay límite en ella…! Aquellos pasos balbucientes, son hoy leguas de botas prodigiosas… Y no es la vuelta a la inviolada y prístina Naturaleza… Es una nueva naturaleza creada por ti… ¡Y su límite no existe!

¡No ves que el dios del santo de Ávila (S. Juan de la Cruz), del profeta Mahoma y el propio Cristo es la mismidad divinizada del sumidero profundo de tu mismo sudor!

Reivindico la bondad de todas y cada una de las pequeñas criaturas, ante la que cualquier tipo de mal le es hasta superfluo… ¡Ni la mayor potencia maligna es capaz de desviar un ápice su paso firme…!

Reivindico la potencia sin límite de nuestro Amor… como no tiene límite el mismo Amor.

La Vida tuvo un lento caminar, en el que a cada paso parecía peligrar y hasta desaparecer… ¡Pero, la Vida al fin ha explotado entre el cáliz de nuestras manos…! ¿No véis esa irradiación, luz cegadora ante la que se apaga cualquier sombra…? ¿Qué puede deteneros ya…? ¡Hoy es el día de vuestro nacimiento: la deificación de vuestro Ser… ! Hasta la memoria anterior borró aquel Resplandor. ¡Fue el despertar! Y aquel parto fue doloroso, encerrando en sí amargura, y también una velada dicha, anticipo de tiempos mejores… ¡Pero ya sólo queda felicidad, satisfacción: la del Creador ante su obra!

¿Por qué no reivindicar, por qué no congratularnos del pleno convencimiento de nuestra maravillosa labor creativa…? ¡La asunción de este papel es nuestro mayor bagaje, nuestra mayor maravilla!

¡Hombre, compañero, hermano, ni ángel ni demonio: el Dios único…! Y solo necesitas tus dos principales armas: ¡Fe y amor! Y un reflejo de tu Voluntad: ¡El Verbo!… Fe y amor se identifican en el Verbo: ¡Yo soy!… ¡Y aquí nacimos…! ¡Esa es la catapulta de nuestro horizonte sin límites…! ¡No necesitas más! ¡Hoy empezaste a vivir!

¡Y vuestro triunfo es claro! Hasta en el último rincón del orbe, aún en lo más ínfimo, se escondía el Espíritu precioso que lo alentaba todo: ¡la evidencia de su ubicua presencia…! Y el testigo insobornable: ¡Tu corazón!… ¡Ese triunfo es el sólido cimiento de tu fe! ¡Escaso mérito, mas glorioso loor de ese triunfo!

¡El Cosmos engalanado festeja tu partida hacia los cielos!

(Final de la obra del autor “El cierre del círculo”. Copyright 2002)

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